Herrero – Espada

Destellos Cotidianos, Lunes 18 de noviembre de 2013

HERREROS Y ORFEBRES, forjando una fe pura

Un estudio del trabajo con metales debería principiarse con “Tubal Cain, acicalador de
toda obra de metal y de hierro” (Gén. 4:22).
El trabajo con metales en Palestina está atestiguado desde 3000 años a.C.  Destellos1811herr

El oficio del herrero toma su simbolismo no sólo de la tarea en sí, sino también de  las herramientas utilizadas.
Tiene gran relación con el simbolismo del fuego que forja, modela
y purifica. También se relaciona simbólicamente con la dureza de los metales con los cuales trabaja, por
eso se describe como una tarea ardua y fatigosa.

Fragua: es el fogón grande donde se mantiene el fuego.
Fraguar: forjar el hierro. Simbólicamente, idear y discurrir, “forjando una idea”.
Forjar: dar forma con el martillo a cualquier metal.
Fuelles: necesarios para ventilar el fuego y avivarlo.
Yunque: bloque de hierro de diversa forma encajado en un tajo de madera, y que sirve para labrar a
martillo los metales. Simbólicamente, persona de gran fuerza y paciencia  o muy perseverante en el
trabajo.
Crisol: Vaso de barro refractario, porcelana, hierro, o platino, que sirve para fundir o calcinar algunas
substancias. Parte inferior de los hornos de fundición. Simbólicamente, prueba, “el crisol de la
experiencia”.

El tipo primitivo de yunque que se ha usado por siglos es simplemente un cubo de
hierro que se ha insertado en una sección de tronco de encino. El viejo tipo de fuelles que es
accionado con la mano, está hecho de piel, ya sea de cabra o de vaca dejándole el pelo.

EN LA BIBLIA

El libro del Eclesiástico describe minuciosamente la tarea de los que trabajan los metales, y la
incluye entre las actividades indispensables para la vida de la ciudad:

Eclo 38,28  Lo mismo pasa con el herrero, sentado junto al yunque,
con la atención fija en el hierro que forja:
el vaho del fuego derrite su carne y él se debate con el calor de la fragua;
el ruido del martillo ensordece sus oídos y sus ojos están fijos en el modelo del objeto;
pone todo su empeño en acabar sus obras y se desvela por dejarlas bien terminadas.

Nehemías menciona la presencia de estos herreros, artesanos y orfebres en la reconstrucción de
Jerusalén a la vuelta del exilio (Neh. 3,8).

LOS HERREROS

En días del rey Saúl los filisteos pusieron en vigor una prohibición contra los
herreros hebreos. “Y en toda la tierra de Israel no se hallaba herrero: porque los Filisteos
habían dicho: Para que los hebreos no hagan espada o lanza” (1 Sam. 13,19).
Los filisteos  requerían de los hebreos que trajesen sus rejas y sus azadones a la región de Ramla para afilarlos,
y este distrito, en el valle de Ajalón, se distinguió muchos años después como el Valle de los
Forjadores. Pero los herreros judíos estaban muy activos en tiempos de Isaías porque él dijo: “El
herrero tomará la tenaza, obrará en las ascuas, darále forma con los martillos” (Is 44,12)
Isaías también se refiere al yunque del herrero (Is 41,7), y Jeremías hace mención de los fuelles
(Jer. 6,29).

El trabajo de los herreros puede relacionarse tanto con el tiempo de guerra como con el tiempo de paz.
Cuando Nabucodonosor deporta a la dirigencia de Jerusalén, tiene especial cuidado de llevar
” A todos los guerreros –en número de siete mil– a los herreros y cerrajeros –en número de mil–
todos aptos para la guerra, el rey de Babilonia los llevó deportados a su país”. (2 Re 24,16).
Esto, tanto para impedir cualquier sublevación entre los que quedarían en Judá, como también
para poner a estos artesanos a su servicio en un momento de expansión y campañas militares.

