Vino – Viña

Destellos Cotidianos

Un programa sobre Símbolos con rock nacional y buen folklore

EL VINO

 

Todas las civilizaciones que cultivan la uva y producen vino conocen el poder de esta bebida. El vino es poderoso, eficaz, produce efectos buenos y malos. Por esto, y por su color rojo que lo asocia a la sangre, tiene un fuerte simbolismo.

El Antiguo Egipto y la Mesopotamia asiática conocían el vino y lo usaban en los rituales religiosos. En Grecia, el vino puro y muy concentrado se mezclaba con agua a la hora de servirlo; a esta acción se llamaba “escanciar” el vino.

Para los griegos, el vino era una bebida sagrada asociada a la sangre de Dionisos (a quien luego los romanos llamarán Baco). Este era el dios de la vegetación y del vino, y se lo representa con una guirnalda de hojas de parra y racimos. Las fiestas dionisíacas y bacanales eran eventos de carácter orgiástico, donde se sacrificaban animales y se celebraban banquetes. Todo esto tenía un carácter religioso, ya que a través de la embriaguez se buscaba llegar a quedar poseído por la fuerza del dios.

 

En la biblia

 

 

 

 

De primera necesidad para la vida del hombre

es el agua, el fuego, el hierro y la sal,

la flor de harina de trigo, la leche y la miel,

el jugo de uva, el aceite y el vestido.

Todo esto son bienes para los piadosos.

(Eclo 39,26-27a)

 

En la tradición bíblica, el vino es, en primer lugar, signo y símbolo de alegría y, por extensión, símbolo de todos los dones que Dios hace a los hombres. El vino está presente en los festejos y acontecimientos comunitarios. Por eso, estará presente también en el Reino definitivo, como Dios anunció por medio de  los profetas y como prometió Jesús, cuando dijo “les aseguro que no beberé más del fruto de la vid hasta que llegue el Reino de Dios” (Lc 22,18).

 

Desde la experiencia cotidiana, el vino puede tener también una carga simbólica negativa, por su carácter peligroso, que puede hacer perder la razón. Por eso existía la prohibición de beber vino durante el ejercicio de las funciones de enseñar y de juzgar (Ez 44,21; Lv 10,9).

 

El vino en los sacrificios

Como todos los alimentos y bebidas que tienen una fuerte presencia en la vida cotidiana, también el vino aparece en los sacrificios. Se presentaba en forma de libación, es decir, derramando un poco de vino sobre el altar:

 

Cada día ofrecerás sobre el altar dos corderos de un año, y esto en forma permanente. Ofrecerás uno a la mañana y otro a la hora del crepúsculo. Con el primer cordero ofrecerás también la décima parte de una medida de harina de la mejor calidad, amasada con un litro sesenta de aceite puro de oliva, y una libación consistente en un litro sesenta de vino. (Ex 29,38-40)

 

Cuando entres en la tierra… deberás ofrecer, con el holocausto o el sacrificio, litro y medio de vino como libación por cada cordero. (Nm 15,5)

 

Ya desde la época de Jesús, la cena de Pascua incluye cuatro copas de vino que se distribuyen a lo largo de la noche con diversas oraciones. El vino debe ser de color rojo para recordar la sangre del cordero pascual inmolado en el Templo.

Preparación del Seder, cena familiar festiva
Preparación del Seder, cena familiar festiva

En la víspera de su pasión, Jesús dio un significado especial a la cuarta copa del vino de la celebración pascual (Lc 22,20; 1 Cor 11,25) cuando lo presentó como su sangre, verdadera bebida (Jn 6,55).

En el banquete escatológico (al fin de los tiempos): Jer 31,11-14; Joel 2,21-27

Si la abundancia de vino es símbolo de la bendición de Dios, entonces habrá abundancia de vino cuando llegue el Reino definitivo. En esta perspectiva escatológica debemos situar el milagro de las bodas de Caná, Juan cap. 2,  signo que inaugura el tiempo nuevo.

Isaías  25,6-8

6 El Señor preparará para todas las naciones

un banquete con ricos manjares y vinos añejos,

con deliciosas comidas y los más puros vinos.

