Río y Mar – Ballenas

Destellos Cotidianos, lunes 4 de marzo de 2013

L A  BALLENA

La Biblia habla en diferentes ocasiones de los grandes peces y monstruos marinos (Gén 1,21; Dn 3,79). Popularmente, se ha identificado al “gran pez” que devora a Jonás con una ballena.

En la cultura semita, la simbología de los “grandes peces”  está asociada a la simbología del mar (ver más abajo). Este es un lugar de peligros, donde el ser humano se enfrenta a lo desconocido. Los grandes peces participan de este sentido, que atemoriza al ser humano. Yavé, como señor del universo, no sólo vence al mar (cruce del Mar Rojo) sino que también vence a los monstruos marinos (victoria sobre Leviatán Sal 74,14) o usa de los grandes peces (ballena) a su servicio, como en la historia de Jonás.

ballenaEn algunos pueblos originarios de América y Australia, las ballenas son respetadas como animales sagrados. Según la mitología eslava y rusa, la Tierra descansa sobre la espalda de una inmensa ballena.

Jonás y la ballena

Argumento:

El libro de Jonás es una novela didáctica que busca instruir sobre la respuesta del ser humano ante el llamado de Dios para una misión,  la necesidad de la conversión y el arrepentimiento, y el amor de Dios por toda la humanidad, sin distinción.

El profeta Jonás es llamado por Dios para ir a evangelizar en tierra extranjera, a la ciudad de Nínive. Pero el profeta, ligado a una concepción exclusivista de la salvación, se niega a ir a predicar entre paganos. Se embarca para ir en sentido contrario al indicado por Dios, pero naufraga y va a parar al vientre de un gran pez. Una vez expulsado por el pez, cumple la misión de predicar en Nínive. Contrariamente a lo que él esperaba, toda la ciudad de Nínive se convierte. Cumplida la misión, el profeta descansa bajo un arbusto. Cuando el arbusto se seca, el profeta se desea la muerte. Entonces Dios le responde:

“Tú tienes compasión de un arbusto por el que nada te fatigaste, que no hiciste tú crecer, que en el término de una noche fue y en el término de una noche pereció. ¿Y yo no voy a tener compasión de Nínive, la gran ciudad, en la que hay más de ciento veinte mil personas que no distinguen su derecha de su izquierda, y una gran cantidad de animales?” (Jon 4,10)

Sentido del libro

Este libro se escribió durante el período del post-exilio, al regreso de la cautividad en Babilonia. En aquel momento, buscaba imponerse una teología fuertemente exclusivista, que designaba al “verdadero Israel” como el único depositario de la salvación. Con la conversión de los ninivitas, el libro cuestiona esa teología de la exclusividad.

La ballena, como gran devoradora, simboliza el cuerpo-sepulcro, y es, a la vez, ámbito de vida y resurrección. En la historia de Jonás, estar en el vientre del gran pez indica un ritual iniciático, ya que luego de tres días de oscuridad, emerge un hombre nuevo que va a cumplir con su misión.

Jonás oró a Yavé su Dios desde el vientre del pez:

“Desde mi angustia clamé a Yavé
y él me respondió:

desde el seno del sheol grité
y tú oíste mi voz”.
(Jon 2,2-3)

“Este viaje de Jonás a través del mar lo conduce al vientre de un enorme pez. Allí, ante aquel inmenso peligro, Jonás descubre una moral más elevada, un yo superior, y renaciendo así prodigiosamente, vuelve dispuesto ya a enfrentarse a las rigurosas exigencias de su conciencia. No obstante, este renacimiento solo no completa su verdadera existencia humana… Jonás solo consigue su completa calidad humana después de liberarse de las instancias de su mente. Al abandonar la ciega obediencia a su placer y comodidad, logra reconocer la sabiduría de Dios. Cuando la ballena se come a Jonás en el episodio bíblico, éste no es “realmente” su final. Todos los que escuchan la historia saben por intuición que Jonás está en el vientre de la ballena con un objetivo, el de volver a la vida siendo mejor que antes.”

