Montaña

LA MONTAÑA SIÓN

LA LUZ QUE LLEGA EN NAVIDAD

“Por amor a Sión no me callaré,
por amor a Jerusalén no descansaré,
hasta que irrumpa su justicia como luz radiante
y su salvación como una antorcha encendida”. (Is 62,1)

“El pueblo que caminaba en las tinieblas ha visto una gran luz.
Sobre los que habitaban en el país de la oscuridad ha brillado una luz”. (Is 9,1)

“Digan a la hija de Sión: Ahí llega tu Salvador”. (Is 62,11)

En estos días de Navidad escuchamos los alegres anuncios que nos hace el profeta Isaías. En estos anuncios se destacan dos aspectos:

* El símbolo de la luz. Dios es luz, y por eso con El llega la claridad a nuestra vida. Bajo esta luz quedamos transformados, brillantes, irradiando todo lo bueno que viene de Dios.
* La ciudad de Jerusalén. Los anuncios del profeta van dirigidos a un lugar concreto, a esa gente de la ciudad en particular. Por eso habla de la “Hija de Sión”. Sión es una colina de la ciudad de Jerusalén, donde estaba el Templo. La “Hija de Sión” es la población de la ciudad. Son las personas que esperan que Dios se haga presente, y a quienes se les anuncia que ha terminado el tiempo de la tristeza y comienza una nueva etapa.

Estos anuncios nos exhortan a hacer presente a Dios en nuestra propia ciudad, en nuestro barrio, y en nuestras calles. La llegada de Jesús a nuestro mundo quiere poner luz en nuestros lugares concretos: en nuestro edificio, entre los vecinos, en los negocios del barrio, en la parada del colectivo y en la estación de tren. A cada rincón de nuestra ciudad tiene que llegar este anuncio lleno de júbilo:

¡Levántate, resplandece, que ha llegado tu luz
y la gloria del Señor amaneció sobre ti! (Is 60,1)

 

Destellos Cotidianos   Lunes 11 de noviembre de 2013

 

LA MONTAÑA

 

Entre los simbolismos que presenta la montaña podemos destacar:

 

  • Solidez. La presencia de una montaña inspira la imagen de firmeza, de lo inconmovible y al mismo tiempo majestuoso. Desde el punto de vista de la anatomía, se identifica con la columna vertebral, como eje que sostiene.

 

  • Superación. Subir una montaña o cerro implica un esfuerzo; quien lo realiza, desafía sus propias capacidades; es un modo de vencer lo arduo, y por eso es símbolo de superación personal. Es ser capaz de seguir adelante aunque las cosas se nos hagan “cuesta arriba”. cerrocolorado

 

  • Elevación espiritual, acceso a lo santo y comunión con los dioses. En muchas culturas y religiones existe algún monte que es el lugar donde habitan los dioses, o el lugar desde el cual  los humanos pueden dirigirse hacia ellos.
    Los cananeos y otros pueblos de la medialuna fértil realizaban sus sacrificios a los dioses en los “lugares altos”.
    Para los griegos, los dioses residían en la cumbre del Olimpo, a la cual no llegaban los seres humanos.
    El cerro Copacabana, a orillas del lago Titicaca, era un santuario cuyo nombre significa “camino por las estrellas hacia el Padre”.

 

También en la Biblia, los montes son lugar de teofanía, es decir, de manifestación de Dios. Así ocurrió a lo largo de la historia de la salvación, y así ocurrirá también al final de la historia:

 

2           En los últimos tiempos quedará afirmado

el monte donde se halla el templo del Señor.

Será el monte más alto,

más alto que cualquier otro monte.

Todas las naciones vendrán a él;

            3          pueblos numerosos llegarán, diciendo:

“Vengan, subamos al monte del Señor,

al templo del Dios de Jacob.” (Isaías cap. 2)

 

6          En el monte Sión, el Señor todopoderoso

preparará para todas las naciones

un banquete con ricos manjares y vinos añejos,

con deliciosas comidas y los más puros vinos.

