Grutas

 

Una cueva o caverna es una cavidad natural del terreno causada por algún tipo de erosión de corrientes de agua, hielo o lava, o menos común, una combinación de varios de estos factores. En el más común de los casos, las cuevas se forman por la disolución de la roca caliza por parte del agua ligeramente ácida.

A veces es apta para servir de cobijo a animales y seres humanos, pudiendo ser acondicionada para vivienda en forma de casas cueva y otros usos antrópicos.

Usos de grutas y cuevas. Antiguo Testamento

Una cueva para ser usada como tumba fue la primera adquisición en la Tierra Prometida.

Abraham se levantó, e inclinándose profundamente ante la gente del lugar, ante los descendientes de Het, les insistió, diciendo: “Si ustedes quieren realmente que yo sepulte el cadáver, háganme el favor de interceder ante Efrón, hijo de Sójar, para que me venda la caverna de Macpelá, que él tiene en el extremo de su campo. Que me la ceda por su valor real, para que yo la posea como sepulcro familiar en medio de ustedes”. (Gén 23, 7-9) Abrahán,
Isaac, Rebeca, Lea y Jacob fueron sepultados allí. (Gen. 49,31; 50,13).

Cueva como refugio
David se refugia en una cueva en Engadí (al oeste del Mar Muerto) cuando Saúl buscaba su muerte. En esa cueva había corrales, y en las cercanías hay agua. Allí David muestra su fidelidad al rey. 1 Sam 24.

Corrales conectados con cavernas, hay muchas cavernas en la Tierra Santa, y cuando se
encuentra una de éstas, se utiliza como corral. Durante el tiempo tempestuoso, y por las noches,
las ovejas se retiran a la caverna, pero otras veces éstas se encierran en corrales localizados
inmediatamente a la boca de la caverna. Este corral se construye generalmente con piedras
sueltas apiladas en una pared circular, con espinas en la parte superior.
En ocasiones, se puede identificar cueva y pesebre. Para ver el significado del buey y el burro en el pesebre, click aquí.

La cueva en la que el rey Saúl fue a descansar. y en la que David y sus hombres se encontraban, era una caverna con un corral construido en conexión con ella. Este episodio se menciona en los salmos 57 y 18.

La cueva de Adullam, 20 km al oeste de Belén, refugio de David:
1 David partió de allí y se puso a salvo en la caverna de Adulám. Al enterarse, sus hermanos y toda la casa de su padre bajaron a unirse con él. 2 Además, se le juntaron todos los que estaban en algún aprieto, cargados de deudas o descontentos de la vida. Así llegó a ser jefe de unos cuatrocientos hombres. (1 Sam 22)

Fue por el agua de un pozo de Belén por la que David suspiraba en el desierto. Para
apreciar su deseo, uno tiene que experimentar lo que es tener sed en el desierto, y también
conocer la frescura del agua de los pozos y cisternas de Belén. En las laderas de las lomas en
derredor de Belén hay bancales con viñas, y la mayoría de ellas tiene una cisterna cavada en la
roca y localizada en ellas, la cual colecta el agua de lluvia en los meses de invierno y la preserva
en condiciones de una frescura deliciosa durante los meses de verano. Así David, estando en la cueva de
Adullam localizada en el costado desierto y cansado de pelear dijo: “Quien me diera de beber del
agua de la cisterna de Belén, que está a la puerta. (2 Sam. 23,15). Cuando tres de sus
hombres arriesgaron su vida en peleas con los filisteos para traerle de aquella agua fresca del
pozo de Belén, David “la derramó ante Yavé”. (2 Sam. 23,16).

LA GRUTA DE BELÉN

El lugar en que se celebra el nacimiento de Jesús, y donde hoy se encuentra la Basílica de la Natividad, es venerado desde tiempos muy antiguos. Basado en esa tradición, el emperador Constantino hizo levantar una iglesia en el año 333 d.C.

 

Paulacal
Capilla de Santa Paula, en Belén.

Santa Paula (Roma 347 – Belén 404) describe así su llegada a la gruta de Belén, y su deseo de quedarse allí, deseo que concretó levantando un monasterio:

 

Aquí en Belén me arrodillo en la gruta donde nació el Salvador del mundo y puedo verlo, débil como nosotros, en la fragilidad del Niño que descansa en brazos de María, pobre entre los pobres. Aquí me quedo.

“Salve, Belén, casa del pan, en la que nació aquel pan que bajó del cielo. Salve, Éfrata, región fertilísima y rica en frutos, cuya fertilidad es Dios mismo. De ti profetizó en otro tiempo Miqueas: Y tú Belén, casa de Efrata, ¿no eres la menor entre las familias de Judá? Pues de ti ha de salir el que ha de dominar a Israel. En ti realmente nació el príncipe que fue engendrado antes de lucero.

Aquí me quedo, entre estas colinas donde los pastores que apacentaban sus rebaños y vigilaban en la noche escucharon cantar: Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad. Mientras ellos vigilaban sus ovejas, encontraron al Cordero de Dios, del del vellón blanco y purísimo que, en medio de la sequedad de la tierra, quedó humedecio del rocío celestial.

Con razón decía David confiadamente: Entremos en su morada, postrémonos ante el estrado de sus pies. ¡Y yo, miserable pecadora, he sido juzgada digna de besar el pesebre en que lloró el Señor cuando era pequeño; de orar en la cueva en que la Virgen madre dio a luz al Señor niño! Este es mi lugar de reposo porque es la patria de mi Señor. Aquí habitaré porque mi Salvador la ha elegido: He encendido una lámpara para mi ungido. Mi alma vivirá para Él; mi descendencia lo servirá”.

(Carta 108 del Epistolario de San Jerónimo, BAC, 1995)