Pies – Rodillas. Correr – Estar de pie

¿Qué significa “correr” en la Biblia?

Correr denota que hay que hacer algo con urgencia. No es la premura frenética de quien anda siempre apurado, sino la sensibilidad de quien sabe que hay necesidades que no pueden esperar.

Algunas ocasiones en que los personajes bíblicos corren:
ABRAHAM Y SARA

Gén cap. 18
1 Yavé se apareció a Abraham junto al encinar de Mamré, mientras él estaba sentado a la entrada de su carpa, a la hora de más calor. 2 Alzando los ojos, divisó a tres hombres que estaban parados cerca de él. Apenas los vio, corrió a su encuentro desde la entrada de la carpa y se inclinó hasta el suelo, 3 diciendo: “Señor mío, si quieres hacerme un favor, te ruego que no pases de largo delante de tu servidor. 4 Yo haré que les traigan un poco de agua. Lávense los pies y descansen a la sombra del árbol. 5 Mientras tanto, iré a buscar un trozo de pan, para que ustedes reparen sus fuerzas antes de seguir adelante. ¡Por algo han pasado junto a su servidor!”. Ellos respondieron: “Está bien. Puedes hacer lo que dijiste”.
6 Abraham fue rápidamente a la carpa donde estaba Sara y le dijo: “¡Pronto! Toma tres medidas de la mejor harina, amásalas y prepara unas tortas”. 7 Después fue corriendo hasta el corral, eligió un ternero tierno y bien cebado, y lo entregó a su sirviente, que de inmediato se puso a prepararlo. 8 Luego tomó cuajada, leche y el ternero ya preparado, y se los sirvió. Mientras comían, él se quedó de pie al lado de ellos, debajo del árbol.
Este correr de Abraham y Sara para preparar comida y descanso a los huéspedes se relaciona con el importantísimo deber de la hospitalidad. El dueño de casa (en este caso dueño de carpa) debe ser solícito para presentar a quien pasa lo necesario para que haga un alto en el camino y repare sus fuerzas. La actitud de Abraham, Sara y su servidor demuestra que no son flojos ni lerdos para esto. Abraham y Sara no saben que en esos caminantes están sirviendo a Dios mismo, que premiará su acción. copiar Heb sirvieron a los ángeles

LA VIRGEN MARÍA

Evangelio según San Lucas cap.1

39 En aquellos días, María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá. 40 Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. 41 Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo, 42 exclamó: «¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! 43 ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? 44 Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno. 45 Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor».
María se entera del embarazo de su prima por la noticia del ángel. Entonces, parte sin demora. Podemos interpretar su premura en varios sentidos: para dar ayuda a Isabel y para comunicarle su propio embarazo. Lo que esta acción de María provoca es que Jesús mismo llega a casa de Isabel. Es un gran servicio ir a ayudarla en aquellos momentos, pero el servicio más grande es llevarle la Buena Noticia del Mesías.

MARÍA MAGDALENA Y LAS DISCÍPULAS EN LA MAÑANA DE LA RESURRECCIÓN

Evangelio según San Mateo cap. 28  Magdatapa

1 Pasado el sábado, al amanecer del primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a visitar el sepulcro. 2 De pronto, se produjo un gran temblor de tierra: el Ángel del Señor bajó del cielo, hizo rodar la piedra del sepulcro y se sentó sobre ella. 3 Su aspecto era como el de un relámpago y sus vestiduras eran blancas como la nieve. 4 Al verlo, los guardias temblaron de espanto y quedaron como muertos. 5 El Ángel dijo a las mujeres: «No teman, yo sé que ustedes buscan a Jesús, el Crucificado. 6 No está aquí, porque ha resucitado como lo había dicho. Vengan a ver el lugar donde estaba, 7 y vayan en seguida a decir a sus discípulos: “Ha resucitado de entre los muertos, e irá antes que ustedes a Galilea: allí lo verán”. Esto es lo que tenía que decirles». 8 Las mujeres, atemorizadas pero llenas de alegría, se alejaron rápidamente del sepulcro y corrieron a dar la noticia a los discípulos.
9 De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo: «Alégrense». Ellas se acercaron y, abrazándole los pies, se postraron delante de él. 10 Y Jesús les dijo: «No teman; avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán».