            7          En este monte destruirá el Señor

el velo que cubría a todos los pueblos,

el manto que envolvía a todas las naciones. (Isaías cap. 25)

 

El monte Sinaí (altura 2285 mts.)

Este monte también es nombrado en la Biblia como el Horeb.

Al pie del Sinaí, por intermedio de Moisés, Dios hace la alianza con su pueblo: Ex 19. Allí Dios entrega su palabra, en los diez mandamientos: Ex 20 y Dt 5.

El profeta Elías, perseguido, se refugia en ese monte y allí Dios se le manifiesta en la brisa que pasa: 1 Re 19,9 ss.
El monte Sión
La antigua ciudad de Jerusalén estaba edificada sobre el monte Ofel (altura aprox. 780 mts.).
En el año 1000 a.C. David conquistó la ciudad que pertenecía a los jebuseos. Luego trasladó allí el Arca de la Alianza, estableciéndola sobre la colina Sión.

Salomón extendió la superficie original de la ciudad, colocando sobre la colina Sión el palacio y el templo. Muchas veces en la Biblia Sión es simplemente sinónimo de Jerusalén. El monte Sión se convierte en el lugar de peregrinación a donde el pueblo acude para alabar a Dios, es el monte santo (Salmo 84). Los caminos que llegan hasta la capital lo hacen desde regiones de  menor altura, por eso se usa la expresión “subir a Jerusalén”.

El Señor, el que reina en el cielo, se ríe de ellos;
luego, enojado, los asusta; lleno de furor les dice:
“Ya he consagrado a mi rey sobre Sión, mi monte santo.” (Salmo 2)

Señor,
los que te conocen, confían en ti,
pues nunca abandonas a quienes te buscan.
Canten himnos al Señor, que reina  en Sión;
anuncien a los pueblos lo que ha hecho. (Salmo 9)

)¡Qué altos son los montes de Basán,
y qué elevadas sus cumbres!
Ustedes, que son montes tan altos,
¿por qué miran con envidia
el monte donde Dios quiso residir?
¡El Señor vivirá allí para siempre! (Salmo 68)

En el Nuevo Testamento, Sión (al igual que la Jerusalén celestial) representa el lugar del encuentro definitivo con Dios:

18 Ustedes, en efecto, no se han acercado a algo tangible: fuego ardiente, oscuridad, tinieblas, tempestad, 19 sonido de trompeta, y un estruendo tal de palabras, que aquellos que lo escuchaban no quisieron que se les siguiera hablando. 20 Porque no podían soportar esta prescripción: Cualquiera que toque la montaña será apedreado, incluso los animales. 21 Este espectáculo era tan terrible, que Moisés exclamó: Estoy aterrado y tiemblo. 22 Ustedes, en cambio, se han acercado a la montaña de Sión, a la Ciudad del Dios viviente, a la Jerusalén celestial, a una multitud de ángeles, a una fiesta solemne, 23 a la asamblea de los primogénitos cuyos nombres están escritos en el cielo. (Heb 12)

1 Después vi al Cordero que estaba de pie sobre el monte Sión, acompañado de ciento cuarenta y cuatro mil elegidos, que tenían escrito en la frente el nombre del Cordero y de su Padre. (Apoc 14,1)

Los montes y colinas alaban a Dios
Al igual que toda la creación, los montes participan en la alabanza a Dios, porque son sus criaturas. Aunque sean inanimadas, la mística de los poetas bíblicos atribuye también a los montes la capacidad de honrar a su creador, y por eso los exhortan a hacerlo:

74    “Bendice, tierra, al Señor,
canta en su honor eternamente.
75    Bendigan al Señor, montañas y colinas,
canten en su honor eternamente.
76    Bendigan al Señor, todas las cosas que crecen en la tierra,
canten en su honor eternamente. (Daniel cap. 3)

(12)El cielo y la tierra son tuyos;
tú formaste el mundo y todo lo que hay en él.
12    (13)Tú creaste el norte y el sur;
los montes Tabor y Hermón  cantan alegres a tu nombre. (Salmo 89)

