Calle – Ciudad – Plaza

Destellos Cotidianos, lunes 3 de marzo de 2014

 

LAS CALLES

 

Las palabras usadas en la Biblia hebrea para calles, indicaba que había de ellas tres variedades. La calle usual era larga, angosta y sinuosa (Josué 2:19, etc.). Las calles cerca de las puertas de la ciudad y aquellas frente a edificios públicos o donde la una cruza con la otra, eran anchas plazas (Neh. 8:1). Una tercera clase de calle era aquella que es semejante a nuestras

callejuelas (Prov. 7:8). Por regla general las calles en Oriente en la actualidad son angostas, y todo indica que también fueron angostas en los tiempos antiguos. En las ciudades, algunas se encuentran pavimentadas (generalmente de piedras), pero en las villas raramente se pavimentan.

David dijo: “Esparcirlos como lodo de las calles” (Sal. 18:42). Isaías también se refiere al “lodo de las calles” (Isa. 10:6). Las calles de la ciudad usualmente pavimentadas, en los días bíblicos incluían aquellas construidas en conexión con el templo o a algún edificio público.

 

LA CALLE, LUGAR DE LOS ASUNTOS PÚBLICOS

 

Destel0303calleLa calle, es por excelencia, el lugar de los asuntos públicos y sociales. En varios textos bíblicos se hace mención a la ceremonia del cortejo de bodas, que se realizaba por las calles.

 

Algunas veces los parientes de la novia la llevan a la casa de novio donde va a estar su nuevo hogar. Pero más frecuentemente como fue el caso de las diez vírgenes en la parábola de Cristo, el novio mismo fue en persona a traerla a su hogar para que se efectuaran las festividades matrimoniales allí.. Antes de dejar la casa que antes fue su hogar, ella recibe las bendiciones de

sus padres y parientes El novio sale con la novia de la casa de su padres, y le sigue una gran procesión por todo el camino hasta su casa. Las calles de las ciudades asiáticas son oscuras, y es necesario que cualquiera que se aventura por ellas en la noche, lleve una lámpara o antorcha (cf. Sal. 119:105).

A los convidados que no fueron a la casa de la novia, se les permite unirse a la comitiva por el camino, y van con todo el grupo a la fiesta del matrimonio. Sin lámpara o antorcha no pueden unirse a la procesión, o entrar a la casa del novio.

Había demostraciones de alegría en todo el trayecto hasta su destino. Parte de la procesión eran hombres que tocaban tambores y otros instrumentos musicales, y danzaban por todo el trayecto.

 

Poéticamente, la amada del Cantar busca a su amado por las calles:

 

1 En mi lecho, durante la noche, busqué al amado de mi alma.

¡Lo busqué y no lo encontré!

2 Me levantaré y recorreré la ciudad;

por las calles y las plazas,

buscaré al amado de mi alma.

¡Lo busqué y no lo encontré!

3 Me encontraron los centinelas

que hacen la ronda por la ciudad:

“¿Han visto al amado de mi alma?”.

4 Apenas los había pasado,

encontré al amado de mi alma.

Lo agarré, y no lo soltaré

hasta que lo haya hecho entrar

en la casa de mi madre,

en la habitación de la que me engendró. (Cantar cap. 3)

 

 

 

 

MOSTRARSE EN LA CALLE

 

La calle es también lugar de exhibición, por eso Jesús condena a aquellos que quieren hacerse ver:

1 Tengan cuidado de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos: de lo contrario, no recibirán ninguna recompensa del Padre que está en el cielo. 2 Por lo tanto, cuando des limosna, no lo vayas pregonando delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser honrados por los hombres. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa. 3 Cuando tú des limosna, que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha, 4 para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Mt 6,2

 

 

Como en todas las sociedades patriarcales, también en el judaísmo del siglo I la preferencia es que la mujer no se deje ver en la calle. Los libros sapienciales advierten sobre el peligro de la mujer que anda por la calle:

 

6 No te entregues a las prostitutas, para no arruinar tu patrimonio.

7 No vayas mirando por las calles de la ciudad ni rondes por sus lugares solitarios.

8 Aparta tu vista de la mujer hermosa y no fijes los ojos en la belleza ajena:

muchos se extraviaron por la belleza de una mujer, y por su causa el deseo arde como fuego. Eclo 9

 

6 Mientras yo estaba a la ventana de mi casa, miré a través de mi reja,

7 y vi entre los incautos, divisé entre los adolescentes a un joven falto de juicio,

8 que pasaba por la calle, junto a la esquina, y se dirigía hacia la casa de ella,

9 en el crepúsculo, al caer el día, en medio de la noche y la oscuridad.

