Cielo y Astros

LAS ESTRELLAS
símbolo del pueblo de Dios

La gloria de las estrellas es la hermosura del cielo,
un adorno luminoso en las alturas del Señor:

por la palabra del Santo
se mantienen en orden
y no abandonan sus puestos de guardia.

(Eclesiástico 43,9-10)

Destellos091213star¡Aleluya!

¡Alabad a Yavé desde los cielos,

alabadle en las alturas,

alabadle, ángeles suyos todos,

todas sus huestes, alabadle!

¡Alabadle, sol y luna,

alabadle todas las estrellas de luz,

alabadle, cielos de los cielos,

y aguas que estáis encima de los cielos!

(Salmo 148)

El hombre del antiguo oriente era sensible a la presencia de los astros. Sus ciclos regulares le permitían medir el tiempo y establecer su calenda­rio. Ese interés que tenían por los astros los llevaba a observarlos metódi­camente. Egipcios y mesopotámicos eran reconocidos por sus conoci­mientos astronómicos.

Los astros luminosos se les aparecían como la manifestación de poderes sobrenaturales que dominaban a la humanidad y determinaban su destino. A esas potencias el hombre rendía culto para asegurarse su favor.

La divinización de los astros, muy corriente en el antigo oriente próximo, siempre representó un peligro para la fe monoteísta. Por eso la Biblia señala constantemente que los astros fueron creados por Dios al servicio del hombre, sin capacidad para regir su destino, ya que Dios ha dado al ser humano el libre albedrío.

14 Dios dijo: “Que haya astros en el firmamento del cielo para distinguir el día de la noche; que ellos señalen las fiestas, los días y los años, 15 y que estén como lámparas en el firmamento del cielo para iluminar la tierra”. Y así sucedió. 16 Dios hizo los dos grandes astros –el astro mayor para presidir el día y el menor para presidir la noche– y también hizo las estrellas. 17 Y los puso en el firmamento del cielo para iluminar la tierra, 18 para presidir el día y la noche, y para separar la luz de las tinieblas. Y Dios vio que esto era bueno. 19 Así hubo una tarde y una mañana: este fue el cuarto día. (Gén 1,14-19)

Las estrellas, símbolo del pueblo de Dios

 

Las innumerables estrellas en el cielo se convierten en símbolo de la futura descendencia de Abram:

1 Después de estos acontecimientos, la palabra del Señor llegó a Abrám en una visión, en estos términos:

1“No temas, Abrám. Yo soy para ti un escudo. Tu recompensa será muy grande”.

2 “Señor, respondió Abrám, ¿para qué me darás algo, si yo sigo sin tener hijos, y el heredero de mi casa será Eliezer de Damasco?”. 3 Después añadió: “Tú no me has dado un descendiente, y un servidor de mi casa será mi heredero”. 4 Entonces el Señor le dirigió esta palabra: “No, ese no será tu heredero; tu heredero será alguien que nacerá de ti”. 5 Luego lo llevó afuera y continuó diciéndole: “Mira hacia el cielo y, si puedes, cuenta las estrellas”. Y añadió: “Así será tu descendencia”. (Gén 15,1-5)

Con el resplandor de la estrellas brillarán los justos en la resurrección:

En aquel tiempo,

1 será liberado tu pueblo:

1 todo el que se encuentre inscrito en el Libro.

2 Y muchos de los que duermen en el suelo polvoriento

2 se despertarán, unos para la vida eterna,

2 y otros para la ignominia, para el horror eterno.

3 Los hombres prudentes resplandecerán

3 como el resplandor del firmamento,

3 y los que hayan enseñado a muchos la justicia

3 brillarán como las estrellas, por los siglos de los siglos. (Daniel 12,1-3)

Y se abrió el Santuario de Dios en el cielo, y apareció el Arca de su Alianza en el Santuario, y se produjeron  relámpagos, y fragor, y truenos, y temblor de tierra y fuerte granizada.

Una gran señal apareció en el cielo: una mujer vestida de sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza. Está embarazada, y grita con los dolores del parto y con el tormento de dar a luz. (Ap 11,19-12,2)

El Apocalipsis presenta como “señal” a la mujer vestida de sol con la luna a sus pies. Ella está coronada con doce estrellas. Siempre el número 12 hace referencia a todo el pueblo de Dios reunido, donde se congregan las 12 tribus y los 12 apóstoles. Particularmente, en uno de los sueños de José, éste ve a sus hermanos, jefes de tribus, como estrellas:  Resulta que el sol, la luna y once estrellas se inclinaban ante mí (Gén 37,9).

