Camino – Sandalias

Destellos Cotidianos  Lunes 22 de julio de 2013

 

LAS SANDALIAS

 

Destellos2207sandLas sandalias se confeccionaban con una suela de madera o cuero, y un vegetal seco que se aseguraba al pie por medio de correas de cuero. Podían ser más cerradas dejando sólo los dedos al aire y tener más o menos correas para sujetarlas:

21 Entonces el rey de Sodoma dijo a Abrám: “Entrégame a las personas y quédate con los bienes”. 22 Pero Abrám le respondió: “Yo he jurado al Señor Dios, el Altísimo, creador del cielo y de la tierra, 23 que no tomaré nada de lo que te pertenece: ni siquiera el hilo o la correa de una sandalia. Así no podrás decir: ‘Yo enriquecí a Abrám’. 24 No quiero nada para mí, fuera de lo que mis servidores han comido. Solamente los hombres que me han acompañado, Aner, Escol y Mamré, recibirán su parte”. (Gén 14)

 

“Ponerse las sandalias” indica la actitud dispuesta  y pronta para salir a la calle, para ir a trabajar, o para emprender un camino o alguna acción:

 

Así aparece la indicación en la noche de la Pascua, en que los israelitas deben comer el cordero con las sandalias ya puestas, es decir, preparados y listos para la marcha que se avecina:

Deberán comerlo así: ceñidos con un cinturón, calzados con sandalias y con el bastón en la mano. Y lo comerán rápidamente: es la Pascua del Señor. (Ex 12,11)

 

El ángel que anuncia a Pedro, preso, su pronta liberación, le manda que se ponga las sandalias:

7 De pronto, apareció el Ángel del Señor y una luz resplandeció en el calabozo. El Ángel sacudió a Pedro y lo hizo levantar, diciéndole: «¡Levántate rápido!». Entonces las cadenas se le cayeron de las manos. 8 El Ángel le dijo: «Tienes que ponerte el cinturón y las sandalias», y Pedro lo hizo. Después le dijo: «Cúbrete con el manto y sígueme». 9 Pedro salió y lo seguía; no se daba cuenta de que era cierto lo que estaba sucediendo por intervención del Ángel, sino que creía tener una visión. (Hechos 12)

 

 

Así lo indica Jesús a los evangelizadores. En estas palabras, las sandalias indican el camino y la tarea, pero también se hace referencia a “quitarse el polvo de los pies”, para significar que nada de un lugar queda pegado.

 

Jesús recorría las poblaciones de los alrededores, enseñando a la gente. 7 Entonces llamó a los Doce y los envió de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus impuros. 8 Y les ordenó que no llevaran para el camino más que un bastón; ni pan, ni alforja, ni dinero; 9 que fueran calzados con sandalias y que no tuvieran dos túnicas. 10 Les dijo: «Permanezcan en la casa donde les den alojamiento hasta el momento de partir. 11 Si no los reciben en un lugar y la gente no los escucha, al salir de allí, sacudan hasta el polvo de sus pies, en testimonio contra ellos». 12 Entonces fueron a predicar, exhortando a la conversión; 13 expulsaron a muchos demonios y curaron a numerosos enfermos, ungiéndolos con óleo. (Mc 6)

 

La sandalia es un objeto que recoge suciedad, por eso es costumbre quitárselas al venir de la calle y sobre todo en un lugar sagrado (Ex 3,5; Jos 5,15).

 

Los pies de las mujeres en sus sandalias son exaltados por su belleza y poder de seducción:

 

¡Qué bellos son tus pies en las sandalias,

hija de príncipe!

Las curvas de tus caderas son como collares,

obra de las manos de un orfebre. (Cantar 7,2)

 

Se ajustó el cabello con una diadema,

se puso ropa de lino para seducirlo.

Sus sandalias deslumbraron los ojos del guerrero,

su hermosura le cautivó el corazón… (Jdt 16,8-9)

 

Todos estos sentidos que evocan las sandalias,  se contraponen a las imágenes de lo que provoca la bota militar, que indica el tiempo de guerra. Para hablar del tiempo mesiánico, Isaías anuncia que se acabará el taconeo de las botas:

 

Porque toda bota que taconea con ruido

y el manto empapado en sangre

serán para la quema, pasto para el fuego.