En contraposición a la guerra, el profeta Isaías habla de una tarea en la cual las espadas y las armas
volverán a la fragua para ser convertidas en herramientas de paz: azadas y arados:

2 Sucederá al fin de los tiempos,
que la montaña de la Casa del Señor
será afianzada sobre la cumbre de las montañas
y se elevará por encima de las colinas.
Todas las naciones afluirán hacia ella
3 y acudirán pueblos numerosos, que dirán:
“ ¡Vengan, subamos a la montaña del Señor,
a la Casa del Dios de Jacob!
Él nos instruirá en sus caminos
y caminaremos por sus sendas”.
Porque de Sión saldrá la Ley
y de Jerusalén, la palabra del Señor.
4 Él será juez entre las naciones
y árbitro de pueblos numerosos.
Con sus espadas forjarán arados
y podaderas con sus lanzas.
No levantará la espada una nación contra otra
ni se adiestrarán más para la guerra.
5 ¡Ven, casa de Jacob,
y caminemos a la luz del Señor! (Isaías cap. 2)

Esta profecía se encuentra también en el profeta Miqueas. Este profeta agrega otra
imagen que se relaciona con los tiempos de paz: cada cual bajo su parra y bajo su
higuera, es decir, gozando del tiempo en su casa sin ser perturbardo y contando
con recursos económicos para asegurarse fruta y vino.

1 Sucederá al fin de los tiempos que la montaña de la Casa del Señor
será afianzada sobre la cumbre de las montañas
y se elevará por encima de las colinas.
Los pueblos afluirán hacia ella
2 y acudirán naciones numerosas, que dirán:
“¡Vengan, subamos a la Montaña del Señor
y a la Casa del Dios de Jacob!
Él nos instruirá en sus caminos
y caminaremos por sus sendas”.
Porque de Sión saldrá la Ley
y de Jerusalén, la palabra del Señor.
3 Él será juez entre pueblos numerosos
y árbitro de naciones poderosas,
hasta las más lejanas.
Con sus espadas forjarán arados
y podaderas con sus lanzas.
No levantará la espada una nación contra otra
ni se adiestrarán más para la guerra.
4 Cada uno se sentará bajo su parra y bajo su higuera,
sin que nadie lo perturbe,
porque ha hablado la boca del Señor de los ejércitos.  (Miqueas cap. 4)

Caldereros.
Moisés describe la tierra de Canaán como “tierra que sus piedras son hierro,
y de sus montes cortarás metal” (Deut. 8,9). A lo largo del Wadi Araba, que llega hasta el Golfo
de Akaba, han sido descubiertos depósitos de hierro y cobre. Se excavaron en Tel el Kheleifeh,
que es el sitio de la antigua Ezión Geber, la ciudad puerto del rey Salomón, ha revelado que las
refinerías de cobre y de hierro de Salomón allí habían sido establecidas. Los edificadores de las
fundiciones en Ezión-Geber alineaban sus hornos hacia el aire que prevalecía, que procedía del
noroeste, aire que continuamente soplaba al través de los hoyos, mantenía el fuego en los hornos
constantemente ardiendo. Así es que en aquellos días se empleaba el mismo principio
esencialmente como el de los hornos de aire de Béssemer en los tiempos modernos. El rey
Salomón debe haber mantenido un magnífico negocio de cobre. Dice la Escritura: “Y todos los
vasos que Hiram hizo al rey Salomón, para la casa de Yavé, de metal acicalado (es decurm  cobre
bruñido)” (1 Reyes 7,45).

LOS FABRICANTES DE IDOLOS

En la Biblia, el trabajo de quienes moldean los metales cobra un simbolismo singular,
porque puede relacionarse con los fabricantes de ídolos. Los profetas denuncian estas prácticas,
condenadas en el Decálogo:

4 No te harás ninguna escultura y ninguna imagen de lo que hay arriba,
en el cielo, o abajo, en la tierra, o debajo de la tierra, en las aguas.
5 No te postrarás ante ellas, ni les rendirás culto; porque yo soy el Señor, tu Dios. (Ex 20)

12 El herrero forja la imagen, la trabaja al fuego y la modela con el martillo:
la trabaja con su brazo robusto. Después siente hambre y decae su fuerza;
si no bebe agua, queda agotado.
13 El carpintero toma las medidas con la cuerda, diseña la forma con el estilete,
la trabaja con el cincel y la dibuja con el compás;
le da figura de hombre y la belleza de un ser humano, para que habite en una casa. (Is 44)

