Baile-Canto-Procesión

EL CANTO

El canto es la emisión controlada de sonidos del aparato fonador (voz) humano, siguiendo una composición musical. El canto tiene un rol importante dentro de la música porque es el único medio musical que puede integrar texto a la línea musical.

Como toda expresión humana, el canto también tiene un sentido religioso, porque permite al ser humano comunicarse con lo trascendente y rendir culto a la divinidad. Entonces, el canto se hace oración, y hay que considerar que “la oración es la comunicación por excelencia del ser humano con la divinidad” (Severino Croatto).

En el Antiguo Israel, como en otras civilizaciones, no existía diferencia entre canto sagrado y canto profano. En una sociedad religiosa toda canción, toda poesía, celebra la presencia de Dios en la vida: los ciclos de la naturaleza, los acontecimientos biológicos (nacimientos, etc.), los sucesos políticos y sociales, en todo está presente Dios. Tampoco existía la diferencia entre música popular y música “culta” o “clásica”.

Los Salmos

La formación del Salterio

La palabra “Salmo” proviene de un verbo griego que significa “tocar un instrumento de cuerdas”, y se utilizó originariamente para designar los cantos acompañados por ese instrumento. Este último se llamaba “Salterio”, pero más tarde el nombre perdió su significación original y comenzó a ser empleado como sinónimo de LIBRO DE LOS SALMOS.

El Antiguo Testamento contiene numerosos textos poéticos con características similares a las de los Salmos. El célebre Canto de Miriam (Ex. 15. 1-18), el himno de victoria entonado por Débora y Barac (Jc. 5), la elegía de David por la muerte de Saúl y Jonatán (2 Sam. 1. 17-27) y la lamentación de Jonás (Jon. 2. 3-10), son algunos de los muchos ejemplos que se podrían citar. Pero el tesoro de la lírica cultual y religiosa de Israel se encuentra fundamentalmente en el Salterio.

Una tradición judía –que luego tuvo amplia difusión en la Iglesia– atribuye a David la mayor parte de los Salmos. Esta atribución se funda en el testimonio de los Libros históricos del Antiguo Testamento, que aluden repetidamente al genio musical y poético de David (1 Sam. 16. 16-19, 23; 2 Sam. 1. 17-27; 23. 1). Sin embargo, las múltiples situaciones individuales y nacionales reflejadas en los Salmos, su variedad de estilos y géneros literarios, como asimismo su íntima vinculación con la vida litúrgica de Israel, impiden afirmar que el Salterio sea la obra de un solo autor o el producto de una sola época.

En realidad, el Salterio es el Libro de oración que los israelitas fueron componiendo a lo largo de varios siglos para dialogar con su Dios. A través de ciento cincuenta poemas religiosos, ese Pueblo fue expresando sus experiencias y las aspiraciones más profundas de su alma: sus luchas y sus esperanzas, sus triunfos y sus fracasos, su adoración y su acción de gracias, sus rebeldías y sus arrepentimientos y, sobre todo, la súplica ardiente que brota de la enfermedad, la pobreza, el destierro, la injusticia y de todas las demás miserias del hombre. (Adaptado de La Biblia del pueblo de Dios).

 

Jesús cantaba los Salmos

La liturgia en la sinagoga consistía en la lectura del Pentateuco y el rezo con los salmos, que siempre eran cantados. Jesús participó de la celebración del sábado, como lo atestiguan en numerosas ocasiones los evangelios (cf. Mc 3,1; Lc 4,16).

También peregrinaba a Jerusalén para las grandes fiestas. En estas peregrinaciones, el camino se hacía cantando. Hay un grupo de salmos que es llaman “de las subidas” (Salmo120-134) porque justamente se cantaban a medida que se ascendía hacia Jerusalén.

En la noche de Pascua se entonaba el “Hallel” (en hebreo “Alabanza”) constituido por los salmos 114-118. El evangelio señala que Jesús y los suyos, terminada la última cena “entonaron los himnos” antes de pasar hacia el Monte de los Olivos (Mc 14,20).