7 En este monte destruirá el Señor

el velo que cubría a todos los pueblos,

el manto que envolvía a todas las naciones.

8 El Señor destruirá para siempre la muerte,

secará las lágrimas de los ojos de todos

y hará desaparecer en toda la tierra

la deshonra de su pueblo.

En el monte Sión, el Señor todopoderoso

El Señor lo ha dicho.

Amós 9,13-15

13 “Vienen días en que todavía se estará cosechando el trigo cuando ya será tiempo de arar el campo, y en que aún no se habrá acabado de pisar las uvas cuando ya será tiempo de sembrar el trigo. Por montes y colinas correrá el vino como agua. 14Entonces traeré del destierro a mi pueblo Israel. Reconstruirán las ciudades destruidas, y vivirán en ellas; plantarán viñedos, y beberán su vino; sembrarán huertos, y comerán sus frutos. 15Pues los plantaré en su propia tierra, y nunca más volverán a ser arrancados de la tierra que les di.” Dios el Señor lo afirma.

Un libro no canónico, el Apocalipsis de Baruc, afirma que cuando llegue el Mesías de cada uva se producirán litros de vino.

 

* La diferencia entre Juan Bautista (cf. Lc 1,14) y Jesús: Lc 7,31-35.

“Porque llegó Juan el Bautista, que no come pan ni bebe vino, y ustedes dicen:

– Ha perdido la cabeza.

Llegó el Hijo del Hombre, que come y bebe, y dicen:

-¡Es un glotón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores!” (Lc 7,34)

“Jesús, el bon vivant, lanzó una llamada de arrepentimiento muy distinta a la de Juan. Sen­tando a su mesa también a los recaudadores de impuestos y a los pecadores, los parias de la sociedad judía en el aspecto religioso, Jesús ofreció un fácil y alegre camino de entrada en el Reino de Dios que él proclamaba. Pero, en un arrebato de puritanismo, “esta generación” se dijo que no era posible que ningún santo profeta enviado por Dios adoptase un estilo de vida tan libre y dado al placer, ni que se codease con la moralla religiosa ofreciendo seguri­dades sobre el perdón de Dios sin exigir el debido proceso de reinserción en la sociedad religiosa judía. Si ese Jesús era un comilón y un borracho ¿cómo podía ser un verdadero profeta y reformador? Así, “esta generación” rechaza las llamadas al arrepentimiento de un Juan demasiado ascé­tico y de un Jesús demasiado alegre.” (John Meier, Un judío marginal, Ed. Verbo Divino)

 

LA VID Y LAS VIÑAS

 

 

 

La vid (vitis viniferae) es un cultivo muy extendido en Tierra Santa, desde los tiempos bíblicos. Es muy apreciada por su fruto, la uva, y por el producto que de ella se obtiene: el vino.

El conjunto de vides cultivadas se llama viña. Usualmente se ubicaban sobre las laderas de las colinas o terrenos al pie de las mismas. La viña era cercada, despedregada, y se colocaba una torre de vigilancia como prevención frente a los ladrones.

Además de las viñas cultivadas en extensiones grandes, encontramos también la costumbre de tener en la casa alguna parra, ya que la uva es un fruto muy apreciado por su dulzura y su valor energético.

Para los profetas la expresión “cada cual bajo su parra y bajo su higuera” señala el ideal de justicia, donde cada familia tenga para cubrir las necesidades básicas y vivir en paz:  Mi 4,1-4; Zc 3,10; 1 Re 5,5.

 

1 Sucederá al fin de los tiempos que la montaña de la Casa del Señor
será afianzada sobre la cumbre de las montañas
y se elevará por encima de las colinas.
Los pueblos afluirán hacia ella
2 y acudirán naciones numerosas, que dirán:
“¡Vengan, subamos a la Montaña del Señor
y a la Casa del Dios de Jacob!
Él nos instruirá en sus caminos
y caminaremos por sus sendas”.
Porque de Sión saldrá la Ley
y de Jerusalén, la palabra del Señor.
3 Él será juez entre pueblos numerosos
y árbitro de naciones poderosas,
hasta las más lejanas.
Con sus espadas forjarán arados
y podaderas con sus lanzas.
No levantará la espada una nación contra otra
ni se adiestrarán más para la guerra.
4 Cada uno se sentará bajo su parra y bajo su higuera,
sin que nadie lo perturbe,
porque ha hablado la boca del Señor de los ejércitos. Miq 4,1-14

