Jardín – Huerta

huertaDestellos Cotidianos, lunes 3 de julio de 2017

El jardín y la huerta:

En la Biblia no se hace diferencia entre jardín y huerta. Es un lugar donde puede haber flores, frutos, árboles y hierbas aromáticas, y que puede ser una simple huerta familiar o tener la extensión de un gran parque.

“Dios plantó un jardín en Edén, al Oriente” (Gén 2,8).
La etimología de Edén probablemente significa “lugar de delicias”. Otros explican el término como derivación de la palabra sumeria “edinu” que significa “llanura bien regada”, lo cual da la idea de fertilidad.
La traducción griega de la Biblia usó el término Paraíso, que significa parque.

En el poema sumerio de Guilgamesh, la diosa Ishtar , diosa del amor y la fertilidad, ama a los jardineros, pero los trata cruelmente. Ella dio su amor a Sargún, el jardinero de Aki, escanciador de agua. También el poema menciona al jardinero Ishullanu.

La descripción que hace el libro del Génesis 2,5 ss , da cuenta de estas distintas interpretaciones:
* se habla de un manantial y de cuatro ríos que riegan el Edén;
* dice literalmente que Dios “plantó”, como si fuera un jardinero disponiendo bellamente “toda clase de árboles deleitosos a la vista y buenos para comer”;
* y afirma que Dios pone al ADAM (ser humano, hecho de la tierra)  en ese jardín, “para que lo labrara y lo cuidara”.

Estas imágenes fueron retomadas con un sentido escatológico por el profeta Ezequiel cap. 47 y en el libro del Apocalipsis:
“Luego me mostró el río de agua de Vida, brillante como el cristal, que brotaba del trono de Dios y del Cordero. En medio de la plaza, a una y otra margen del río, hay árboles de Vida, que dan fruto doce veces, una vez cada mes; y sus hojas sirven de medicina para los gentiles.” (Ap 22,1-2)

Sobre el cuidado de este jardín nos dice el Papa Francisco en la Encíclica Laudato si

66. Los relatos de la creación en el libro del Génesis contienen, en su lenguaje simbólico y narrativo, profundas enseñanzas sobre la existencia humana y su realidad histórica. Estas narraciones sugieren que la existencia humana se basa en tres relaciones fundamentales estrechamente conectadas: la relación con Dios, con el prójimo y con la tierra. Según la Biblia, las tres relaciones vitales se han roto, no sólo externamente, sino también dentro de nosotros. Esta ruptura es el pecado. La armonía entre el Creador, la humanidad y todo lo creado fue destruida por haber pretendido ocupar el lugar de Dios, negándonos a reconocernos como criaturas limitadas. Este hecho desnaturalizó también el mandato de « dominar » la tierra (cf. Gn 1,28) y de «labrarla y cuidarla» (cf. Gn 2,15). Como resultado, la relación originariamente armoniosa entre el ser humano y la naturaleza se transformó en un conflicto (cf. Gn 3,17-19). Por eso es significativo que la armonía que vivía san Francisco de Asís con todas las criaturas haya sido interpretada como una sanación de aquella ruptura. Decía san Buenaventura que, por la reconciliación universal con todas las criaturas, de algún modo Francisco retornaba al estado de inocencia primitiva[40]. Lejos de ese modelo, hoy el pecado se manifiesta con toda su fuerza de destrucción en las guerras, las diversas formas de violencia y maltrato, el abandono de los más frágiles, los ataques a la naturaleza.66
Es importante leer los textos bíblicos en su contexto, con una hermenéutica adecuada, y recordar que nos invitan a «labrar y cuidar» el jardín del mundo (cf. Gn 2,15). Mientras «labrar» significa cultivar, arar o trabajar, «cuidar» significa proteger, custodiar, preservar, guardar, vigilar. Esto implica una relación de reciprocidad responsable entre el ser humano y la naturaleza. Cada comunidad puede tomar de la bondad de la tierra lo que necesita para su supervivencia, pero también tiene el deber de protegerla y de garantizar la continuidad de su fertilidad para las generaciones futuras. Porque, en definitiva, «la tierra es del Señor » (Sal 24,1), a él pertenece « la tierra y cuanto hay en ella » (Dt 10,14). Por eso, Dios niega toda pretensión de propiedad absoluta: « La tierra no puede venderse a perpetuidad, porque la tierra es mía, y vosotros sois forasteros y huéspedes en mi tierra » (Lv 25,23).

Evangelio de Juan

Este evangelista retoma imágenes y símbolos del Génesis, ya desde el comienzo de su evangelio en que dice: “En el principio…” repitiendo las primeras palabras de Génesis. Este evangelista ubica en un jardín el comienzo y el final del relato de la Pasión del Señor: en Getsemaní y en el lugar de la sepultura de Jesús.