(Bruno Bettelheim, Psicoanálisis de los cuentos de hadas)

Jesús y la señal de Jonás

38 Entonces algunos escribas y fariseos le dijeron: «Maestro, queremos que nos hagas ver un signo». 39 Él les respondió: «Esta generación malvada y adúltera reclama un signo, pero no se le dará otro que el del profeta Jonás. 40 Porque así como Jonás estuvo tres días y tres noches en el vientre del pez, así estará el Hijo del hombre en el seno de la tierra tres días y tres noches.

41 El día del Juicio, los hombres de Nínive se levantarán contra esta generación y la condenarán, porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás, y aquí hay alguien que es más que Jonás. 42 El día del Juicio, la Reina del Sur se levantará contra esta generación y la condenará, porque ella vino de los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay alguien que es más que Salomón. (Mt 12,39-41)

29 Al ver Jesús que la multitud se apretujaba, comenzó a decir: «Esta es una generación malvada. Pide un signo y no le será dado otro que el de Jonás. 30 Así como Jonás fue un signo para los ninivitas, también el Hijo del hombre lo será para esta generación.

31 El día del Juicio, la Reina del Sur se levantará contra los hombres de esta generación y los condenará, porque ella vino de los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón y aquí hay alguien que es más que Salomón.

32 El día del Juicio, los hombres de Nínive se levantarán contra esta generación y la condenarán, porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás y aquí hay alguien que es más que Jonás. (Lc 11,29-32)

Jesús hace referencia a la señal de Jonás en dos sentidos:

* por un lado, la oscuridad del interior de la ballena, donde Jonás pasó tres días y tres noches, es figura del sepulcro donde estará Jesús, y del cual surgirá victorioso. Esta “señal” necesita ser leída e interpretada con fe. Los enemigos de Jesús quieren “pruebas”; en cambio los creyentes interpretan las señales.

* por otro lado, la conversión de los ninivitas es un reto a los compatriotas y a los que se creen ya salvados. Aquellos extranjeros, politeístas, alejados de Dios, fueron capaces de cambiar ante el anuncio recibido. ¿Y nosotros? Con la señal de Jonás Jesús confirma la buena noticia de que Dios quiere la salvación de TODA la humanidad, sin hacer diferencias de raza, color, sexo o clase.

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LOS RÍOS

Los ríos presentan la simbología propia del agua viva, agua fecunda, que irriga la tierra y hace posible los cultivos y las civilizaciones. Todas las propiedades positivas del agua se encuentran en los ríos: refresca, purifica, irriga, lava, renueva, fecunda, sacia, es indispensable para la vida…

También, por su fluir constante, son metáfora de la vida que pasa, de lo irreversible, lo que no vuelve. El filósofo griego Heráclito dijo esta sentencia: “Nadie se baña dos veces en el mismo río”.

El dios sumerio Enki es patrón de las aguas dulces. Como en la mesopotamia asiática las aguas dulces eran aprovechadas  a través de los sistemas de irrigación por canales, eran un factor esencial para el desarrollo de la civilización. Por eso este dios Enki era un dios que simbolizaba la sabiduría ligada al progreso y la cultura.

El río de vida que brotaba del templo: Ezequiel cap. 47.
Apocalipsis 22,1-2
“Luego me mostró el río de agua de Vida, brillante como el cristal, que brotaba del trono de Dios y del Cordero. En medio de la plaza, a una y otra margen del río, hay árboles de vida, que dan fruto doce veces, una vez cada mes; y sus hojas sirven de medicina para las naciones”.

Ríos en el mundo bíblico

El Nilo, río de Egipto, que aseguraba la fecundidad para los sembrados. Una de las plagas fue convertir el río en sangre; el río, fuente de vida, se convirtió en lugar de muerte: Ex 7,14-25.

El Tigris y el Eufrates, ríos que demarcan la mesopotamia asiática. Se encuentran en la descripción de la vida que brota en el jardín de Edén: Gén 2,10-14

10 De Edén nace un río que riega el jardín, y desde allí se divide en cuatro brazos. 11 El primero se llama Pisón: es el que recorre toda la región de Javilá, donde hay oro. 12 El oro de esa región es excelente, y en ella hay también bedelio y lapislázuli. 13 El segundo río se llama Guijón: es el que recorre toda la tierra de Cus. 14 El tercero se llama Tigris: es el que pasa al este de Asur. El cuarto es el Éufrates.

