Luz – Lámparas

DESTELLOS COTIDIANOS  Lunes 23 de septiembre de 2013

LAS LÁMPARAS

100_0632 Se denomina lámpara a cualquier aparato de alumbrado. Básicamente, lámpara es una vasija en que se pone combustible y una mecha que se enciende.
En los tiempos bíblicos, las lámparas se confeccionaban de barro cocido y se cargaban con aceite. Ya en la modernidad, aparecen las lámparas a gas o a querosene, y finalmente las que se abastecen con corriente eléctrica.

Además de las lámparas de barro cocido, existían en la antigüedad otras  hechas en diferentes metales, como el candelabro del Templo de Jerusalén:

31 Harás, asimismo, un candelabro de oro puro. Tanto la base y el tronco del candelabro como los cálices, los botones y las flores que le servirán de adorno, serán forjados a martillo y formarán una sola pieza. 32 De sus lados saldrán seis brazos: tres de un lado y tres del otro. (Ex 25,31)

Sinónimos de “lámpara”: candil, lamparilla, foco, quinqué, fanal, linterna, faro, farol, vela, reflector, araña, farola, aplique, flexo, bombilla, antorcha.

Significado de las lámparas en la Biblia:
Las lámparas debían cargarse con aceite y disponer de una mecha suficiente para varias horas. En las casas, esta tarea era hecha por las mujeres, que administraban el aceite disponible en el hogar. La tarea debía realizarse antes de que oscureciera.
Así, las lámparas en la Biblia adquieren un doble significado:
* Por un lado, su simbolismo se asocia al de luz, que indica claridad, seguridad, vista diáfana, inteligencia, discernimiento: “se le encendió la lamparita”.
* Y además, las lámparas listas señalan la actitud de vigilancia, porque representan a la persona atenta y previsora que ha dispuesto de lo necesario – aceite y mecha o torcida – para no quedarse a oscuras. “Tengan las lámparas encendidas” equivale a nuestra expresión “ponete las pilas”.

LA PALABRA DE DIOS COMO LÁMPARA

Tu palabra es una lámpara para mis pasos,
y una luz en mi camino. (Salmo 119,105)

Porque el precepto es una lámpara, la enseñanza, una luz, y las reglas de la instrucción, un camino de vida. Prov 6,23

19 Así hemos visto confirmada la palabra de los profetas, y ustedes hacen bien en prestar atención a ella, como a una lámpara que brilla en un lugar oscuro hasta que despunte el día y aparezca el lucero de la mañana en sus corazones. 2a. Ped 1,19

1 Al principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios,
y la Palabra era Dios.
2 Al principio estaba junto a Dios.
3 Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra
y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe.
4 En ella estaba la vida,
y la vida era la luz de los hombres.
5 La luz brilla en las tinieblas,
y las tinieblas no la recibieron. (Evangelio según San Juan 1,1-5)

LAS LAMPARAS, SIMBOLO DE LA VIGILANCIA

Estén preparados, ceñidos y con las lámparas encendidas. 36 Sean como los hombres que esperan el regreso de su señor, que fue a una boda, para abrirle apenas llegue y llame a la puerta. 37 ¡Felices los servidores a quienes el señor encuentra velando a su llegada! Les aseguro que él mismo recogerá su túnica, los hará sentar a la mesa y se pondrá a servirlos.  (Lc 12,33-35)

Mt 25,1-13
La parábola de las jóvenes del cortejo es una exhortación a no quedarse dormidos. Las jóvenes han sido distinguidas para una función muy especial: ser el cortejo de la boda.
Cualquiera de nosotros que ha tenido la experiencia de ser elegido como testigo de un casamiento, o para leer una lectura en la celebración del matrimonio en la iglesia, comprende el elemento sorprendente que aporta esta parábola: ¿cómo quedarse dormido después de haber recibido semejante honor y distinción?
Las jóvenes necias no sólo se quedan dormidas, sino que además no se habían preparado: no habían cargado el aceite de sus lámparas. Dado que este era un acto cotidiano, porque las lámparas se usaban al modo en que nosotros usamos las linternas en los lugares donde no hay luz eléctrica, las jóvenes distraídas representan el colmo de la negligencia. Es como haber sido elegida para testigo de un casamiento y no sólo te quedás dormida sino que tampoco habías preparado la ropa para ponerte.
Con este  relato tan contundente nos advierte Jesús sobre la distinción y dignidad que tenemos de participar de su cortejo. Honrémoslo como El merece, estemos listos para participar.

