Primeras comunidades

Del sueño de Jesús al sueño de las comunidades…

Compartimos el material que preparó el profesor Ernesto Leguiza ProftmEvl

para esta etapa del Curso de Profundización. ¡Gracias Ernesto! Tenemos aquí una buenísima guía para adentrarnos en la diversidad de las primeras comunidades cristianas.

Comunidades helenistas

En los primeros 20 años de las iglesias cristianas, el anuncio de la Buena Nueva de Jesús se expandió rápidamente en Palestina y en Siria, llegando inclusive a Asia Menor. No tenemos noticias de la organización de comunidades en Siria oriental y en África, a excepción de la referencia de Hch 8,26-40.
Esta expansión se debe especialmente a la actividad de misioneros y misioneras itinerantes, de origen judaico. Sabiendo que la organización de iglesias domésticas era el inicio de la actividad misionera, podemos afirmar que el espacio de la casa fue fundamental para el desarrollo del cristianismo primitivo.
Las iglesias misioneras abiertas a la cultura griega fueron las principales protagonistas de la difusión del cristianismo. Es una razón, a comunidades helenistas en el inicio del movimiento por la que daremos unan mirada.
Las principales referencias sobre estas comunidades las encontramos en el libro de los Hechos de los apóstoles, en los capítulo 6 al 8, 11,19-30 y 13 al 15, bajo la perspectiva de Lucas.
Los helenistas actúan con independencia
De acuerdo con Hechos, la misión de los Doce era continuar la práctica de Jesús, o sea, expulsar demonios, curar, anunciar el Reino de Dios y bautizar (Hch 2,38-41; 3,1-26; 5,12-16; 6,2.4). Mientras tanto, según Hch 6,1-6, quedaba reservada a los Siete (helenistas) dedicarse al servicio de las mesas, liberando a los apóstoles para el servicio de la Palabra.
Pero en realidad, encontramos a los Siete ejerciendo la misma misión de los Doce. También hacen curaciones (Hch 6,8; 8,6-7.13), expulsan demonios (8,7), anuncian el Reino de Dios (6,10; 8,4-5.12.35; 11,19-21), bautizan (8,12.38) y organizan comunidades (11,19-21).
¿Qué significa esto? ¿Habrían abandonado la misión encomendada? ¿Querrían ocupar el lugar de los Doce? ¿O los helenistas representarían otra forma de vivir la experiencia con el resucitado y, consecuentemente, el apostolado?
Históricamente, los helenistas habrían actuado de forma independiente en elación de los apóstoles y parientes de Jesús radicados en Jerusalén. Eran autónomos en su forma de vivir la fe en Jesús y de evangelizar, como también lo era el andar de las comunidades de Galilea y alrededores.
Las comunidades de Jerusalén eran fieles a las tradiciones de Israel y al Templo. Los helenistas, por el contrario, eran críticos al santuario y a la Ley. Leamos Hch 6,8-15; 7,44-50.
Por esta forma diferente de vivir el evangelio de Jesús, se ganaron el odio de quien controlaba la Ley en el Templo (Hch 6,12.15; 7,1). Según Hechos, que es el libro teológico de los cristianos helenistas de los años 80 d.C., no es casual que el primer mártir del movimiento cristiano primitivo hayan pertenecido a este grupo (Hch 7,54-60).
Sus prácticas son de apertura a otras etnias, al acceso universal a la Buena Nueva del Nazareno. Para que esto fuese posible, era fundamental derribar las barreras que impedían o dificultaban ese caminar. En el judaísmo oficial, el principal obstáculo estaba en el sistema legalista impuesto por el Templo. En este sentido, así como lo hiciera Jesús en sus denuncias proféticas, los helenistas van directo al núcleo del problema.
Es preciso decir que, al poner en diálogo el evangelio con el mundo greco-romano, los helenistas realizaron importantes cambios en el mensaje de Jesús. Un ejemplo de esto, se refiere al Reino de Dios. Jesús quiere el Reino como perdón de las deudas. Los helenistas lo entienden como perdón de los pecados.
No por casualidad eran críticos al Templo y a la Ley. El santuario era el principal responsable de la exclusión de samaritanos, incircuncisos e impuros, según la Ley. En las comunidades de los helenistas, toda esta gente tenía una oportunidad, recuperaban su ciudadanía.
Junto con las comunidades del Discípulo Amado y de Marcos, los misioneros y las misioneras helenistas fueron responsables de la fundación de iglesias en Samaría (Hch 8,5-13; Jn 4,1-42) y en Siria (Hch 9,1-30). Llegaron, inclusive, a África (Hch 8,26-40) y Antioquía (Hch 11,19s; 13,1-3).
