Roca – Piedras

Las rocas, por su solidez e inmutabilidad, evocan las ideas de cohesión, respaldo, seguridad, firmeza y eternidad. Dios mismo es llamado “la roca” porque da firmeza a los que se apoyan en él. En hebreo, el verbo “tener fe, creer”, significa “afirmarse”, de modo que la imagen de la roca es correlativa a este verbo (Gén 49,24, Dt 32, 4.15.18.30.31).

Salmo 18, 2-4

Yo te amo, Señor, mi fuerza,
3 Señor, mi Roca, mi fortaleza y mi libertador,
mi Dios, el peñasco en que me refugio,
mi escudo, mi fuerza salvadora, mi baluarte.
4 Invoqué al Señor, que es digno de alabanza
y quedé a salvo de mis enemigos.

(Bibliografía: Luis Rivas, Diccionario de Símbolos y figuras de la Biblia, Ed Amico)

 

PIEDRAS Y ESCRITURA

Antiguamente, los documentos más importantes se grababan con cincel en tablas de piedra. El caso más emblemático es el de las tablas de la Ley (Ex 24,12). Tengamos en cuenta que importantes registros de la antigüedad se han conservado grabados en piedras de monumentos y de lápidas mortuorias.

La roca y las piedras, por su dureza y frialdad, también pueden representar la insensibilidad de los corazones.

El profeta Jeremías, anuncia que  la Nueva Alianza ya no estará escrita en piedra, sino en los corazónes: Jer 31,31 ss.

31 Llegarán los días – oráculo del Señor – en que estableceré una nueva Alianza con la casa de Israel y la casa de Judá.32No será como la Alianza que establecí con sus padres el día en que los tomé de la mano para hacerlos salir del país de Egipto, mi Alianza que ellos rompieron, aunque yo era su dueño – oráculo del Señor – .33 Esta es la Alianza que estableceré con la casa de Israel, después de aquellos días – oráculo del Señor – : pondré mi Ley dentro de ellos, y la escribiré en sus corazones; yo seré su Dios y ellos serán mi Pueblo.34 Y ya no tendrán que enseñarse mutuamente, diciéndose el uno al otro: “Conozcan al Señor”. Porque todos me conocerán, del más pequeño al más grande – oráculo del Señor – . Porque yo habré perdonado su iniquidad y no me acordaré más de su pecado.

El profeta Ezequiel anuncia que Dios, con el agua y el espíritu, convertirá los corazones de piedra en corazones de carne, para realizar la Alianza: Ez 36, 24ss

24 Yo los tomaré de entre las naciones, los reuniré de entre todos los países y los llevaré a su propio suelo.25 Los rociaré con agua pura, y ustedes quedarán purificados. Los purificaré de todas sus impurezas y de todos sus ídolos.26 Les daré un corazón nuevo y pondré en ustedes un espíritu nuevo: les arrancaré de su cuerpo el corazón de piedra y les daré un corazón de carne.27 Infundiré mi espíritu en ustedes y haré que sigan mis preceptos, y que observen y practiquen mis leyes.28 Ustedes habitarán en la tierra que yo he dado a sus padres. Ustedes serán mi Pueblo y yo seré su Dios.

 

GRITARÁN LAS PIEDRAS

 

35 Luego llevaron el asno adonde estaba Jesús y, poniendo sobre él sus mantos, lo hicieron montar.36 Mientras él avanzaba, la gente extendía sus mantos sobre el camino.37 Cuando Jesús se acercaba a la pendiente del monte de los Olivos, todos los discípulos, llenos de alegría, comenzaron a alabar a Dios en alta voz, por todos los milagros que habían visto.38Y decían:
“¡Bendito sea el Rey que viene
en nombre del Señor!
¡Paz en el cielo
y gloria en las alturas!”.
39 Algunos fariseos que se encontraban entre la multitud le dijeron: “Maestro, reprende a tus discípulos”.40 Pero él respondió: “Les aseguro que si ellos callan, gritarán las piedras”.
(Lucas 19,35-40)

Cuando Jesús entra en Jerusalén, la gente y los discípulos alzan su voz para aclamarlo. Este canto de alabanza no puede ser acallado. Aunque los fariseos prefieran el silencio, aunque algunos prefieran que ciertas voces no sean escuchadas, hay verdades que se revelarán. Y si es necesario, las gritarán hasta las piedras.