Porque una criatura nos ha nacido

un hijo se nos ha dado. (Is 9,4-5)

 

María Magdalena, calzada con sus sandalias

 

En las distintas ocasiones en que el evangelio menciona a María Magdalena, se destaca de ella que está caminando, siguiendo a Jesús. Esto hace de ella una discípula, ya que la definición de discípulo es “el que sigue a un maestro”.

 

 Después, Jesús recorría las ciudades y los pueblos, predicando y anunciando la Buena Noticia del Reino de Dios. Lo acompañaban los Doce  y también algunas mujeres que habían sido curadas de malos espíritus y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios;  Juana, esposa de Cusa, intendente de Herodes, Susana y muchas otras, que los ayudaban con sus bienes. (Lc 8,1-3)

 

 Había también allí algunas mujeres que miraban de lejos. Entre ellas estaban María Magdalena, María, la madre de Santiago el menor y de José, y Salomé,  que seguían a Jesús y lo habían servido cuando estaba en Galilea; y muchas otras que habían subido con él a Jerusalén. (Mc 15,40-41)

 

55 Las mujeres que habían venido de Galilea con Jesús siguieron a José, observaron el sepulcro y vieron cómo había sido sepultado. 56 Después regresaron y prepararon los bálsamos y perfumes, pero el sábado observaron el descanso que prescribía la Ley.

 

1 El primer día de la semana, al amanecer, las mujeres fueron al sepulcro con los perfumes que habían preparado. 2 Ellas encontraron removida la piedra del sepulcro 3 y entraron, pero no hallaron el cuerpo del Señor Jesús.

4 Mientras estaban desconcertadas a causa de esto, se les aparecieron dos hombres con vestiduras deslumbrantes. 5 Como las mujeres, llenas de temor, no se atrevían a levantar la vista del suelo, ellos les preguntaron: «¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? 6 No está aquí, ha resucitado. Recuerden lo que él les decía cuando aún estaba en Galilea: 7 “Es necesario que el Hijo del hombre sea entregado en manos de los pecadores, que sea crucificado y que resucite al tercer día”». 8 Y las mujeres recordaron sus palabras.

9 Cuando regresaron del sepulcro, refirieron esto a los Once y a todos los demás. 10 Eran María Magdalena, Juana y María, la madre de Santiago, y las demás mujeres que las acompañaban. Ellas contaron todo a los Apóstoles, 11 pero a ellos les pareció que deliraban y no les creyeron. (Lc 23,50 – 24,11)

 

El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada. Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto». (Jn 20,1-2)

 

Ella camina como discípula acompañando a Jesús en su tarea de anuncio del Reino. Con él, con los discípulos y con las otras mujeres discípulas, recorre el camino hasta Jerusalén. Llegados allí, ella y las mujeres lo siguen en todo el via crucis hasta el calvario.

Ellas también se mueven la mañana del domingo para ir hasta el sepulcro. Y es significativo el dato del evangelio según San Juan: María Magdalena no sólo camina, sino que corre, para llevar las noticias que se refieren a su Señor. Vemos en ella la actitud de quien está “con las sandalias puestas”, pronta y dispuesta para el camino, para la tarea, para salir.

 

“Sentía un afecto muy tierno por su maestro, y por eso, cuando el sábado hubo pasado, no podía soportar permanecer inactiva, sino que fue, al romper la mañana…” (San Juan Crisóstomo, homilía 85)

 

 

A ella le confía Jesús que vaya y anuncie la buena noticia de la Resurrección:

 

Jesús le dijo: «No me retengas, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: “Subo a mi Padre, el Padre de ustedes; a mi Dios, el Dios de ustedes”».  María Magdalena fue a anunciar a los discípulos que había visto al Señor y que él le había dicho esas palabras. (Jn 20,17-18)

EL CAMINO

“Se te ha declarado, hombre, lo que es bueno, lo que el Señor de ti reclama: tan sólo practicar la equidad y caminar humildemente con tu Dios.” (Miqueas 6,8).

 

El camino, como acto de caminar o como suelo por donde se camina, es una realidad que se presta mucho a sentidos figurados en todas las lenguas. Tenemos por ejemplo la expresión “el camino cierto” o “errado”, “no salir del camino”, “abrirse camino” (encontrar un medio de vida), “estar en camino”, “seguir el buen camino”, “quedarse a medio camino” (no terminar lo que se había comenzado), “ir por el mal camino” (tener una conducta inconveniente), etc.