Los helenistas tienen mucho en común con las iglesias de Marcos. Tanto unos como otros son críticos a la Ley, al Templo y a los apóstoles. La teología de la cruz y del martirio es central tanto en las comunidades marcanas como en las helenistas. Es que, en verdad, las iglesias helenistas se originaron a partir de las primeras comunidades de Galilea.
Esta práctica más libre que la de la iglesia de Jerusalén permitió que las comunidades helenistas fuesen verdaderamente proféticas. Entendieron que la Buena Nueva de Jesús tenía que ver con todos los pueblos y no se limitaba sólo al judaísmo. Se vuelven iglesias misioneras y, como toda la iglesia primitiva, mantienen una fuerte esperanza en el retorno inminente de Jesús.
A diferencia de los apóstoles y parientes de Jesús, ubicados en Jerusalén, los cristianos helenistas estaban abiertos a la participación activa e igualitaria de mujeres en la misión. Como es el caso de las hijas de Felipe que eran profetisas (Hch 21,8-9). Actuaban en Samaría, viviendo en Cesarea, mientras otros profetas desarrollaban su tarea en Antioquía (Hch 13,1). Esta característica, los aproxima al modelo de igualdad propio de las comunidades del Discípulo Amado.
Las comunidades judaicas de la diáspora
Para poder entender el rápido crecimiento de las comunidades helenistas, es preciso mirar un poco más de cerca a las comunidades judaicas de la diáspora, los prosélitos y los temerosos de Dios.
La economía griega se basaba en el trabajo esclavo. Existían ciudadanos libres, esclavos libertos y la gran mayoría de la población que continuaba siendo esclava. Los ciudadanos libres eran la clase dominante, teniendo una vida privilegiada. El trabajo manual era considerado inferior y reservado sólo para esclavos.
La cultura griega tenía como foco de irradiación la ciudad, mientras en Palestina predominaba una cultura rural. Esta dominación cultural era muy fuerte. Se imponía a través del estilo de vida y de la organización de la polis, la administración, la tributación, el comercio, la filosofía, la lengua griega, las divinidades, las artes, los deportes, los teatros, el ejército, etc.
Para comprender la razón por la cual los judíos helenistas tuvieron una mayor apertura para recibir el Evangelio, recordemos la situación que éstos que vivían en la diáspora.
Primeramente, conviene tener presente que se mantenían fieles a la Ley y al culto en las sinagogas de las ciudades griegas. Las sinagogas de la diáspora habían asumido un modelo muy cercano al de las asociaciones y casas del mundo greco-romano, que hemos visto anteriormente. Muchas de sus reuniones se realizaban en las casas. Se trata de cultos domésticos. Las sinagogas eran un espacio para la lectura e interpretación de las Escrituras, para la oración y comidas comunitarias. En estos ambientes helenistas, las mujeres judías también asumían funciones de liderazgo.
La vida cotidiana de los judíos helenistas estaba traspasada por usos y costumbres del mundo griego, o sea, por el modo de organizar y vivir en la polis. Convivían en medio de muchas culturas y religiones diferentes; sin embargo, con un modo de vida común.
Todo esto nos ayuda a entender las razones por las cuales un judío de la diáspora era visto con reservas por uno de Jerusalén y de Judea.
De parte del imperio, existía una política de tolerancia en relación a las comunidades judaicas. Los romanos reconocían su religión y permitían cierta autonomía para su vida en las colonias establecidas en las ciudades greco-romanas.
Prosélitos y temerosos de Dios
No sólo los judíos dispersos eran quienes se asimilaban al modo de vida griego. Se da un interactuar entre las culturas. Las comunidades judaicas presentaban su religión de forma muy atractiva a los griegos. De hecho, varias características importantes de la religión de Israel eran bien vistas por la cultura griega.
Un ejemplo será el monoteísmo. Varios filósofos griegos criticaban duramente al politeísmo, considerando supersticiosas muchas de sus prácticas. Era considerable el número de personas que buscaban religiones monoteístas y cultos orientales. También gozaba de aceptación en diferentes grupos la ética proveniente del mundo judaico. En este sentido, la religión judaica de la diáspora tuvo buena recepción en personas que se aproximaban a las sinagogas.
Las personas que asumían plenamente la religión de Israel. Son llamados prosélitos, o sea, “alguien que se aproxima”. Prosélitos son, por lo tanto, los extranjeros convertidos al judaísmo, que asumen la práctica de la Ley, incluyendo la circuncisión. De este modo, pasaban a formar parte de la comunidad. Sin embargo, y especialmente por su resistencia a la circuncisión, deben haber sido pocos los prosélitos. Inclusive, hayamos pocas referencias sobre ellos en los escritos bíblicos.
