Caballo

Destellos Cotidianos

Lunes 26 de mayo de 2014

EL CABALLO

El caballo es un mamífero  domesticado de la familia de los équidos. Es un herbívoro  de gran porte, cuello largo y arqueado, poblado por largas crines.

A la hembra del caballo se le llama yegua y a las crías, potros o potrillos si son machos, y potras o potrancas si son hembras. La cría y utilización del caballo por parte del hombre se conoce como ganadería equina o caballar, y su domesticación se remonta a unos 3600 años a. C., en la región de Kazajistán.

Muchos son los caballos que han pasado a la posteridad a causa de sus célebres dueños, entre la historia y la literatura, destacan los siguientes: Rocinante (caballo de Don Quijote de la Mancha), Babieca (el de El Cid), Bucéfalo (el de Alejandro Magno), e Incitatus (de Calígula).

El simbolismo del caballo es complejo y cambiante, según la cultura en que se encuentre. En sentido amplio y universal se lo asocia a la idea de naturaleza instintiva y fuerza vital que debe ser domesticada, y por lo tanto, controlada. También se lo vincula a las ideas de velocidad, gracia y nobleza.
En la mitología griega y romana, el sol (Helios o Febo) recorre diariamente el cielo en un carro tirado por caballos blancos alados que expulsan fuego por las narices. Entre los romanos, el caballo estaba consagrado a Marte, dios de la guerra, y por lo tanto su aparición era tomada como presagio de que se produciría una batalla.
Según antiguas mitologías  existen seres fantásticos, como los caballos alados – Pegaso – o el unicornio.

En las civilizaciones antiguas como Egipto, Babilonia o Asiria, se empleaban principalmente los caballos como tiro para carros armados, desde los que se arrojaban jabalinas o flechas contra el enemigo. Posteriormente la selección y cría de razas más fuertes permitió el uso de jinetes armados en la guerra, y el carro de guerra fue cayendo en desuso, al tiempo que la infantería desarrollaba tácticas que anulaban su efectividad.

El caballo en la Biblia

En general, el antiguo pueblo de Israel no utilizó el caballo. Fueron introducidos como un elemento novedoso alrededor del año 1000 a.C. cuando Absalón, hijo del rey David, llevó carros y caballos para revelarse contra su padre (2 Sam 15,1). A partir del rey Salomón, se introducen los caballos como parte de las fuerzas del rey, si bien son muy poco mencionados en los textos bíblicos.
Israel nunca tuvo una importante caballería.

El caballo, símbolo de los pueblos paganos

En la religión
Los caballos estaban asociados con las religiones paganas, que representaban a algunos dioses (por ej. el sol) montados a caballo. Cuando la idolatría llegó hasta los reyes de Judá, se mencionan sus ofrendas en forma de caballos. La descripción de la reforma de Josías nos informa:
“Suprimió los caballos que los reyes de Judá habían dedicado al sol, a la entrada de la Casa del Señor, hacia la habitación del eunuco Natán Mélec, en los anexos, y quemó el carro del sol.”

En los combates

Los imperios que ocuparon la tierra de Israel, lo hicieron montados a caballo. Por eso estos animales eran símbolo del poder militar de los invasores:

Aram – Siria
Elám tomó la aljaba,
Arám montó a caballo,
Quir desenfundó el escudo.
Tus valles más hermosos
se llenaron de carros de guerra,
los jinetes se apostaron a la Puerta
y cayó la defensa de Judá. (Is 22,6-8)

¡Ahí sube como las nubes,
sus carros son como el huracán,
sus caballos, más veloces que las águilas!
¡Ay de nosotros, porque somos devastados! (Jer 4,13)

Caldea
” Sí, yo voy a suscitar a los caldeos,
ese pueblo salvaje e impetuoso,
que recorre las extensiones de la tierra,
para usurpar moradas ajenas.
¡Es aterrador y temible:
en él solo se funda
su derecho y preeminencia!
Sus caballos son más ágiles que leopardos,
más rapaces que lobos nocturnos;
sus jinetes galopan,
sus jinetes vienen de lejos,
vuelan como el águila que se lanza sobre su presa.
¡Todos llegan para la violencia
con el rostro tendido hacia adelante,
y amontonan cautivos como arena! ” (Hab 1,6-8)

