¡Alégrate, hija de Sión!

Meditación 6 de diciembre – Espacio Bíblico Palabras con miel

 

¡Alégrate, hija de Sión!

SOFONÍAS fue el primero que hizo oír una voz profética en Judá, después del largo silencio que se había producido durante dos generaciones, una vez que Isaías y Miqueas pronunciaron sus últimos oráculos. El título del Libro sitúa la actividad de este profeta en tiempos del rey Josías (640-609 a. C.) y su predicación tuvo lugar casi seguramente hacia el 630, es decir, un tiempo antes de que aquel rey iniciara su célebre reforma religiosa (2 Rey. 22-23).

Ya hacía casi un siglo que Asiria había aniquilado al reino de Israel. También el reino de Judá había sido sometido al vasallaje de aquel poderoso Imperio. Esta dominación política trajo consigo la influencia de los cultos asirios sobre la población del reino del Sur. Frente a la corrupción generalizada y a las prácticas idolátricas, Sofonías aparece como un profeta “justiciero”, que anuncia el “Día del Señor” como un día de ira y de venganza. Pero él no se contenta con reprobar las manifestaciones exteriores del pecado, sino que denuncia sus causas más profundas: el orgullo, la rebeldía y la falta de confianza en Dios.

A todo esto, Sofonías opone una actitud espiritual caracterizada sobre todo por la pobreza y la humildad del corazón. Es el profeta de los “pobres del Señor”. A ellos se anunciaría siglos más tarde la Buena Noticia de la Salvación (Mt. 11.5) y ellos serían los “herederos del Reino que Dios ha prometido a los que lo aman” (Sant. 2. 5).

(Introducción al profeta Sofonías, de la Biblia “El Libro del Pueblo de Dios”.

 

sionSofonías 3, 11 – 20

11 Aquel día, ya no tendrás que avergonzarte de las malas acciones con las que me has ofendido, porque yo apartaré a esos jactanciosos prepotentes que están en medio de ti, y ya no volverás a engreírte sobre mi santa Montaña.

12 Yo dejaré en medio de ti a un pueblo pobre y humilde, que se refugiará en el nombre del Señor.

13 El resto de Israel no cometerá injusticias ni hablará falsamente; y no se encontrarán en su boca palabras engañosas. Ellos pacerán y descansarán sin que nadie los perturbe.

14 ¡Grita de alegría, hija de Sión! ¡Aclama, Israel! ¡Alégrate y regocíjate de todo corazón, hija de Jerusalén!

15 El Señor ha retirado las sentencias que pesaban sobre ti y ha expulsado a tus enemigos. El Rey de Israel, el Señor, está en medio de ti: ya no temerás ningún mal.

16 Aquel día, se dirá a Jerusalén: ¡No temas, Sión, que no desfallezcan tus manos!

17 ¡El Señor, tu Dios, está en medio de ti, es un guerrero victorioso! El exulta de alegría a causa de ti, te renueva con su amor y danza por ti con gritos de alegría,

18 como en los días de fiesta. Yo aparté de ti la desgracia, para que no cargues más con el oprobio.

19 En aquel tiempo, yo exterminaré a todos tus opresores, salvaré a las ovejas tullidas, reuniré a las descarriadas, y les daré fama y renombre en todos los países donde tuvieron que avergonzarse.

20 En aquel tiempo, yo los haré volver, en aquel tiempo, los reuniré. Sí, les daré fama y renombre entre todos los pueblos de la tierra, cuando cambie la suerte de ustedes ante sus propios ojos, dice el Señor.

Es significativo que después del anuncio de disolución del orden creado (Sof 1:2-3), seguido de graves acusaciones contra Israel y las otras naciones, el libro de Sofonías concluya con una nota de esperanza y alegría. La última sección del libro revierte las expectativas de destrucción y de tristeza, pintando un cuadro de restauración y alegría derivados de una nueva creación. Esta perícopa puede ser dividida de la siguiente manera:

Sof 3:9- 13 – La promesa de Yahvé. El resto de Israel

Sof 3:14-17 – La alegría de Sión. La hija de Sión

Sof 3:18-20: realización del día de gracia.