1 Después de haber dicho esto, Jesús fue con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón. Había en ese lugar una huerta y allí entró con ellos. (Jn 18,1)

41 En el lugar donde lo crucificaron había una huerta y en ella, una tumba nueva, en la que todavía nadie había sido sepultado. 42 Como era para los judíos un día de Preparación y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús. (Jn 19)

11 María se había quedado afuera, llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro 12 y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados uno a la cabecera y otro a los pies del lugar donde había sido puesto el cuerpo de Jesús. 13 Ellos le dijeron: «Mujer, ¿por qué lloras?». María respondió: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto». 14 Al decir esto se dio vuelta y vio a Jesús, que estaba allí, pero no lo reconoció. 15 Jesús le preguntó: «Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?». Ella, pensando que era el cuidador de la huerta, le respondió: «Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo iré a buscarlo». 16 Jesús le dijo: «¡María!». Ella lo reconoció y le dijo en hebreo: «¡Raboní!», es decir, «¡Maestro!». 17 Jesús le dijo: «No me retengas, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: “Subo a mi Padre, el Padre de ustedes; a mi Dios, el Dios de ustedes”». 18 María Magdalena fue a anunciar a los discípulos que había visto al Señor y que él le había dicho esas palabras. (Jn 20)

Los comentaristas ven en este detalle un interés del autor por mostrar la muerte y resurrección del Señor como una re-edición de la historia del hombre en el jardín del Edén, como un nuevo comienzo de la historia humana en su relación con Dios.(Diccionario de símbolos, Luis Rivas, Ed. A.mi.co)

Sobre María Magdalena, click aquí.
“Muy temprano, de mañana, María Magdalena va a la tumba. To­davía es de noche. Llora y el Jardinero la llama por su nombre. Si evocamos aquí el cap. 10 de Juan y el secreto del Buen Pastor, del Pastor hermoso (como dice el texto griego, “kalós”), nos damos cuenta de que Juan quiere presentar a María de Magdala como el modelo de discípulo: ella oye su Voz y lo reconoce al oírlo; se abren sus ojos al oír la voz de Jesús pronunciando su nombre.
María Magdalena, como la Esposa del Cantar de los Cantares, se levanta de noche a buscar. El amor busca. No se resigna ni soporta la au­sencia ni la idea de la muerte: busca. Busca, de noche, al alba, en el jardín. Como en la espera de la primera creación, se sitúa en el mismo escenario de la primera página del Génesis.
Y el nuevo Adán se le manifiesta porque el amor la había im­pul­sado a buscarlo, a El; El la envía a buscar a sus hermanos y a hacerla gran heraldo de la Vida, del Amor, de la Esperanza.
Es ella la primera en anunciar la buena noticia de la Resurrec­ción. Encarna la diaconía teologal de la fe, de la esperanza suprema: no sólo el Amor fuerte como la muerte (cf. Ct 8,6) sino el Amor más fuerte que la muerte.” (Teresa Porcile, Con ojos de mujer, Ed. Claretiana, págs. 113-114)

“Si Eva en el paraíso probó el veneno de la muerte, ahora Magdalena recibe el anuncio de la vida eterna.
Eva, por la serpiente, en el jardín de las delicias, fue la primera en conocer la muerte; Magdalena en el nuevo jardín, fue la primera en ver la victoria sobre la muerte.
Eva, tentada por la serpiente, persuadió a su esposo; Magdalena evangelizó a los apóstoles con la resurrección del Mesías: He visto al Señor  y profetizó su ascensión: El me ha dicho, subo al Padre mío y Padre de ustedes.  Profetisa más aguda Magdalena que Eva, porque vio las cosas últimas. La que vino al sepulcro a traer los aromas de la muerte, liberada de este oficio, va a llevar a los apóstoles el verdadero bálsamo de la vida.”
San Rábano Mauro, siglo IX, “Vida de Santa María Magdalena”, cap. XXVII

Himno de Laudes

Estaba al alba María
llamándolo con sus lágrimas.

Vino la Gloria del Padre
y amaneció el primer día.
Envuelto en la blanca túnica
de su propia luz divina
– la sábana de la muerte
dejaba en tumba vacía –
Jesús, alzado, reinaba;
pero ella no lo veía.

Estaba al alba María
la fiel esposa que aguarda.

Mueva el Espíritu al aura
en el jardín de la vida.
Las flores huelan la Pascua
de la carne sin mancilla,
y quede quieta la esposa
sin preguntas ni fatiga.
¡Ya está delante el esposo
venido de la colina!

Estaba al alba María
porque era la enamorada.
Amén.

Anuncios

5 comentarios sobre “Jardín – Huerta

  1. Isaías 58,10-12 “… y si te ofreces al hambriento, y sacias el deseo del afligido, entonces surgirá tu luz en las tinieblas, y tu oscuridad será como el mediodía. Y el SEÑOR te guiará continuamente, saciará tu deseo en los lugares áridos y dará vigor a tus huesos; serás como huerto regado y como manantial cuyas aguas nunca faltan. Y los tuyos reedificarán las ruinas antiguas; levantarás los cimientos de generaciones pasadas, y te llamarán reparador de brechas, restaurador de calles donde habitar.…”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s