El Jordán, que recorre Palestina de Norte a Sur.

Destellos1908rioEl río Jordán
El nombre Jordán procede del hebreo yarden  que a su vez deriva del verbo yarad, descender o tal vez de yeor Dan “río de Dan”, o de Yar danus del iraní “río anual”. Este río serpenteante corre de norte a sur, desde el lago de Galilea hasta el mar Muerto, cubriendo una distancia de 105 km. Tiene  innumerables meandros, por lo que  en la forma real  tiene un recorrido 320 km. Fluye mucho, por eso pudo ser aprovechado por métodos de riego en la antigüedad; a veces se inunda en porciones pequeñas. No es navegable. En las zonas inundadas hay vegetación enmarañada y pequeñas regiones desérticas. El río Jordán nace en la zona más fértil de Galilea, pero ya cerca de su desembocadura se acerca a la zona rocosa y salitre del mar Muerto, por lo cual la última etapa de su recorrido es en medio del “desierto”.

La simbología del Río Jordán como agua que limpia y purifica se aprecia especialmente en la curación de Naamán el sirio por intermedio de Eliseo: 2 Re 5,1-14

1 Naamán, general del ejército del rey de Arám, era un hombre prestigioso y altamente estimado por su señor, porque gracias a él, el Señor había dado la victoria a Arám. Pero este hombre, guerrero valeroso, padecía de una enfermedad en la piel. 2 En una de sus incursiones, los arameos se habían llevado cautiva del país de Israel a una niña, que fue puesta al servicio de la mujer de Naamán. 3 Ella dijo entonces a su patrona: “¡Ojalá mi señor se presentara ante el profeta que está en Samaría! Seguramente, él lo libraría de su enfermedad”. 4 Naamán fue y le contó a su señor: “La niña del país de Israel ha dicho esto y esto”. 5 El rey de Arám respondió: “Está bien, ve, y yo enviaré una carta al rey de Israel”.
Naamán partió llevando consigo diez talentos de plata, seis mil siclos de oro y diez trajes de gala, 6 y presentó al rey de Israel la carta que decía: “Al mismo tiempo que te llega esta carta, te envío a Naamán, mi servidor, para que lo libres de su enfermedad”. 7 Apenas el rey de Israel leyó la carta, rasgó sus vestiduras y dijo: “¿Acaso yo soy Dios, capaz de hacer morir y vivir, para que este me mande librar a un hombre de su enfermedad? Fíjense bien y verán que él está buscando un pretexto contra mí”.
8 Cuando Eliseo, el hombre de Dios, oyó que el rey de Israel había rasgado sus vestiduras, mandó a decir al rey: “¿Por qué has rasgado tus vestiduras? Que él venga a mí y sabrá que hay un profeta en Israel”. 9 Naamán llegó entonces con sus caballos y su carruaje, y se detuvo a la puerta de la casa de Eliseo. 10 Eliseo mandó un mensajero para que le dijera: “Ve a bañarte siete veces en el Jordán; tu carne se restablecerá y quedarás limpio”. 11 Pero Naamán, muy irritado, se fue diciendo: “Yo me había imaginado que saldría él personalmente, se pondría de pie e invocaría el nombre del Señor, su Dios; luego pasaría su mano sobre la parte afectada y curaría al enfermo de la piel. 12 ¿Acaso los ríos de Damasco, el Abaná y el Parpar, no valen más que todas las aguas de Israel? ¿No podía yo bañarme en ellos y quedar limpio?”. Y dando media vuelta, se fue muy enojado. 13 Pero sus servidores se acercaron para decirle: “Padre, si el profeta te hubiera mandado una cosa extraordinaria ¿no la habrías hecho? ¡Cuánto más si él te dice simplemente: Báñate y quedarás limpio!”. 14 Entonces bajó y se sumergió siete veces en el Jordán, conforme a la palabra del hombre de Dios; así su carne se volvió como la de un muchacho joven y quedó limpio.