1 ¡Escuchen, casa de Israel, la palabra que les dirige el Señor! 2 Así habla el Señor:
No imiten las costumbres de los paganos
ni se atemoricen por los signos del cielo,
porque son los paganos
los que temen esas cosas.
3 Sí, el Terror de los pueblos no vale nada:
es una madera que se corta en el bosque,
una obra cincelada por la mano del orfebre;
4 se la embellece con plata y oro,
se la asegura con clavos y martillos,
para que no se tambalee.
5 Ellos son como un espantapájaros,
en un campo de pepinos;
no pueden hablar,
hay que transportarlos, porque no dan ni un paso.
¡No les tengan miedo, no hacen ningún mal,
ni tampoco son capaces de hacer el bien!
6 No hay nadie como tú, Señor:
tú eres grande
y es grande la fuerza de tu Nombre.
7 ¿Quién no sentirá temor de ti,
Rey de las naciones?
Sí, eso es lo que te corresponde,
porque entre todos los sabios de las naciones
y en todos sus reinos,
no hay nadie como tú.
8 Todos ellos, por igual,
son estúpidos y necios:
vana es su enseñanza,
no son más que madera,
9 plata laminada traída de Tarsis
y oro de Ufaz,
obra de un orfebre, de las manos de un fundidor,
con vestiduras de púrpura y carmesí:
¡obra de artesanos es todo eso!
10 Pero el Señor es el Dios verdadero,
él es un Dios viviente y un Rey eterno.
Cuando él se irrita, la tierra tiembla
y las naciones no pueden soportar su enojo. (Jer 10)

Con estas profecías, rechazamos toda idolatría y adoración de falsos dioses creados por los
hombres.
¿Cómo debemos considerar la fabricación de imágenes religiosas, de Jesús, la
Virgen o los santos para venerar? Dado que Dios mismo quiso encarnarse y darnos una imagen
suya en Jesús (“quien me ve a mí ve al Padre” Jn 14,9), en el siglo VIII un concilio celebrado en Nicea
justificó el uso de las imágenes religiosas. “El honor dado a una imagen se remonta al modelo original”
(San Basilio).

La polémica con los fabricantes de ídolos aparece también en el Nuevo Testamento. Cuando San Pablo y
sus compañeros Gayo y Aristarco evangelizan Efeso, al cabo de dos años de predicación la fe cristiana
se extendió en la ciudad. Esto puso en peligro el culto a la diosa Artemisa, y la venta de sus imágenes. El
platero Demetrio hizo un encendido discurso contra los cristianos, porque  atentaban contra la religión del lugar
y contra su negocio. (Hech 19, 23ss)

EL CRISOL – LA PRUEBA

3 Hay un crisol para la plata y un horno para el oro, pero el que prueba los corazones es el Señor.
(Prov 17,3)

21 Hay un crisol para la plata y un horno para el oro, pero el hombre es apreciado por su reputación.
(Prov 27,21)

1 Hijo, si te decides a servir al Señor, prepara tu alma para la prueba.
2 Endereza tu corazón, sé firme, y no te inquietes en el momento de la desgracia.
3 Únete al Señor y no te separes, para que al final de tus días seas enaltecido.
4 Acepta de buen grado todo lo que te suceda, y sé paciente en las vicisitudes de tu humillación.
5 Porque el oro se purifica en el fuego, y los que agradan a Dios, en el crisol de la humillación.
6 Confía en él, y él vendrá en tu ayuda, endereza tus caminos y espera en él. (Eclesiástico cap. 2)

El apóstol Pedro usó el trabajo de un orfebre
como una ilustración de la prueba de la fe cristiana. “Para que la prueba de vuestra fe, mucho
más preciosa que el oro, el cual perece. . . sea hallada en alabanza, gloria y honra” (1 Ped. 1,7).
El apóstol describe a los antiguos orfebres que ponen su oro imperfecto en un crisol para
fundirlo. Cuando todas las impurezas salen a la superficie, el oro es desnatado. Cuando el
trabajador puede ver su cara reflejada claramente en la superficie del líquido fundido, lo saca del
fuego, sabiendo que ahora ha quedado solamente el oro puro.

Bibliografía: Usos y Costumbres de las tierras bíblicas, F. Wright

LA ESPADA

La espada es un arma blanca de dos filos que consiste básicamente en una hoja recta cortante, punzante —o con ambas características—, con empuñadura, y de cierta envergadura o marca (marca: aproximadamente a partir de medio metro).

Las antiguas espadas fueron de bronce, y luego, de hierro. En el pueblo de Israel, la técnica para fundir hierro y hacer espadas comienza a conocerse a partir del siglo X a.C. (coincide con la época en la cual David asciende al trono).