Las promesas de Yahvé (Sof 3:9-13)

(Sof 3:11). Yahvé removerá la culpa y la vergüenza de Israel, al eliminar los elementos orgullosos de la sociedad. Así, esta promesa recoge aspectos mencionados anteriormente en Sofonías, respecto a la corrupción de los líderes de Jerusalén (Sof 3:1-4), los cuales, en vez de proteger al pueblo, violaban la ley en beneficio propio. Como resultado de las acciones anteriores de Yahvé, se forma un pueblo pobre y humilde que se constituye en el resto renovado y redimido. No son los poderosos, arrogantes y orgullosos que reciben la gracia de la liberación, sino los pobres y humildes, que confían en el nombre de Yahvé. El texto hebreo puede ser leído de esta manera: “Dejaré en medio de ustedes un pueblo pobre y humilde, un resto de Israel que se refugiará en el nombre de Yahvé”

(Sof 3:12). Reaparece en este texto el concepto de resto, una idea presente en la literatura profética y que aparece en Sofonías de forma preeminente. El resto es la semilla a partir de la cual Yahvé va a reconstruir la nación, después de la catástrofe del juicio. El resto es la esencia más pura del pueblo, a partir del cual Yahvé puede formar una nueva nación. Desde el punto de vista de Sofonías, este resto será formado por un pueblo “pobre y humilde”, lo que en el contexto histórico de Sofonías puede referirse a los labradores oprimidos por la ciudad asiria y judía, expoliados por el sistema tributario. El mensaje de Sofonías proclama una nueva era cuando las injusticias del sistema tributario serían abolidas, y un pueblo humilde y pobre se constituiría en el núcleo de una nueva nación caracterizada por la solidaridad y por la justicia.

Finalmente, Yahvé promete a este resto una vida libre de injusticia y mentira (Sof 3:13a). Aquellos trazos de carácter que caracterizaban a los orgullosos y arrogantes opresores y que contaminaban el liderazgo de la nación, estarán completamente ausentes de los pobres y los humildes que se constituyen en el resto. En una imagen pastoril, los que hagan parte de este resto será el rebaño de Yahvé, usufructuarán de sustento y del descanso “y no habrá nadie que los incomode”

(Sof 3:13b). La imagen poética de este verso es la de un ambiente paradisíaco, donde el pueblo de Yahvé habitará seguro y donde podrá disfrutar de las condiciones básicas para una vida humana de calidad: alimentación, tranquilidad y protección. La expresión “y no habrá nadie que los incomode” se da en otros textos del Antiguo Testamento, donde indica la plenitud de vida que Yahvé concede al pueblo (Lev 26:6; Is 30:10; 46:27; Ez 34:28; 39:26; Miq 4:4; Job 11:19). En la nueva creación de Yahvé habrá paz entre humanos y armonía con la naturaleza, pues los que pueden atacar a los humanos y destruir el fruto de la tierra estarán bajo el poder restrictivo de Yahvé. Bajo tales condiciones, los pobres y humildes que formarán el resto podrán vivir en armonía unos con otros, y con la naturaleza. En un ambiente de sustentabilidad perfecta, disfrutarán de una paz sin perturbación.

Al primer concepto de realidad histórica concreta (los supervivientes de determinadas catástrofes militares) lo reemplaza la idea de una comunidad religiosa ferviente dentro de la masa indiferenciada de supervivientes. Luego, dentro de la comunidad fiel y observante se destaca la figura del «Siervo» que realiza por sí solo la misión que debía llevar a cabo el resto fiel. La relectura de los textos del AT a la luz de la fe en Jesucristo identificará al Siervo con el Hijo del Hombre, Jesús de Nazaret, quien, como Mesías, es el redentor de todo Israel (Rom 11,26), de todos los paganos (Rom 11,25), de la humanidad entera (Mt 20,28; 26,28) y de la creación como totalidad. A partir de Cristo se realiza el camino contrario. La historia de la salvación tiende de la unidad, Cristo, hacia la multitud, la humanidad entera.