Además de los griegos que asumían el judaísmo en su totalidad, estaban los temerosos de Dios. A diferencia de los prosélitos, eran un grupo numeroso, que no adherían plenamente a la práctica religiosa. Eran griegos que simpatizaban con la religión de Israel. Frecuentaban las sinagogas. Aceptaban la comprensión judaica de Dios, así como los libros sagrados del judaísmo y la ética israelita. Observaban el Sábado, las leyes de pureza y la piedad judaica de dar limosnas, orar y ayunar. Leamos, como ejemplo, la historia de Cornelio, un greco-romano, hombre piadoso y temeroso de Dios (Hch 10,1-2.22.35).
Sin embargo, no se integraban a la comunidad de Israel por no aceptar la circuncisión. La mayoría de los convertidos por Pablo pertenecían a este grupo, además de otros griegos que aún no conocían el judaísmo (Hch 17,4; 1 Ts 1,9-10).
En los textos, algunas veces también son llamados de adoradores de Dios (13,43; 16,14; 17,4.17; 18,7) o simplemente de griegos (14,1; 17,12; 18,4; 19,10.17). Entre ellos encontramos mujeres, como el caso de Lidia (16,14), y varones como Cornelio (10,2) y Justo (18,7).
El mensaje del evangelio, según los cristianos helenistas, era una propuesta universal que no imponía costumbres restringidas a una cultura específica. Además, predicaba la igualdad y la unión entre todos aquellos que adherían a la Buena Nueva cristiana.
Por eso, los judíos helenistas, los prosélitos, y especialmente los temerosos de Dios, eran tierra fértil para aceptar la semilla del evangelio y producir muchos frutos. Ellos fueron los principales responsables de la rápida difusión del cristianismo.
El cristianismo como una alternativa para judíos helenistas prosélitos…
¿Por qué los judíos de la diáspora, prosélitos y temerosos de Dios recibieron con mayor facilidad la Buena Nueva cristiana? Una de las principales razones se relaciona con el hecho que las comunidades judaicas, esparcidas por las ciudades griegas, sufren cierta discriminación por parte de los judíos más ortodoxos de Palestina.
Estos judíos, fieles observantes de la Ley y de las costumbres, especialmente los de Judea, consideraban a sus hermanos de la diáspora contaminados por los paganos. Vimos que, era prácticamente imposible para un judío de la diáspora, no asumir, al menos en buena parte, el modo de vida de las ciudades griegas. Esta contaminación volvía impuro a un judío helenista. Por ejemplo, cuando peregrinaba a Jerusalén, era obligado o forzado a pasar por una serie de ritos de purificación para poder frecuentar el Templo. Era considerado un judío de segunda clase. Consecuentemente, tenían una actitud más crítica en relación a las instituciones judaicas oficiales que los discriminaban.
Los judeo-cristianos helenistas, identificados por los Siete (Hch 6,5), son una evidencia de esta postura. Su crítica a la Ley de Moisés y al culto en el Templo santo de Dios (6,11-14) revelan la desconfianza de los judíos de la diáspora en relación a estas instituciones.
En el libro de los Hechos, encontramos un ejemplo revelador de la discriminación contra las viudas de judíos de la dispersión. Leamos Hch 6,1-2. Pensar que esto suceda dentro de la joven iglesia de Jerusalén agrava la situación. Puede suponerse que el desprecio por parte de los judíos de Jerusalén haya sido mayor aún que el que se vivía dentro de las comunidades cristianas de la capital.
Las iglesias helenistas, especialmente a partir de Antioquía de Siria, rompieron con esta discriminación. Superan la ley de pureza étnica. No sólo los judíos helenistas eran recibidos en pie de igualdad, sino también los prosélitos. Las iglesias domésticas eran una alternativa para quien era despreciado por su propia religión. Allí, todos eran hermanas y hermanos, no necesitaban ni del Templo ni de las sinagogas para garantizar su identidad ante Dios.
…y para griegos temerosos de Dios
Las iglesias fundadas por los misioneros de las comunidades de Antioquía no sólo eran una alternativa para judíos de la diáspora y prosélitos, sino un espacio de aceptación de los temerosos de Dios.
En Jerusalén, en cambio, aún siendo simpatizantes de la religión de Israel, no tenían chance de acceder al Templo, en igualdad de condiciones con judíos y prosélitos. Sólo podían circular por el gran patio, como que cualquier extranjero.
Las comunidades de Antioquía son una nueva posibilidad para que los temerosos de Dios vivan su fe monoteísta poniendo en práctica sus criterios éticos. Sin embargo, liberados del rigor de la Ley judaica y, especialmente, de la circuncisión. Para estos adoradores de Dios, el mensaje de Jesús era agua fresca.
¿Cómo fue posible quebrar la discriminación de los pobres, las mujeres y los extranjeros?
Sabemos que los pobres, las mujeres y los extranjeros eran los más discriminados por la doctrina del judaísmo oficial, centrado en la pureza étnica, la santidad del Templo y las leyes de pureza ¿Cómo se puede ser fiel a estas tradiciones y, al mismo tiempo, a la verdad del evangelio?