 

El testimonio de que Jesús conocía los salmos y los meditaba, lo encontramos en las numerosas ocasiones en que Jesús emplea versos de los salmos para enseñar, para discutir y para rezar:

 

12 Después Jesús entró en el Templo y echó a todos los que vendían y compraban allí, derribando las mesas de los cambistas y los asientos de los vendedores de palomas. 13 Y les decía: «Está escrito: Mi casa será llamada casa de oración, pero ustedes la han convertido en una cueva de ladrones». 14 En el Templo se le acercaron varios ciegos y paralíticos, y él los curó. 15 Al ver los prodigios que acababa de hacer y a los niños que gritaban en el Templo: «¡Hosana al Hijo de David!», los sumos sacerdotes y los escribas se indignaron 16 y le dijeron: «¿Oyes lo que dicen estos?». «Sí, respondió Jesús, ¿pero nunca han leído este pasaje:

De la boca de las criaturas y de los niños de pecho,

has hecho brotar una alabanza?». (Salmo 8)

17 En seguida los dejó y salió de la ciudad para ir a Betania, donde pasó la noche. (Mt 21)

 

 

10 ¿No han leído este pasaje de la Escritura:

La piedra que los constructores rechazaron

ha llegado a ser la piedra angular:

11 esta es la obra del Señor,

admirable a nuestros ojos?». (Salmo 118)

12 Entonces buscaban la manera de detener a Jesús, porque comprendían que esta parábola la había dicho por ellos, pero tenían miedo de la multitud. Y dejándolo, se fueron. (Mc 12)

 

 

 

 

33 Al mediodía, se oscureció toda la tierra hasta las tres de la tarde; 34 y a esa hora, Jesús exclamó en alta voz: «Eloi, Eloi, lamá sabactani», que significa: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» (Mc 15,33, Salmo 22)

EL BAILE

En el antiguo Israel, igual que en otras culturas, el baile era una forma de culto a Dios.
En hebreo existen al menos once palabras distintas para decir bailar, lo cual es una evidencia de que el ritual coreográfico era extenso y altamente sofisticado.

El primer baile en honor de Dios y su amor victorioso lo encontramos realizado por Miriam, la profetisa, y las mujeres después del cruce del Mar Rojo:

20 Entonces Miriam, la profetisa, que era hermana de Aarón, tomó en sus manos un tamboril, y todas las mujeres iban detrás de ella, con tamboriles y formando coros de baile. 21 Y Miriam repetía:
“Canten al Señor, que se ha cubierto de gloria:
él hundió en el mar los caballos y los carros”. (Ex 15,20-21)

Miriam cumple la función de todo profeta o profetisa: movilizar al pueblo para que reconozca el paso de Dios por su vida. Y esto ella lo hace cantando y bailando. Probablemente este antecedente influyó para que en las procesiones hacia el templo las mujeres se encargaran de la animación litúrgica con el canto y el baile:

25 Ya apareció tu cortejo, Señor,
el cortejo de mi Rey y mi Dios hacia el Santuario:
26 los cantores van al frente, los músicos, detrás;
las jóvenes, en medio, van tocando el tamboril.
27 ¡Bendigan al Señor en medio de la asamblea!
¡Bendigan al Señor desde la fuente de Israel! (Salmo 68,25-27)

Había danzas para expresar la alegría comunitaria, y varios pasajes de la Biblia presentan el baile como la situación opuesta al lamento:

3 De lejos se le apareció el Señor:
Yo te amé con un amor eterno,
por eso te atraje con fidelidad.
4 De nuevo te edificaré y serás reedificada,
virgen de Israel;
de nuevo te adornarás con tus tamboriles
y saldrás danzando alegremente;
5 de nuevo plantarás viñas
sobre los montes de Samaría. (Jer 31,3-5)

Ver también  Ecl 3,4; Jer 31,13, Lam 5,15.

•    Bailes de victoria: Jc 11,34; 1 Sam 18,6
•    Bailes de petición, como en el caso de los sacerdotes de Baal: 1 Re 18,26
•    Bailes para agradecer la cosecha: Talmud, Suk. 51 b 532
•    Bailes de idolatría, ante el becerro de oro: Ex 32,19
•    Bailes de cortejos y casamientos

Después de la destrucción del templo de Jerusalén por los romanos en el 70 d.C., se prohibió la música en las sinagogas y ya no hubo lugar para las danzas populares en los recintos sagrados. Había llegado el tiempo de la lamentación. Quedaron unas pocas excepciones; la más notable, la danza que celebraba la santificación de la luna nueva: “El celebrante debe mirar atentamente la luna y debe realizar tres bailes delante de la luna”.
Hoy en día, el canto y el baile tienen un importante lugar en la liturgia judía. Se destaca la fiesta de Simjat Torá (fiesta de la alegría de la Torá), en la cual los fieles bailan con el rollo de la Biblia. (Adaptado de “The Torah, a modern commentary”, W.G.Plaut)