Donde las piedras hablan

Tanto vivir entre piedras
Yo creí que conversaban
Voces no he sentido nunca
Pero el alma no me engaña.

Algún “algo” han de tener
Aunque parezcan calladas
No de balde ha llenau dios
De secretos la montaña.

Artículo sobre visita al Cerro Colorado. Lic. María Gloria Ladislao

“El festival en homenaje a los 100 años del nacimiento de Atahualpa Yupanqui fue la ocasión… (Continúa aquí: http://www.lanacion.com.ar/992064-donde-las-piedras-hablan)

Destellos Cotidianos, lunes 11 de marzo de 2013

LAS PIEDRAS


contundentes para edificar o para lapidar

Por su contundencia y cohesión, las piedras simbolizan la integridad y conformidad con uno mismo. Por su  dureza y duración, se oponen a la idea de cambio y muerte.

Diversos textos bíblicos aluden a la costumbre de construir con piedras. Así, la construcción o edificación es metáfora de la solidez de la vida comunitaria:

19 Por lo tanto, ustedes ya no son extranjeros ni huéspedes, sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios. 20 Ustedes están edificados sobre los apóstoles y los profetas, que son los cimientos, mientras que la piedra angular es el mismo Jesucristo.

21 En él, todo el edificio, bien trabado, va creciendo para constituir un templo santo en el Señor. 22 En él, también ustedes son incorporados al edificio, para llegar a ser una morada de Dios en el Espíritu.  Ef 2,19-22

4 Al acercarse a él, la piedra viva, rechazada por los hombres pero elegida y preciosa a los ojos de Dios, 5 también ustedes, a manera de piedras vivas, son edificados como una casa espiritual, para ejercer un sacerdocio santo y ofrecer sacrificios espirituales, agradables a Dios por Jesucristo. 6 Porque dice la Escritura: Yo pongo en Sión una piedra angular, elegida y preciosa: el que deposita su confianza en ella, no será confundido. 1ª. Ped 2,4-6

LA LAPIDACIÓN

piedrasEste castigo consistía en la aplicación de la pena de muerte a pedradas. El condenado era sacado fuera de la ciudad, y toda la comunidad realizaba este acto.

Se aplicaba en caso de blasfemia (Lv 25,13-16), como ocurrió con el mártir Esteban (Hech 7).

En vida de Jesús hubo varios intentos de lapidarlo: Jn 8,59; 10,31; 11,8.

La lapidación por adulterio

Si se sorprende a un hombre acostado con una mujer casada, morirán los dos: el hombre que estaba acostado con la mujer, y también ella. Así harás desaparecer el mal de entre ustedes. Dt 22,22

Observemos que el castigo debía aplicarse a ambos, varón y mujer.

A diferencia del adulterio, la prostitución no tenía sanción legal. (Ver en Lc 7,36 ss cuando la mujer pecadora pública besa y unge a Jesús.)

Las fuentes históricas permiten suponer  que la pena de muerte por adulterio había dejado de aplicarse en época de Jesús. A esto se suma que el Imperio Romano había recortado esta facultad entre las atribuciones que daba a las autoridades judías.

En la legislación rabínica encontramos el derecho del marido a redactar un acta de repudio. Una de las situaciones que permitía repudiar a la mujer era, justamente, el adulterio.