10 De pronto, le sale al paso esa mujer, con aire de prostituta y el corazón lleno de astucia:

11 es bulliciosa, procaz, sus pies no paran en su casa;

12 unas veces en las calles, otras en las plazas, está al acecho en todas las esquinas.

13 Ella lo agarra, lo cubre de besos, y le dice con todo descaro (…)Prov 7

 

LA CALLE, LUGAR DONDE SE EXPRESA LA DESGRACIA Y EL DUELO NACIONAL

 

1 Oráculo sobre Moab. La noche en que fue devastada,

sucumbió Ar de Moab.

La noche en que fue devastada,

sucumbió Quir de Moab.

2 La gente de Dibón ha subido

a los lugares altos para llorar.

Por Nebo y por Medebá,

está gimiendo Moab.

Todas las cabezás están rapadas,

todas las barbas cortadas.

3 Van por sus calles vestidos de sayal,

sobre sus techos y en sus plazas

todos lanzan gemidos,

deshechos en llanto. Is 15,3

 

Este aspecto aparece de manera impresionante en las Lamentaciones, donde el dolor y la necesidad de la ciudad sitiada por los enemigos se refleja en la gente que anda por las calles abandonada a su suerte:

 

Están sentados en el suelo, silenciosos, los ancianos de la hija de Sión;

se han cubierto la cabeza de polvo, se han vestido con un sayal.

Dejan caer su cabeza hasta el suelo las vírgenes de Jerusalén.

11 Mis ojos se deshacen en llanto, me hierven las entrañas;

mi bilis se derrama en la tierra por el desastre de la hija de mi pueblo,

mientras desfallecen sus niños y pequeños en las calles de la ciudad.

12 Ellos preguntan a sus madres: “¿Dónde hay pan y vino?”,

mientras caen desfallecidos como heridos de muerte en las calles de la ciudad,

exhalando su espíritu en el regazo de sus madres. (Lam cap. 2)

 

21 En las calles están tendidos el niño y el anciano;

mis vírgenes y mis jóvenes cayeron bajo la espada;

tú has sembrado la muerte en el día de tu ira, has degollado sin piedad.

 

 

17 Aún se consumían nuestros ojos, aguardando en vano una ayuda;

en nuestros puestos de guardia, mirábamos

hacia una nación que no puede salvar.

18 Se acechaban nuestros pasos, no podíamos andar por las calles.

Se acercaba nuestro fin, se habían cumplido nuestros días:

¡sí, había llegado nuestro fin!  (Lam. cap 4)

 

LA CALLE, LUGAR DE EVANGELIZACIÓN

 

En la parábola del banquete, el dueño de casa ordena ir a buscar a los comensales a las calles de la ciudad, y aún más lejos, fuera de los cercos. Con esto se indica una acción que llega hasta las periferias, que no deja a nadie sin recibir el anuncio:

21 A su regreso, el sirviente contó todo esto al dueño de casa, y este, irritado, le dijo: “Recorre en seguida las plazas y las calles de la ciudad, y trae aquí a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los paralíticos”. 22 Volvió el sirviente y dijo: “Señor, tus órdenes se han cumplido y aún sobra lugar”. 23 El señor le respondió: “Ve a los caminos y a lo largo de los cercos, e insiste a la gente para que entre, de manera que se llene mi casa. (Lc cap. 14)

 

En Lc 10, Jesús envía a los 72 a recorrer las calles de las ciudades.

 

El libro de los Hechos nos presenta la evangelización de varias ciudades del mundo grecorromano, culminando el itinerario en Roma. La Via Apia, que unía Bríndisi con la ciudad, es el lugar en que los cristianos de Roma salen a recibir a Pablo, que llega preso. Hay un encuentro en Foro Apio (a 66 km de Roma) y otro en Tres tabernas (a 44 km)

 

15 Los hermanos de esta ciudad, informados de nuestra llegada, nos salieron al encuentro y nos alcanzaron a la altura del «Foro de Apio» y en las «Tres Tabernas». Pablo, al verlos, dio gracias a Dios y se sintió reconfortado. (Hech 28,15)

 

 

LAS CALLES DE LA JERUSALÉN CELESTIAL

 

 

 

¡Bendice, alma mía, al Señor, el gran Rey,

17 porque Jerusalén será reconstruida,

y también su Templo por todos los siglos!

