Arena – Playa

LA ARENA

La arena es el conjunto de partículas que proviene de la desagregación de rocas cristalinas. Puede encontrarse sílice entre sus componentes. El tamaño de las partículas o granos de arena es entre 0,06 mm y 2 mm. Si supera esa medida se llama grava.

Su simbolismo proviene de las características que presenta. Por su pequeñez, representa lo ínfimo o insignificante: “no pesa lo que un grano de arena”.
9 La vida de un hombre dura cien años a lo más:
10 como una gota del mar y como un grano de arena, son sus pocos años frente a la eternidad. (Eclo 18,10)

Al acumularse en la playa  o en el desierto, es símbolo de lo incontable, innumerable.

La playa, como tal, tiene un simbolismo que surge en contraposición a la imagen del mar. Para los antiguos, el mar era un lugar malo, lugar de peligro. La playa es el sitio donde los marineros descansan y donde se puede estar seguro.

La arena aparece con frecuencia en un género literario llamado hipérbole, es decir, una imagen exagerada para llamar la atención: “una descendencia numerosa como la arena del mar”.

LA DESCENDENCIA DE ABRAHAM Y SARA

Abraham es anciano y no tiene hijos. ¿Cómo llegará a realizarse la promesa de Dios? De manera tan abundante, con tanto derroche, que su descendencia será como la arena del mar. En esta promesa hecha en los orígenes, el pueblo de Dios ve lo que llegará a ser: un pueblo numeroso. Esta promesa se verá amenazada muchas veces, por la falta de descendencia y por los peligros que sufren los descendientes de Abraham y Sara, como ocurrió en Egipto cuando Faraón mandó matar a los niños hebreos (Ex 1).

15 Luego el Ángel de Yavé llamó por segunda vez a Abraham desde el cielo, 16 y le dijo: “Juro por mí mismo –oráculo del Señor– : porque has obrado de esa manera y no me has negado a tu hijo único, 17 yo te colmaré de bendiciones y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar. Tus descendientes conquistarán las ciudades de sus enemigos, 18 y por tu descendencia se bendecirán todas las naciones de la tierra, ya que has obedecido mi voz”. (Gén 22)

Jacob teme que su hermano Esaú ataque su campamento. Su confianza en Dios se apoya en la promesa de la descendencia numerosa como la arena del mar, promesa hecha a su antepasado Abraham.  Y entonces reza:

“Dios de mi padre Abraham y Dios de mi padre Isaac, Señor, que me dijiste: ‘Regresa a tu tierra natal y seré bondadoso contigo’, 11 yo soy indigno de las gracias con que has favorecido constantemente a tu servidor. Porque cuando crucé el Jordán, no tenía nada más que mi bastón, y ahora he podido formar dos campamentos. 12 Te ruego que me libres de la amenaza de mi hermano Esaú, porque tengo miedo de que él venga y nos destruya, sin perdonar a nadie. 13 Tú mismo has afirmado: ‘Yo seré bondadoso contigo y haré que tu descendencia sea una multitud incontable como la arena del mar’”.  (Gén 32)

A esta promesa se recurre en distintos momentos de peligro. Si Dios prometió algo tan grande y abundante, se espera que realice su promesa a pesar de todas las adversidades.  El libro de Daniel relata acerca de los jóvenes judíos condenados al horno por Nabucodonosor. En ese momento en que la supervivencia del pueblo se ve amenazada y se teme el exterminio,  la promesa de Dios aparece en boca de los orantes como una invocación:

33 Y ahora no podemos abrir la boca,
la vergüenza y el oprobio cayeron sobre tus servidores
y sobre aquellos que te adoran.
34 No nos abandones para siempre a causa de tu Nombre,
no anules tu Alianza,
35 no apartes tu misericordia de nosotros,
por amor a Abraham, tu amigo,
a Isaac, tu servidor, y a Israel, tu santo,
36 a quienes prometiste una descendencia
numerosa como las estrellas del cielo
y como la arena que está a la orilla del mar.
37 Señor, hemos llegado a ser
más pequeños que todas las naciones,
y hoy somos humillados en toda la tierra
a causa de nuestros pecados. (Dn 3)

Esta promesa debe entenderse en el contexto del Antiguo Israel, en el cual no existía claramente una esperanza en la otra vida. Por lo tanto, el modo de trascender era en los hijos. Los antiguos clanes nómades valoraban el hecho de ser numerosos, de formar un gran clan, porque era su forma de organizarse socialmente, les permitía tener suficientes brazos para trabajar y defenderse de los peligros (animales, bandidos).
El Nuevo Testamento resignifica esta promesa, porque plantea que los hijos de Abraham lo son por la fe, y no por el vínculo biológico:

9 Pero esta felicidad, ¿es únicamente para los que han sido circuncidados, o también para los que no lo han sido? Consideremos lo que ya dijimos: A Abraham le fue tenida en cuenta la fe para su justificación. 10 ¿Cuándo le fue tenida en cuenta? ¿Antes o después de la circuncisión? Evidentemente antes y no después. 11 Y él recibió el signo de la circuncisión, como sello de la justicia que alcanzó por medio de la fe, antes de ser circuncidado. Así llegó a ser padre de aquellos que, a pesar de no estar circuncidados, tienen la fe que les es tenida en cuenta para su justificación. 12 Y es también padre de los que se circuncidan pero no se contentan con esto, sino que siguen el mismo camino de la fe que tuvo nuestro padre Abraham, antes de ser circuncidado. (Rom 4)