Esta mujer puede representar a la comunidad mesiánica, la “hija de Sión” que sufre los dolores de parto hasta el alumbramiento del Mesías. También podemos ver en ella a María, la mujer que pasó en esta tierra el combate contra el dragón y nos anticipa el triunfo escatológico.

 

Advocación de María como “stella maris”, estrella del mar:

 

“Digamos algo sobre este nombre, “estrella del mar”, que se adapta admirablemente a la Virgen María. Ella es aquella noble estrella nacida de Jacob, cuyos rayos iluminan el orbe, cuyo esplendor brilla en las alturas y penetra en los abismos. ¡Oh tú, quienquiera que seas, que en la impetuosa corriente de este siglo, más te ves fluctuar entre borrascas y tempestades que andar por tierra, no apartes los ojos del resplandor de esta estrella!

San Bernardo Abad, 1090-1153; Homilía II

 

En los íconos se suele representar a María con tres estrellas: una en la frente y una sobre cada hombro. Así se simboliza la triple virginidad: antes, durante y después del parto.

 

 

Las estrellas en el mensaje apocalíptico

 

La manifestación gloriosa del Hijo del hombre, Mc 13,24-27

24 En ese tiempo, después de esta tribulación, el sol se oscurecerá, la luna dejará de brillar, 25 las estrellas caerán del cielo y los astros se conmoverán. 26 Y se verá al Hijo del hombre venir sobre las nubes, lleno de poder y de gloria. 27 Y él enviará a los ángeles para que congreguen a sus elegidos desde los cuatro puntos cardinales, de un extremo al otro del horizonte.

 

La venida del Hijo del Hombre conmocionará todo el universo. Este mundo pasará, y por eso, aún lo que parece inmutable en su ciclo, como los astros, ya no ocupará su lugar. Llega un mundo nuevo y un tiempo nuevo.

 

 

El significado de los Magos y la estrella

(Raymond Brown, Un Cristo adulto en Navidad, Ed. San Pablo)

EstremsgLa estrella como señal del Mesías Rey aparece en la profecía en la cual el profeta Balaam, obligado por un rey enemigo a maldecir a Israel, en lugar de hacer esto, lo bendice:

¡Qué hermosas son tus tiendas, Jacob,

y tus moradas, Israel!

Como valles espaciosos,

como jardines a la vera del río,

como áloes que plantó Yavé,

como cedros a la orilla de las aguas.

Sale un héroe de su descendencia

domina sobre pueblos numerosos.

Se alza un rey por encima de Agag,

se ensalza su reinado.

Lo veo, aunque no para ahora,

lo diviso, pero no de cerca:

de Jacob avanza una estrella,

un cetro surge de Israel. (Núm 24, vv.6-7.17)

1 Cuando nació Jesús, en Belén de Judea, bajo el reinado de Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén 2 y preguntaron: «¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos su estrella en Oriente y hemos venido a adorarlo». 3 Al enterarse, el rey Herodes quedó desconcertado y con él toda Jerusalén. 4 Entonces reunió a todos los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo, para preguntarles en qué lugar debía nacer el Mesías. 5 «En Belén de Judea, le respondieron, porque así está escrito por el Profeta:

6 Y tú, Belén, tierra de Judá,

6 ciertamente no eres la menor

6 entre las principales ciudades de Judá,

6 porque de ti surgirá un jefe

6 que será el Pastor de mi pueblo, Israel».