¡Feliz de mí, si queda alguien de mi descendencia

para ver tu gloria y celebrar al Rey del cielo!

Las puertas de Jerusalén serán hechas de zafiro y esmeralda,

y todos sus muros, de piedras preciosas;

las torres de Jerusalén serán construidas de oro,

y sus baluartes, de oro puro.

Las calles de Jerusalén serán pavimentadas

de rubíes y de piedras de Ofir;

18 las puertas de Jerusalén resonarán con cantos de alegría;

y todas sus casas dirán: ¡Aleluya!

¡Bendito sea el Dios de Israel!

Y los elegidos bendecirán el Nombre santo,

por los siglos de los siglos”.  Tobías CAP. 13

 

 

EL PAPA FRANCISCO NOS EXHORTA A SALIR A LA CALLE

 

“Espero lío. Que acá dentro va a haber lío va a haber, que acá en Río va a haber lío va a haber, pero quiero lío en las diócesis, quiero que se salga afuera, quiero que la Iglesia salga a la calle, quiero que nos defendamos de todo lo que sea mundanidad, de lo que sea instalación, de lo que sea comodidad, de lo que sea clericalismo, de lo que sea estar encerrados en nosotros mismos, las parroquias, los colegios, las instituciones son para salir, …” (Jornada de la Juventud, Río 2013)

 

“Salgan de las cuevas, salgan de las sacristías… Prefiero que los atropelle un auto y no que se queden encerrados”.

LA CIUDAD

Ciudad: El diccionario la define como “población grande”. Sinónimos: urbe, capital, metrópoli, localidad.

“Para el emplazamiento de una ciudad se tenían en cuenta algunos requisitos fundamentales: a fin de que la ciudad pudiera ser bien defendida se la situaba en lo posible en un lugar alto, en un monte o promontorio. Antes de la invención de los acueductos se ubicaba el asentamiento cerca de un río, pero en Palestina, preferentemente se eligió una fuente natural que proveyera de agua corriente; y se prefirió que los caminos que la circundaban fueran, en lo posible, rutas comerciales”. (R. Pietrantonio, Itinerario Bíblico II, Ed. La Aurora)
En las ciudades se encontraban mercados, talleres de oficios, pozos de agua y templos. En las ciudades de estilo grecorromano el santuario comprendía también el gimnasio y el teatro, y en algunos casos, un estadio para espectáculos.
En el mundo bíblico, la ciudad “es el lugar habitacional permanente, en el que conviven personas que se dedican a tareas preferentemente no-rurales. En la antigüedad era normal que las ciudades fueran rodeadas de murallas para protegerse de los ataques enemigos. Es símbolo de la agrupación de personas que comparten la misma vida.
En las tradiciones bíblicas la ciudad es considerada de manera negativa. Se la asocia con el pecado. ” (Luis Rivas, Diccionario de símbolos y figuras de la Biblia, Ed. A.MI.CO)

Las murallas poseían puertas y torres.

En la mesopotamia asiática, cada ciudad tenía su dios tutelar, o sea, su deidad protectora. Marduc era el dios de Babilonia, Enki de Eridu, y Assur lo era de la capital asiria. En América, Cusco era la ciudad de Viracocha, y Teotihuacán de Quetzacóatl.
Yavé es el Dios tutelar de Jerusalén desde la época de David (2 Sam 6) y en textos de la época persa se lo llama “el Dios que está en Jerusalén”.

SIMBOLISMO DE LA CIUDAD EN LA BIBLIA

Los antepasados del pueblo de Israel eran pastores nómades. Por eso, para ellos la ciudad tenía un simbolismo ambiguo.

