Botes – Barco

Destellos Cotidianos, lunes 10 de febrero de 2014

 

LOS BOTES

 

Destel1002boteLos botes eran usados como instrumentos de trabajo para la pesca y para traslados entre las orillas del lago de Galilea.

El lago o  mar de Galilea recibe varios nombres: Genesaret, Kineret, o Tiberíades. Es un espejo de agua que en su mayor extensión alcanza aproximadamente 22 km por 10 km, con un total de 170 km de superficie.

Un bote de pesca del lago de Galilea tendría unos 9 mts. de largo por 2,5 mts. de ancho y 1,25 mts. de alto. Eran impulsados a remo, y ocasionalmente podían tener alguna vela. Se han encontrado restos de botes confeccionados con planchas de madera de cedro libanés y costillas de ramas de roble.

 

DEJAR LOS BOTES

 

En el evangelio, la llamada que Jesús hace a los pescadores constituye un momento iniciático, vocacional, que inaugura una nueva etapa en la vida de esos hombres. Uno de los signos del cambio de vida es, justamente, “dejar las redes y los botes”.

 

Mc 1,14-20

14 Después que Juan fue arrestado, Jesús se dirigió a Galilea. Allí proclamaba la Buena Noticia de Dios, diciendo: 15 «El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en la Buena Noticia».

16 Mientras iba por la orilla del mar de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que echaban las redes en el agua, porque eran pescadores. 17 Jesús les dijo: «Síganme, y yo los haré pescadores de hombres». 18 Inmediatamente, ellos dejaron sus redes y lo siguieron.

19 Y avanzando un poco, vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban también en su barca arreglando las redes. En seguida los llamó, 20 y ellos, dejando en la barca a su padre Zebedeo con los jornaleros, lo siguieron.

 

Este relato está colocado al comienzo de la ministerio público de Jesús y al comienzo del evangelio. Es un llamado para que cada creyente renueve el compromiso de los comienzos, nacido en el bautismo.

Los futuros discípulos son presentados en su trabajo habitual e identificados por sus relaciones familiares: hermano de, hijo de. Este trabajo habitual será abandonado por otro trabajo que está en perspectiva hacia el Reino de Dios: ser pescador de hombres. La señal del cambio está puesta en la imagen de la parte que representa el todo: las redes, la barca, que son dejadas allí, indican que ese tiempo y esa actividad han quedado atrás, ya no serán lo que da sentido e identidad.

También se transforman las relaciones entre las personas. De las relaciones familiares – hermanos, hijos – se pasa a una nueva relación que es formar la comunidad de Jesús, germen del Reino de Dios.

 

CUANDO LA BARCA ZOZOBRA

 

Una vez formada la comunidad, el bote o barca donde sus integranres comparten la vida y la tarea que les asegura el sustento, se convierte en un símbolo de la comunidad misma. En dos ocasiones la barca-comundidad es amenazada: una vez porque “hace agua”, otra vez porque el viento es tan adverso que se vuelve fatigoso remar. En ambos casos, la presencia de Jesús restable la barca y vuelve a hacer posible la navegación.

Este peligro superado con la presencia de Jesús, provoca que la comunidad pueda avanzar en conocer y reconocer quién es su maestro y el modo en que actúa. En el primer episodio, la pregunta es “¿Quién es este?”. En el segundo, de una primera visión distorsionada, en que Jesús es confundido con un fantasma, pasamos al reconocimiento expresado en la invocación “¡Señor!” y finalmente en la confesión de fe: “Verdaderamente, tú eres el Hijo de Dios”.

 

Mc 4,35-41

35 Al atardecer de ese mismo día, les dijo: «Crucemos a la otra orilla». 36 Ellos, dejando a la multitud, lo llevaron a la barca, así como estaba. Había otras barcas junto a la suya. 37 Entonces se desató un fuerte vendaval, y las olas entraban en la barca, que se iba llenando de agua. 38 Jesús estaba en la popa, durmiendo sobre el cabezal. 39 Lo despertaron y le dijeron: «¡Maestro! ¿No te importa que nos ahoguemos?». Despertándose, él increpó al viento y dijo al mar: «¡Silencio! ¡Cállate!». El viento se aplacó y sobrevino una gran calma. 40 Después les dijo: «¿Por qué tienen miedo? ¿Cómo no tienen fe?». 41 Entonces quedaron atemorizados y se decían unos a otros: «¿Quién es este, que hasta el viento y el mar le obedecen?».

 

Segundo episodio, Mt 14,22ss, ver más abajo.

 

El Papa Benedicto XVI, en su última audiencia pública el 27 de febrero de 2013, tomó este simbolismo de la barca que peligra para describir la situación de la iglesia:

 

“Ha sido un trozo de camino de la Iglesia, que ha tenido momentos de alegría y de luz, pero también momentos difíciles; me he sentido como San Pedro con los Apóstoles en la barca del lago de Galilea: el Señor nos ha dado muchos días de sol y de brisa ligera, días en que la pesca ha sido abundante; también ha habido momentos en que las aguas estaban agitadas y el viento contrario, como en toda la historia de la Iglesia, y el Señor parecía dormir. Pero siempre supe que en aquella barca estaba el Señor y siempre he sabido que la barca de la Iglesia no es mía, no es nuestra, sino que es suya. Y el Señor no deja que se hunda: es El quien conduce, ciertamente también a través de los hombres que ha elegido, porque así lo quiso. Esta ha sido una certeza que nada puede empañar. Y por eso hoy mi corazón está lleno de gratitud a Dios porque no ha dejado nunca que a su Iglesia entera y a mí, nos faltasen su consuelo, su luz, su amor.”