La alegría de Sión (Sof 3:14-17) La perícopa de Sofonías 3:14-17 describe la atmosfera de júbilo que va a permear a la nueva creación de Yahvé. El género literario de esta perícopa parece ser un himno o salmo de alabanza. Se sugiere la vinculación de este pasaje con la liturgia del templo, como apoyo a la reforma del rey Josías. Una secuencia de imperativos pide al pueblo que se alegre de todo corazón. En el verso 14, el término significa exultar o gritar de alegría, un grito de triunfo. El imperativo es una palabra común que denota alegría, y la construcción expresa la idea de exultar, triunfar. Estos cuatro imperativos enfatizan la idea de una alegría plena que podrá ser disfrutada por el pueblo de Yahvé. Además, estos términos son cualificados por la expresión adverbial “de todo corazón”, que sugiere una alegría que debe ser experimentada en cuerpo y alma, y que debe expresarse a todo pulmón. El convite al júbilo es hecho a la “hija de Sión”, “Israel,” “hija de Jerusalén” (Sof 3:14). Estos tres títulos enfatizan la relación renovada de Yahvé con el pueblo, basado en la alianza. En versos anteriores Jerusalén había sido referida como la ciudad rebelde y contaminada; ahora, en virtud de la intervención de Yahvé, Jerusalén, como símbolo del pueblo, es la “hija” restaurada de Yahvé.

La intervención de Yahvé en la vida del pueblo se presenta en dos imágenes antropomórficas. La primera imagen se expresa en la declaración “Yahvé cambió la sentencia que tenía contra ustedes” (Sof 3:15), lo que retrata a Yahvé como un juez que, en su soberanía y amor compasivo, remueve la condenación que pesaba sobre el pueblo. Es posible que el referente histórico de esta declaración sean los sufrimientos soportados por Jerusalén en manos de los asirios, durante el período que va de los siglos octavo y séptimo, cuando la opresión asiria contra Israel y Judá se hacía sentir de forma muy acentuada. La segunda imagen de Yahvé lo retrata como un guerrero que eliminó al enemigo y removió los obstáculos que podían oscurecer la felicidad del pueblo (Sof 3:15). El resultado de la nueva creación es la presencia de Yahvé en medio de su pueblo, reconocida en la exclamación “Yahvé, el rey de Israel, está en medio de ustedes. Y ustedes nunca más verán la desgracia” (Sof 3:15). Un pueblo con labios puros glorificará a Yahvé, los males sociales y morales serán curados y el pueblo podrá vivir con la certeza de que la desgracia, el mal, no podrá nunca más destruir la seguridad y la libertad de la nueva creación de Yahvé.

En Sofonías 3:16 y 17, es el propio Yahvé quien se alegra por la restauración de su pueblo. Aparece ahora una descripción significativa de la reacción de Yahvé. Luego se lo introduce como héroe salvador: el texto retrata a Yahvé exultando en Jerusalén. Cuatro vocablos son empleados para describir la experiencia de júbilo de Yahvé en la restauración de su pueblo. Los términos estar alegre, alegría, alegrarse = grito de alegría, enfatizan la reacción de Yahvé al restablecimiento de la comunión con el pueblo. Aparece aquí otra imagen antropomórfica de Yahvé, la imagen del marido apasionado que se alegra con la esposa. Tal inferencia se justifica no sólo por las expresiones de alegría, sino también por el contenido de Sofonías 3:17 que combina expresiones de corte romántico: “Yahvé, tu Dios, está en medio de ti, héroe que salva, se regocija en ti con alegría, renovando su amor”.