Confiar en Dios y no en los caballos

El caballo también es símbolo de aquellos que confían en sus propias fuerzas y recursos. La caballería es una fuerza para los paganos, pero no para quienes esperan en Dios. Los creyentes ponen su confianza sólo en Dios. Confiar en la fuerza de los caballos y de los ejércitos refleja la falta de fe en el Dios de Israel:

**  ” Cuando salgas a combatir contra tus enemigos y veas caballos, carros de guerra y un ejército más numeroso que tú, no les tengas miedo: el Señor, tu Dios, el mismo que te hizo salir de Egipto, está contigo.  Y cuando ya estén prontos para entrar en combate, el sacerdote se adelantará y arengará a la tropa  en estos términos: “Escucha, Israel. Ahora ustedes están próximos a entrar en batalla contra sus enemigos. ¡Tengan valor! No teman, ni se angustien, ni tiemblen ante ellos,  porque el Señor, su Dios, los acompaña, y él combatirá en favor de ustedes para darles la victoria sobre sus enemigos”. (Dt 20,1-4)

** Unos se fían de sus carros y otros de sus caballos,
pero nuestra fuerza está en el nombre
de nuestro Dios.
Ellos tropezaron y cayeron,
mientras nosotros nos mantuvimos erguidos
y confiados. (Salmo 20,8-9)

** El rey no vence por su mucha fuerza
ni se libra el guerrero por su gran vigor;
de nada sirven los caballos para la victoria:
a pesar de su fuerza no pueden salvar.
Los ojos del Señor están fijos sobre sus fieles,
sobre los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y sustentarlos en el tiempo de indigencia. Salmo 33,16-19

** No le agrada el vigor de los caballos
ni valora los músculos del hombre:
el Señor ama a los que lo temen
y a los que esperan en su misericordia. Salmo 147,10-11

** Vuelve, Israel, al Señor tu Dios,
porque tu falta te ha hecho caer.
Preparen lo que van decir
y vuelvan al Señor.
Díganle: “Borra todas las faltas,
acepta lo que hay de bueno,
y te ofreceremos el fruto de nuestros labios.
Asiria no nos salvará,
ya no montaremos a caballo,
ni diremos más ‘¡Dios nuestro!’
a la obra de nuestras manos,
porque sólo en ti el huérfano encuentra compasión”. Oseas 14,2-4

Por todo esto, la ley prohíbe al rey poseer muchos caballos:

** El rey no deberá tener muchos caballos ni hacer que el pueblo regrese a Egipto, con el pretexto de aumentar su caballería; porque el Señor, tu Dios, ha dicho: “No regresen nunca más por ese camino”. (Dt 17,1)
Esta enseñanza puede ser una crítica a la fastuosidad de Salomón:
** Salomón reunió también carros y caballos: llegó a tener mil cuatrocientos carros y doce mil caballos, que acantonó en las ciudades de guarnición y en Jerusalén, junto a él.  El rey hizo que la plata fuera en Jerusalén tan común como las piedras, y que la madera de cedro fuera tan abundante como los sicómoros de la Sefelá.  Los caballos de Salomón procedían de Musrí y de Cilicia. Los agentes del rey los adquirían en Cilicia, a un precio fijo.Cada carro importado de Musrí costaba seiscientos siclos de plata; cada caballo, ciento cincuenta. En las mismas condiciones, por medio de esos agentes, se exportaban para todos los reyes hititas y para los reyes de Arám. (1 Re 10,26-29)

Ya en Exodo, Dios había mostrado ser más fuerte que los caballos y los carros de Egipto. Así lo cantaba el epinicio que entonó Miriam:

” Él arrojó al mar los carros del Faraón y su ejército,
lo mejor de sus soldados se hundió en el Mar Rojo. ” (Ex 15,4)

Los caballos en el Apocalipsis

Si bien la visión negativa sobre los caballos es la que prevalece en la Biblia, en algunas ocasiones se encuentran personas que cumplen alguna misión especial de parte de Dios y montan a caballo. El profeta Elías fue arrebatado al cielo en un carro tirado por caballos (2 Re 2,11).