8 Por la fe, Abraham, obedeciendo al llamado de Dios, partió hacia el lugar que iba a recibir en herencia, sin saber a dónde iba. 9 Por la fe, vivió como extranjero en la Tierra prometida, habitando en carpas, lo mismo que Isaac y Jacob, herederos con él de la misma promesa. 10 Porque Abraham esperaba aquella ciudad de sólidos cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios. 11 También la estéril Sara, por la fe, recibió el poder de concebir, a pesar de su edad avanzada, porque juzgó digno de fe al que se lo prometía. 12 Y por eso, de un solo hombre, y de un hombre ya cercano a la muerte, nació una descendencia numerosa como las estrellas del cielo e incontable como la arena que está a la orilla del mar.
13 Todos ellos murieron en la fe, sin alcanzar el cumplimiento de las promesas: las vieron y las saludaron de lejos, reconociendo que eran extranjeros y peregrinos en la tierra. 14 Los que hablan así demuestran claramente que buscan una patria; 15 y si hubieran pensado en aquella de la que habían salido, habrían tenido oportunidad de regresar. 16 Pero aspiraban a una patria mejor, nada menos que la celestial. Por eso, Dios no se avergüenza de llamarse «su Dios» y, de hecho, les ha preparado una Ciudad. (Hebreos 11)

LA PROMESA en boca de los profetas

En este caso lo que amenaza el crecimiento del pueblo no es un peligro externo de muerte o persecución, sino su misma infidelidad. Si se vuelven a Dios, la promesa se realizará.

1 El número de los israelitas será como la arena del mar,
que no se puede medir ni contar;
y en lugar de decirles: “Ustedes no son mi pueblo”,
les dirán: “Hijos del Dios viviente”.
2 Entonces los hijos de Judá
se reunirán con los hijos de Israel:
designarán para sí un jefe único
y desbordarán del país,
porque será grande el día de Izreel.
3 Digan a sus hermanos: “Mi pueblo”
y a sus hermanas: “Compadecida”. (Os 2)

17 Así habla el Señor, tu redentor,
el Santo de Israel:
Yo soy el Señor, tu Dios,
el que te instruye para tu provecho,
el que te guía por el camino que debes seguir.
18 ¡Si tú hubieras atendido a mis mandamientos,
tu prosperidad sería como un río
y tu justicia, como las olas del mar!
19 Como la arena sería tu descendencia,
como los granos de arena, el fruto de tus entrañas;
tu nombre no habría sido extirpado
ni borrado de mi presencia. (Is 48,19)

20 Aquel día, el resto de Israel
y los sobrevivientes de la casa de Jacob
dejarán de apoyarse en aquel que los golpea,
y se apoyarán con lealtad
en el Señor, el Santo de Israel.
21 “Un resto volverá”, un resto de Jacob,
al Dios Fuerte.
22 Sí, aunque tu pueblo, Israel,
sea como la arena del mar,
sólo un resto volverá.
La destrucción está decidida,
desbordante de justicia.
23 Porque el Señor de los ejércitos ejecutará este decreto de exterminio en medio de todo el país. (Is 10)

LOS GRANOS DE ARENA COMO ABUNDANCIA, don de la providencia de Dios.

El don de Dios está fuera de todo cálculo
47 Durante los siete años de abundancia, la tierra produjo copiosamente, 48 y él reunió todos los víveres recogidos en esos siete años y los almacenó en las ciudades, depositando en cada una las cosechas de los campos vecinos. 49 De esa manera, José acumuló una enorme cantidad de cereales, tanto como la arena del mar, hasta tal punto que dejó de llevar un control, porque superaba toda medida. (Gén 41)

26 Hizo soplar desde el cielo el viento del este,
atrajo con su poder el viento del sur;
27 hizo llover sobre ellos carne como polvo
y pájaros como arena del mar:
28 los dejó caer en medio del campamento,
alrededor de sus carpas.
29 Ellos comieron y se hartaron,
el Señor les dio lo que habían pedido; (Sal 78)

La carta a los Efesios hablará de la abundancia de los bienes espirituales, que son un verdadero “derroche” gratuito que Dios ha hecho con nosotros.

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros
dándonos a conocer el misterio de su voluntad. (Ef 3, 3.7)

También son como la arena del mar los pensamientos de Dios (Sal 139,18) y la sabiduría de Salomón (1 Re 5,9).

LA PLAYA
Es el lugar de descanso para el marinero. Es el lugar seguro, en contraposición al mar, lugar de peligro.
El vidente del Apocalipsis, estando en la playa, tiene varias visiones apocalípticas. Una de ellas es la de la mujer y el dragón (cap. 12). Luego ve surgir una Bestia del mar.  En esta visión se le revela el modo en que actúan las fuerzas del mal, persiguiendo a los justos (Ap 12,18 y cap. 13).

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