En la Grecia clásica la vida se comparaba  a un camino y “camino de vida” significaba el modo de vivir según Platón. Se encuentra también la figura de “los dos caminos”, o de la virtud y el mal, figura que se prolonga en épocas posteriores en la filosofía popular y en la literatura cristiana.

 

En los orígenes: Gén 12,1-5

“andar con Dios”: Gén 6,9

El Exodo:

 

Las vías de comunicación del Antiguo Oriente

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La posición geográfica de Tierra Santa hace de ella un punto de paso obligado para todo el que quiera ir del norte al sur y viceversa; es incalculable el número de caravanas ricas en productos y ejércitos preparados para la guerra que durante los siglos han atravesado la región. Esta situación estratégica explica la compleja historia de Palestina, disputada ora por una potencia ora por otra, con el preciso objetivo de controlar todos los movimientos que se desarrollaban entre Egipto y Mesopotamia. La naturaleza montañosa de Palestina ha tenido un peso determinante en la construcción de las antiguas vías de comunicación. Dos importantes vías internacionale la atravesaban: la Via Maris, camino del mar, (Is 8,23; antiguo camino de los filisteos) que de Egipto se dirigía hacia Damasco, bordeando el Mar Mediterráneo y atravesando la llanura de Yezrael; la Via Regia, camino real, que procedente de la gran llanura fértil de Mesopotamia atraviesa las montañas de Transjordania descendiendo hasta el golfo de Aqaba, desde donde los comerciantes podían proseguir por otros caminos hacia la península sinaítica o la península arábiga.
Atlas Bíblico, Ed. San Pablo Venezuela

La ruta del Exodo

Cuando Faraón dejó salir al pueblo, Dios no los llevó por el camino de la tierra de los filisteos, aunque era más corto, pues se dijo Dios:
– No sea que, al verse atacado, se arrepienta el pueblo y vuelva a Egipto.
Hizo Dios dar un rodeo al pueblo por el camino del desierto del mar de Suf. (Ex 13,17-78)

 

El “camino de los filisteos” era la ruta normal para salir de Egipto, paralela a la costa, que pasaba por Sile (el-Kantara actual), jalonada de pozos y de guarniciones militares. Ciertamente no tomó esa ruta el grupo fugitivo. Pudo tomarla el grupo expulsado de Egipto. (Biblia de Jerusalén)

Dios abre el camino para el pueblo. Dios sabe cuál es el camino, aunque para el pueblo parezca ser el más largo o el más difícil: Ex 13,17-22.

En el camino es donde Dios manifiesta su providencia. El lleva a su pueblo como un hombre lleva a su hijo: Dt 1,29-33; El brinda todo lo necesario para hacer llevadero ese camino: 8,1-6.

En la reflexión sapiencial:

 

La palabra es la luz que permite distinguir el camino: Sal 119,104-105.

104     Tus preceptos me hacen comprender:

por eso aborrezco el camino de la mentira.

105    Tu palabra es una lámpara para mis pasos,

y una luz en mi camino.

Seguir el camino consiste en practicar la justicia: Pr 8,20; 12,28.

Seguir el camino consiste en ser fieles a la verdad: Sal 119,30;  Tob 1,3.

Seguir el camino consiste en buscar la paz: Is 59,8; Lc 1,79.

En los Evangelios:

Juan Bautista prepara el camino: Mc 1,1-4.

En los sinópticos, el camino indica siempre el camino hacia Jerusalén.

Para el evangelio de Marcos, este camino es el lugar para que Jesús instruya a los discí­pulos: Mc 8,27 – 10,45.
Instrucciones dadas “por el camino”: 8,27; 9,30; 10,17; 10,32; 10,35.

Para el evangelio de Lucas, ser discípulos es caminar ese camino detrás de Jesús:
Lc 23,26; 23,55.

Para el evangelio de Juan, el camino es Jesús mismo: Jn 14,1-7.

El libro de los Hechos:
un camino desde Jerusalén (centro religioso judío)
a Roma (centro del mundo pagano).

Uno de los nombres que recibirá la comunidad cristiana en sus orígenes es “los seguidores del Camino” (cf. Hech 9,2; 24,22).

