Voz

La voz

La física ha establecido que para que exista sonido se requieren tres elementos::

  1. Un cuerpo que vibre.
  2. Un soporte físico por el que pueda transmitirse.
  3. Una caja de resonancia que amplifique esas vibraciones, permitiendo que sean percibidas por el oído.

El uso de la voz en nuestra tarea evangelizadora

Uno de los recursos próximos más usados es la voz.

Con ella podemos sugerir, or­denar, suplicar, susurrar, gritar…

Con nuestra voz damos idea de miedo, de seguridad, de marciali­dad, de amistad, de aprobación, de rechazo, de cercanía o lejanía… Te­nemos que ejercitar esas sutilezas que ella provoca para mejorar nues­tra comunicación.

Algunos recursos próximos son:

La voz, las pausas, la entona­ción, la dicción, la acentuación, la puntuación, el volumen de voz, el ritmo, la emotividad, la mirada, la ambientación, el canto, la proclama­ción, la postura corporal, los adema­nes, los gestos menores, las palabras rituales, la postura y disposi­ción del grupo que escucha, la iluminación del lugar donde esta­mos, las sombras de los objetos o de las personas…

Usemos estos recursos para nuestra tarea evangelizadora.

LA PROCLAMACIÓN DE LA PALABRA

Quien proclama debe conocer y compartir lo que se va a proclamar. Es impor­tante que conozca los recursos técnicos y tenga una disposición interior adecuada al hacerlo.

Se dirigirá con soltura al ambón de la lectura y después de la proclamación se retirará sin apresuramientos, ya que su ministerio tiene, en ese momento, una importancia fundamental. Es conveniente que conozca antes el texto y lo haya leído al menos una vez para evitar tropiezos y trampas fonéti­cas. Esto le permitirá además encontrar el ritmo y los tonos de la lectura.

Durante la proclamación, lea lentamente, haciendo pausas breves, sin apurar la lectura. En algunos momentos mire a quienes escuchan lo que pro­clama… Les dará así la sensación física de la inclusión en la misma.

La voz de Dios en la creación: Gén 1,1-31

La voz de Dios se manifiesta en la naturaleza: Salmo 29 (28)

Milagros en los cuales las personas necesitadas no tienen voz: Mc 1, 23-28

La voz del que se alza aunque lo quieran hacer callar: El ciego Bartimeo, Mc 10, 46-52

Las ovejas conocen la voz del Buen Pastor: Jn 10, 1-16

María Magdalena escucha la voz del Buen Pastor Resucitado: Jn 20,11-18

“Muy temprano, de mañana, María Magdalena va a la tumba. To­davía es de noche. Llora y el Jardinero la llama por su nombre. Si evocamos aquí el cap. 10 de Juan y el secreto del Buen Pastor, del Pastor hermoso (como dice el texto griego, “kalós”), nos damos cuenta de que Juan quiere presentar a María de Magdala como el modelo de discípulo: ella oye su Voz y lo reconoce al oírlo; se abren sus ojos al oír la voz de Jesús pronunciando su nombre.

María Magdalena, como la Esposa del Cantar de los Cantares, se levanta de noche a buscar. El amor busca. No se resigna ni soporta la au­sencia ni la idea de la muerte: busca. Busca, de noche, al alba, en el jardín. Como en la espera de la primera creación, se sitúa en el mismo escenario de la primera página del Génesis.

Y el nuevo Adán se le manifiesta porque el amor la había im­pul­sado a buscarlo, a El; El la envía a buscar a sus hermanos y a hacerla gran heraldo de la Vida, del Amor, de la Esperanza.

Es ella la primera en anunciar la buena noticia de la Resurrec­ción. Encarna la diaconía teologal de la fe, de la esperanza suprema: no sólo el Amor fuerte como la muerte (cf. Ct 8,6) sino el Amor más fuerte que la muerte.”

 (Teresa Porcile, Con ojos de mujer, Ed. Claretiana)

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