 

Al final de una profecía hecha al sumo sacerdote, anticipando el tiempo de paz que vendrá luego de la conversión del pueblo, dice Dios:
Aquel día –oráculo del Señor de los ejércitos– ustedes se invitarán unos a otros debajo de la parra y de la higuera. Zac 3,10

Él dominaba sobre toda la región comprendida entre el Éufrates y el Mar, desde Tifsá hasta Gaza, sobre todos los reyes que estaban más acá del Éufrates, y gozó de paz en todas sus fronteras. Judá e Israel vivieron seguros, cada uno bajo su parra y bajo su higuera, desde Dan hasta Berseba, durante todos los días de Salomón. 1 Re 4-5

 

Las viñas solían ser el sustento de una familia, trabajada y conservada por generaciones. Por eso, la expropiación injusta de la viña es señalada como un grave pecado de parte del gobernante: 1 Re 21.

En el Cantar de los Cantares, varias veces se hace referencia a la viña como el lugar de encuentro de los enamorados: Ct 2,13; 6,11;

¡Ven, amado mío
salgamos al campo!
Pasaremos la noche en los poblados
de madrugada iremos a las viñas,
veremos si brotan las cepas
si se abren las flores
si florecen las granadas…
Allí te entregaré mi amor.
(Ct 7,12-13)

 

La viña imagen del pueblo

Debido a los cuidados que requiere la viña, puede ser también una imagen del pueblo al que Dios plantó con esmero y cuidó con cariño, pero no dio los frutos esperados: Is 5,1-7

Jesús retoma esta imagen del poema de la viña de Isaías, pero ya no para hablar de la ingratitud del pueblo, sino de la maldad de los dirigentes, que eran los encargados de ocuparse de la viña para que diera buenos frutos:  parábola de los viñadores homicidas. Mc 12,1-12 y //.

JESÚS ES LA VID

Jesús es la vid: Jn 15, 1-8. Retoma aquí un simbolismo que ya había usado el profeta Ezequiel en el cap. 15.

Ezequiel cap 15

Parábola de la vid arrojada al fuego

1 La palabra del Señor me llegó en estos términos:
2 Hijo de hombre, ¿en qué aventaja la leña de la vid a la de cualquier otra rama de los árboles del bosque?
3 ¿Se saca de ella madera para emplearla en una obra? ¿Se hace con ella una percha para colgar alguna cosa?
4 No, se la echa al fuego para ser consumida: el fuego devora sus dos extremos
y arde también el centro. ¿Servirá entonces para alguna cosa?
5 Cuando todavía estaba intacta, no se la utilizaba para nada:
¡cuánto menos se hará algo con ella, una vez que el fuego la devore y esté quemada!
6 Por eso, así habla el Señor: como a la leña de la vid, entre los árboles del bosque,
la arrojé al fuego para que se consuma, así arrojo a los habitantes de Jerusalén.
7 Yo vuelvo mi rostro contra ellos: salieron del fuego, pero el fuego los devorará.
Entonces ustedes sabrán que yo soy el Señor, cuando vuelva mi rostro contra ellos.
8 Yo haré del país una desolación, porque han sido infieles –oráculo del Señor–.

 

Jesús retoma la imagen de la vid, pero en lugar de hablar de una vid seca, expresa por medio de una alegoría la forma en que esa vid dará buenos frutos:

1 Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el viñador.
2 Él corta todos mis sarmientos que no dan fruto;
al que da fruto, lo poda para que dé más todavía.
3 Ustedes ya están limpios
por la palabra que yo les anuncié.
4 Permanezcan en mí,
como yo permanezco en ustedes.
Así como el sarmiento no puede dar fruto
si no permanece en la vid,
tampoco ustedes, si no permanecen en mí.
5 Yo soy la vid,
ustedes los sarmientos.
El que permanece en mí, y yo en él,
da mucho fruto,
porque separados de mí, nada pueden hacer. Jn 15
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