24 Un judío llamado Apolo, originario de Alejandría, había llegado a Éfeso. Era un hombre elocuente y muy versado en las Escrituras. 25 Había sido iniciado en el Camino del Señor y, lleno de fervor, exponía y enseñaba con precisión lo que se refiere a Jesús, aunque no conocía otro bautismo mas que el de Juan. 26 Comenzó a hablar con decisión en la sinagoga. Después de oírlo, Priscila y Aquila lo llevaron con ellos y le explicaron más exactamente el Camino de Dios. (Hech 18,24-26)

Las vías romanas de comunicación terrestre

 

Una importante red de carreteras de 80.000 kilómetros, construida a partir del siglo II a.C, atraviesa el imperio romano. Son las famosas calzadas romanas. Enlazan distritos y provincias con la capital del imperio. Permiten que el correo imperial sea despachado con rapidez y que las legiones romanas puedan intervenir en las provincias turbulentas. Facilitan asimismo el transporte de víveres (especialmente cuando las vías marítimas se encuentran paralizadas por el mal tiempo) así como los intercambios culturales.

De la construcción y el mantenimiento de las carreteras se ocupan los gobernadores de las provincias, que emplean como mano de obra prisioneros y poblaciones locales.

Los viajes se hacen a caballo (alrededor de 50 millas por día), en coche (25 millas) y a pie (16 a 20 millas). La milla romana equivale a mil pasos, unos 1472 mts.

Para trazar una calzada romana se disponían en capas superpuestas, de abajo hacia arriba,  los siguientes materiales:

1) piedras y cemento sobre una capa de arena

2) grava, restos de piedras o de cerámica

3) losas

y a los costados se hacían cunetas para la evacuación del agua.

(Bibliografía: “El libro de la Biblia”, Ed. Altea, Madrid, 1989)

Caminando en la fe

Encuentro 1: ESTE DIOS CAMINA

Henoteísmo o monolatría: es la creencia religiosa según la cual se reconoce la existencia de varios dioses, pero sólo uno de ellos es suficientemente digno de adoración por parte del fiel.

Algunos textos: Gén 31,17-21; 35,1-3; Ex 15,11; 18,11; Jer 7,8-10.

Abraham, Isaac  y Jacob. De las historias patriarcales se puede deducir también qué era lo que los clanes peregrinantes esperaban del “Dios de mi/del padre”.  El “Dios de los padres” del Génesis, es el protector y conservador del clan pastoril.

Los detalles de la vida de esta tribu, la generación  y los nacimientos, los casamientos y las muertes, las disputas por los rebaños, las rivalidades de las esposas y las concubinas, los problemas de las herencias, las luchas con otros grupos por los pozos y muchas cosas más que se encuentran, o se podrían encontrar, en las narraciones patriarcales: de todo esto se preocupa este Dios de los padres. No tiene ninguna relación inmediata con el cosmos, con las tierras de cultivo, con un templo o un palacio. Su dominio es la familia, en un amplio sen­tido: las personas y los rebaños. Domina la vida humana concreta.

Se manifiesta a través de la inspiración verbal al jefe del grupo, mediante promesas y man­datos. Marcha con sus adoradores y está siempre junto a ellos, dondequiera que se encuen­tren y hagan lo que hicie­ren. Por eso no hay aquí un culto especial con determinados servidores del culto. La postura fundamental ante El es la obediencia y la confianza.

(Joseph Schreiner, Palabra y mensaje del Antiguo Testamento, Ed. Sígueme)

Génesis 22

Dios pide al patriarca que le ofrezca en holocausto a su hijo primogénito, pero detiene la mano elevada ya en el aire para inmolar a Isaac, que es sustituido por un carnero. Todos los israelitas que oían este relato com- pren­dían que debían su existencia a la misericordia de Dios y su prosperidad a la obediencia de su antepa­sado. Existe también en este relato una intención litúrgica: en Israel no se ofrecen niños a Yavé como los cananeos les ofrecen a sus dioses. Es posible que en el fondo de esta narración haya un antiguo relato de fundación de santuario donde, desde un principio, se ofrecían animales, contrariamente a otros santuarios, cananeos, donde se inmolaban víctimas humanas.