¡Alaben al Señor desde la tierra,
monstruos del mar,  y mar profundo!
8    ¡El rayo y el granizo, la nieve y la neblina!
¡El viento tempestuoso que cumple sus mandatos!
9    ¡Los montes y las colinas!
¡Todos los cedros y los árboles frutales!
10    ¡Los animales domésticos y los salvajes!
¡Las aves y los reptiles!
11    ¡Los reyes del mundo y todos los pueblos!
¡Todos los jefes y gobernantes del mundo!
12    ¡Hombres y mujeres, jóvenes y viejos!
13    ¡Alaben todos el nombre del Señor,
pues solo su nombre es altísimo! (Salmo 148)

6    (7)En mi angustia llamé al Señor,
pedí ayuda a mi Dios,
y él me escuchó desde su templo;
¡mis gritos llegaron a sus oídos!
7    (8)Hubo entonces un fuerte temblor de tierra:
los montes se estremecieron hasta sus bases;
fueron sacudidos por la furia del Señor. Salmo 18

6    Hace temblar los montes Líbano y Sirión;
¡los hace saltar como toros y becerros!
7    La voz del Señor lanza llamas de fuego;
8    la voz del Señor hace temblar al desierto; (Salmo 29)

La transfiguración de Jesús
Si bien el evangelio no especifica el lugar, la tradición ubica este hecho en el monte Tabor, un cerro de 588 mts. de altura en la zona de Galilea.
El relato se encuentra en Mt 17,1-8; Mc 9,2-8 y Lc 9,28-36

“En el monte de la transfiguración brilla la luz incandescente de la Gloria del Hijo. Es la luz de la zarza ardiente (Ex 3,2), el fuego divino que arde sin consumirse. Es la luz de la primera aurora (Gn 1,3), la luz teofánica que manifiesta la presencia de Dios y que encandiló el rostro de Moisés, “cuando bajaba del monte y no sabía que su rostro se había vuelto resplandeciente porque había hablado con el Señor” (Ex 34,29). La luz que resplandecía en Elías, el profeta “cuya palabra abrasaba como antorcha” (Eclo 48,1), que fue arrebatado en un carro de fuego (2 Re 2,1-13) y que ardía de celo por el Señor (1 Re 19,9). Estos dos hombres “de fuego” son los que acompañan a Jesús en esta teofanía suprema. Los dos profetas del Sinaí-Horeb: el que subió y estuvo cuarenta días y cuarenta noches y en medio de la gloria recibió la ley eterna (Ex 24,18) y el que caminó cuarenta días y cuarenta noches  para llegar a la montaña de Dios, el Horeb (1 Re 19,8). El amigo de Dios que le pidió “ver su gloria” (Ex 33,18) y el hombre que  escondió su rostro ante el paso de la brisa suave (1 Re 19,17ss). El representante de la ley y el padre de los profetas están junto a Jesús como testigos en el nuevo Sinaí. Ellos escuchan que Jesús es el Hijo amado del Padre.
En la transfiguración se manifiesta lo que dice San Juan en el prólogo de su evangelio: “El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros y nosotros hemos visto su gloria” (Jn 1,14). La gloria es la manifestación externa, luminosa y trascendente de la presencia de Dios. En Cristo resplandece esa luz. O mejor aún, él mismo es la luz. “ (Sergio Briglia, Evangelio según San Marcos, Comentario Bíblico Latinoamericano, Ed. Verbo Divino)

María como el monte santo

Poema de imágenes bíblicas en honor de la Santísima Virgen, San Germán obispo, siglo VI

Salve, fertilísimo y umbroso monte de Dios, en el que se crió el cordero espiritual que llevó sobre sí nuestros precado y debilidades, monte del cual se ha desgajado aquella piedra que ninguna mano había extraído, que hizo pedazos los altares de los ídolos y se constituyó en piedra angular, admirable a nuestros ojos.
Salve, trono santo de Dios, tesoro divino, mansión de gloria, hermosísima presea, joyero escogido, propiciatorio de todo el orbe, y cielo que canta la gloria de Dios.