* La ciudad era “sospechosa” para el nómade, representaba un peligro. Allí estaba concentrado el poder, simbolizado en el rey, su corte y el ejército. Esto significaba tributos que pagar y el servicio militar obligatorio en caso de que el rey se encontrara en peligro.
“El Génesis, después de oponer la vida pastoral de Abel a la vida agrícola de Caín (Gn 4,2), atribuye a éste la fundación de la primera ciudad, a la que dio el nombre de su hijo Henoc (juego de palabras con el término, que quiere decir “dedicación”: Gn 4,17). Pero sólo después del corte marcado por el diluvio asistimos a la fundación de las grandes ciudades, alrededor de las cuales se organizan los imperios mesopotámicos (Gn 10,10 ss). Los antepasados de Abraham vivían en su territorio (Gn11,31). Pero en la época de los patriarcas la vida pastoril es esencialmente nómade o seminómade, al margen de las ciudades de Canaán. Durante la estancia en Egipto, las ciudades construidas por los hebreos esclavizados son fortalezas egipcias (Ex 1,11).” (X.L. Dufour, Vocabulario de Teología Bíblica).

* La ciudad también tiene un simbolismo positivo, como lugar de descanso en el camino, de refugio y protección. Así la ciudad presenta imágenes femeninas, y el cerco de sus murallas se asimila al útero materno, en cuyo interior los habitantes moran en paz.

Isaías 66
6 Una voz retumba desde la ciudad,
una voz sale del Templo:
es la voz del Señor que retribuye a sus enemigos.
7 Antes de las contracciones, ella dio a luz;
antes de que le llegaran los dolores,
dio a luz un hijo varón.
8 ¿Quién oyó jamás algo semejante,
quién ha visto una cosa igual?
¿Se da a luz un país en un solo día?
¿Se hace nacer una nación de una sola vez?
Pero Sión, apenas sintió los dolores,
ha dado a luz a sus hijos.
9 ¿Acaso yo abriré la matriz
y no haré dar a luz?, dice el Señor.
¿Acaso la voy a cerrar,
yo que hago nacer?, dice tu Dios.

10 ¡Alégrense con Jerusalén
y regocíjense a causa de ella,
todos los que la aman!
¡Compartan su mismo gozo
los que estaban de duelo por ella,
11 para ser amamantados y saciarse
en sus pechos consoladores,
para gustar las delicias
de sus senos gloriosos!
12 Porque así habla el Señor:
Yo haré correr hacia ella
la paz como un río,
y la riqueza de las naciones
como un torrente que se desborda.
Sus niños de pecho serán llevados en brazos
y acariciados sobre las rodillas.
13 Como un hombre es consolado por su madre,
así yo los consolaré a ustedes,
y ustedes serán consolados en Jerusalén.
14 Al ver esto, se llenarán de gozo
y sus huesos florecerán como la hierba. (Is 66,8-14)

Jerusalén:
Etimologías: * fundación del Dios Salem
* ieru – shalom: ciudad de paz
* en árabe “Al Quds” la santa
Antigüedad: 1900 años a.C. Conquistada por David alrededor del año 1000 a. C. Se destaca en ella la colina Sión.

Como lugar de peregrinación y reunión del pueblo, Jerusalén recibe con alegría a las multitudes de creyentes en las grandes fiestas. Así se canta en el salmo 122:
¡Qué alegría cuando me dijeron
vamos a la casa del Señor;
ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén!”.

Jerusalén es la ciudad donde Dios habita, y donde está el tribunal de justicia. Los profetas le anuncia a la ciudad un futuro donde todos sus habitantes serán justos y gozarán de seguridad. Será el lugar de reunión de todas las tribus (Is 60,4ss), e incluso de los extranjeros (Is 55,6-7).

También Jesús, durante toda su vida, participó de las procesiones a Jerusalén para las grandes fiestas (Lc 2, 22; 2,41-50; Jn 11,55-57).

El libro de los Hechos de los Apóstoles muestra el itinerario evangelizador desde Jerusalén, centro del mundo judío, hasta Roma, centro del mundo pagano. Importantes ciudades del mundo grecorromano son evangelizadas en este período: Antioquía, Corinto, Atenas.

El libro del Apocalipsis finaliza con la visión de la nueva Jerusalén, engalanada como una novia, que se encuentra con Dios.