7 Herodes mandó llamar secretamente a los magos y después de averiguar con precisión la fecha en que había aparecido la estrella, 8 los envió a Belén, diciéndoles: «Vayan e infórmense cuidadosamente acerca del niño, y cuando lo hayan encontrado, avísenme para que yo también vaya a rendirle homenaje». 9 Después de oír al rey, ellos partieron. La estrella que habían visto en Oriente los precedía, hasta que se detuvo en el lugar donde estaba el niño. 10 Cuando vieron la estrella se llenaron de alegría, 11 y al entrar en la casa, encontraron al niño con María, su madre, y postrándose, le rindieron homenaje. Luego, abriendo sus cofres, le ofrecieron dones: oro, incienso y mirra. 12 Y como recibieron en sueños la advertencia de no regresar al palacio de Herodes, volvieron a su tierra por otro camino. (Mt 2,1-12)

Dios se reveló a los paganos a través de la naturaleza (cf. Rom 1,19-20; 2,14-15), y así en el evangelio los Magos reciben una revelación mediante la astrología: la estrella del nacimiento vinculada al rey de los judíos les trae la buena noticia de la salvación. Esta es una revelación imperfecta: porque aunque los informa del nacimiento, no  les dice dónde pueden hallar al rey de los judíos. El secreto último de su paradero está depositado en la revelación especial de Dios a Israel, en la Escrituras. Los paganos iban a adorar (cf. Is 49,23; 60,6; Sal 72, 10-15); pero debían aprender de los judíos la historia de la salvación.

Dios se nos ha hecho presente en la ida de un hombre que caminó en esta tierra; tan presente, que ese hombre es su propio Hijo. Esta revelación resulta ofensiva  y contradictoria para algunos, pero es salvación para quienes tienen ojos para ber. De estos últimos, los magos son realmente los adelantados, la anticipación de todos aquellos que vendrían a adorar el Jesús resucitado proclamado por los apóstoles. El Libro de los Números 24,17 presentó a Balaam como uno del Oriente que podía decir “Lo veo, pero no ahora”, dado que la estrella no se elevaría de Jacob hasta el tiempo de David. Así, los magos del evangelio de Mateo, al ver elevarse la estrella del Rey de los Judíos, ven (pero no ahora) a aquel cuyo reinado no sería visible históricamente sino hasta que hubiera sido colgado en la cruz bajo el título El Rey de los Judíos y que no sería comunicable hasta que hubiera sido elevado a la derecha de Dios mediante la resurrección.

Leer más sobre la estrella de Belén y los magos: La alegría de la Estrella.

* * *

Destellos Cotidianos, Lunes 3 de diciembre de 2012

EL RAYO
 señal de la velocidad y el poder del Hijo del Hombre

Destellos0312rayoRayo: chispa eléctrica que se desprende de una nube.

Relámpago: resplandor vivísimo que produce el rayo./ Cosa que pasa con suma ligereza.

Trueno: ruido fuerte que acompaña al relámpago.

Al igual que en el caso de la lluvia y la nieve, un primer nivel simbólico del rayo se vincula a la idea de “algo que cae del cielo”, con lo cual permite la conexión entre lo celeste y lo terrestre, entre lo divino y lo humano. Sin embargo, en este último fenómeno, se aprecian dimensiones que están ausentes en la lluvia y la nieve, y eso lo resemantiza desde su simbólica.

La principal de ellas es la luz: el rayo no es algo más que desciende, sino que es una luz que lo hace. Y es una luz que, como los hombres antiguos muy bien ya sabían, puede provocar incendios. Eso hizo, desde tiempos remotos, que el rayo – y también el relámpago – fueran temidos, reverenciados y admirados como manifestación activa de poderes celestiales de claro signo masculino, tal como lo es el elemento fuego.

En la mitología griega, los rayos son forjados por Hefesto (Vulcano, entre los romanos), dios de la fragua y el fuego, y luego entregados como atributo a la deida suprema del panteón: Zeus en el primer caso, Júpiter en el segundo. Los tres rayos de Zeus simbolizan el azar, el destino y la providencia.

Baal, dios cananeo, señor de los rayos y las tormentas, es también un dios guerrero. Se lo representa con un rayo en su mano, como si estuviera blandiendo una espada.

Entre los incas, el rayo, el relámpago y el trueno también son patrimonio de una divinidad masculina: Illapa, el dios de la batalla.

(Bibliografía: Rosa Aquino, Diccionario de Símbolos, Ed. Pluma y Papel)

El rayo, manifestación cósmica de Dios

En las teofanías (manifestación de Dios) aparecen rayos, junto con otros fenómenos de la naturaleza. Así se quiere indicar que la presencia de Dios conmueve todo el mundo creado.

Los rayos, relámpagos y truenos eran enviados por Dios y manifestaban su presencia y su intervención en el mundo.