Vimos cómo Jesús hace una contundente crítica a las leyes discriminatorias, buscando rescatar la dignidad de los pobres y las mujeres. Además, observamos que el Nazareno entendió su misión como una renovación de la experiencia religiosa, retomando lo esencial de la Ley: la centralidad de la vida, la libertad y el amor. Todo esto ya está presente en el Primer Testamento, dentro de las teologías de la Creación, del Éxodo y de la Alianza, respectivamente.
Las iglesias helenistas dieron un paso más al percibir que este Evangelio era una Buena Noticia no sólo para los judíos sino también para los griegos. La doctrina judía defendía que el camino hacia Dios estaba en el cumplimiento de la Ley que, según su creencia, era expresión de la voluntad divina.
¿De qué forma los pobres podrían practicar la Ley, y así acceder a Dios, si la desconocían y eran considerados malditos? ¿Cómo podrían las mujeres estar en comunión con el creador si eran consideradas impuras en buena parte de su vida? ¿Existe alguna oportunidad para quienes no profesaban la religión judaica de ser admitidas a la fe en YHWH? ¿Cómo podrían reconciliarse con Dios los rechazados de la Tierra, si dependen de ofrecer sacrificios en un altar al cuál no tienen acceso?
En esto encontramos la novedad, fruto de la creatividad de los helenistas. El nuevo camino ya no es la Ley, sino Jesús, el Cristo y Señor. Él es el criterio hacia la verdad que libera. Es la luz que alumbra la verdadera vida. Su cruz-resurrección es mediación entre las personas y Dios. Es el ofrecimiento de la gracia para el rescate de toda la humanidad. Se trata de la nueva justicia de Dios al alcance de todas las personas y de todos los pueblos. Tener fe es aceptar ese rescate amoroso y fiel, ofrecido gratuitamente por Dios. Él nos justifica, no las obras de la Ley ni los sacrificios del Templo. Para adherir al Mesías y a su proyecto, no es necesaria la Ley. Basta sólo la adhesión por la fe, cuya práctica es la vivencia del amor (Ga 5,6) y de la justicia (Rm 6,13-14.18-19). Leamos Rm 1,16-17; 3,20.30; Ga 2,15-21.
Según el libro de los Hechos, esta fue la tesis central del evangelio según los cristianos helenistas. En Antioquía de Pisidia, Pablo anuncia que es por Jesús resucitado que alcanzamos la remisión de los pecados. Además, afirma que la plena justificación no es dada por la Ley de Moisés, sino por la fe. Leamos Hch 13,38-39.
Por lo tanto, la nueva justicia de Dios ofrecida gratuitamente en Jesús mediante la adhesión por la fe, es la forma hallada por las comunidades helenistas para incluir, no sólo a los pobres y a las mujeres, sino también a los temerosos de Dios y a otras personas que aún no conocían la religión de Israel.
Pablo, el apóstol de los gentiles
A diferencia del Libro de los Hechos, Pablo no se demora en describir en sus cartas el proceso de cambio que aconteció en su vida. Las pocas veces que se refiere a esta transformación, insiste en la autenticidad de su misión como verdadero apóstol. Veámoslo en Ga 1,13-17; 1 Co 9,1 y 15,8.
En cambio, las tres narraciones de Hechos referidas a esta conversión (9,1-19; 22,3-21; 26,1-18), dejan de manifiesto la importancia de esta transformación, no sólo en la vida de Pablo, sino en el caminar de las jóvenes iglesias. Esta forma de relatar es coherente con la teología de Lucas, sobre la difusión del Evangelio.
Sin embargo, estas perspectivas paulinas ya formaban parte de las comunidades helenistas. No fueron invención de Pablo. Probablemente haya sido en las iglesias domésticas de los cristianos helenistas donde Pablo habrá conocido y se habrá apasionado por la misión de llevar la Buena Nueva de Jesús a los incircuncisos (Hch 9,11.17). Inserto en este caminar, no permitió que el Evangelio de la libertad fuese nuevamente sometido a las costumbres judaicas. Él mismo lideró el anuncio de Jesús Cristo y de su proyecto de vida a todas las culturas.
Pablo recibió su primera catequesis cristiana en las comunidades helenistas de Damasco. De allí tuvo que huir, pues Aretas, el rey de los nabateos, quería apresarlo (2 Co 11,32-33). En esa ocasión se dirigió a “Arabia”, lo que posiblemente sea una referencia a las iglesias de la región este del lago de Galilea (Ga 1,17). Esta fue su primera misión.
Lo que caracteriza a las comunidades cristianas de Antioquía es su vocación misionera y su apertura al mundo greco-romano. Envían diversos equipos a las ciudades de la región mediterránea para anunciar la Buena Nueva de Jesús tanto a judíos como a griegos.
