Perfumes – Vendas

El perfume

Contenidos del programa Destellos cotidianos

Radio María Argentina. Para escuchar por internet www.radiomaria.org.ar  en vivo, o después del programa buscando en “historial”.

Ciudad de Bs.As.  FM 88.5   AM 1150

Uso del perfume o bálsamo en la antigüedad

El término griego myron  designa a un ungüento fuertemente aromático y de costoso valor. Estos un­güentos se obtenían disolviendo los perfumes sobre una base de aceite (y no de alcohol como se hace hoy en día). Dado que la característica fundamental de este un­güento es su fuerte aroma, muchas veces se traduce directamente por perfume.

Este bálsamo perfumado tenía  usos cúlticos y profanos. Se lo utilizaba en los sacrificios ofrecidos a los dioses, en las ta­reas de embalsamamiento de los muertos, para la belleza del cuerpo y como signo de ale­gría. Su uso se remonta en el mundo antiguo hasta el 3.000 a.C.

Se diferencia la palabra myron  de la palabra elaion, que es la que se usa para designar el aceite común de cocina.

Uso del perfume o bálsamo (myron) en el Antiguo Testamento:

El uso en el culto: En Ex 30,25,  el término designa  la mezcla de perfumes y aceite utilizada para ungir  la tienda el encuen­tro;   en 1 Cro 9,30 designa la mezcla de perfumes que hacen los sacer­dotes. Sólo una vez se lo menciona dentro de un rito funerario (cf. 2 Cro 16,14).

Como mercancía valiosa: Este bálsamo era un elemento de costoso valor. Se lo cuenta entre los tesoros de Ezequías (Is 39,2) y como elemento de comercio con Tiro (Ez 27,17) Ungirse con myron aparece entre las costum­bres de los ricos criticados por Amós en 6,6; práctica que también reprocha la Sabiduría en 2,7 como cosa de impíos.

Para el cuidado corporal: Como signo de embellecimiento y de alegría aparece en Sal 132,2, Pr 27,9 y Jdt 10,3. En esta cita, se menciona el perfume entre los elementos que Judith utiliza para seducir a Holofernes:

” … se bañó toda, se ungió con perfumes exquisitos, se compuso los cabellos poniéndose una cinta, y se vistió los vestidos que vestía cuando era feliz, en vida de su marido Manasés” (Jdt 10,3). De aquí se puede inferir que el cui­dado del cuerpo con pefume o bálsamo es signo de  alegría, remite  al goce de la sensualidad y es un recurso para seducir. El texto es claro: Judit se prepara así para aparecer nuevamente seductora, como cuando era feliz, en vida de su marido.

El Cantar pone en boca de la novia la atracción y admiración provocada por el aroma del novio, mejor que cualquier otro perfume (Ct 1,3). Aquí la palabra adquiere este sentido figurado de perfume o aroma, no ya como el elemento -aceite o bálsamo- sino refe­rido al olor. En el mismo sentido se usa en el versículo siguiente, donde la novia es atraída para correr detrás del olor de este myron. Así, la atracción sexual que despierta el novio es referida por la atracción que provoca el perfume de su cuerpo.

También el novio habla de la atracción sexual en términos que evocan a los aromas y los perfumes. En 4,14 hace una larga enumeración de diversas especies per­fumadas: todos los mejores perfumes  se encuentran en la novia.

Para la unción real: los reyes eran ungidos (mesías en hebreo) al derramarse óleo perfumado sobre su cabeza (1 Sam 16,11-13).

Perfume de Lunes Santo

por María Gloria Ladislao

Después del Domingo de Ramos, que es un día de gran concurrencia a los templos y procesiones, la Semana Santa continúa con intensidad. Allí está, en primer lugar, el Lunes Santo con su atrayente perfume.

En el Lunes Santo la lectura de la misa nos presenta el pasaje de la unción de Jesús, realizada por María, la hermana de Marta y Lázaro de Betania, unos días antes la Pascua.

“María, tomando una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, ungió con él los pies de Jesús y los secó con sus cabellos. La casa se impregnó con la fragancia del perfume” (Jn 12,3).