El río Jordán es el lugar donde Juan “el Bautista” proclama un bautismo de conversión, es decir, un cambio de vida. El agua del río es símbolo de purificación y renovación. Después de pasar por el agua, el creyente comienza una nueva vida: Mt 3; Mc 1,1-11; Lc 3,1-22; Jn 1,29-34; Jn 4,1-4.
Sigiendo esta tradición de bautizar en el río, los primeros cristianos siempre bautizaban en “agua viva”, es decir, agua que fluye.

 

Sobre el bautismo de Jesús en el río Jordán click aquí

EL MAR

Ante el mar experimentamos la sensación de la inmensidad y de un poder formidable, imposible de manejar por las fuerzas humanas. El mar es terrible cuando desencadena su furia, ya sea afectando a los marineros como también a las poblaciones costeras.

Los naufragios hacían suponer que en el fondo del mar habitaban grandes monstruos que atacaban las embarcaciones. Por eso el simbolismo del mar tiene una carga negativa, ligada a lo desconocido, lo insondable, lo peligroso y, en definitiva, a la muerte.

En  muchas religiones, el mar es también una divinidad. En la mesopotamia asiática, el mar es visto como un océano cósmico que circunda el continente, y esta personificado bajo la forma de una bestia monstruosa: Tiamat, el dragón que representa los poderes caóticos y devastadores. En la mitología ugarítica, Yam, el dios-mar, es la figura opuesta a Baal, en lucha por la soberanía del mundo divino.

En la Biblia

La Biblia participa de esta mirada sobre el mar como un lugar de peligro. Los monstruos marinos son Rahab y Leviatán. Yavé Dios demuestra su poder sobre la creación, porque él fija los límites al océano y vence a los monstruos marinos.

6 Dios dijo: “Que haya un firmamento en medio de las aguas, para que establezca una separación entre ellas”. Y así sucedió. 7 Dios hizo el firmamento, y este separó las aguas que están debajo de él, de las que están encima de él; 8 y Dios llamó Cielo al firmamento. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el segundo día.

9 Dios dijo: “Que se reúnan en un solo lugar las aguas que están bajo el cielo, y que aparezca el suelo firme”. Y así sucedió. 10 Dios llamó Tierra al suelo firme y Mar al conjunto de las aguas. Y Dios vio que esto era bueno. (Gén 1,6-10)

1 Aquel día, el Señor castigará con su espada bien templada,

1 grande y fuerte,

1 a Leviatán, la Serpiente huidiza,

1 a Leviatán, la Serpiente tortuosa,

1 y matará al Dragón que está en el mar. (Isaías 27, 1)

9 ¡Despierta, despierta,

9 revístete de poder, brazo del Señor!

9 ¡Despierta como en los días antiguos,

9 como en las generaciones pasadas!

9 ¿No eres tú el que hace pedazos a Rahab,

9 el que traspasa al Dragón?

10 ¿No eres tú el que secó el Mar,

10 las aguas del gran Océano,

10 el que hizo de lo profundo del mar

10 un camino para que pasaran los redimidos? (Is 51,9-10)

10 Tú dominas la soberbia del mar

10 y calmas la altivez de sus olas;

11 tú aplastaste a Rahab como a un cadáver,

11 deshiciste a tus enemigos con tu brazo poderoso. (Salmo 89)

El “mar” de Galilea

 

Se trata de un lago ubicado al norte de Palestina, que mide 21 km de largo y 12 km de ancho. Su circunferencia cubre 52 km. Si bien es un lago, muchas veces el evangelio lo llama “mar”, aludiendo al sentido simbólico, como lugar de peligro.

Escenas del Evangelio junto al Lago o Mar de
Galilea, Tiberíades, Genesaret, Kineret

Mc 1,16-20 y //

Mt 4,12-17 y //

Mc 2,13-14 y //

Lc 5, 1-11

Mt 8,18-20 y //

Mc 3,7-12 y //

Mc 4,35-41 y //

Mc 5,1-20 y //

Mc 5,21-24 y //

Mc 6,30-44 y //

Mc 6, 45-52 y //

Mc 6,53-56 y //

Mc 7,31-37 (del lado pagano)

Mc 8,14-21 y //

Mt 13,1-3

Mt 15,29-31 (del lado pagano)

Mt 17,24-27

Jn 21, 1-23

La sinagoga de Cafarnaum: Mc 1,21-28 y // ; Mc 3,1-6 ; Jn 6, 22-59.