 

 

UNA IGLESIA CAPAZ DE TIRARSE AL AGUA

 

En seguida, obligó a los discípulos que subieran a la barca y pasaran antes que él a la otra orilla, mientras él despedía a la multitud. Después, subió a la montaña para orar a solas. Y al atardecer, todavía estaba allí, solo. La barca ya estaba muy lejos de la costa, sacudida por las olas, porque tenían viento en contra. A la madrugada, Jesús se les acercó caminando sobre el mar. Los discípulos, al verlo caminar sobre el mar, se asustaron.

– Es un fantasma, dijeron, y llenos de temor se pusieron a gritar.

Pero Jesús les dijo:

– ¡Animo! Soy yo, no teman.

Entonces Pedro le respondió:

– Señor, si eres tú, mándame ir a tu encuetnro sobre el agua.

– Ven, le dijo Jesús.

Pedro bajó de la barca y comenzó a caminar sobre el agua en dirección a él. Pero al ver la violencia del viento, tuvo miedo, y como empezaba a hundirse, gritó:

– Señor, sálvame.

En seguida, Jesús le tendió la mano y lo sostuvo, mientras le decía:

– Hombre de  poca fe, ¿por qué dudaste?

En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó. Los que estaban en ella se postraron ante él, diciendo:

– Verdaderamente, tú eres el Hijo de Dios.

 

(Evangelio según San Mateo 14,22-33)

 

Después de la comida compartida de los panes y los peces, Jesús se retira de la compañía de sus discípulos para ir a orar a solas. El reencuentro después de esta separación es todo un proceso de reconocimiento que hacen los discípulos hacia su Maestro. Un reconocimiento que se hace en la noche, en la oscuridad, en medio de un mar agitado y a bordo de una barca que zozobra. Es llamativo. La escena anterior (Mt 14,13-21), luego de que comieron cinco mil hombres y las mujeres y los niños, no consigna ninguna palabra de reconocimiento de los presentes hacia el Señor; ni siquiera una palabra de asombro, ni un diálogo posterior a la comida así como había habido diálogo antes de la comida. Como si hubiera sido necesario que viniera la noche y la agitación del mar para poner una palabra que finalmente proclamara quién es este hombre.

La caracterización de la persona de Jesús viene puesta en boca de los discípulos, en este caso representados en Pedro.

En un primer momento la presencia de Jesús causa confusión y miedo: “Es un fantasma”. Fantasma: alguien que está y no está, incorpóreo pero presente, figura desdibujada. El miedo los hace gritar, y ninguno de ellos puede ver más allá del espectro que los asusta. La palabra de Jesús busca aclarar la situación: “Soy yo, no teman”.

Entonces Pedro da un paso más: “Señor, si eres tú…”. Señor, el título que sólo uno puede llevar, pero aún sin el convencimiento, aún en condicional: “si eres tú”. No es caminando sobre el agua cuando la palabra de Pedro dirá “Señor” en la afirmación total; no, no es caminando. Es cuando se hunde. Cuando no puede sostenerse, y el miedo se repite, entonces ya no dice “si eres tú”,  entonces cree que ése es su Señor y le pide: “sálvame”. Reconocimiento que luego será pleno por todos los discípulos cuando, ya en la barca y a salvo confiesen: “Verdaderamente eres Hijo de Dios”.

 

He aquí el proceso de pasar de ver un fantasma y gritar de miedo a reconocer al Hijo de Dios en medio de la comunidad discípula. Para reconocerlo, para seguir avanzando en la barca sin miedo, no sólo fue necesaria la palabra de Jesús. También fue necesario tirarse al agua. No para andar poniéndole pruebas a Dios “a ver si me hacés esta milagrito”. No. Un tirarse al agua que nazca de confiar en este que nos dice: “¡Ven!”. De creerle a este que viene hasta nosotros por encima de todas las agitaciones y que por encima de todas las agitaciones nos tiende la mano y nos agarra fuerte.

No quisiera que esto se interprete como la invitación a vivir una fe intimista y desentendida de lo que ocurre alrededor, porque “yo estoy bien con Jesús y eso es lo que importa”. Inclusive traducimos esto muchas veces en una confianza total en la seguridad de algunas “barcas” en las que estamos: nuestros movimientos, nuestras estructuras, nuestros refugios; la sacristía en vez del mundo.

Creo exactamente lo contrario. La cuestión no es tomar a Jesús o a “la barca de la Iglesia” como un simple “refugio” para que no nos toque lo que nos rodea. Este que no es un fantasma sino el Hijo de Dios nos exhorta, en cambio, a tirarnos al agua por más turbulenta que sea, a movernos sin miedo, a confiar no en la falsa seguridad de las barcas -que tan fácilmente zozobran- sino a vivir el riesgo de lanzarnos por encima de todas las agitaciones. La Buena Noticia también nos dice eso: que somos una Iglesia que puede tirarse al agua.