El simbolismo de la espada alude al poder de herir, y a la libertad, fuerza y posibilidad de hacerlo. Se la identifica como el arma de las altas dignidades y personas de jerarquía. Es, por excelencia, el arma del héroe. En algunos casos es tan importante que hasta tiene nombre propio, como la espada del rey Arturo: Excalibur.

Entre los romanos, la espada de hierro se asociaba con la fuerza de Marte, el dios de la guerra. Algunas representaciones del dios cananeo Baal lo muestran blandiendo la espada (tal vez asociando la espada con el rayo, ya que este Dios controlaba los fenómenos celestes).

La espada de la dama de la Justicia simboliza la aplicación estricta de la justicia en una manera neutra, que implica decisiones legales. Es el símbolo de la valentía para luchar por una causa justa.

Algunas expresiones donde aparece simbólicamente la espada: estar entre la espada y la pared (tener que decidir en una situación peligrosa o comprometida); tener encima la espada de Damocles (verse urgido a tomar una resolución, en  peligro).

Los dioses guerreros

Los dioses de la “fuerza” llegan a incorporar también, en casi todos los casos, la función de la guerra. La asociación simbólica se hace justamente por la hierofanía de la fuerza. Son dioses de la guerra Enlil (sumerio), Baal (cananeo), y también Marduk (babilónico) que en el mito de la creación aparece llevando armas y combatiendo contra otros dioses y diosas. En este contexto debe entenderse la “guerra santa” y las aclamaciones a Yavé “guerrero”, “señor de los ejércitos”, como encontramos en el epinicio de Ex 15:

“Cantaré al Señor, que se ha cubierto de gloria:

él hundió en el mar los caballos y los carros.

2 El Señor es mi fuerza y mi protección,

él me salvó.

Él es mi Dios y yo lo glorifico,

es el Dios de mi padre y yo proclamo su grandeza.

3 El Señor es un guerrero,

su nombre es ‘Señor’.

4 Él arrojó al mar los carros del Faraón y su ejército,

lo mejor de sus soldados se hundió en el Mar Rojo.

5 El abismo los cubrió,

cayeron como una piedra en lo profundo del mar.

6 Tu mano, Señor, resplandece por su fuerza,

tu mano, Señor, aniquila al enemigo. (Ex 15,1-6)

Es el Señor que lucha por Israel, y no al revés: Y exclamaron los egipcios: Huyamos de Israel, porque Yavé pelea por ellos contra los egipcios. (Ex 14,25)

En el contexto politeísta, la guerra entre pueblos se entendía como la guerra entre dioses. Lo que ocurría en la tierra era una reproducción de lo que ocurría en el cielo. La guerra estaba justificada porque era un combate entre las potencias divinas.

Cuando el pueblo de Dios llega al monoteísmo, se vuelve imposible justificar la guerra santa. Si Dios es Dios de todo el universo, no tiene que pelear contra otras figuras que le disputen su poder. Por lo tanto, los seres humanos aquí en la tierra, que son todos hijos e hijas de un único Padre, no tienen ya justificativo para pelear unos contra otros.

Yo les digo: Amen a sus enemigos y recen por los que los persiguen, para que sean hijos de su Padre celestial, que hace salir el sol sobre buenos y malos, y llover sobre justos e injustos.  Palabras de Jesús en Mateo cap. 5 vers. 44-45

David, vencedor sin espada propia

32 David dijo a Saúl: “No hay que desanimarse a causa de ese; tu servidor irá a luchar contra el filisteo”. 33 Pero Saúl respondió a David: “Tú no puedes batirte con ese filisteo, porque no eres más que un muchacho, y él es un hombre de guerra desde su juventud”. 34 David dijo a Saúl: “Tu servidor apacienta el rebaño de su padre, y siempre que viene un león o un oso y se lleva una oveja del rebaño, 35 yo lo persigo, lo golpeo y se la arranco de la boca; y si él me ataca, yo lo agarro por la quijada y lo mato a golpes. 36 Así he matado leones y osos, y ese filisteo incircunciso será como uno de ellos, porque ha desafiado a las huestes del Dios viviente”. 37 Y David añadió: “El Señor, que me ha librado de las garras del león y del oso, también me librará de la mano de ese filisteo”. Entonces Saúl dijo a David: “Ve, y que el Señor esté contigo”.