Evangelio según San Juan cap. 20
1 El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada. 2 Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».
3 Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro. 4 Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más rápidamente que Pedro y llegó antes. 5 Asomándose al sepulcro, vio las vendas en el suelo, aunque no entró. 6 Después llegó Simón Pedro, que lo seguía, y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo 7 y también el sudario que había cubierto su cabeza; este no estaba con las vendas, sino enrollado en un lugar aparte. 8 Luego entró el otro discípulo, que había llegado antes al sepulcro: él vio y creyó. 9 Todavía no habían comprendido que, según la Escritura, él debía resucitar de entre los muertos. 10 Los discípulos regresaron entonces a su casa.

Las discípulas de Jesús reciben la noticia más grande para un creyente: ¡Jesús está vivo! Entonces corren; esta es ciertamente la noticia que no se debe demorar. La urgencia tiene que ver con lo grande del acontecimiento. Esta es la noticia que transformará a una comunidad triste y disgregada en una Iglesia viva. De aquel correr de las discípulas se sigue alimentando el espíritu misionero, que es sensible para detectar dónde es necesario anunciar a Jesucristo Resucitado.
El Evangelio de Juan destaca en este correr a dos personas: María Magdalena y el discípulo amado. En María Magdalena todo es dinamismo: corre, vuelve, pregunta… Es el amor que no puede soportar la ausencia del Amado, por eso todo su ser, incluso físicamente, se compromete en esta búsqueda. Y encuentra al que buscaba.
“El otro discípulo corrió más rápidamente que Pedro”. Probablemente el evangelista quiere indicarnos con esto una actitud espiritual: quien ama, no demora sus actos de amor. Quien ama, no se apoltrona a esperar que la realidad cambie, sino que actúa vivamente para experimentar la buena noticia. Quien ama vive cada instante intensamente.

Esta acción de correr para anunciar el Evangelio está también en el diácono Felipe, Hech 8,30

EN LAS CARTAS DE SAN PABLO
San Pablo, que nació en una ciudad griega, conoce los juegos deportivos del estadio. Por eso puede comparar “la carrera de la fe” con las carreras deportivas. Se puede ver en 1 Cor 9,24 ss y Gál 2,2.

CORRER EN LA LITERATURA MÍSTICA

El Cantar de los Cantares presenta el amor de un joven y una joven que se buscan, se desencuentran y se encuentran entre los campos y la ciudad. Este libro, que habla del amor erótico como llama del amor de Dios, ha tenido también una lectura mística o espiritual.

Cantar cap. 1
2 ¡Que me bese ardientemente con su boca!
Porque tus amores son más deliciosos que el vino;
3 sí, el aroma de tus perfumes es exquisito,
tu nombre es un perfume que se derrama:
por eso las jóvenes se enamoran de ti.
4 ¡Atráeme! ¡Corramos!

Comentario de Santa Teresita de Lisieux, Historia de un alma, cap XI, fo. 34

“Las almas sencillas no necesitan usar medios complicados. Y como yo soy una de ellas, una mañana, durante la acción de gracias, Jesús me inspiró un medio muy sencillo de cumplir mi misión. Me hizo comprender estas palabras del Cantar de los Cantares: «Atráeme, y correremos tras el olor de tus perfumes».
¡Oh, Jesús!, ni siquiera es, pues, necesario decir: Al atraerme a mí, atrae también a las almas que amo. Esta simple palabra, «Atráeme», basta.

Lo entiendo, Señor. Cuando un alma se ha dejado fascinar por el perfume embriagador de tus perfumes, ya no puede correr sola, todas las almas que ama se ven arrastradas tras de ella. Y esto se cumple sin violencia, sin esfuerzos, como una consecuencia natural de su propia atracción hacia ti.”