Recordemos que la tesis central del Evangelio, según los primeros misioneros helenistas, es que la remisión de los pecados es dada por Jesús resucitado y que la plena justificación no viene por la Ley de Moisés, sino que es gracia de Dios para quien cree (Hch 13,38-39).
Comunidades helenistas: un nuevo modelo de relaciones
El liderazgo en las comunidades helenistas era ejercido tanto por varones, como por mujeres. Aún cuando Hch 13-14 no las mencione, las mujeres tenían espacios igualitarios en las comunidades paulinas, como veremos en la próxima Etapa. Sin embargo, es importante decir, que fueron las generaciones posteriores a los años 70 d.C., las responsables de introducir el patriarcado y la jerarquización en las iglesias. Gran parte nuestra organización eclesial es heredada de las comunidades helenistas; si hoy existen iglesias centralizadas que discriminan a las mujeres, son consecuencia en parte de esta historia.
En la Carta a los Gálatas encontramos la tesis fundamental con la que Pablo aplica el nuevo tipo de relaciones propuesto por Jesús: “ya que todos ustedes, que fueron bautizados en Cristo, han sido revestidos en Cristo. Por lo tanto ya no hay judío ni pagano, esclavo ni hombre libre, varón ni mujer, porque todos ustedes no son más que uno en Cristo Jesús” (Ga 3,26-28). Este texto era una fórmula bautismal que ya circulaba en las comunidades, Pablo se expresa:
Aún cuando la carta salga a la luz a mediados de los años 50 d.C., esta era una práctica común en las iglesias fundadas hace 10 años. Las jóvenes comunidades, a partir de la experiencia de Dios revelada por Jesús de Nazaret, vivían relaciones más humanas en todos los niveles: género, clase y etnia. Se preguntaban: ¿Cómo hubiese actuado Jesús? Así buscaban ser fieles a su Espíritu.
Desafíos que enfrentan las comunidades helenistas
Con el acceso de griegos a las comunidades, ingresaron nuevos valores que generaron tensiones en la convivencia. Este conflicto cultural fue el mayor desafío que tuvieron que enfrentar las jóvenes iglesias helenistas. Es el reto del diálogo intercultural.
Una de las mayores dificultades para los judeo-cristianos era aceptar la comunión de mesa con los griegos. A un judío le estaba prohibido entrar en casa de un extranjero (Hch 10,28) o comer con él (Mc 2,16). Debido a esto, para que los griegos pudiesen participar en pie de igualdad, era necesario que las comunidades judeo-cristianas superasen el dogma de la pureza étnica y las leyes de lo puro e impuro. Por lo tanto, el mayor desafío para los cristianos de origen judaico era hacer un proceso de conversión. En este proceso, los judíos de la diáspora tenían cierta ventaja sobre los de Judea, por estar marcados por la cultura griega.
Asumiendo este desafío, las comunidades helenistas tuvieron una práctica innovadora. Son derribadas las barreras culturales, de clase y de género. En las reuniones comunitarias comían juntos y sin discriminación, tanto griegos como judíos, tanto esclavos como libres, tanto mujeres como varones, tanto pobres como ricos.
Conflictos en las comunidades
Como ya vimos, surgen tensiones con las comunidades de Jerusalén. Santiago, el hermano del Señor, envió observadores para vigilar de cerca la nueva experiencia helenista (Ga 2,12; Hch 11,22; 15,1-2). Veremos que el mismo Santiago impone restricciones a los griegos convertidos (Hch 15,19-20). Esta decisión de Jerusalén generó un gran malestar en Antioquía. Incluso, es conocido el enfrentamiento público entre Pablo y Pedro, cuando aquel desenmascara el fingimiento de quien era considerado la columna de la iglesia (Ga 2,11-14).
Este conflicto con Jerusalén tuvo repercusiones internas en la comunidad. Es probable que en Antioquía, algunos judeo-cristianos se hayan sometido a las orientaciones de Jerusalén. Seguramente, Bernabé y Juan Marcos aceptaron estas restricciones (Ga 2,13). Mientras que otros, como Pablo y Silas, siguieron fieles al anuncio de la libertad del evangelio.
Posiblemente que este retroceso de Bernabé sea la razón fundamental de la división en las iglesias helenistas. Lo mismo cabe pensar de Juan Marcos, cuando desiste en Perge de continuar la misión (Hch 13,13). Seguramente no estuvo de acuerdo con la apertura de Pablo a la cultura griega; principalmente en lo que respecta a la comunión de mesa con los incircuncisos. Pablo, para ser fiel a su vocación de apóstol de los gentiles, conformó otro equipo, distanciándose de Bernabé y siguiendo su propio camino (Hch 15,36-40).