Al tercer día, al rayar el alba, hubo truenos y relámpagos y una densa nube sobre el monte y un poderoso resonar de trompeta; y todo el pueblo que estaba en el campamento se echó a temblar. Entonces Moisés hizo salir al pueblo del campamento para ir al encuentro de Dios, y se detuvieron al pie del monte. Todo el Sinaí humeaba, porque Yavé había descendido sobre él en fuego. Subía el humo como de un horno, y todo el monte retemblaba con violencia. El sonar de la trompeta se hacía cada vez más fuerte: Moisés hablaba y Dios le respondía con el trueno.

Ex 19,16-20

Yo miré: vi un viento huracanado que venía del norte, una gran nube con fuego fulgurante y resplandores en torno, y en medio como el fulgor del relámpago (electro) en medio del fuego.

Ez 1,6

Merece una especial mención el Salmo 29 (28). El elemento más importante en este himno es la voz de Dios, que se manifiesta en el trueno. Consideremos que la palabra de Dios juega un papel crucial en toda la historia de salvación: Dios habla y los seres humanos responden a esa voz, poniéndose en movimiento. Cuando esa voz quiere manifestarse con poder, lo hace en el sonido del trueno (cf. Jn 12,28-29).

El cielo es un gran interrogante para Job
El cielo es un gran interrogante para Job

En el salmo observamos acciones propias de una tormenta, con todos sus tremendos sonidos, y más específicamente la acción de los rayos que “desguazan los cedros del Líbano” o “lanzan llamaradas” (pensemos en los incendios producidos por rayos).

Muchos estudiosos sostienen que este salmo surgió como una forma de contrarrestar el culto a Baal. Sólo Yavé es el verdadero Señor de las fuerzas de la naturaleza, y las utiliza para manifestarse y realizar su plan.

¡Rendid a Yavé, hijos de Dios,

rendid a Yavé gloria y poder!

Rendid a Yavé la gloria de su nombre,

postraos ante Yavé en esplendor sagrado.

Voz de Yavé sobre las aguas,

el Dios de la gloria truena,

¡es Yavé, sobre las muchas aguas!

Voz de Yavé con fuerza,

voz de Yavé con majestad.

Voz de Yavé que desgaja los cedros,

Yavé desgaja los cedros del Líbano,

hace brincar como un novillo al Líbano,

y al Sarión como cría de búfalo.

Voz de Yavé que afila llamaradas.

Voz de Yavé que sacude el desierto,

sacude Yavé el desierto de Cadés.

Voz de Yavé que estremece las encinas,

y las selvas descuaja,

mientras todo en su templo dice: ¡Gloria!

Yavé se sentó para el diluvio,

Yavé se sienta como rey eterno.

Yavé da el poder a su pueblo,

Yavé bendice a su pueblo con la paz.

La señal del Hijo del Hombre

El tiempo del Adviento nos exhorta a estar vigilantes y atentos, porque no sabemos en qué momento Jesucristo volverá para instaurar definitivamente el Reino, en su segunda venida.

Estos son algunos  pasajes bíblicos que se leen en  tiempo de Adviento:

Entonces si alguno os dice: Mirad, el Cristo está aquí o ahí, no lo creáis. Porque surgirán falsos cristos y falsos profetas, que harán grandes señales y prodigios, capaces de engañar, si fuera posible, a los mismos elegidos. ¡Mirad que os lo he predicho!

Así que si os dicen: “Está en el desierto”, no salgáis; “está en los aposentos”, no lo creáis. Porque como el relámpago sale por oriente y brilla hasta occidente, así será la venida del Hijo del Hombre.

Mt 24,23-27

Las palabras de Jesús señalan una de las características del relámpago: es un instante. Así, con velocidad y con poder, con una luz fulgurante que lo ilumina todo, de una punta a la otra del universo, así será la llegada de Jesucristo, definitiva y abarcadora de toda la humanidad.

Con la rapidez del rayo. Por eso, porque no sabemos cuándo, y para que no nos tome de sorpresa, estemos preparados, atentos y vigilantes.