LA LUZ

El simbolismo de la luz siempre es positivo. Remite al intelecto y a la bondad, caracteriza al espíritu y proviene de lo alto. La luz simboliza la emanación de fuerza y energía, al mismo tiempo que atrae y convoca.

La luz como emanación de la divinidad aparece en distintos mitos religiosos:

Mito de los mbyá-guaraní:

Nuestro Padre Ñamandú, el Primero, antes de haber creado, en el curso de su evolución, su futuro paraíso,
él no vio tinieblas:
aunque el Sol aún no existiera,
él existía iluminado por el reflejo de su propio corazón;
hacía que le sirviese de sol la sabiduría contenida dentro de su propia divinidad.

(…)
La dueña de las tinieblas es la lechuza.
Nuestro Padre el Sol es dueño del amanecer.

(Citado por J.SeverinoCroatto en “Los lenguajes de la experiencia religiosa”, Ed. Docencia)

El profeta Isaías recurre al simbolismo de la luz en varios textos mesiánicos. Se pueden ver por ej. los caps. 9, 60 y 62.
Estas profecías se realizan en plenitud en Jesús de Nazaret. Mateo las cita al principio del ministerio de Jesús (Mt 4,15ss). Para Lucas 1,78 Jesús es la luz de lo alto que ilumina a aquellos que están en las tinieblas. El evangelio de Juan insistirá constantemente sobre el tema: “Yo soy la luz del mundo” (Jn 8,12). La 1ª. carta de Juan 1,5 dice: “Dios es luz, y en El no hay tinieblas”. La luz y la vida son la misma cosa. Estar en la luz supone que amamos a nuestro prójimo (1ª. Jn 2,9-11).

La profecía de  Isaías 62
62 1 Por amor a Sión no me callaré, por amor a Jerusalén no descansaré,
hasta que irrumpa su justicia como una luz radiante
y su salvación, como una antorcha encendida.
2 Las naciones contemplarán tu justicia
y todos los reyes verán tu gloria;
y tú serás llamada con un nombre nuevo,
puesto por la boca del Señor.
3 Serás una espléndida corona en la mano del Señor,
una diadema real en las palmas de tu Dios.

Lectio Divina sobre este texto de Isaías: Una luz en el barrio.

Las luces en Navidad
En el hemisferio norte, los días de Navidad corresponden con las noches más largas del año.
“En el siglo IV aparece la fiesta de la manifestación del Señor. Esta fiesta no pretende celebrar un aniversario exacto. Parece ser que originalmente se buscó suplantar una fiesta pagana muy popular en el imperio, la fiesta del Nacimiento del Sol Invicto, que celebra el solsticio de invierno.
¿Qué es esto? El 25 de diciembre es el día en que el sol alcanza su punto de máxima distancia respecto a la tierra, comenzando su camino de regreso. Dada la importancia de la luz, el pueblo celebraba gozosamente el triunfo de la luz, de la fuente de luz, sobre las tinieblas. La luz viene hacia nosotros:

Un silencio profundo lo envolvía todo y, al mediar la noche en su carrera, tu palabra omnipotente, Señor, vino desde el trono real de los cielos.

(Antífona del 2do. domingo después de Navidad, Sab 18,14-15)”

(Pablo Argárate, La Iglesia celebra a Jesucristo, Ed. San Pablo)

La fiesta de las luces en el judaísmo
Durante el mes de diciembre, también la comunidad judía celebra una importante fiesta donde el símbolo predominante es la luz: es la fiesta de las luminarias, o Janucá (que en hebreo significa reinauguración), fiesta de la Dedicación del Templo. Esta fiesta recuerda los siguientes sucesos:
El Templo de Jerusalén había sido ocupado por las tropas griegas y dedicado al dios Zeus. En el año 164 a.C., los judíos liderados por la familia de los Macabeos, recuperaron el templo y volvieron a consagrarlo a Dios. En esa ocasión, encontraron en el templo una lámpara de aceite consagrado que no había sido profanada por los invasores; encendieron esa lámpara y, el aceite que debía haberse consumido en  sólo un día de iluminación, no se extinguió durante ocho días. (1 Macabeos 4,36-58;  un episodio similar ocurrió a la vuelta del exilio según 2 Macabeos 1,18-36).
Por eso, la fiesta de Janucá se extiende durante ocho días, y se enciende un candelabro de ocho luces recordando este suceso. En este año 2013, la fiesta de Janucá comenzará la noche del jueves 28 de noviembre.
El evangelio de Juan sitúa durante la fiesta de las luces una parte de la  predicación de Jesús en Jerusalén (Jn 10,22).

Cirio pascual, Cristo alfa y omega, aquí.

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