Conflictos con autoridades judaicas
Las autoridades judaicas también persiguen a los líderes de las comunidades abiertas a los incircuncisos. Veamos:
Las iglesias cristianas helenistas siguen a Jesús en su postura ante el judaísmo oficial, criticando al Templo como el lugar santo de Dios, y a la Ley de Moisés (Hch 6,9-15; 7,44-50). En consecuencia, son acusadas y llevadas al Sanedrín.
La persecución no tardó en llegar y se cobró el primer mártir de las iglesias helenistas, luego que el Sanedrín promoviera una represión generalizada contra estas comunidades. Las iglesias de los apóstoles de Jerusalén no se verán afectadas por esta persecución (Hch 6,15; 7,54-8,3).
Conflictos con la cultura greco-romana
• En Listra, el pueblo confunde a Pablo y a Bernabé con divinidades griegas (Hch 14,11-18).
• Las casas greco-romanas eran regidas por el sistema patriarcal. El padre de familia mandaba sobre la mujer, los hijos e hijas, los esclavos y esclavas. Las comunidades helenistas, al promover relaciones liberadoras desde las mujeres, la familia y la servidumbre, habrán entrado en conflicto con las costumbres tradicionales, pasando a ser un grupo sospechoso.
• Las asambleas griegas sólo tenían participación de las elites económicas e intelectuales. Las asambleas de las comunidades cristianas, al ser un espacio abierto a esclavos, pobres y mujeres, habrán despertado la conciencia ciudadana de sus participantes, teniendo consecuencias en la sociedad greco-romana.
• Al anunciar a Jesús como el único Señor y rey, las iglesias estaban oponiéndose al emperador como dueño del mundo (Hch 17,6-7).
• Al presentar a Jesús como Cristo, estaban negando el culto al emperador. Todo nos muestra que las comunidades eran células transformadoras de las relaciones y, consecuentemente, una amenaza para los poderes instituidos.
• Al colocar en el centro de su predicación la cruz, y la victoria de la vida, el movimiento cristiano deja claro que sus prácticas están en confrontación con las de los poderosos romanos. Estos, en complicidad con los saduceos y herodianos, fueron los principales responsables de la muerte de Jesús (1 Co 2,8; Hch 2,23).
• Pero existían opiniones divididas con respecto al imperio. Consideremos que durante los períodos de mayor persecución, era necesaria una mayor prudencia con el fin de sobrevivir. De esta forma se buscaba obedecer a las autoridades pero con conciencia crítica y discernimiento (Rm 1,18; 12,2; 13,1-7). Sin embargo, especialmente a partir de la gran persecución de Nerón en el 64 d.C., se veía al imperio como encarnación del demonio, simbolizándolo en el dragón y la opresión de la bestia (Ap 13,1-4; Mc 5,1-20).

Comunidades de Jerusalén

“Íntimamente unidos, frecuentaban a diario el Templo,
partían el pan en sus casas,
y comían juntos con alegría
y sencillez de corazón”
(Hch 2,46)
Si bien el proyecto de Jesús tuvo dificultades para ser recibido en Jerusalén, no toda la población, especialmente la más pobre, estaba de acuerdo con el sistema del Templo. Podemos pensar que varios sectores habrían sido favorables al movimiento del Nazareno, en tanto que promovió el rechazo a la explotación del santuario. Muchos, incluso sacerdotes y fariseos, habrían adherido a las jóvenes iglesias de Jerusalén, desaprobando la condena a muerte de Jesús y reconociéndolo como el Mesías esperado por Israel (Hch 2,41.47; 4,4; 5,14; 6,1.7; 15,5).
Según el libro de los Hechos, desde el principio se habían formaron comunidades en Jerusalén y sus alrededores. Sus dirigentes eran los apóstoles galileos y los parientes de Jesús. Hch 1,12-14 recuerda una reunión, estando presentes los apóstoles, los hermanos del Señor y algunas mujeres. Aparecen nuevamente reunidos a la hora de vivir la fuerte experiencia del Espíritu Santo (Hch 2,1-13). A partir de allí principalmente se destacarán, a lo largo de este libro, Pedro y Juan.
Santiago es otro líder importante en aquellas comunidades, también conocido como el hermano del Señor (Mc 6,3; Hch 12,17; Ga 1,19). Pablo se encuentra con él en ocasión de su primera subida a Jerusalén alrededor del año 38 d.C. (Ga 1,18-19). Se encuentran nuevamente durante el concilio, diez años después (Ga 2,1-10), donde Santiago tiene una decisiva participación (Hch 15,13-21). Luego será Santiago quien envíe observadores a las comunidades de Antioquía, lo que, según el lenguaje de Pablo, coarta la libertad y la verdad del evangelio (Ga 2,4.11-14). Más tarde, será en su casa donde se reúne la comunidad para recibir a Pablo al regreso de su tercer viaje misionero (Hch 21,17-26). En el 62 d.C., muere apedreado por mandato del Sumo Sacerdote Anán.