La sinagoga de Nazareth: Lc 4, 16-30                    Las sinagogas de Galilea: Mt 4, 23-28


Aspectos económicos de Galilea

Una buena parte de las tierras producti­vas estaban en poder de grandes terrat­enientes, personajes de la aristocracia judía o del mundo romano que vivían fuera del territorio y encargaban la ad­ministración a interme-
di­arios. Esto se refleja en las parábolas de Jesús (Mc 12,1-9; Lc 16,1-8).

Aspectos culturales de Galilea

Originalmente, Galilea había sido parte del patrimonio del pueblo de Israel, colo­nizado por las tribus de Aser, Neftalí y Za­bulón. Pero siempre estuvo alejada de los grandes centros culturales, Jerusalén y Sa­maría. En la divisón del reino, des­pués de la muerte de Salomón, Galilea hizo parte del reino de Israel o reino del Norte, con Sa­maría como capital.

Cuando en el s. VIII a.C. el reino de Is­rael fue conquistado por Asiria, Galilea quedó sometida a los asirios. Comenzó entonces para toda la región norte del antiguo Israel una época de pagani­zación debida a la in­troducción de po­blaciones de otras regiones y de cos­tumbres y cultos extraños.          Cuando los desterrrados de Judá regresan del exilio, los samaritanos no participan en la re­stauración de Jerusalén y del templo, y otro tanto se puede decir de los galileos. Lo mismo sucede en el período helenístico: Galilea sufre la política de helenización de los reyes griegos. Sin embargo, cuando tras las luchas de los Macabeos contra el reino seléucida de Siria, Judea logra independi­zarse, los reyes Asmoneos comienzan un trabajo de reconquista política y religiosa de las regiones al norte de Judá.  El rey Aristóbulo I (104-103 a.C.) incorpora a Gali­lea dentro del reino judío. Galilea ofrecía tierras más fértiles y menos den­samente pobladas a los judíos y muchos emigran hacia el norte. Algunos de los antiguos ha­bitantes helenizados fueron obligados a aceptar la religión y costum­bres judías. La familia de Jesús debió de pertenecer a estos judíos emigrados a Galilea (Lc 2,4).

La expresión “galileo estúpido” se en­cuentra con frecuencia en boca de los judíos de Judea para referirse a sus cor­religio­narios del norte. [Lo mismo que la expresión “esos galileos que no conocen la Ley”.]

Los celotes en Galilea

Siguiendo la tradición de los Macabeos hubo rebeldes que aparecieron sobre todo en Galilea a mediados del siglo I d.C y fueron perseguidos como bandidos por Herodes. El grupo de Judas el Gali­leo exigía una “teocracia directa” (es decir, la indepen­dencia política) lo que equivalía a declarar la guerra contra Roma. Además de los celotes, Flavio Josefo nombra al menos a cuatro grupos enfrentados entre sí, pero que llega­ron a unirse en el momento más crítico de la resistencia judía: Juan de Giscala con sus galileos, los idumeos, los seguidores de Simón Bar Giora y los sicarios, así llamados porque iban armados de un puñal (la sica).

(Pedro Ortiz-Armando Levoratti, Comentario Bíblico Latinoamericano, Ed. Verbo Divino, Navarra, 2003. Extractos de págs.139-140; 227-228.)

El mar Mediterráneo y la expansión del cristianismo

 

El libro de los Hechos relata numerosos viajes de los evangelizadores. Estos viajes tienen como finalidad llevar la Buena Noticia a todos los confines. En este libro podemos seguir el camino de la evangelización desde Jerusalén, capital del mundo judío, hasta Roma, capital del mundo pagano.

El primer viaje fuera de Asia se encuentra en Hech 16, 9 ss. Allí, por primera vez, San Pablo llega a tierra europea. Luego seguirán una serie de viajes, incluido un naufragio (cap. 27), que lo llevarán hasta Roma.

Otros textos y encuentros bíblicos sobre el agua click aquí

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