Teniendo en cuenta el modo en que se usaba este perfume o bálsamo (myron en griego) en el mundo antiguo, podemos tratar de “olfatear” algo del sentido de este gesto que hace María.

Flores de nardo junto a la Palabra

Es sabido que, por aquellas tierras polvorientas, un signo imprescindible de hospitalidad es ofrecer al huésped agua para lavar sus pies. Si al baño con agua se agrega una fricción de los pies con aceite, es un gran honor y un verdadero alivio para quien llega del camino. Esta tarea que implica estar a los pies, es por supuesto un servicio humilde, solamente hecho por la mujer hacia el marido, los hijos hacia el padre o los esclavos a los amos.
El bálsamo se utilizaba también en los ritos funerarios, y de allí la palabra embalsamar. Los cadáveres se cubrían con una mezcla de perfumes antes de ser sepultados.

En el antiguo Israel, el myron cumplía también otra función muy especial. Era el elemento que se usaba para marcar, ungir, a reyes y sacerdotes. Quienes recibían el cargo de rey o sacerdote para desempeñar su función a favor del pueblo, eran instituidos por medio del rito de la unción. Esta unción era la señal de su investidura (cf. 1 Sam 16,11-13; Ex 30,22-33). En hebreo, la palabra ungido se dice mesías. Es decir que tanto reyes como sacerdotes eran mesías, ungidos para desempeñar su servicio de gobernar o de interceder por el  pueblo.

A lo largo de los siglos, había ido creciendo en el pueblo de Israel la expectativa por “el” Mesías. Algunos lo esperaban rey, otros lo esperaban sacerdote, otros, según las palabras de Isaías, esperaban que tuviera características de profeta (Is 61,1).

En aquella cena, pocos días antes de la Pascua, María de  Betania quiso darle todo esto a Jesús. Mujer servicial, lo honró  poniéndose a sus pies, dando al  Maestro lo mejor, lo  más  valioso. Con   el   amor apasionado y sensual de la novia del Cantar  de los Cantares, llenó de perfumes a su amado. Con la fe de su corazón  reconoció al  Ungido. Ella, modelo  de  discípula, realizó  anticipadamente lo  que   Jesús dejará como mandato a su comunidad en la última cena: “Lávense los pies unos a otros” (Jn 13,14).

Ella brindó a Jesús, aún vivo, las caricias y los cuidados que el Amigo no podría tener en sus últimas horas y en su muerte. Se adelantó a su sepultura.

* * *

He escuchado que últimamente algunas parroquias realizan en Lunes Santo la celebración comunitaria del sacramento de la Unción de los Enfermos. ¡Qué hermosa práctica! Ahí está Cristo sufriente, en los hermanos y hermanas más heridos de la comunidad. Ahí está Cristo sufriente, esperando la compañía, la caricia, el amor, hechos concretos en unas manos que tiernamente expanden el myron del alivio.

* * *

NOTA:

En el evangelio según San Marcos, cap. 14, se relata la Unción hecha antes de Pascua por una mujer anónima. Sobre el sentido de este pasaje, ver el artículo Derrochadoras.

 

LAS VENDAS Y MORTAJAS

La acción de vendar

La acción de vendar siempre denota cuidado y cariño. Dios mismo, por medio del profeta Ungido, quiere vendar y acariciar las heridas:

El espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido.
Él me envió a llevar la buena noticia a los pobres,
a vendar los corazones heridos,
a proclamar la liberación a los cautivos
y la libertad a los prisioneros,
2 a proclamar un año de gracia del Señor. (Is 61)

La parábola del buen samaritano nos presenta a un hombre que va haciendo su camino. Este andar se ve interrumpido por los ladrones que lo golpean, lo saquean, y lo dejan al borde del camino medio muerto. Cuando el samaritano llega hasta él, se compadece (literalmente “se estremece hasta las entrañas”) y pone su cuidado sobre el cuerpo de este hombre:

Entonces se acercó y vendó sus heridas, cubriéndolas con aceite y vino; Lc 10,34

Los ladrones provocaron las heridas, el samaritano las curará.
Los ladrones despojaron al hombre de todos sus bienes, el samaritano pondrá de sus propios bienes y recursos – vendas, aceite, vino, cabalgadura, dinero – para volver a poner a este hombre en camino.
Sacerdote y levita, ministros del templo, pasaron de largo. El samaritano usó aceite y vino, elementos litúrgicos que se ofrecían en las ofrendas del templo, para dar culto a Dios sanando al hermano.
Las vendas y la acción de vendar son expresión concreta de su cuidado y cariño.
El aceite se puede relacionar también con los bálsamos y perfumes, que suavizan y alivian el dolor.

LAS VENDAS EN EL EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN

43 Después de decir esto, gritó con voz fuerte: «¡Lázaro, ven afuera!». 44 El muerto salió con los pies y las manos atados con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: «Desátenlo para que pueda caminar». Jn 11

38 Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús –pero secretamente, por temor a los judíos– pidió autorización a Pilato para retirar el cuerpo de Jesús. Pilato se la concedió, y él fue a retirarlo. 39 Fue también Nicodemo, el mismo que anteriormente había ido a verlo de noche, y trajo una mezcla de mirra y áloe, que pesaba unos treinta kilos. 40 Tomaron entonces el cuerpo de Jesús y lo envolvieron con vendas, agregándole la mezcla de perfumes, según la costumbre de sepultar que tienen los judíos. Jn 19

3 Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro. 4 Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más rápidamente que Pedro y llegó antes. 5 Asomándose al sepulcro, vio las vendas en el suelo, aunque no entró. 6 Después llegó Simón Pedro, que lo seguía, y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo 7 y también el sudario que había cubierto su cabeza; este no estaba con las vendas, sino enrollado en un lugar aparte. 8 Luego entró el otro discípulo, que había llegado antes al sepulcro: él vio y creyó. 9 Todavía no habían comprendido que, según la Escritura, él debía resucitar de entre los muertos. 10 Los discípulos regresaron entonces a su casa. Jn 20

El evangelista presenta un contrapunto entre las vendas de Lázaro, que todavía lo atan, y las vendas de Jesús, que han caído al suelo. También con este símbolo quiere indicar que la vuelta a la vida que tuvo Lázaro fue una figura, un anticipo, de lo que será la resurrección definitiva, liberación de toda atadura. No hay ya lazos ni mortaja que envuelvan a Jesús en la muerte.

Comentario de Santo Tomás de Aquino sobre Juan cap. 20

¿Por qué el evangelista narra esto diligentemente? Ante esto hay que decir, de acuerdo con el Crisóstomo: para excluir la falsa opinión, divulgada por los judíos, de que el cuerpo de Cristo había sido tomado furtivamente (cf. Mt 28,13). Pues si de este modo algunos hubiesen transportado a aquél, no lo habrían desnudado, especialmente cuando habría sido necesario que ellos hicieran eso apuradamente, a causa de la presencia de los custodios; ni tampoco habrían sido tan solícitos como para levantar el sudario y envolverlo y ponerlo aparte en un lugar solo, sino que habrían simplemente dejado esas cosas como fuera, una vez sacado el cuerpo. Por esta causa permitió que fuese sepultado con mirra y alóe, los cuales pegan los lienzos al cuerpo, de modo que no pudiesen ser separados del cuerpo tan fácilmente. (nro. 2485)
COMPRAR MORTAJAS Y AROMAS
San Marcos relata que José de Arimatea compró una sábana para amortajar a Jesús (Mc 15,46), y que las discípulas compraron los aromas para embalsamarlo (Mc 16,1-2). Este evangelista, que en el cap. 14 nos presentó a la mujer que “derrochó” 300 denarios en perfume sobre Jesús, llama la atención sobre el gesto de este discípulo y estas discípulas, indicando que su decisión de “invertir” su dinero en las vendas y aromas que constituyen la mortaja de Jesús son el último gesto de amor que pueden tributarle.

 

 

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