1 Después vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y el mar ya no existe más. 2 Vi la Ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo y venía de Dios, embellecida como una novia preparada para recibir a su esposo. 3 Y oí una voz potente que decía desde el trono: «Esta es la morada de Dios entre los hombres: él habitará con ellos, y ellos serán su pueblo; Dios mismo estará con ellos y será su Dios. 4 Él secará todas sus lágrimas, y no habrá más muerte, ni pena, ni queja, ni dolor, porque todo lo de antes pasó».
10 Me llevó en espíritu a una montaña de enorme altura, y me mostró la Ciudad santa, Jerusalén, que descendía del cielo y venía de Dios. 11 La gloria de Dios estaba en ella y resplandecía como la más preciosa de las perlas, como una piedra de jaspe cristalino. 12 Estaba rodeada por una muralla de gran altura que tenía doce puertas: sobre ellas había doce ángeles y estaban escritos los nombres de las doce tribus de Israel.
1 Después el Ángel me mostró un río de agua de vida, claro como el cristal, que brotaba del trono de Dios y del Cordero, 2 en medio de la plaza de la Ciudad. A ambos lados del río, había árboles de vida que fructificaban doce veces al año, una vez por mes, y sus hojas servían para curar a los pueblos.   (Párrafos de Apoc cap. 21 y 22).

“Como ocurría en las ciudades helenistas, tampoco el centro de la nueva Jerusalén está ocupado por el área del templo, sino por una avenida principal dedicada a procesiones, comercio y discurso público. Sus ciudadanos tienen capacidad de gobernar, pero este gobierno no consiste en dominar a los demás, sino en promover la autodeterminación. Su vida es sagrada como la de los sacerdotes. La ciudad ideal de Dios no es sólo una ciudad universal e incluyente, con una población integrada por gente de todas las naciones, sino también un lugar magnífico y hermoso, que refleja el brillo del oro y de las perlas, de los tesoros de los reyes y de las naciones. En la ciudad de Dios, la vida está libre de injusticias y vicios, de maldiciones y de los poderes demoníacos del “mar”. Ya no habrá en ella lágrimas, gritos, dolor, desgracias, hambre, sed o muerte. Aunque sigue habiendo “adentro y afuera” las puertas de la ciudad de Dios permanecen siempre abiertas. ” (Ricardo Foulkes, Apocalipsis, Comentario Bíblico Latinoamericano, Ed. Verbo Divino)

LA PLAZA, espacio para el encuentro.

La plaza en las ciudades de la antigüedad era un lugar público destinado al comercio, la discusión de ideas, el encuentro, el juego y la actividad política.

En ocasiones, la plaza era una calle más ancha que el resto, embaldosada y bordeada de columnas. Estas plazas se encontraban a la entrada de la ciudad, atravesando las puertas, como se describe en Neh 8,1:

Llegado el mes séptimo, todo el pueblo se congregó como un solo hombre en la plaza que está delante de la puerta del agua.

En este lugar también se ubicaban los ancianos para juzgar, por eso el salmo 126 dice del varón que tiene muchos hijos:

No será humillado cuando litigue con sus adversarios en la puerta de la ciudad.

Frente a un juicio injusto dice Isaías 59,14: La verdad en la plaza ha tropezado.

 

PlazaMayoTambién se llama plaza al espacio libre que queda frente a los edificios públicos, ya sea la explanada de la residencia de la autoridad o el gran atrio de los templos; la plaza puede ser el centro cívico o religioso de una ciudad. Es un lugar de intercambio y de relaciones sociales. Jesús critica a los presuntuosos que esperan ser reconocidos y saludados en las plazas (Mc 12,38).

En la plaza, desde siempre también, es posible encontrar a los niños jugando:

 ¿Con quién puedo comparar a esta generación? Se parece a esos muchachos que, sentados en la plaza, gritan a los otros:

“¡Les tocamos la flauta,

y ustedes no bailaron!

¡Entonamos cantos fúnebres,

y no lloraron!”. (Mt 11,16-17)

En la plaza puede haber un mercado, o realizarse las ferias de ventas en los días establecidos. Entonces, se encuentran los mercaderes que llegan de lejos, los pequeños chacareros y artesanos que llegan desde el campo o desde los suburbios, y la plaza en un lugar lleno de actividad, de noticias y de intercambio.

Entre los griegos, era muy importante la plaza de las ciudades-estado, llamada ágora (que significa asamblea). Estaba rodeada de los edificios privados y públicos más importantes. Era un lugar fundamental para el desarrollo de la cultura. En sus viajes, San Pablo llegó hasta la plaza de Atenas, y debatió con los filósofos en el Areópago, un monte situado al oeste de la Acrópolis de Atenas, sede del Consejo que allí se reunió desde el 480 a. C. hasta el 425 d.C. (ver Hechos de los Apóstoles cap. 17).