** El vigésimo cuarto día del undécimo mes, que es el mes de Sebat, en el segundo año de Darío, la palabra del Señor fue dirigida al profeta Zacarías, hijo de Berequías, hijo de Idó, en estos términos: Yo tuve una visión durante la noche: Había un hombre montado en un caballo rojo. Estaba parado entre los mirtos que se encuentran en la hondonada, y detrás de él había caballos rojos, alazanes, negros y blancos.  Yo pregunté: “¿Quiénes son estos, mi Señor ?”. Y el ángel que hablaba conmigo me respondió: “Yo te indicaré quiénes son estos”.  El hombre que estaba entre los mirtos dijo: “Estos son los que el Señor envió a recorrer la tierra”. Ellos se dirigieron al ángel del Señor que estaba entre los mirtos, y le dijeron: “Venimos de recorrer la tierra y hemos visto que toda la tierra está en calma y tranquila”. (Visión del profeta Zacarías 1, 6 ss)

Los cuatro jinetes

** 1 Después vi que el Cordero abría el primero de los siete sellos, y oí al primero de los cuatro Seres Vivientes que decía con voz de trueno: «Ven». 2 Y vi aparecer un caballo blanco. Su jinete tenía un arco, recibió una corona y salió triunfante, para seguir venciendo.
3 Cuando el Cordero abrió el segundo sello, oí al segundo de los Seres Vivientes que decía: «Ven». 4 Y vi aparecer otro caballo, rojo como el fuego. Su jinete recibió el poder de desterrar la paz de la tierra, para que los hombres se mataran entre sí; y se le dio una gran espada.
5 Cuando el Cordero abrió el tercer sello, oí al tercero de los Seres Vivientes que decía: «Ven». Y vi aparecer un caballo negro. Su jinete tenía una balanza en la mano; 6 y oí una voz en medio de los cuatro Seres Vivientes, que decía: «Se vende una ración de trigo por un denario y tres raciones de cebada por un denario. Y no eches a perder el aceite y el vino».
7 Cuando el Cordero abrió el cuarto sello, oí al cuarto de los Seres Vivientes que decía: «Ven». 8 Y vi aparecer un caballo amarillo. Su jinete se llamaba «Muerte», y el Abismo de la muerte lo seguía. Y recibió poder sobre la cuarta parte de la tierra, para matar por medio de la espada, del hambre, de la peste y de las fieras salvajes. (Ap 6)

El primer caballo tal vez representa al pueblo de los partos, que vivían a orillas del Eufrates. El segundo caballo es rojo, color de la sangre, porque anuncia la guerra. El tercero es negro, color de duelo y catástrofe producida por la escasez de alimentos y la carestía. El último es amarillo verdoso, el color de la carne putrefacta, color de la peste que se extenderá.
En medio de estas desgracias, los seguidores de Jesucristo resisten y esperan.

En el capítulo 19, se presenta a Jesucristo triunfador montado en un caballo blanco:

** 11 Luego vi el cielo abierto y apareció un caballo blanco. Su Jinete se llama «Fiel» y «Veraz»; él juzga y combate con justicia. 12 Sus ojos son como una llama ardiente y su cabeza está cubierta de numerosas diademas. Lleva escrito un nombre que solamente él conoce 13 y está vestido con un manto teñido de sangre. Su nombre es: «La Palabra de Dios». 14 Lo siguen los ejércitos celestiales, vestidos con lino fino de blancura inmaculada y montados en caballos blancos. 15 De su boca sale una espada afilada, para herir a los pueblos paganos. Él los regirá con un cetro de hierro y pisará los racimos en la cuba de la ardiente ira del Dios todopoderoso. 16 En su manto y en su muslo lleva escrito este nombre: Rey de los reyes y Señor de los señores.

Algunos de estos atributos de Jesucristo ya se habían descripto en el capítulo 1. En medio del poder arrasador del Imperio Romano, que controla la vida y la muerte persiguiendo y controlando a los cristianos, Jesucristo aparece como el único Señor. En contraposición a lo que hizo Jesús en vida, montando en un burro humilde para entrar a Jerusalén, aquí se presenta con los atributos de vencedor. El es el único que tiene en sus manos las llaves de la vida y de la muerte, y todos los poderes se rendirán a sus pies.

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