DIOS CORRE A NUESTRO ENCUENTRO

Finalmente, digamos que Dios mismo corre por nosotros. Tan importante es para El poder abrazarnos. Así lo relata la parábola del padre misericordioso:

Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió profundamente; corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó. (Lc 15,20)

  • * ** 

 

Destellos Cotidianos  Lunes 24 de junio de 2013

LAS RODILLAS,
donde Dios nos fortalece

”Fortalezcan las rodillas vacilantes.” (Is 66,3)

En el ser humano, la articulación de la rodilla es la articulación más grande del cuerpo y una de las más complejas. Sirve de unión entre el muslo y la pierna. Soporta la mayor parte del peso del cuerpo en posición de pie. Está compuesta por la acción conjunta de los huesos fémur, tibia, rótula y dos discos fibrocartilaginosos que son los meniscos.

La genuflexión (el gesto de arrodillarse)

Indica la actitud de respeto, humildad y adoración.

En antiguas civilizaciones era un gesto de respeto ante las personas constituidas en autoridad. Y desde los siglos XII-XIII se ha convertido en el más popular símbolo de nuestra adoración al Señor presente en la Eucaristía: es una muestra de la fe y del reconocimiento de la Presencia Real. Es todo un discurso corporal ante el Sagrario: Cristo es el Señor y ha querido hacerse presente en este sacramento admirable y por eso doblamos la rodilla ante El.

 Por eso, Dios lo exaltó

y le dio el Nombre que está sobre todo nombre,

 para que al nombre de Jesús,

se doble toda rodilla

en el cielo, en la tierra y en los abismos,

 y toda lengua proclame para gloria de Dios Padre:

«Jesucristo es el Señor». (Flp 2,9-11)

22 Vuélvanse a mí, y serán salvados,

todos los confines de la tierra,

porque yo soy Dios, y no hay otro.

23 Lo he jurado por mí mismo,

de mi boca ha salido la justicia,

una palabra irrevocable:

Ante mí se doblará toda rodilla,

toda lengua jurará por mí,

24 diciendo: Sólo en el Señor

están los actos de justicia y el poder.

Hasta él llegarán avergonzados

todos los que se enfurecieron contra él.

25 En el Señor hallará la justicia y se gloriará

toda la descendencia de Israel. (Is 45)

Actualmente el sacerdote que preside la Eucaristía hace tres genuflexiones: después de la consagración del Pan, después de la del Vino, y antes de comulgar (si hay sagrario, hace también genuflexión al llegar al altar y al final de la celebración). No es un gesto muy antiguo, sólo en el siglo XIV empezó a recomendarse y luego se mandó al sacerdote que hiciera estas genuflexiones.

Orar de rodillas

Orar de rodillas – un gesto todavía más elocuente que la genuflexión o la inclinación de cabeza – puede tener varias connotaciones:

  • a veces es gesto de penitencia, de reconocimiento del propio pecado,
  • otras de adoración, sumisión y dependencia,
  • o bien, sencillamente, de oración concentrada e interna.

Se encuentra en la Biblia como gesto de súplica: Hech 9,40; 20,26. El mismo Jesús la usa en Getsemaní: “se apartó y puesto de rodillas oraba: Padre, si quieres…” (Lc 22,41).

En los primeros siglos no parece que fuera usual entre los cristianos orar de rodillas. Más aún, el Concilio de Nicea lo prohibió explícitamente para los domingos y para todo el Tiempo Pascual. El gesto se reservó para los días penitenciales, ya que es un gesto que expresa la actitud interior de conversión y dolor.

Más tarde, a partir de los siglos XIII-XIV, la postura de rodillas se convirtió en la más usual para la oración, también dentro de la Eucaristía, subrayando el carácter de adoración.

Fuente: Gestos y símbolos, José Aldazábal, Ed. Agape

 

De rodillas, sólo ante Dios

El libro de Daniel nos ubica durante el exilio de los judíos en Babilonia. Allí, Nabucodonosor el emperador, exige que su estatua sea venerada con postración de rodillas, y adorada por todos. Los jóvenes judíos Azarías, Ananías y Misael se niegan a esto, porque sólo a Dios tributan adoración: Daniel cap. 3.