María como la Nueva Hija de Sión
Catequesis mariana
Santo Padre Juan Pablo II

1. La Biblia usa con frecuencia la expresión hija de Sión para referirse a los habitantes de la ciudad de Jerusalén, cuya parte histórica y religiosamente más significativa es el monte Sión (cf. Mi 4, 10-13; So 3, 14-18; Za 2, 14; 9, 9-10).

Esta personalización en femenino hace más fácil la interpretación esponsal de las relaciones de amor entre Dios e Israel, señalado a menudo con los términos novia o esposa. (24/04/1996)

María en la anunciación (01/05/1996)

1. En el momento de la Anunciación María, «excelsa Hija de Sión» (Lumen gentium, 55), recibe el saludo del ángel como representante de la humanidad, llamada a dar su consentimiento a la encarnación del Hijo de Dios.

La primera palabra que el ángel le dirige es una invitación a la alegría: chaire, es decir, alégrate. El término griego fue traducido al latín con Ave, una sencilla expresión de saludo, que no parece corresponder plenamente a las intenciones del mensajero divino y al contexto en que tiene lugar el encuentro.

Ciertamente, chaire era también una fórmula de saludo, que solían usar a menudo los griegos, pero las circunstancias extraordinarias en que es pronunciada no pertenecen al clima de un encuentro habitual. En efecto, no conviene olvidar que el ángel es consciente de que trae un anuncio único en la historia de la humanidad; de ahí que un saludo sencillo y usual sería inadecuado. Por el contrario, parece más apropiado a esa circunstancia excepcional la referencia al significado originario de la expresión chaire, que es alégrate.

Como han notado constantemente sobre todo los Padres griegos citando varios oráculos proféticos, la invitación a la alegría conviene especialmente al anuncio de la venida del Mesías.

2. El pensamiento se dirige, ante todo, al profeta Sofonías. El texto de la Anunciación presenta un paralelismo notable con su oráculo: «¡Exulta, hija de Sión, da voces jubilosas, Israel; alégrate con todo el corazón, hija de Jerusalén!» (So 3, 14). Ese oráculo incluye una invitación a la alegría: «Alégrate con todo el corazón» (v. 14); una alusión a la presencia del Señor: «El rey de Israel, el Señor, está en medio de ti» (v. 15); la exhortación a no tener miedo: «No temas, Sión. No desmayen tus manos» (v. 16); y la promesa de la intervención salvífica de Dios: «En medio de ti está el Señor como poderoso salvador» (v. 17). Las semejanzas son tan numerosas y exactas que llevan a reconocer en María a la nueva hija de Sión, que tiene pleno motivo para alegrarse porque Dios ha decidido realizar su plan de salvación.

Una invitación análoga a la alegría, aunque en un contexto diverso, viene de la profecía de Joel: «No temas, suelo; alégrate y regocíjate, porque el Señor hace grandezas (…). Sabréis que en medio de Israel estoy yo» (Jl 2, 21. 27).

3. También es significativo el oráculo de Zacarías, citado a propósito del ingreso de Jesús en Jerusalén (cf. Mt 21, 5; Jn 12, 15). En él el motivo de la alegría es la venida del rey mesiánico: «¡Alégrate sobremanera, hija de Sión; grita de júbilo, hija de Jerusalén! He aquí que viene a ti tu rey, justo y victorioso, humilde (…). Proclamará la paz a las naciones» (Za 9, 9-10).

Por último, de la numerosa posteridad, signo de bendición divina, el libro de Isaías hace brotar el anuncio de alegría para la nueva Sión: «Regocíjate, estéril que no das a luz; rompe en gritos de júbilo y alegría, la que no ha tenido los dolores, porque son más numerosos los hijos de la abandonada que los de la casada, dice el Señor» (Is 54, 1).