Por último, al analizar el texto siguiente, tengamos en cuenta no confundir a esta mujer con Santa María Magdalena, acerca de la cual ni los evangelios ni las fuentes primitivas presentan como adúltera ni como prostituta.

Domingo 17 de marzo de 2013

Domingo 5to. de cuaresma: Evangelio según San Juan 8,1-11

1 Jesús fue al monte de los Olivos. 2 Al amanecer volvió al Templo, y todo el pueblo acudía a él. Entonces se sentó y comenzó a enseñarles.

3 Los escribas y los fariseos le trajeron a una mujer que había sido sorprendida en adulterio y, poniéndola en medio de todos, 4 dijeron a Jesús:

«Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. 5 Moisés, en la Ley, nos ordenó apedrear a esta clase de mujeres. Y tú, ¿qué dices?».

6 Decían esto para ponerlo a prueba, a fin de poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, comenzó a escribir en el suelo con el dedo.

7 Como insistían, se enderezó y les dijo:

«El que no tenga pecado, que arroje la primera piedra».

8 E inclinándose nuevamente, siguió escribiendo en el suelo. 9 Al oír estas palabras, todos se retiraron, uno tras otro, comenzando por los más ancianos.

Jesús quedó solo con la mujer, que permanecía allí, 10 e incorporándose, le preguntó: «Mujer, ¿dónde están tus acusadores? ¿Nadie te ha condenado?».

11 Ella le respondió: «Nadie, Señor».

«Yo tampoco te condeno, le dijo Jesús. Vete, no peques más en adelante».

(Jn 8,1-11)

“La mujer es traída, puesta en medio del grupo, acusada, usada para probar un punto de la ley, usada como trampa. Los verbos mismos denotan su condición de objeto: la traen, la ponen, la dejan. No tiene voz, ni nombre, ni – aparte de su condición de adúltera – tampoco identidad. Es “un objeto en exposición”.

En la cultura mediterránea, el honor de las mujeres era su sentido de vergüenza, pero se trata de vergüenza entendida en sentido positivo. Se refiere  a ser sensible a lo que otros piensan y hablan con respecto a su valor como mujer; es la sensibilidad de su propia reputación. El deshonor mayor para una mujer era que se la considerara una desvergonzada.

Esta mujer ha perdido su reputación y su honor, no sólo por haber sido descubierta en el acto de adulterio, sino también por la forma en cómo es expuesta a los ojos de todos, puesta en medio de sus acusadores y de la gente que estaba escuchando a Jesús, y declarada públicamente como adúltera. Es avergonzada en público y su deshonor es evidente para todos, especialmente para ella misma.

«Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio.  Moisés, en la Ley, nos ordenó apedrear a esta clase de mujeres. Y tú, ¿qué dices?».  Decían esto para ponerlo a prueba, a fin de poder acusarlo.

 

Jesús lanza, a su vez, un contra-desafío a sus interlocutores:

“El sin pecado de vosotros, sea el primero en arrojar una piedra sobre ella”.

Esta frase de Jesús nivela los pecados. No hay pecados grandes y chicos: todos son pecados. Jesús está poniendo a los acusadores al mismo nivel de la mujer. A sus ojos, no son más respetables que ella.

Lo que más asombra en esta historia es el tratamiento igualitario que Jesús da a los varones “honorables” y a la mujer “deshonrada”. Para Jesús, la mujer y sus acusadores son iguales. La igualdad es el foco del relato.”

Cristina Conti, El misterio del texto elusivo Jn 7,53-8,11,
en “Las mujeres y la violencia sexista”, RIBLA 41, Quito, 2002

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PIEDRAS PRECIOSAS

Destellos Cotidianos Lunes 30 de noviembre de 2015

SÍMBOLO: PIEDRAS PRECIOSAS

Una gema, también llamada piedra preciosa, es una roca o mineral que al ser cortado y pulido se puede usar en la confección de joyas u objetos artísticos. Otras son creadas por el hombre con resina y pigmentos, o bien, son de origen vegetal, como el ámbar, o animal, como la perla (producida por una ostra) y el coral (formado por pequeños pólipos acuáticos).