Más adelante, en el cap. 6, vemos a Daniel que desobedece la orden de otro emperador, Darío, quien había prohibido que se hicieran oraciones a otros dioses. Daniel, tres veces al día, desde su ventana que mira hacia Jerusalén, se arrodilla y hace oración. La actitud valiente de Daniel lleva a la conversión del emperador. Daniel cap. 6.

Dios nos lleva en sus rodillas.

En el libro del profeta Isaías encontramos textos escritos durante el exilio y el post-exilio. Son pasajes que quieren consolar al pueblo en el momento de dolor, y animarlo en la reconstrucción. Los textos presentan, por un lado, la fortaleza de Dios, que le da al pueblo la energía necesaria para mantenerse en pie:

1 ¡Regocíjese el desierto y la tierra reseca,

alégrese y florezca la estepa!

2 ¡Sí, florezca como el narciso,

que se alegre y prorrumpa en cantos de júbilo!

Le ha sido dada la gloria del Líbano,

el esplendor del Carmelo y del Sarón.

Ellos verán la gloria del Señor,

el esplendor de nuestro Dios.

3 Robustezcan los brazos débiles,

fortalezcan las rodillas vacilantes;

4 digan a los que están desalentados:

“¡Sean fuertes, no teman:

ahí está su Dios! (Is 35)

Por otro lado, se alude a la práctica cotidiana y familiar de tener a los niños pequeños sobre las rodillas. Encontramos un testimonio de esto cuando José presenta a sus hijitos ante su padre Israel-Jacob, el abuelo de los chicos:

Al ver a los hijos de José, Israel preguntó: “Y estos, ¿quiénes son?”. “Son mis hijos, los que Dios me dio aquí”, respondió José a su padre. Este añadió: “Acércamelos, para que yo los bendiga”. José los puso junto a Israel, que ya no veía, porque sus ojos se habían debilitado a causa de su edad avanzada, y él los besó y los abrazó. Luego Israel dijo a José: “Yo pensaba que nunca más volvería a ver tu rostro, y ahora Dios me permite ver también tu descendencia”. José los retiró de las rodillas de Israel y se inclinó profundamente. (Gén 48,8-12)

Así también se presenta a Dios, con los rasgos de padre-madre, que con ternura y cariño lleva a sus hijos sobre las rodillas para abrazarlos  y consolarlos en los momentos difíciles:

10 ¡Alégrense con Jerusalén

y regocíjense a causa de ella,

todos los que la aman!

¡Compartan su mismo gozo

los que estaban de duelo por ella,

11 para ser amamantados y saciarse

en sus pechos consoladores,

para gustar las delicias

de sus senos gloriosos!

12 Porque así habla el Señor:

Yo haré correr hacia ella

la paz como un río,

y la riqueza de las naciones

como un torrente que se desborda.

Sus niños de pecho serán llevados en brazos

y acariciados sobre las rodillas.

13 Como un hombre es consolado por su madre,

así yo los consolaré a ustedes,

y ustedes serán consolados en Jerusalén.

14 Al ver esto, se llenarán de gozo

y sus huesos florecerán como la hierba. (Is 66)

Destellos Cotidianos  Lunes 23 de enero de 2012, 20:40 hrs., Radio María Argentina www.radiomaria.org.ar

Prof. María Gloria Ladislao

Destellos Cotidianos, Lunes 29 de octubre de 2012

ESTAR DE PIE
la postura de la dignidad y la libertad

En la liturgia: Como pueblo sacerdotal y familia de hijos

La postura de pie es la característica del hombre, frente a la mayoría de los animales (“homo erectus”): postura vertical, todo un símbolo de su dignidad como rey de la creación.