Los tres motivos de la invitación a la alegría -la presencia salvífica de Dios en medio de su pueblo, la venida del rey mesiánico y la fecundidad gratuita y superabundante- encuentran en María su plena realización y legitiman el rico significado que la tradición atribuye al saludo del ángel. Éste, invitándola a dar su asentimiento a la realización de la promesa mesiánica y anunciándole la altísima dignidad de Madre del Señor, no podía menos de exhortarla a la alegría. En efecto, como nos recuerda el Concilio: «Con ella, excelsa Hija de Sión, después de la larga espera de la promesa, se cumple el plazo y se inaugura el nuevo plan de salvación. Es el momento en que el Hijo de Dios tomó de María la naturaleza humana para librar al hombre del pecado por medio de los misterios vividos en su carne» (Lumen gentium, 55).

4. El relato de la Anunciación nos permite reconocer en María a la nueva hija de Sión, invitada por Dios a una gran alegría. Expresa su papel extraordinario de madre del Mesías; más aún, de madre del Hijo de Dios. La Virgen acoge el mensaje en nombre del pueblo de David pero podemos decir que lo acoge en nombre de la humanidad entera porque el Antiguo Testamento extendía a todas las naciones el papel del Mesías davídico (cf. Sal 2, 8; 72, 8). En la intención de Dios, el anuncio dirigido a ella se orienta a la salvación universal.

Como confirmación de esa perspectiva universal del plan de Dios, podemos recordar algunos textos del Antiguo y del Nuevo Testamento que comparan la salvación a un gran banquete de todos los pueblos en el monte Sión (cf. Is 25, 6 ss) y que anuncian el banquete final del reino de Dios (cf. Mt 22, 1-10).
Como hija de Sión, María es la Virgen de la alianza que Dios establece con la humanidad entera. Está claro el papel representativo de María en ese acontecimiento. Y es significativo que sea una mujer quien desempeñe esa misión.

5. En efecto, como nueva hija de Sión, María es particularmente idónea para entrar en la alianza esponsal con Dios. Ella puede ofrecer al Señor, más y mejor que cualquier miembro del pueblo elegido, un verdadero corazón de Esposa.

Con María, la hija de Sión ya no es simplemente un sujeto colectivo, sino una persona que representa a la humanidad y, en el momento de la Anunciación, responde a la propuesta del amor divino con su amor esponsal. Ella acoge así, de modo muy particular, la alegría anunciada por los oráculos proféticos, una alegría que aquí, en el cumplimiento del plan divino, alcanza su cima.

Juan Pablo II, catequesis mariana

Citas del Antiguo Testamento que mencionan a “la hija de Sión” para referirse a la población de Jerusalén

La hija de Sión ha quedado
como una choza en un viñedo,
como una cabaña en una plantación de pepinos,
como una ciudad sitiada.  (Is 1,8)

32 Un día más, para hacer alto en Nob,
y él agitará su mano
hacia la montaña de la hija de Sión,
hacia la colina de Jerusalén.
33 ¡Miren! El Señor, el Señor de los ejércitos,
desgaja con ímpetu el ramaje:
los árboles más altos son talados,
los más elevados, abatidos;
34 él corta con el hierro la espesura del bosque,
y cae el Líbano con su esplendor. (Is 10,32-34)

1 Envíen un cordero de parte del soberano del país,
desde la Roca, por el desierto,
a la montaña de la hija de Sión. (Is 16,1)

21 Isaías, hijo de Amós, mandó a decir a Ezequías: Así habla el Señor, Dios de Israel: Tú me has dirigido una súplica acerca de Senaquerib, rey de Asiria. 22 Esta es la palabra que el Señor ha pronunciado contra él:
Te desprecia, se burla de ti,
la virgen hija de Sión;
a tus espaldas mueve la cabeza
la hija de Jerusalén.
23 ¿A quién has insultado y ultrajado?
¿Contra quién has alzado la voz
y levantado bien alto tus ojos?
¡Contra el Santo de Israel!
24 Por medio de tus servidores
has insultado al Señor
y has dicho: Con mis numerosos carros
escalé la cima de las montañas,
los rincones inaccesibles del Líbano. (Is 37,22)