Entre sus propiedades se destacan: belleza, durabilidad y rareza. También por su dureza, es decir, la resistencia al rayado y a otros agentes externos.

Tradicionalmente, las gemas eran divididas en dos grandes grupos: las piedras preciosas y las piedras semipreciosas, sin más. Se consideraban preciosas las cuatro principales gemas:

Diamante: cristalino
Rubí: rojo
Zafiro: azul
Esmeralda: verde

Algunas piedras semipreciosas mencionadas en el Apocalipsis

Turquesa: turquesa
Topacio: amarillo
Ópalo y Jaspe: variedad de colores
Lapislázuli: azul
Cuarzo y sus variedades. Amatista: violeta. Crisoprasa: verde. Jacinto: rojo
Ágata (la cornalina es una de sus variedades), pertenece al grupo calcedonia: colores variados. También llamada sardónica.
Peridoto (una variedad del olivino) o crisólito: amarillo verdoso.
Aguamarina y otras variedades del berilo: celeste

En Argentina, la piedra preciosa nacional es la rodocrosita (carbonato de manganeso) de color rosa.
Existen distintos yacimientos de piedras semipreciosas, entre ellos minas de Wanda, que poseen cristales de cuarzo, amatistas, ágatas y topacios, entre las más importantes.
* Las piedras preciosas, símbolo de lujo que terminará

El lujo desmedido de la Roma pagana, que comerciaba con perlas, está representada con una prostituta lujosamente engalanada: Ap. 17,4; Ap 18,12.16

* El Templo de Jerusalén estaba ricamente adornado. Jesús dice que no quedará piedra sobre piedra:

“”El Templo de Jerusalén era el lugar donde los israelitas acudían en peregrinación tres veces al año.

Los discípulos y discípulas de Jesús eran, en su gran mayoría, gente sencilla de la zona rural del país. Para ellos, había mucho para ver en cada viaje a la gran ciudad de Jerusalén y al Templo. Su mirada se alzaba para fijarse en la fastuosidad de las grandes construcciones:

Uno de sus discípulos le dijo:

– ¡Maestro, mira qué piedras y qué construcción!

Jesús le respondió:

– ¿Ves esa gran construcción? De todo esto no quedará piedra sobre piedra…

(Mc 13,1-2)

Este discípulo estaba impresionado por la grandiosidad y el lujo del Templo: la piedra blanca de los muros, las placas de oro como adorno, los mosacios de colores, los utensilios de bronce y las columnas de mármol, hacían lucir al Templo en el centro de la ciudad.

Una sólida construcción. Pero, para Jesús, no tiene solidez. Un día se caerá. En contraposición a las lujosas piedras del templo, Jesús pone la atención sobre las dos moneditas que pone la viuda:

Jesús, sentado y mirando, es conmovido por la acción pequeña de esta mujer pobre. Que seguramente pasaría inadvertida, ella y su acción, en medio de tantas personas llamativas y deslumbrantes.

Los discípulos tenían la mirada puesta en otras cosas. Impresionados por las construcciones, aturdidos por la gente que iba y venía, inquietos por participar de los rituales, no podían ver, no podían detener la mirada en algo tan insignificante como una vieja pobre y silenciosa. Sus moneditas, de tan livianas, ni siquiera habrán sonado cuando cayeron en el tesoro…

Entonces, llamando a los discípulos, les dijo. Jesús tiene que hacer que los discípulos vean esto. Tiene que convocarlos, expresamente, porque la mirada de ellos estaba perdida en otras cosas.