El rayo, como manifestación cósmica presente en las teofanías del Antiguo Testamento, aparece en la gran manifestación de Dios que es la Resurrección de su Hijo:

Pasado el sábado, al alborear el primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a ver el sepulcro. De pronto se produjo un gran terremoto, pues el Angel del Señor bajó del cielo, y acercándose, hizo rodar la piedra y se sentó encima de ella. Su aspecto era como el relámpago y su vestido blanco como la nieve.

Mt 28,1-3

Destellos Cotidianos, lunes 30 de julio de 2012

LOS ASTROS

La gloria de las estrellas es la hermosura del cielo,
un adorno luminoso en las alturas del Señor:

por la palabra del Santo
se mantienen en orden
y no abandonan sus puestos de guardia.

(Eclesiástico 43,9-10)

El hombre del antiguo oriente era sensible a la presencia de los astros. Sus ciclos regulares le permitían medir el tiempo y establecer su calenda­rio. Ese interés que tenían por los astros los llevaba a observarlos metódi­camente. Egipcios y mesopotámicos eran reconocidos por sus conoci­mientos astronómicos. También en América, mayas, aztecas e incas desarrollaron estudios astronómicos y fijaron rigurosos calendarios para fiestas y rituales.

Los orígenes de la astrología se mezclan con los de la astronomía, ya que prácticamente todas las civilizaciones han acudido a los astros tratando de averiguar el destino de los seres humanos.

La astrología, tal y como se la conoce en la actualidad, fue creada en Babilonia hace más de cuatro milenios. Se trataba de una mezcla de religión, ciencia y creencias. La parte científica estudiaba la evolución de los astros a lo largo del tiempo, y detectaba y determinaba la concurrencia de ciertos eventos. La parte religiosa intentaba determinar relaciones entre los eventos cósmicos y los sucesos terrenales como la caída de reyes o resultados de batallas.

La armonía de las esferas es una antigua teoría de origen pitagórico, basada en la idea de que el universo está gobernado según proporciones numéricas armoniosas y que el movimiento de los cuerpos celestes según la representación geocéntrica del universo — el Sol, la Luna y los planetas — se rige según proporciones musicales; las distancias entre planetas corresponderían, según esta teoría, a los intervalos musicales.1

La expresión griega harmonia tou kosmou se traduce como «armonía del cosmos» o «música universal»; la palabra armonía se entiende aquí por las buenas proporciones entre las partes y el todo.

Se atribuye a Pitágoras el descubrimiento de la relación entre el tono de la nota musical y la longitud de la cuerda que lo produce: el tono de la nota de una cuerda está en proporción con su longitud. En la teoría conocida como «la armonía de las esferas», Pitágoras propone que el Sol, la Luna y los planetas emiten un único zumbido basado en su revolución orbital, y que la cualidad de la vida en la Tierra refleja el tenor de los sonidos celestiales que son imperceptibles para el oído humano.

Los astros en la Biblia

La divinización de los astros, muy corriente en el antigo oriente próximo, siempre representó un peligro para la fe monoteísta. Por eso la Biblia señala constantemente que los astros fueron creados por Dios al servicio del hombre, sin capacidad para regir su destino, ya que Dios ha dado al ser humano el libre albedrío. SE rechaza cualquier tipo de consulta astrológica: Levítico 19,26-31 y Dt 18,9-13.

Dios dijo: “Que haya astros en el firmamento del cielo para distinguir el día de la noche; que ellos señalen las fiestas, los días y los años, y que estén como lámparas en el firmamento del cielo para iluminar la tierra”. Y así sucedió. Dios hizo los dos grandes astros –el astro mayor para presidir el día y el menor para presidir la noche– y también hizo las estrellas. Y los puso en el firmamento del cielo para iluminar la tierra, para presidir el día y la noche, y para separar la luz de las tinieblas. Y Dios vio que esto era bueno. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el cuarto día. (Gén 1,14-19)

El sol, la luna y las estrellas, están puestos en el cielo al servicio de Dios y del hombre. Con los astros se puede fijar el calendario, y en él, la celebración de las fiestas religiosas, tan importantes en la vida de un pueblo. Iluminan para que el ser humano pueda desarrollar las obras buenas, las obras de la luz.

Salmo 8

1 Del maestro de coro. Con la cítara de Gat. Salmo de David.

2 ¡Señor, nuestro Dios,

qué admirable es tu Nombre en toda la tierra!