Las comunidades de Galilea realizan fuertes críticas a los dirigentes de Jerusalén, tales críticas son expresadas en los evangelios del Discípulo Amado y el de Marcos. Probablemente, haya existido alguna tensión debido al hecho de que los parientes de Jesús y los apóstoles se consideraban los verdaderos herederos de la tradición del Nazareno. Mc 9,38-40, muestra al apóstol Juan, una de las columnas de las comunidades de Jerusalén (Ga 2,9), manifestando los celos de la capital hacia las otras iglesias que también llevaban adelante la práctica liberadora de Jesús. El texto de Marcos defiende el derecho de las comunidades a su autonomía y desautoriza la envidia de apóstol en su intento por monopolizar la tradición de Jesús.
El hecho que los cuestionamientos provengan de las iglesias más abiertas, pareciera criticar a los dirigentes de Jerusalén por estar muy atados a las tradiciones judaicas de las sinagogas y del Templo.
Con respecto a la figura de Pedro, podríamos decir que durante algunos años habría actuado en Jerusalén y sus alrededores, para luego cambiar de rumbo, como misionero itinerante (Hch 12,17). Podemos considerar dos causas para entender la partida de Pedro de Jerusalén. Primero, la persecución del Sanedrín. Su retirada se da justamente luego que Herodes Agripa I asesina al apóstol Santiago e intenta matar a Pedro (Hch 12,1-16). Segundo, es probable que Pedro haya roto sus vínculos con Santiago, el hermano del Señor. Comprendamos que Simón Pedro participaba, aunque con reservas, de las comunidades abiertas a los griegos (Ga 2,11-14). En cambio los enviados de Santiago quieren a inhibir esa participación. Esto no sólo llevó a una crisis con Pablo, sino que pudo haber lesionado la relación con Santiago.
A partir de entonces, el hermano del Señor pasa a ser el principal responsable por las jóvenes iglesias en la ciudad de Jerusalén.

La casa como lugar de reunión de las comunidades

Hemos hablamos de las casas como lugar del nacimiento de las iglesias. Es debido a su importancia, que volvemos a destacar el papel que desempeñan en las comunidades primitivas.
Llama la atención que, según el relato de los Hechos de los Apóstoles, la primera reunión de la comunidad de Jerusalén se realiza en una casa y no en el Templo. Esto ya nos dispone a ver la importancia que la casa ejercerá en la vida de las primeras comunidades.
En Hechos, además de esta primera referencia a la comunidad reunida (1,13-14), pueden verse otros acontecimientos centrales para las iglesias de Jerusalén sucedidos en las casas:

La experiencia de la presencia del Espíritu Santo en medio de la comunidad (2,1-13).
El compartir el pan con alegría y sencillez de corazón (2,46).
El anuncio de la Buena Nueva de Jesucristo, tanto en las casas como en el Templo (5,42).
La reunión de la comunidad (8,3).
La conversión de Pablo, que le dará una nueva visión y el bautismo en el Espíritu Santo (9,10-18).
La hospitalidad de Simón, cuya profesión era considerada impura es la que, según el programa teológico de Lucas, abre las puertas a los extranjeros (9,43; 10,9-17).
La Buena Nueva entra en la casa de un incircunciso (10,1-11,18; ver 10,22-48).
La comunidad reunida en oración recibe a Pedro, prisionero fugitivo (12,12-17).
La casa como un espacio de nuevas relaciones

Las casas, como la de María, madre de Juan Marcos, era el lugar donde las comunidades de Jerusalén acostumbraban reunirse.
Allí se experimenta una nueva relación con lo sagrado, que ya no está oculto y distante del pueblo, como lo estaba detrás del velo del Templo. Ahora aparece presente en la vida cotidiana y en la comunidad reunida en familia. Es un nuevo espacio de relación con lo sagrado, con una intensa experiencia de la presencia del Espíritu de Jesús resucitado (Hch 2,1-13; 4,31).
Esta nueva experiencia de Dios se traduce en nuevas relaciones económicas. Fiel a la enseñanza de Jesús, en sus palabras y gestos, la comunidad continúa compartiendo el pan y sus bienes (Hch 2,44-46). De este modo, buscaban superar el hambre y la miseria (Hch 4,32-35).
La práctica de Jesús de recibir a los excluidos considerados impuros, especialmente a los enfermos, era señal de solidaridad y compasión. De esta forma, las comunidades practican nuevas relaciones sociales, no de exclusión, sino de inclusión, permitiendo a todos y todas un nuevo espacio de reintegración a la convivencia social (Hch 3,1-10; 5,12-16).