Ha sido la postura de oración más clásica, tanto para los judíos como para los cristianos de los primeros siglos. Y es que, en efecto reúne en sí una serie de valores y significados que la hacen más coherente para expresar la identidad de un cristiano en oración ante Dios:

  • de pie expresamos nuestro respeto a una persona importante,
  • es la actitud que mejor indica la atención, la prontitud, la disponibilidad, la tensión hacia una acción o una  marcha, la corresponsabilidad,
  • las acciones importantes las realizamos de esa manera: un político que jura su cargo o unos novios que dan el “sí”;
  • para un cristiano es un signo de su libertad, como redimido por Cristo, de su condición de hijo en la familia, de su confianza ante Dios (“nos atrevemos a decir…”),
  • participa así, de la dignidad del Resucitado, unido al Cristo glorioso, como miembro de su Cuerpo; nada extraño que en los primeros siglos estuviera prohibido arrodillarse para la oración comunitaria los domingos, o durante todo el tiempo pascual: tomaban en serio su condición de partícipes de la Resurrección del Señor;
  • y es también la postura típica de todo sacerdote que actúa en su ministerio sobre todo cuando dirige a Dios su oración en nombre de toda la comunidad.

La función sacerdotal

En el Antiguo Israel, los sacerdotes permanecían de pie delante del altar, para recibir las ofrendas y animales, y para realizar el sacrificio. Su función era “estar en la presencia del Señor”.

Entonces el Señor puso aparte a la tribu de Leví para que transportara el Arca de la Alianza del Señor, para que estuviera de pie en su presencia y lo sirviera, y para que bendijera en su Nombre, como lo ha venido haciendo hasta ahora. (Dt 10,8)

Entre estos ritos, es significativo el de entrega de los manojos de espigas, que se agitaban delante de Dios, como saludando, diciendo “aquí estoy”.

El Señor dijo a Moisés: Habla en estos términos a los israelitas:

Cuando entren en la tierra que yo les doy y cuando recojan la cosecha, entregarán al sacerdote la primera gavilla. El día siguiente al sábado, él la ofrecerá al Señor con el gesto de presentación, para que les sea aceptada; y ese mismo día ustedes sacrificarán como holocausto al Señor un cordero de un año y sin defecto. (Lev 23,9-12)

La carta a los Hebreos toma esta postura corporal para aplicar la función sacerdotal a Cristo que, por nosotros, está delante del Padre como intercesor:

Cada sacerdote está de pie diariamente para cumplir su ministerio y ofrecer muchas veces los mismos sacrificios, que son totalmente ineficaces para quitar el pecado.  Cristo, en cambio, después de haber ofrecido por los pecados un único Sacrificio, se sentó para siempre a la derecha de Dios,  donde espera que sus enemigos sean puestos debajo de sus pies. Y así, mediante una sola oblación, él ha perfeccionado para siempre a los que santifica. (Heb 10,11-14)

La postura de pie: escucha atenta de la Palabra

Dios le dice al profeta Ezequiel: “Hijo de hombre, ponte en pie, porque voy a hablarte”. (Ez 2,1)

Cuando, después del exilio, se realiza una gran proclamación pública de la Palabra, el pueblo permanece de pie:

 Esdras, el escriba, estaba de pie sobre una tarima de madera que habían hecho para esa ocasión. Junto a él, a su derecha, estaban Matitías, Semá, Anaías, Urías, Jilquías y Maaseías, y a su izquierda Pedaías, Misael, Malquías, Jasúm, Jasbadaná, Zacarías y Mesulám.  Esdras abrió el libro a la vista de todo el pueblo –porque estaba más alto que todos– y cuando lo abrió, todo el pueblo se puso de pie. (Neh 8,4-5)

También Jesús se pone de pie para proclamar la Palabra en la sinagoga de Nazaret:

Jesús fue a Nazaret, donde se había criado; el sábado entró como de costumbre en la sinagoga y se levantó para hacer la lectura.  Le presentaron el libro del profeta Isaías y, abriéndolo, encontró el pasaje donde estaba escrito:

 El Espíritu del Señor está sobre mí,

porque me ha consagrado por la unción. (Lc 4,16-18)

Cuando nos ponemos de pie para escuchar el Evangelio, indicamos no sólo respeto, sino también nuestra atención y nuestra disponibilidad para aceptar y cumplir la que va a ser, más específicamente todavía que las otras lecturas, la Palabra de Cristo para nosotros.