La gran lección sobre el compartir los bienes y la confianza en Dios providente la da Jesús contemplando a esta mujer.”” (Tomado del libro “Jesús miraba mujeres”, María Gloria Ladislao, Ed. Claretiana

* Las piedras preciosas, símbolo de las doce tribus

Piedrasdoce
El Sumo Sacerdote llevaba sobre su pecho un pectoral confeccionado con 12 piedras de doce colores distintos. Cada piedra representaba una tribu. Así, cada vez que estaba en presencia de Dios, el Sumo Sacerdote llevaba en su pecho a todo el pueblo:

15 También harás el pectoral del juicio de Dios, trabajado artísticamente y confeccionado de la misma manera que el efod. Lo harás de oro, de púrpura violeta y escarlata, de carmesí y de lino fino reforzado. 16 Deberá ser cuadrado y de doble paño, de un palmo de largo y otro de ancho. 17 Lo guarnecerás de piedras preciosas, dispuestas en cuatro hileras: en la primera habrá un jaspe rojo, un topacio y una esmeralda; 18 en la segunda, un rubí, un zafiro y un diamante; 19 en la tercera, un ágata, una cornalina y una amatista; 20 y en la cuarta, un crisólito, un lapislázuli y un jaspe verde. Todas ellas estarán engarzadas en oro. 21 Las piedras serán doce en total, como los nombres de los hijos de Israel, y cada una llevará grabado el nombre de una de las doce tribus, como se graban los sellos.(…) 29 Cada vez que Aarón entre en el Santuario, llevará sobre su corazón, en el pectoral del juicio de Dios, los nombres de los hijos de Israel, para mantener siempre vivo el recuerdo de ellos en la presencia del Señor. (Ex 28,15-21.29)
* Las piedras preciosas como símbolo escatológico

A diferencia de las piedras del Templo, que un día se caerán, tenemos las piedras de la Jerusalén celestial, que brillan con la luz que no tiene fin. Así lo anunciaba ya el profeta Isaías, cuando en el post-exilio profetizó sobre Jerusalén:

11 ¡Oprimida, atormentada, sin consuelo!
¡Mira! Por piedras, te pondré turquesas
y por cimientos, zafiros;
12 haré tus almenas de rubíes,
tus puertas de cristal
y todo tu contorno de piedras preciosas.
13 Todos tus hijos serán discípulos del Señor,
y será grande la paz de tus hijos.
14 Estarás afianzada en la justicia,
lejos de la opresión, porque nada temerás,
lejos del temor, porque no te alcanzará. (Is 54,11-14)

También encontramos expresado este deseo de la reconstrucción de Jerusalén en el cántico de Tobías cap. 13:

Bendice, alma mía, a Dios, rey grande,
porque Jerusalén con zafiros y esmeraldas
será reedificada,
con piedras preciosas sus muros
y con oro puro sus torres y sus almenas.
La descripción de la Jerusalén celestial en el Apocalipsis reproduce el pectoral del sumo sacerdote. El número 12 y la variedad de colores de las piedras, indica la diversidad que aportan las doce tribus de Israel, recreadas en doce comunidades cristianas formadas alrededor de los apóstoles.
9 Luego se acercó uno de los siete Ángeles que tenían las siete copas llenas de las siete últimas plagas, y me dijo: «Ven que te mostraré a la novia, a la esposa del Cordero». 10 Me llevó en espíritu a una montaña de enorme altura, y me mostró la Ciudad santa, Jerusalén, que descendía del cielo y venía de Dios. 11 La gloria de Dios estaba en ella y resplandecía como la más preciosa de las perlas, como una piedra de jaspe cristalino. 12 Estaba rodeada por una muralla de gran altura que tenía doce puertas: sobre ellas había doce ángeles y estaban escritos los nombres de las doce tribus de Israel. 13 Tres puertas miraban al este, otras tres al norte, tres al sur, y tres al oeste. 14 La muralla de la Ciudad se asentaba sobre doce cimientos, y cada uno de ellos tenía el nombre de uno de los doce Apóstoles del Cordero.
15 El que me estaba hablando tenía una vara de oro para medir la Ciudad, sus puertas y su muralla. 16 La Ciudad era cuadrangular: tenía la misma medida de largo que de ancho. Con la vara midió la Ciudad: tenía dos mil doscientos kilómetros de largo, de ancho y de alto. 17 Luego midió la muralla: tenía setenta y dos metros, según la medida humana que utilizaba el Ángel. 18 La muralla había sido construida con jaspe, y la Ciudad con oro puro, semejante al cristal purificado. 19 Los cimientos de la muralla estaban adornados con toda clase de piedras preciosas: el primer cimiento era de jaspe, el segundo de zafiro, el tercero de ágata, el cuarto de esmeralda, 20 el quinto de ónix, el sexto de cornalina, el séptimo de crisólito, el octavo de berilo, el noveno de topacio, el décimo de crisoprasa, el undécimo de jacinto y el duodécimo de amatista. 21 Las doce puertas eran doce perlas y cada puerta estaba hecha con una perla enteriza. La plaza de la Ciudad era de oro puro, transparente como el cristal. 22 No vi ningún templo en la Ciudad, porque su Templo es el Señor Dios todopoderoso y el Cordero. 23 Y la Ciudad no necesita la luz del sol ni de la luna, ya que la gloria de Dios la ilumina, y su lámpara es el Cordero. 24 Las naciones caminarán a su luz y los reyes de la tierra le ofrecerán sus tesoros. 25 Sus puertas no se cerrarán durante el día y no existirá la noche en ella. 26 Se le entregará la riqueza y el esplendor de las naciones. 27 Nada impuro podrá entrar en ella, ni tampoco entrarán los que hayan practicado la abominación y el engaño. Únicamente podrán entrar los que estén inscritos en el Libro de la Vida del Cordero.

* Las joyas como símbolos del Reino: El Reino es una perla de gran valor

El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo.
El Reino de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba a buscar perlas finas; 46 y al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró. (Mt 13,44-45)

La parábola habla del Reino en su aspecto más gratuito y sorpresivo: de repente se lo encuentra allí. Un descubrimiento al cual se subordina todo lo demás en la vida. Esta parábola lo presenta así: el Reino está allí con su riqueza, deslumbramiento y belleza de ser tesoro, de ser perla. Su valor no le viene del esfuerzo humano, porque el Reino en sí mismo es así de valioso y apetecible.
Y eso produce tanta alegría. Gratuitamente, encontrar algo valioso para la propia vida; según juzgó este hombre, lo más valioso, a punto de poder subordinar todo lo demás. La alegría del descubrimiento lo puso en movimiento: fue, vendió, volvió, compró. Una serie de acciones, un dinamismo, motivado por este encuentro y fundamentalmente, por la alegría que le produjo.
La alegría por el Reino se produce si podemos vivirlo como regalo, obra de Dios que no ha dependido de nuestro esfuerzo. Desde ese sentimiento de gratuidad, no nos queda más que poner toda la vida encaminada hacia la presencia efectiva de ese Reino. Que tiene en sí mismo toda la riqueza de tesoro para disfrutar.

7 comentarios sobre “Roca – Piedras

  1. Gloria… no te conozco personalmente, pero alguna cosa leo por ahí de vos.
    La Roca, la piedra… firmeza, frialdad, dureza de corazón, pero tambien se rompen, se muelen…. pero tirando una piedrita en un estanque, luguna de agua quieta, se forman circulos uno a continuación de otro, bella imagen para decirnos que la Palabra de Dios, q. Dios mismo, q. Jesucristo nos quiere así, formando circulos, ruedas…. encuentros…
    Gracias por tus palabras…
    H. Armando

    1. ¡Gracias Hermano Armando, por compartir tu hermosa reflexión! Que el Espíritu Santo siga animando nuestras vidas.
      Un abrazo
      Gloria

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