31 Sí, oigo gritos como los de una parturienta,
gemidos como los de una primeriza:
es la voz de la hija de Sión
que pierde el aliento,
que extiende las manos:
“¡Ay, pobre de mí, estoy exhausta
frente a los asesinos!”. (Jer 4,31)

1 ¡Busquen un refugio, benjaminitas, fuera de Jerusalén!
¡Toquen la trompeta en Técoa,
levanten una señal en Bet Haquérem!
Porque desde el Norte amenaza una desgracia
y un gran desastre.
2 Yo destruyo a la hija de Sión,
a la hermosa, la refinada.
3 Pastores con sus rebaños llegan hasta ella,
plantan sus carpas a su alrededor,
cada uno apacienta su manada.
4 ¡Emprendan contra ella una guerra santa!
¡De pie, subamos al asalto en pleno mediodía!
¡Ay de nosotros, porque declina el día,
se alargan las sombras del atardecer!
5 ¡De pie, subamos de noche,
destruyamos sus baluartes! (Jer 6

22 Así habla el Señor:
¡Miren! Un pueblo llega del país del Norte
y surge una nación de los confines de la tierra.
23 Empuñan el arco y la jabalina,
son crueles y despiadados,
su voz resuena como el mar,
van montados a caballo,
dispuestos como un solo hombre
para la batalla
contra ti, hija de Sión. (Jer 6)

Porque la desgracia ha bajado de parte del Señor
hasta la puerta de Jerusalén.
13 ¡Engancha los corceles al carro,
población de Laquis!
–Allí comenzó el pecado de la hija de Sión,
porque en ti se encontraron las rebeldías de Israel–.
14 Por eso serás entregada como dote
junto con Moréset Gat.
Bet Aczib será una decepción
para los reyes de Israel. (Miq 1,12-14)

En las Lamentaciones de Jeremías, la expresión aparece en repetidas ocasiones para señalar la desgracia que sufre la población durante el asedio y la posterior invasión de los caldeos: 1,6; 2,1.4.8.10.13.18; 4,22

En ocasiones, el anuncio de salvación para la hija de Sión toma la figura de un parto. La ciudad, como madre, dará a luz a sus habitantes en un tiempo nuevo, donde la presencia de Dios será evidente en medio de la población, en el monte sagrado de Sión que se halla en la ciudad.

6 Aquel día –oráculo del Señor–
yo reuniré a las ovejas tullidas,
congregaré a las descarriadas
y a la que yo había maltratado.
7 De las tullidas, haré un resto,
y de las alejadas, una nación poderosa.
Y el Señor reinará sobre ellas
en la montaña de Sión,
desde ahora y para siempre.
8 Y tú, Torre del Rebaño,
Altura de la hija de Sión,
a ti llegará otra vez la antigua soberanía,
la realeza de la hija de Jerusalén.

9 Y ahora ¿por qué lanzas alaridos?
¿Acaso no tienes un rey,
o ha desaparecido tu consejero,
para que te retuerzas como una parturienta?
10 Retuércete y sufre, hija de Sión,
como una parturienta,
porque ahora vas a salir de la ciudad
y habitarás al descampado.
Tú llegarás hasta Babilonia
y allí serás liberada;
allí el Señor te redimirá
de la mano de tus enemigos.
11 Ahora se han reunido contra ti
numerosas naciones, que dicen:
“¡Que sea profanada,
para que nuestros ojos se regocijen
a la vista de Sión!”.
12 Pero ellos no conocen
los planes del Señor
ni comprenden su designio:
él los ha reunido como gavillas en la era.
13 ¡Levántate y trilla, hija de Sión!
Yo haré de hierro tu cuerno,
y tus pezuñas, de bronce:
triturarás a pueblos numerosos;
consagrarás al Señor su botín,
y sus riquezas al Señor de toda la tierra. (Miqueas 4)

El profeta Sofonías (cap. 3) invita a la ciudad a alegrarse, porque Dios ya está en medio de ella.