Los salmos exhortan a alabar a Dios con canto y baile:

Sal 30,11; 149,3; 150,4

El profeta Sofonías dice que Dios mismo baila con gritos de alegría por nuestra salvación:

16 Aquel día, se dirá a Jerusalén:
¡No temas, Sión,
que no desfallezcan tus manos!
17 ¡El Señor, tu Dios, está en medio de ti,
es un guerrero victorioso!
Él exulta de alegría a causa de ti,
te renueva con su amor
y danza  por ti con gritos de  alegría,
18 como en los días de fiesta. (Sof 3,16-18)

Jesús y el baile

No hay escenas del evangelio que muestren a Jesús bailando. Sin embargo, sabemos que Jesús iba en procesión al templo (Lc 2,41-42; Jn 2,13) y asistió a diversas fiestas, concretamente fiestas de bodas (Jn 2,1-12). Por lo tanto, tenemos que suponer que participó de la liturgia tal como lo hacía su pueblo en aquellos tiempos, cantando y bailando.
Cuando Jesús presenta su estilo de predicación y de anuncio del Reino, en contraposición al estilo austero de Juan Bautista, lo hace usando imágenes relacionadas con la música y el baile:

31 ¿Con quién puedo comparar a los hombres de esta generación? ¿A quién se parecen? 32 Se parecen a esos muchachos que están sentados en la plaza y se dicen entre ellos:
“¡Les tocamos la flauta,
y ustedes no bailaron!
¡Entonamos cantos fúnebres,
y no lloraron!”.
33 Porque llegó Juan el Bautista, que no come pan ni bebe vino, y ustedes dicen: “¡Ha perdido la cabeza!”. 34 Llegó el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: “¡Es un glotón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores!”. 35 Pero la Sabiduría ha sido reconocida como justa por todos sus hijos». (Lc 7,31-35)

“Jesús, el bon vivant, lanzó una llamada de arrepentimiento muy distinta a la de Juan. Sentando a su mesa también a los recaudadores de impuestos y a los pecadores, los parias de la sociedad judía en el aspecto religioso, Jesús ofreció un fácil y alegre camino de entrada en el Reino de Dios que él proclamaba. Pero, en un arrebato de puritanismo, “esta generación” se dijo que no era posible que ningún santo profeta enviado por Dios adoptase un estilo de vida tan libre y dado al placer, ni que se codease con la moralla religiosa ofreciendo seguridades sobre el perdón de Dios sin exigir el debido proceso de reinserción en la sociedad religiosa judía. Si ese Jesús era un comilón y un borracho ¿cómo podía ser un verdadero profeta y reformador? Así, “esta generación” rechaza las llamadas al arrepentimiento de un Juan demasiado ascético y de un Jesús demasiado alegre.”
(J.Meier, Un judío marginal, Tomo I, Ed. Verbo Divino)

Destellos Lunes 11 de febrero

LAS PROCESIONES

En diversas civilizaciones y por diversos motivos, encontramos formas de procesión: un grupo de personas que camina, marcha o baila, delante de alguna autoridad humana o de alguna divinidad. La procesión o desfile corresponde a alguna fiesta o fecha especial. El caminar en grupo indica disponibilidad, obediencia frente a la autoridad si se trata de un desfile, actitud activa y alerta. También, cuando la marcha se encamina hacia un lugar determinado, señala decisión y búsqueda. Por su carácter festivo, los cantos y bailes expresan la alegría del pueblo o la comunidad que celebra.

Los desfiles de carnaval, comparsas, murgas, probablemente tienen su antecedente en las fiestas que se realizaban en honor al dios Dionisio (Baco), el dios del vino.

Cuando Antíoco IV Epífanes prohíbe la práctica de la religión judía e impone al culto a Zeus, los habitantes de Judá son obligados a participar en estos desfiles paganos:

No se podía observar el sábado, ni celebrar las fiestas de nuestros padres, y ni siquiera declararse judío.  Por el contrario, todos se veían penosamente forzados a participar del banquete ritual con que se conmemoraba cada mes el nacimiento del rey; y cuando llegaban las fiestas dionisíacas, se los obligaba a seguir el cortejo de Dionisos, coronados de guirnaldas.