 

La plaza como antecedente de las sinagogas

1 Todo el pueblo se reunió como un solo hombre en la plaza que está ante la puerta del Agua. Entonces dijeron a Esdras, el escriba, que trajera el libro de la Ley de Moisés, que el Señor había dado a Israel. 2 El sacerdote Esdras trajo la Ley ante la asamblea, compuesta por los hombres, las mujeres y por todos los que podían entender lo que se leía. Era el primer día del séptimo mes. 3 Luego, desde el alba hasta promediar el día, leyó el libro en la plaza que está ante la puerta del Agua, en presencia de los hombres, de las mujeres y de todos los que podían entender. Y todo el pueblo seguía con atención la lectura del libro de la Ley.

Entonces Nehemías, el gobernador, Esdras, el sacerdote escriba, y los levitas que instruían al pueblo, dijeron a todo el pueblo: “Este es un día consagrado al Señor, su Dios: no estén tristes ni lloren”. Porque todo el pueblo lloraba al oír las palabras de la Ley. 10 Después añadió: “Ya pueden retirarse; coman bien, beban un buen vino y manden una porción al que no tiene nada preparado, porque este es un día consagrado a nuestro Señor. No estén tristes, porque la alegría en el Señor es la fortaleza de ustedes”. 11 Y los levitas serenaban al pueblo, diciendo: “¡Tranquilícense! Este día es santo: no estén tristes”. 12 Todo el pueblo se fue a comer y a beber, a repartir porciones y a hacer grandes festejos, porque habían comprendido las palabras que les habían enseñado. (Neh 8,1-3.9-12)

Este texto del libro de Nehemías nos presenta la actividad de lectura, comentario y celebración de la Palabra a la vuelta del exilio (aproximadamente año 450 a.C.). La reunión se realiza en la plaza que está delante de la puerta del Agua. El centro de la reunión es el libro de la Ley, que rige la vida del pueblo. (Ver más sobre este pasaje de la Biblia, click aquí.)

Para esta liturgia de la Palabra no hace falta un lugar especial. Lo que importa es la actividad que se realiza. Aquí encontramos el antecedente de las sinagogas.

La palabra sinagoga proviene del verbo griego synago que significa “reunir, congregar, convocar”; “sinagoga”, por lo tanto, designa a los reunidos, los congregados. La Biblia de los LXX utiliza este término para traducir el hebreo “asamblea”.

Sinagoga, antes que designar un lugar físico, hace referencia a la asamblea reunida.

Es importante tener en cuenta que, desde el post exilio hasta el tiempo de Jesús, la actividad religiosa judía se desarrollaba en dos lugares:  en el Templo de Jerusalén, a cargo de los sacerdotes, donde se hacían las ofrendas y sacrificios, y en las sinagogas, donde el pueblo se reunía para meditar la Ley. La sinagoga podía reunirse en una plaza (como en el texto citado de Nehemías), en la casa del maestro, bajo un árbol, o en un edificio construido específicamente con ese fin.

Jesús en las sinagogas

 

Las sinagogas eran (y siguen siendo para el judaísmo) lugar de discusión y debate de la Palabra. Así, en numerosas ocasiones, Jesús, enseñando en las sinagogas, tiene discusiones o enfrentamientos. Ver por ej. Lc 4,16 ss.

 

La plaza escatológica

La imagen de la plaza como lugar público, centro cívico y espacio de encuentro, se encuentra también en la visión gloriosa de la Jerusalén celestial:

1 Las doce puertas eran doce perlas y cada puerta estaba hecha con una perla enteriza. La plaza de la Ciudad era de oro puro, transparente como el cristal. 22 No vi ningún templo en la Ciudad, porque su Templo es el Señor Dios todopoderoso y el Cordero. 23 Y la Ciudad no necesita la luz del sol ni de la luna, ya que la gloria de Dios la ilumina, y su lámpara es el Cordero. (Ap 21,21-23)

Si las plazas de la tierra están situadas en las explanadas de los templos, esta plaza, por el contrario, no necesita templo que represente la presencia de Dios, ya que Dios mismo está allí, en medio de su pueblo, en el lugar del encuentro definitivo.

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