Tú, que afirmaste tu majestad sobre el cielo,

3 con la alabanza de los niños

y de los más pequeños,

erigiste una fortaleza contra tus adversarios

para reprimir al enemigo y al rebelde.

4 Al ver el cielo, obra de tus manos,

la luna y la estrellas que has creado:

5 ¿qué es el hombre para que pienses en él,

el ser humano para que lo cuides?

6 Lo hiciste poco inferior a los ángeles,

lo coronaste de gloria y esplendor;

7 le diste dominio sobre la obra de tus manos,

todo lo pusiste bajo sus pies:

8 todos los rebaños y ganados,

y hasta los animales salvajes;

9 las aves del cielo, los peces del mar

y cuanto surca los senderos de las aguas.

10 ¡Señor, nuestro Dios,

qué admirable es tu Nombre en toda la tierra!

 

Los astros se conmoverán

Domingo 18 de noviembre

DOMINGO 33° DURANTE EL AÑO.

& Dn 12, 1-3; Sal 15, 5. 8-11; Heb 10, 11-14. 18; Mc 13, 24-32.

“En ese tiempo, después de esta tribulación, el sol se oscurecerá, la luna dejará de brillar,  las estrellas caerán del cielo y los astros se conmoverán. 26 Y se verá al Hijo del hombre venir sobre las nubes, lleno de poder y de gloria. 27 Y él enviará a los ángeles para que congreguen a sus elegidos desde los cuatro puntos cardinales, de un extremo al otro del horizonte.

Aprendan esta comparación, tomada de la higuera: cuando sus ramas se hacen flexibles y brotan las hojas, ustedes se dan cuenta de que se acerca el verano.  Así también, cuando vean que suceden todas estas cosas, sepan que el fin está cerca, a la puerta.  Les aseguro que no pasará esta generación, sin que suceda todo esto.  El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.  En cuanto a ese día y a la hora, nadie los conoce, ni los ángeles del cielo, ni el Hijo, nadie sino el Padre.

Tengan cuidado y estén prevenidos, porque no saben cuándo llegará el momento.  Será como un hombre que se va de viaje, deja su casa al cuidado de sus servidores, asigna a cada uno su tarea, y recomienda al portero que permanezca en vela.  Estén prevenidos, entonces, porque no saben cuándo llegará el dueño de casa, si al atardecer, a medianoche, al canto del gallo o por la mañana.  No sea que llegue de improviso y los encuentre dormidos.  Y esto que les digo a ustedes, lo digo a todos: ¡Estén prevenidos!”.

(Mc 13,24-32.33-37)

Comentario al texto bíblico:

Por fin llega la manifestación del Hijo del Hombre. Ahora la descripción asume el lenguaje de las visiones apocalípticas: el sol se oscurece, la luna pierde su resplandor. Los astros mayores, creados para iluminar y señalar los tiempos y las solemnidades, ya no cumplen su función. Así entramos en un mundo nuevo, en otra historia. Si los astros del cielo, que tienen una función tan específica y son símbolo de la estabilidad del mundo, dejan de actuar, quiere decir que se trta de una transformación más radical. Las estrellas caen del cielo. Hoy sabemos que, si una sola estrella cayera sobre la tierra, esta quedaría totalmente destruida. Imaginemos qué sucedería si caen todas. Sin embargo, se supone que luego los hombres siguen en la tierra para contemplar un espectáculo hermoso: la llegada del Hijo del Hombre.

El Hijo del Hombre que llega con gran esplendor es una imagen tomada de Dn 7,13. Su venida es gloriosa, es decir, manifiesta la presencia poderosa y misericordiosa de Dios. Con él llegan los ángeles, seres de la corte celestial que proclaman su gloria en el cielo y en la tierra. La parusía o venida final del Hijo del Hombre reúne a sus elegidos, su pueblo, para que estén siempre con él. El fin del mundo, la llegada de la escatología [fin de los tiempos] no ha sido una catástrofe, como se la imagina habitualmente, sino un momento maravilloso de luz y de encuentro.

(…) Por último hay una llamada a estar alerta. No sabemos cuándo sobrevendrá el fin. Por eso debemos estar en la actitud de los buenos servidores, dispuestos a salir al encuentro inmediatamente, apenas seamos llamados.