 Por instigación de Tolomeo, se publicó un decreto dirigido a las ciudades griegas de los alrededores, obligándolas a que procedieran de la misma manera contra los judíos y los hicieran participar en los banquetes rituales.  Además, se ordenaba degollar a los que rehusaran adoptar las costumbres griegas. Todo esto hacía prever la inminente calamidad. (II Mac 6,6-9)

Como manifestación religiosa, en nuestro país existen varias procesiones y peregrinaciones características, por ej. el Misachico:

destellos1102procEn las zonas desérticas donde la aridez climática hace que las cosechas se pierdan, los paisanos realizan diversas ceremonias para rogar por el agua.

En Catamarca, los castigados habitantes prometen a la Virgen del Valle un “Misachico”, a cambio de lluvia. Este consiste en una procesión durante la cual se venera a la Virgen. Engalanada con puntillas de colores, la imagen es transportada -en una urna de cristal- a la capilla más cercana para ofrecerle una misa que se celebrará al día siguiente de la peregrinación.

En otras poblaciones, se llevan “santitos”, siempre con la misma intención. Por lo general el Misachico es acompañado por un bombo y un violín. (Fuente: http://www.folkloredelnorte.com)

Procesiones, canto y baile camino al Templo de Jerusalén

Son numerosas las citas que nos hablan de las procesiones hacia el Templo de Jerusalén que se hacían en ocasión de las grandes fiestas. No sólo se hacían las peregrinaciones hasta el Templo sino que también, una vez allí, la procesión festiva formaba parte del culto:

Ordenen una procesión con ramos hasta los ángulos del altar. (Salmo 118)

 Ya apareció tu cortejo, Señor,

el cortejo de mi Rey y mi Dios hacia el Santuario:

 los cantores van al frente, los músicos, detrás;

las jóvenes, en medio, van tocando el tamboril.

 ¡Bendigan al Señor en medio de la asamblea!

¡Bendigan al Señor desde la fuente de Israel!

 Allí Benjamín, el más pequeño, abre la marcha

con los príncipes de Judá, vestidos de brocado,

con los príncipes de Zabulón

y los príncipes de Neftalí. (Sal 68,25-27 )

Judith y el “desfile” en honor a Yavé

Judith es una viuda reconocida en la ciudad por su piedad y sus buenas obras. Cuando la ciudad es cercada por el ejército enemigo y está a punto de sucumbir por la falta de agua, frente a la pasividad de los gobernantes, Judith trama un plan para salvar a la población y lo confía en manos de Dios.

Una vez obtenida la liberación de la ciudad, ella encabeza un desfile donde cantan a Dios por la victoria obtenida. Este cántico responde al género literario “canto de victoria” o “epinicio”:

Su contexto vital es el regreso de una ba­talla victoriosa, o la necesidad ulterior de festejarla. Tiene por tanto un origen popu­lar, como se entrevé por Ex 15,20ss; Nm 21,27-30; 1 Sam 18,6, pero en el Antiguo  Testamento estos cánticos ya están trans­formados en poemas literarios y teológicos, como lo muestra Ex 15,1ss, que supone tradiciones ya maduras (cf. v 17). Desde el punto de vista formal, el epinicio celebra las hazañas del héroe (que puede ser Yavé), su fuerza, la alegría del triunfo; por su­puesto que usa el estilo poético, conciso, ligero. Ex 15 y Jc 5 son los más representa­tivos.” (Krüger, Croatto, Míguez, Métodos Exegéticos, Ed Educab.)

El libro pone en evidencia cómo Dios obra de manera tal que excede la lógica humana. No son los gobernantes ni los sacerdotes quienes tienen una solución para el pueblo, sino una mujer. El libro es una protesta y una contestación ante  una visión de la época que consideraba que las mujeres no debían ocuparse de asuntos públicos.

Resulta muy irónico que en el “desfile” después de la victoria, Judith coronada va al frente, y los varones del pueblo, con sus armas que no han sido usadas  y no han procurado la liberación, vienen detrás. Lo habitual era que los varones fueran a la guerra y las mujeres los esperaran para cantar y alabarlos por sus proezas.

La tradición católica ve en Judith una figura de la Virgen María, que cantó para Dios el Magnificat celebrando lo que El hace en los humildes.

 “¡Entonen un canto a mi Dios
con tamboriles,
canten al Señor con címbalos;

compongan en su honor
un salmo de alabanza,
glorifiquen e invoquen su Nombre!

Porque el Señor es un Dios que pone fin a las guerras
él estableció su campamento en medio de su pueblo
y me guardó de mis perseguidores”. (Judith cap. 15)

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