 

María Gloria Ladislao, PALABRAS Y PASOS, Ed. Claretiana, Bs.As., 2004

 

Destellos Lunes 26 de noviembre de 2012

EL BARCO

Lugar y vehículo para la misión

La historia de Jonás

La palabra de Yavé fue dirigida a Jonás, hijo de Amitay, en estos términos:

– “Levántate, vete a Nínive, la gran ciudad, y proclama contra ella que su maldad ha subido hasta mí”.

Jonás se levantó para huir a Tarsis, lejos de Yavé, y bajó a Joppe, donde encontró un barco que salía para Tarsis; pagó su pasaje y se embarcó para ir con ellos a Tarsis, lejos de Yavé. 

Jonás 1,1-3

Buscando huir de Dios, Jonás cae cada vez más abajo: al fondo del barco, al fondo del sueño, al fondo del mar, al fondo del pez.

Sin embargo, ya desde su profesión de fe en el barco (1,9), comienza a realizar la misión, porque los marineros adoran a Yavé.

“Los episodios realistas que se describen son símbolos de las experiencias internas del protagonista. Hay una serie de símbolos que se van sucediendo uno tras otro: la entrada en el barco, el descenso al interior del buque, el acto de acostarse a dormir, la permanencia en el mar, la estadía en el vientre del pez. Todos estos símbolos representan la misma experiencia interna: el estado de protección y aislamiento, de resguardado retiro de todo contacto con otros seres humanos. Diferentes como son en la realidad el interior del navío, el sueño profundo, el océano y el vientre de un pez, expresan la misma experiencia interna, la mezcla de protección y aislamiento.

El escritor no se propuso narrarnos una historia de incidentes externos sino la historia de la experiencia interna de un hombre que fluctúa entre su conciencia y su deseo de escapar de su voz interior. Sus distintos actos, producidos uno a continuación del otro, expresan todos ellos una misma disposición de ánimo en su actor. La sucesión en el tiempo expresa la creciente intensidad del mismo sentimiento. En su tentativa de huir de sus obligaciones para con sus prójimos, Jonás se aisla cada vez más hasta que, dentro del vientre del pez, el elemento protector ha sido reemplazado de tal modo por el elemento aprisionador que Jonás no lo aguanta más y se ve obligado a rogar a Dios que lo saque de donde él mismo lo había puesto.”

(Erich Fromm, El Lenguaje Olvidado)

VIAJES EN BARCO Y MISIONES DE LA PRIMERA IGLESIA

La navegación era por entonces (siglo I) muy intensa en todo el mar Mediterráneo, unas veces de cabotaje a lo largo de las costas, otras navegación de alta mar en barcos que podían llevar hasta varios centenares de pasajeros. Basta visitar la plaza de las corporaciones de Ostia antica para hacerse una idea de la importancia del tráfico marítimo: hay 70 oficinas de representantes comerciales del mundo entero que tienen como símbolos mosaicos que representan naves de carga venidas de todas partes: Alejandría, Sabratha, Cartago, Narbona, Cagliari… con los productos específicos de cada una de estas regiones.

Resulta difícil calcular el tiempo medio de las travesías, pues dependían sobre todo de los caprichos del viento.

Había que contar sobre todo con los peligros del mar. Durante el invierno, se evitaban las largas travesías. Se decía que el mar estaba cerrado (mare clausum). Cuando llegaba la primavera, se celebraba una gran fiesta en honor de Isis, patrona de la navegación (navigatio Isidis): en Alejandría se lanzaba al mar un barco totalmente nuevo, cargado de regalos en honor de la diosa.

En opinión de todos los especialistas, el cap. 27 del libro de los Hechos, que nos refiere la tempestad sufrida por el barco de Pablo entre Creta y Malta, ofrece una descripción muy concreta de los peligros de entonces.

El primer viaje parte desde la comunidad de Antioquía (Hech 13).

Cruce de Asia a Europa, Pablo ve en sueños a un macedonio: Hech 16,9-11

Ultimo viaje, Pablo viaja prisionero a Roma para ser sometido a juicio ante el César. En el barco, hace su confesión de fe en medio de los peligros de una tormenta que dura varios días:

“Os recomiendo que tengáis buen ánimo, ninguna de vuestra vidas se perderá, solamente la nave. Pues esta noche se me ha presentado un ángel del Dios a quien pertenezco y a quien doy culto y me ha dicho: “No temas Pablo, tienes que comparecer ante el César, y mira, Dios te ha concedido la vida de todos los que navegan contigo. Por tanto amigos, ¡ánimo! Yo tengo fe en Dios de que sucederá tal como se me ha dicho. Iremos a dar en alguna isla.” (Hech 27,23-26)

Para acceder al texto bíblico completo, click aquí: http://www.funpalabradevida.org.ar/content/el-libro-del-pueblo-de-dios

Volver a la página principal, click aquí.

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