Finalmente, está la famosa claúsula: De aquel día y de aquella hora nadie sabe nada, ni los ángeles en el cielo, ni el Hijo, sino solo el Padre.El misterio permanece, pero en medio del misterio debe permanecer firme nuestra esperanza.

Sergio Briglia, Evangelio según San Marcos, en Comentario Bíblico Latinoamericano, Ed. Verbo Divino

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EL CIELO

“CIELO” designa el firmamento, la bóveda celeste que domina la tierra y al mismo tiempo lo abraza todo. En la simbólica general el cielo es una manifestación directa de la trascendencia, el poder, la perennidad y lo sagrado, lo que ningún ser vivo de la tierra puede alcanzar. Debido al movimiento de los astros, el cielo es también símbolo del orden universal, y por lo tanto, de la ley.

“El cielo pude convertirse naturalmente en símbolo de lo sagrado, bajo la modalidad de trascendencia, infinitud, inmutabilidad.  El cielo “es así”, y su sola contemplación suscita la “memoria” de la finitud humana con la nostalgia concomitante de lo infinito, poderoso y eterno. Es difícil encontrar una cultura donde no exista alguna forma de Dios uráneo [del griego “ouranós”:cielo].

Incontables mitos y rituales exploran en este simbolismo del cielo hierofánico [que manifiesta lo sagrado].

Los dioses uránicos son creadores, conservadores del cosmos, garantes de su estabilidad; significan el poder trascendente, la última instancia de apelación, la justicia y el derecho inmutables. El simbolismo del cielo “atrapa” el de la luz y toda forma de luminosidad (los astros están en el cielo). De ahí el tributo de la omnisciencia que a menudo tienen las divinidades uráneas.

En hebreo la palabra cielos se encuentra siempre en plural: shamayim.

Dios crea el firmamento separando las aguas (ayim) de arriba de las aguas de abajo: Génesis 1,6-7.

Aguas de arriba y aguas de abajo
Aguas de arriba y aguas de abajo

Los cielos son la morada de Dios (Salmos 8; 19; 104) , la tierra es el lugar de los vivos, y el sheol es el lugar de los muertos (Sal 6,6; 16,10). En este sentido de sheol debemos interpretar la expresión “descendió a los infiernos”: Rom 10,7; 1 Ped 4,6; Ap 1,18.

¿Qué percibe el hombre en los cielos? Job 38,1-35. El hombre no conoce, y por lo tanto, no domina. El pecado de los hombres al construir la torre de Babel fue pretender llegar al cielo: Gén 11.

Personas a las cuales Dios arrebató a los cielos:

  • Henoc: Gén 5,24; Eclo 44,16; Heb 11,5-6
  • Elías: 2 Re 2,11; Eclo 48,1-11; Mt 17,9-13

Dios da el poder al hijo del hombre: Dn 7

La expresión “Reino de los Cielos” equivale a “Reino de Dios”. Se usaba para no mencionar el nombre divino.

Jesús nos habla del Padre que está en los cielos: Mt 5,45; 6,9.

Sólo el que viene de los cielos nos puede transmitir la experiencia del Padre: Jn 3,3.12-13

Jesús viene de los cielos y vuelve a los cielos: Lc 24,50-53; Hech 1,6-11; Jn 20,17. Esto es lo que celebramos el domingo 20 de mayo, Solemnidad de la Ascensión del Señor. Ese día rezamos este salmo:

Sal 46, 2-3. 6-9

R. El Señor asciende entre aclamaciones. O bien: Aleluya.

El cielo triunfal de Apocalipsis cap. 4
El cielo triunfal de Apocalipsis cap. 4

Aplaudan, todos los pueblos, aclamen al Señor con gritos de alegría; porque el Señor, el Altísimo, es temible, es el soberano de toda la tierra. R.

El Señor asciende entre aclamaciones, asciende al sonido de trompetas. Canten, canten a nuestro Dios, canten, canten a nuestro Rey. R.

El Señor es el Rey de toda la tierra, cántenle un hermoso himno. El Señor reina sobre las naciones el Señor se sienta en su trono sagrado. R.

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SOBRE LA LUNA: click aquí.

Los 24 ancianos ante el trono de Dios.
Los 24 ancianos ante el trono de Dios.
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