 

38 Saúl vistió a David con su propia indumentaria, le puso en la cabeza un casco de bronce y lo cubrió con una coraza. 39 Después, David se ciñó la espada de Saúl por encima de su indumentaria, e hizo un esfuerzo para poder caminar, porque no estaba entrenado. Entonces David dijo a Saúl: “No puedo caminar con todas estas cosas porque no estoy entrenado”. Y David se las quitó. 40 Luego tomó en la mano su bastón, eligió en el torrente cinco piedras bien lisas, las puso en su bolsa de pastor, en la mochila, y con la honda en la mano avanzó hacia el filisteo. (1 Sam 17,32-40)

El rey Saúl entrega a David las armas para el combate: casco, coraza y espada. David no puede usarlas, porque esas no son sus armas. Las armas de Saúl son las mismas que usan los filisteos, y no es esa equiparación de fuerzas la que hará posible la victoria y la liberación del peligro enemigo. Usar esas armas implica no confiar en Yavé; usar esas armas significaría que David va a enfrentar al enemigo con las posibilidades humanas y terrenas. Pero frente a este enemigo es necesaria otra fortaleza.

Por eso David prefiere ir al combate con sus propias armas, las que Dios le ha confiado para defenderse del león y del oso.

El relato puede parecer romántico y utópico; sin embargo, ese sigue siendo el desafío. La actitud de David consiste en deponer la posibilidad de pelearle al enemigo “con las mismas armas”, “equiparando las fuerzas”. David depone ese recurso para confiar en Dios y en los instrumentos que Dios puso en sus manos, en su vida cotidiana, para salir adelante en los peligros.

 No pienses entonces: “Mi propia fuerza y el poder de mi brazo me han alcanzado esta prosperidad”.  Acuérdate del Señor, tu Dios, porque él te da la fuerza necesaria para que alcances esa prosperidad, a fin de confirmar la alianza que juró a tus padres, como de hecho hoy sucede (Dt 8,17-18).

La Palabra de Dios, espada afilada

Una espada penetra, abre, divide, corta, deja ver lo que hay adentro. Por eso, la espada es también símbolo de la Palabra de Dios, que llega hasta el fondo de los corazones y deja al descubierto lo que hay allí. La espada trae discernimiento, porque separa y expone el interior. Asociada al simbolismo de la justicia, representa también la palabra que juzga. Por eso, en la visión de Jesucristo Resucitado en el Apocalipsis, El aparece como el juez que va a juzgar a los reinos de este mundo, y de su boca sale una espada afilada:

12 Me di vuelta para ver de quién era esa voz que me hablaba, y vi siete candelabros de oro, 13 y en medio de ellos, a alguien semejante a un Hijo de hombre, revestido de una larga túnica que estaba ceñida a su pecho con una faja de oro. 14 Su cabeza y sus cabellos tenían la blancura de la lana y de la nieve; sus ojos parecían llamas de fuego; 15 sus pies, bronce fundido en el crisol; y su voz era como el estruendo de grandes cataratas. 16 En su mano derecha tenía siete estrellas; de su boca salía una espada de doble filo; y su rostro era como el sol cuando brilla con toda su fuerza.(Ap 1,12-16)

11 Luego vi el cielo abierto y apareció un caballo blanco. Su Jinete se llama «Fiel» y «Veraz»; él juzga y combate con justicia. 12 Sus ojos son como una llama ardiente y su cabeza está cubierta de numerosas diademas. Lleva escrito un nombre que solamente él conoce 13 y está vestido con un manto teñido de sangre. Su nombre es: «La Palabra de Dios». 14 Lo siguen los ejércitos celestiales, vestidos con lino fino de blancura inmaculada y montados en caballos blancos. 15 De su boca sale una espada afilada, para herir a los pueblos paganos. Él los regirá con un cetro de hierro y pisará los racimos en la cuba de la ardiente ira del Dios todopoderoso. 16 En su manto y en su muslo lleva escrito este nombre: Rey de los reyes y Señor de los señores. (Ap 19,11-16)

¿Cómo entender las palabras de Simeón a María, la madre del Señor? Jesús ha venido para traer un juicio, un discernimiento; la llegada de Jesús producirá la gran división dentro de Israel. Y María misma, como discípula, tendrá también que hacer este discernimiento en base a la Palabra.

4 Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: «Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, 35 y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos». (Lc 2,34-35)

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