14 ¡Grita de alegría, hija de Sión!
¡Aclama, Israel!
¡Alégrate y regocíjate de todo corazón,
hija de Jerusalén!
15 El Señor ha retirado las sentencias
que pesaban sobre ti
y ha expulsado a tus enemigos.
El Rey de Israel, el Señor, está en medio de ti:
ya no temerás ningún mal.
16 Aquel día, se dirá a Jerusalén:
¡No temas, Sión,
que no desfallezcan tus manos!
17 ¡El Señor, tu Dios, está en medio de ti,
es un guerrero victorioso!
Él exulta de alegría a causa de ti,
te renueva con su amor
y lanza por ti gritos de alegría,
18 como en los días de fiesta.

Los textos del Segundo Isaías anuncian la promesa del regreso después del exilio

1 ¡Despierta, despierta, revístete de tu fuerza, Sión!
¡Vístete con tus vestidos más bellos,
Jerusalén, Ciudad santa!
Porque ya no entrarán más en ti
el incircunciso ni el impuro.
2 ¡Sacúdete el polvo, levántate,
Jerusalén cautiva!
¡Desata las ataduras de tu cuello,
hija de Sión cautiva!
3 Porque así habla el Señor: Ustedes fueron vendidos por nada, y también sin dinero serán redimidos. (Is 52,1-3)

11 Esto es lo que el Señor hace oír
hasta el extremo de la tierra:
“Digan a la hija de Sión:
Ahí llega tu Salvador;
el premio de su victoria lo acompaña
y su recompensa lo precede.
12 A ellos se los llamará ‘Pueblo santo’,
‘Redimidos por el Señor’;
y a ti te llamarán ‘Buscada’,
‘Ciudad no abandonada’”. (Is 62,10-11)

También Zacarías (cap.2), profeta post-exílico, hace un llamado a la alegría:

11 ¡Vamos! ¡Sálvate, Sión,
tú, que habitas en Babilonia!
12 Porque así habla el Señor de los ejércitos
a las naciones que los despojaron
–ya que el que los toca a ustedes,
toca la pupila de mis ojos–:
13 ¡Sí, yo levanto mi mano contra ellos,
y serán despojados por sus mismos esclavos!
¡Así ustedes sabrán que me ha enviado el Señor de los ejércitos!
14 Grita de júbilo y alégrate, hija de Sión:
porque yo vengo a habitar en medio de ti
–oráculo del Señor–.

Y anuncia (cap.9), después de los tiempos de guerra, la llegada de un rey pacífico, que no usará los caballos de guerra sino el burro, animal que simboliza el tiempo de paz:

9 ¡Alégrate mucho, hija de Sión!
¡Grita de júbilo, hija de Jerusalén!
Mira que tu Rey viene hacia ti;
él es justo y victorioso,
es humilde y está montado sobre un asno,
sobre la cría de un asna.
10 Él suprimirá los carros de Efraím
y los caballos de Jerusalén;
el arco de guerra será suprimido
y proclamará la paz a las naciones.
Su dominio se extenderá de un mar hasta el otro,
y desde el Río hasta los confines de la tierra.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

5 comentarios sobre “Montaña

  1. Estimada Gloria;
    Había escuchado este símbolo en Destellos cotidianos y me encantó, pero el poder leer con detenimiento el texto completo me ha permitido profundizar y “saborear” las Montañas de Dios de una manera más plena. Gracias por su labor apostólica, que tanta riqueza nos deja a las ovejas del “rebaño”. Un abrazo en Cristo, el Buen Pastor!!!!
    Leo, de General Daniel Cerri, pcia, de Bs. As.(a 15 kms. de Bahía Blanca)

    1. Gracias Leonardo! Es una alegría saborear juntos la Palabra de Dios. Doy gracias por todo lo que Radio María hace por la evangelización.
      Cariños y bendiciones.
      Gloria

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