La “hija de Sión” es el Israel personificado. Tiene por objeto el anuncio del gozo mesiánico, cuya expresión más característica es alégrate. Sigue la expresión más usual: no temas. El objeto del mensaje es el mismo: El Señor viene a morar en Sión como rey y como salvador. Todos estos rasgos se encuentran en Lc 1,28-33, con dos transposiciones:

1) el mensaje va dirigido a María kejoritoméne= llena de gracia” y no ya a la hija de Sión;
2) es Jesús, hijo del Altísimo, el que viene a morar en ella como rey y salvador
La presentación de la anunciación en términos tomados de Sofonías implica una doble identificación de María con la hija de Sión y de Jesús con el Señor, rey y salvador

Realización del día de gracia (Sof 3:18-20) Los últimos tres versos de Sofonías describen la salvación que Yahvé va a traer al resto, con la promesa del retorno de los dispersos. Algunos biblistas consideran estos versos una adición posterior debido a la posible referencia al exilio babilónico y al aparente contenido escatológico de la perícopa, que puede sugerir una situación en el post-exilio. No obstante la plausibilidad de estas sugerencias, debemos estar abiertos a la posibilidad de que el texto se refiera a los exilados del Reino del Norte que, debido a la opresión asiria y a las políticas pro-asirias de Manasés, se hayan visto forzados a abandonar la tierra para vivir como apátridas, en otras regiones como, por ejemplo, Etiopia y Egipto. Sofonías 3:18, de difícil traducción, pues menciona que Yahvé va a ayudar a los que estaban alejados de la “fiesta solemne” y estaban sufriendo el oprobio de los enemigos. Se entiende de esta forma, que el texto puede aludir a la época de Josías, tiempo en el que el pueblo, después de años de negligencia, estaba listo para retomar la celebración de la pascua.

En seguida, en Sofonías 3:19, el texto se vale de una imagen pastoril para afirmar que Yahvé luchará contra los opresores y salvará a las ovejas que cojeaban, y reunirá a las dispersas, dándoles trabajo y fama.

El texto concluye (Sof 3:20) con Yahvé asegurando al pueblo que los conducirá, y los ayudará, y les dará un nombre y una tarea entre todos los pueblos de la tierra. Es tentador ver aquí una conexión intertextual de la alianza de Yahvé con Abraham, que incluía la promesa de un nombre y una bendición a las naciones de la tierra (Cf. Gén 12:1-3). Lo mismo va a ocurrir, dice Yahvé, “cuando yo cambie la suerte de ustedes”. Otra forma de traducir el texto sería: “cuando yo los traiga a ustedes de regreso del exilio”. Por lo tanto, buena parte de los biblistas interpretan esta expresión como una referencia al exilio en Babilonia y, consecuentemente, atribuían al texto una fecha en el post-exilio, no podemos olvidarnos, como notamos antes que el pueblo de Israel sufrió profundamente bajo el poderío asirio, lo que resultó en la dispersión y exilio de parte de su población. Así, de regreso, los exiliados debido a la opresión asiria y a las políticas pro-asirias de Manasés y Ammón también pudieron estar en el horizonte de las esperanzas escatológicas del libro de Sofonías.

Conclusión e Implicaciones

El texto de Sofonías 3:9-20 retrata la respuesta de Yahvé a las condiciones de opresión a la que estaban sometidos los pobres y humildes durante el período de dominación del imperio asirio. Yahvé es retratado como liberador que va a derrotar al opresor y castigar a aquellos que pactan con la opresión. Después del juicio, permanecerá un pueblo pobre y humilde que, como resto, va a formar el núcleo de una nueva creación, un pueblo renovado de Yahvé que vivirá no por la explotación de otro, sino por la confianza en la provisión de Yahvé. Al contemplar este futuro promisorio, el pueblo es llamado a disfrutar de la alegría que nace de la certeza de tener a Yahvé como rey y soberano. Un rey que no actúa como el monarca asirio y sus vasallos judíos, que expoliaban a los pobres y dilapidaban el patrimonio de la nación, sino un gobernante justo que socorre a los débiles y ayuda a los desheredados para que puedan disfrutar de las bendiciones de la creación, en un ambiente de fraternidad y de paz. Es interesante observar que la última sección de Sofonías, que anuncia un nuevo mundo, habitado por un pueblo perdonado y restaurado, disfrutando de paz y sustento, bajo la bendición de Yahvé (Sof 3:9-20), contrasta con los oráculos de juicio proclamados anteriormente. Yahvé va a “ayudar” a los dispersos de Israel (Sof 3:18,20) para formar una sociedad compuesta por personas que no se mentían, ni defraudaban unas a otras, una comunidad marcada por la fidelidad de la alianza entre hermanos y hermanas.