De pie, signo de sanación y vida nueva:

 

El ciego Bartimeo: Mc 10, 50. La mujer encorvada: Lc 13, 13.

Bibliografía: José Aldazábal, Gestos y Símbolos, Ed. Agape

LOS PIES

Por ser el apoyo de nuestro cuerpo, los pies simbolizan la estabilidad y la firmeza. Son el medio de locomoción, por eso también pueden representar la libertad.

Al estar en contacto con la tierra y el polvo, representan lo más bajo y humilde. “Ponerse a los pies” de alguien es un gesto de servicio y humildad.

Los pies en el Antiguo Testamento

Los pies son símbolo de poder, y por eso postrarse a los pies es el gesto de reco­nocimiento del inferior hacia el superior, que puede darse en diversas  circunstancias:

* Lavar los pies es un re­conocimiento de la superioridad y autoridad de quien es así atendido con respecto a quien hace la tarea. El gesto de hos­pitalidad que consiste en  ofrecer agua al huésped para que lave sus pies era frecuente en el mundo antiguo (cf. Gn 18,4; 19,2; 24,32). La tarea era llevada a cabo habitualmente por esclavos (cf. 1 Sam 25,41), y se la cuenta también entre las obligaciones de la esposa hacia el marido  y de los hijos hacia los padres. Si el lavado de pies no se realiza con agua sino con aceite, se acentúa la honra y dignidad de quien recibe este cuidado (Dt 33,24).

* Estar a los pies indica el respeto y subordinación del alumno hacia el maestro.

* Tener a otro bajo el pie es signo de dominación y triunfo (Jos 10,24; 2 Sam 22,39).

* Estar a los pies es también la actitud de adoración del devoto ante su dios. El hombre no puede ver el rostro de Dios (cf. Ex 33,20-23), tan sólo percibe la sombra que dejan sus pies (2 Sam 22,10). En las teofanías, el hombre cae a los pies de Dios recono­ciendo su superioridad.

Los pies de Jesús

 

El acto de lavar los pies, que como ya dijimos, era obligación del esclavo hacia el amo, de los hijos a los padres y de la esposa al marido, aparece hecho por el mismo Jesús en la última cena en Jn 13, 1-20. El acto encierra un sentido paradojal: Jesucristo  es el Señor a los pies de quien están sus fieles, pero este Señor decide ponerse El mismo a los pies de sus discípulos para realizar un servicio humilde. El mandato de los vers. 12-15 señala que esta acción del Señor y Maestro es un ejemplo  que los discípulos deben seguir.

 

Miramos ahora las ocasiones en que son los pies del propio Jesús los que reciben algún gesto de amor, devoción o cuidado por parte de otras personas:

En todos los casos, quienes se ponen a los pies de Jesús están reconociendo su autoridad y superioridad, ya sea como maestro, sanador o Señor. Se podría afirmar que en la escena de los enfermos que, puestos a sus pies, son sanados (Mt 15,30), o en la del samaritano que vuelve para dar gracias (Lc 17,16), aparece más claramente el recono­cimiento de Jesús como Señor, ya que El tiene el poder para sanar . El gesto de Jairo (Mc 5,22) o de la sirofenicia (Mc 7,25) combinan este sentido junto con la acti­tud cor­poral humilde  de quien se pone a los pies para pedir. Cuando María, la hermana de Marta, en Betania (Lc 10, 39) escucha aten­tamente a los pies de Jesús, a simple vista parecería describirse la actitud típica del alumno (alumna en este caso) escuchando al maestro. Sin embargo, Lucas dice que Ma­ría está a los pies del Señor, con lo cual el gesto no pierde su polisemia. Esta misma María, hermana de Marta, es quien en Jn 11,32-33 cae a los pies de Jesús y lo llama Señor.