(Adaptado de R. de Vaux, Instituciones del Antiguo Testamento, Ed. Herder)

Relecturas sobre la figura de los patriarcas: Eclo 44,19-23; Heb 11

El Pueblo de Dios, en el desierto andaba,

guiándolo al frente, su Dios caminaba.

El Pueblo de Dios no tenía nada,

tan sólo esperanza, su Dios lo alentaba.

Hoy somos tu Pueblo Señor,

vamos caminando.

Tan sólo tu gracia

nos basta y alcanza.

El Pueblo de Dios también tuvo hambre,

y Tú le mandaste el pan de la vida.

El Pueblo de Dios cantando dio gracias,

gustó de tu amor, amor que no pasa.

El Pueblo de Dios temía y dudaba,

y a  veces costaba creer en su Dios.

El Pueblo de Dios  llorando rezaba,

pedía perdón y recomenzaba.

Caminando en la fe

Encuentro 2: CANSADOS DE CAMINAR (CON ESTE DIOS)

 

LA ALIANZA

Cuando se vive algo nuevo y muy hondo se hace necesario contarlo, y en el caso de los pueblos se transmite de generación en generación.

Israel necesita celebrar que Yavé los ha liberado. Busca elementos en el lenguaje reli­gioso de su época y no los encuentra porque sus contemporáneos tienden a sentirse esclavos de sus dioses, más que liberados por ellos. A los dioses hay que mantenerlos contentos con sacrificios de expiación o de acción de gracias…  se les paga tributo, como a los reyes… No es esto lo que vivió Israel. Ellos han descubierto en lo más hondo de su experiencia de libera­ción la propuesta de Dios: dejar de ser esclavos y comenzar a ser  SU pueblo.

¿Cómo transmitir esto? ¿Dónde encontrar el lenguaje apropiado? Israel desecha los rela­tos conocidos y encuentra en los pactos del imperio hitita la manera más adecuada para hablar de su relación con Yavé.

Las alianzas hititas eran pactos de soberanía en cuyo esquema se reconocen seis elemen­tos fundamentales:

1. Preámbulo en que se presenta la identidad de los contrayentes.

2. Prólogo histórico que describe la relación entre ambos reyes.

3. Cláusulas que pactan el compromiso mutuo.

4. Escritura, depósito en el templo y lectura periódica.

5. Lista de dioses testigos.

6. Bendiciones y maldiciones, que surgirían de cumplir o de
transgredir el contrato y serían ejecutadas por los dioses testigos.

La alianza del Sinaí

Los hebreos experimentaron la presencia salvadora de su Dios en la historia y expresaron su relación con Yavé en el rico lenguaje de las alianzas. Por eso el éxodo aparece marcado por tres grandes pactos: el del Sinaí (Ex 19ss); el de Moab (Dt 29) y el de Siquem (Jos 24). Estas tres alianzas no son solamente celebracio­nes repetidas de un solo acontecimiento, sino que, al multiplicarse las gestas salvíficas de Dios y al incorpo­rarse nuevos grupos semitas a los esclavos liberados de Egipto, la renovación de la alianza asegura la fideli­dad a Yavé y la cohesión del pueblo de Dios que se está formando.

(Víctor Godino, Marina Rubino “Palabra y Vida”, Ed. Guadalupe)

El ternero de oro

Los toros y bueyes tenían distinta significación religiosa en los pueblos circundantes. Algunos eran adorados, como el caso del buey Apis en Egipto. Los cananeos adoraban figuras de toros jóvenes, en los cuales veían encarnadas las fuerzas de la reproducción y la fecundidad. En otros casos, los toros eran el pedestal donde los dioses reposaban sus pies.

* Ex 32,1-14: Observamos los personajes, qué hacen y qué dicen cada uno de ellos.

En los vers. 11-14 distinguimos los diferentes argumentos que usa Moisés para aplacar a Dios.

Comparamos el modo en que se hacen las colectas en este pasaje, vv. 2-3, con estos otros:
Ex 25,1-2; 35,4-5; 36,2-7.

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4 comentarios sobre “Camino – Sandalias

  1. “Por aquellos días, María se puso en camino y fue de prisa a la montaña, a una ciudad de Judá. Entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y cuando Isabel oyó el saludo de María, el niño saltó en su seno” (Lc 1, 39-41).

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