En el pensamiento profético y en las tradiciones proféticas hay una interrelación orgánica y solidaria entre los humanos y el mundo creado por Yahvé. Así, el júbilo anunciado por Sofonías no debe ser restringido de forma meramente antropocéntrica a la restauración del pueblo, sino que incluye en su horizonte más amplio una bendición que se extiende a toda la vida, en un nuevo horizonte, ahora biocéntrico, que abraza a toda la creación. A los pueblos de América Latina, el mensaje de Sofonías ofrece aliento y estímulo para actuar como protagonistas de la historia, pues Yahvé no está de lado de los opresores, sino de los humildes y los pobres. Quienes en sus ambiciones desmedidas explotan a los pobres, se aprovechan de las funciones públicas para beneficio propio, devastan la naturaleza para construir imperios de lujo y confort, están bajo el juzgamiento de Yahvé. De un pueblo pobre y humilde, que no puede confiar en bienes materiales porque no los tiene, Yahvé formará el núcleo de un pueblo renovado, de una sociedad justa, marcada por el respeto al ser humano y a la naturaleza. Es en la esperanza de que un día vamos a disfrutar de esta sociedad y de esta nueva creación que Yahvé está trayendo a luz, que hoy podemos cantar las palabras que grito Sofonías: “¡Grita de gozo, oh hija de Sión, y que se oigan tus aclamaciones, oh gente de Israel! ¡Regocíjate y que tu corazón esté de fiesta, hija de Jerusalén!”.

 

Apuntes tomados del artículo en RIBLA n° 65:

 

De SOUZA, Elias Brasil, “Alégrate: la nueva creación se aproxima (Sof 3:9-20)”

 

Propuesta para una Lectura Orante sobre este pasaje Sof 3, 11-20

Lectura: Proclamamos Sof  3, 11-20

 

* Releemos el texto en silencio. Compartimos nuestras primeras impresiones.

* Observamos las distintas acciones que hace Dios, y las que hará, en futuro.

En pasado: ha levantado la sentencia; en presente, dos veces se afirma “está en medio de ti”; en futuro anuncia que reunirá y congregará.

* ¿Cómo se describe al pueblo?

Ese pueblo es el Resto de Israel, pobre y humilde (ver en el apunte).

*  Observamos las exhortaciones e imperativos. ¿Qué actitudes quiere provocar el profeta?

Alégrate, regocíjate, no temas… palabras que se repetirán a lo largo de toda la Biblia. Resonancias de esto encontramos en el saludo del ángel Gabriel a María: alégrate, no temas…

 

Meditación

 

* Pienso en mi barrio, mi calle, mis ambientes: ¿cuándo experimento la presencia de Dios, cuando puedo decir que Dios “está en medio”?

* ¿Qué personas forman/formamos hoy “el resto de Israel”? ¿Cómo viven/vivimos la alegría de la presencia de Dios?

* ¿Qué buena noticia tiene esta profecía de Sofonías? ¿A quién le podemos compartir esta buena noticia?

 

Oración

Queremos que estés en medio de nosotros. Suplicamos tu presencia, nombramos nuestros barrios, nuestras calles y nuestros ámbitos.

 

Queremos ser tu resto fiel. Por eso te decimos (oración en dos coros):

 

Gritamos de alegría       /         Bendito el Rey que viene

Te aclamamos en medio del pueblo     /           Tú eres el que nos reúne

Nos regocijamos de corazón          /          Tú danzas de alegría cada vez que nos visitas

No tenemos miedo     /   Tu presencia es luminosa y festiva

Te decimos con nuestro corazón y nuestra vida       /         Tú eres nuestro Dios

 

Contemplación

 

Con esta alegría, en silencio, saboreamos la presencia de Dios.

 

Se puede concluir con un canto que afirme, como el profeta, que “Dios está en medio de ti”. Puede ser: Jesucristo está pasando por aquí, o “Dios está aquí”.

 

 

 

 

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