Jesús es destinatario del lavado de pies, hecho por mujeres, en la comida de Betania, cuando María unge los pies de Jesús con perfume  y los seca (Jn 12, 1-11), y en Lc 7,36-50. En ambos casos, las mu­jeres ungen con perfume  y secan con sus cabellos; la pecadora de Lucas 7, además de ungir, moja con sus lágrimas como especial forma de lavado.

36 Uno de los fariseos le rogaba que comiera con él. Y entrando en la casa del fariseo se reclinó a la mesa.

37 Y he aquí una mujer, la cual era, en la ciudad,  pecadora; y habiendo sabido que está sentado a la mesa en la casa del fariseo, habiendo traído un frasco de alabastro de perfume, 38 y habiéndose puesto detrás, junto a los pies de él, llorando, con sus lágrimas comenzó a mojar los pies de él y  a secar con los cabellos de la cabeza de ella, y  a besar los pies de él y a ungir con el perfume.

39 Habiendo visto el fariseo, el que lo invitó, habló interiormente diciendo:

–  “Si éste fuera profeta, conocería quién y de qué clase [es] la mujer que lo toca, porque es una pecadora”.

40 Y respondiendo Jesús dijo hacia él:

–  “Simón, tengo algo para decirte”.

El dice:

– “Maestro, habla”.

41 – “Dos deudores tenía un acreedor. El uno debía quinientos denarios, el otro cincuenta. 42 Aunque ellos no tenían para pagar, hizo gracia de la deuda a ambos. Así que ¿quién de ellos lo amará más?

 43 Respondiendo Simón dijo:

–  “Supongo que aquel a quien más agració”.

El le dijo:

– “Correctamente juzgaste”.

44 Y habiéndose vuelto hacia la mujer dijo a Simón:

– “¿Ves a esta mujer? Entré hacia tu casa;  agua sobre  pies no me diste; ésta, en cambio, con las lágrimas mojó mis pies y con los cabellos de ella los secó. 45 Un beso no me diste; en cambio ésta, desde que entré, no cesó de besar mis pies. 46 Con aceite mi cabeza no ungiste; ésta en cambio con perfume ungió mis pies. 47 Por eso te digo: los pecados de ella, los muchos pecados, están perdonados, porque amó mucho. En cambio, aquel a quien poco es perdonado, poco ama”.

48 Y en cambio dijo a ella:

– “Están perdonados de ti los  pecados”.

49 Y los comensales comenzaron a decir en su interior:

–  “¿Quién es éste, que también hasta perdona los pecados?”.

50  Pero Él dijo a la mujer:

–  “La fe de ti te ha salvado, ve en paz”. (Lc 7,36-50)

  • Ponerse a   los pies tiene las características de un acto de adoración a  Jesús, el Señor, ante quien se postra humildemente la mujer pecadora . Como en las teofanías, ella sólo puede llegar a los pies del Señor. Jesús interpreta este gesto como un autoreconoci­miento de los muchos pecados que ella tiene.
  • Es un tributo a la dignidad de Jesús como huésped, que debe ser honrado. La escena insiste en este contrapunto entre lo que el dueño de casa debía haber hecho y no hizo, y por el contrario sí lo realizó la mujer que irrum­pió en la comida. Como ocurre en la curación de los diez leprosos (Lc 17,11-18), el gesto de reconocimiento hacia Jesús, proviene de quien la sociedad menos lo esperaba.
  • Realizado por una mujer hacia un varón que no es ni su amo, ni su hués­ped, ni su marido, es un gesto de amor inusual. Aquello que a los ojos de la sociedad -expresado aquí claramente en el soliloquio del fariseo- aparece como un acto impúdico e indecente, para Jesús merece desta­carse como demostración de amor. Jesús no rehúsa el gesto de la mujer, y al contrario, llamará la atención de Simón sobre esto.

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11 comentarios sobre “Pies – Rodillas. Correr – Estar de pie

  1. HOLA GLORIA PARA MI ESTAR DE PIE ES RENDIR RESPETO HONOR Y GLORIA DELANTE DEL SEÑOR SI ESTOY EN LECTURA O SALUDO U ORACION PARA MI ENFATIZA EL ACTO. SARA PEZZOT.-

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