De la misma forma que Jesús rescata la dignidad de la mujer, Hch 12,12-13 nos revela un cambio significativo en las relaciones de género. Las mujeres están en igualdad de condiciones con los varones en la comunidad reunida en oración y en la experiencia del Espíritu Santo (1,13-14; 2,1-4). Además, ellas eran sus coordinadoras cuando los recibían en sus casas. Ese espacio de igualdad entre el varón y la mujer sólo era posible en el contexto de la casa. El Templo, la sinagoga, y la vida pública en general, eran espacios de privilegio para los varones. La casa era principalmente el espacio de la mujer. Y aún cuando aparezcan rasgos de sometimiento al marido, poseía derechos que no encontraban fuera. El ejemplo de María, madre de Juan Marcos, nos muestra que las mujeres ejercían el liderazgo en las comunidades reunidas en sus casas. Se tratan de iglesias domésticas.
En Palestina, las leyes religiosas de impureza garantizaban la discriminación de las mujeres judías. Quedaban apartadas del espacio público. En las sinagogas, tenían un lugar separado. En el Templo, tenían un lugar limitado. Su lugar era la casa y su papel era esposa, madre y ama de casa. En la cultura greco-romana, quien comandaba la casa era el padre de familia. Él mandaba sobre la esposa, los hijos y los esclavos.
Pero, aún cuando la mujer había conquistado un espacio mayor en las iglesias domésticas, las comunidades de Jerusalén aún dependían de la cultura patriarcal judaica. Estaban muy ligadas a las sinagogas y al Templo, donde las mujeres judías tenían una posición inferior. A diferencia de las comunidades del Discípulo Amado, las mujeres fueron excluidas del liderazgo de la iglesia de Jerusalén, restringiéndolo a los varones.
Veamos, por ejemplo, en Hch 1,21-23, que la palabra dicha por Pedro se refiere a varones. Aún cuando hubiesen sido mujeres, como los mismos autores de esta obra reconocen (Lc 8,1-3; 24,1-8), quienes siguieron a Jesús desde Galilea y que testimoniaron su resurrección, , fueron excluidas de la posibilidad de sustituir a Judas, y por lo tanto ser parte de los Doce. Veremos más adelante la existencia de apóstolas en las comunidades helenistas.
Considerando Por las críticas de las comunidades de Galilea, las relaciones internas de poder no deben haber sido fáciles en Jerusalén. Además, los líderes ligados a los apóstoles y parientes de Jesús querían mantener el control sobre las otras experiencias comunitarias de Jesús resucitado. Leamos Hch 8,14-17; 11,22; Ga 2,4-5.11-14.
Es posible que en los primeros años de estas comunidades, el poder aún no estuviese tan centralizado. Es verdad que había líderes que ejercían su autoridad pero la jerarquización debía ser incipiente. Con respecto a la jerarquía en las iglesias, volveremos a hablar en las próximas Etapas, cuando tratemos sobre las comunidades de los años 70 d.C.
Fue compartiendo el pan, recibiendo a los enfermos, viviendo nuevas relaciones de género y de poder, que las primeras comunidades experimentaron una nueva relación con lo sagrado presente en el día a día de sus vidas. Se trata de modelos de convivencia social y religiosa. Modelos de inclusión y solidaridad. Estas pequeñas células de convivencia fraterna eran al mismo tiempo, denuncia de estructuras sociales injustas y anuncio de un mundo en donde las nuevas relaciones se aproximen al ideal del Reino de Dios.

Iglesia, comunidades reunidas en las casas

Conviene que reflexionemos un poco más sobre las comunidades como núcleos reunidos en casas.
Desde muy temprano los primeros cristianos comprendieron a sus grupos y reuniones como asamblea. En griego, esta palabra es ekklesia, que traducimos por iglesia. Veamos, por ejemplo: Hch 5,11; 8,1.3.
En hebraico se utiliza el término qahal, para referirse a la antigua asamblea del pueblo (Hch 7,38; Ex 12,16; Lv 23,3; Dt 4,10; Jos 18,1). En la traducción griega de la Biblia, la Septuaginta, esta palabra qahal fue traducida por ekklesia. Probablemente, las raíces del uso de este término en las jóvenes iglesias provienen de esta traducción.
En el mundo griego, formaban parte de la ekklesia solamente los ciudadanos. ¿Quiénes eran considerados ciudadanos en la Antigua Grecia? Los varones libres, que en su mayoría, eran propietarios de tierra y esclavos. Además de ellos, formaban parte de la ekklesia los intelectuales, como ser los filósofos y líderes religiosos. La ekklesia tomaba decisiones que involucraban a toda la sociedad. De allí nace el concepto de democracia, que significa poder del pueblo. Sólo que en esta democracia griega, la gran mayoría de la población no tenía acceso a la ekklesia, pues estaba compuesta de esclavos, artesanos y mujeres.
Es verdad que las asambleas del antiguo Israel eran más democráticas que las griegas. En este sentido, las jóvenes iglesias retoman el ideal de participación ciudadana de las tribus.
Aún existe otra gran novedad en las comunidades cristianas. Ellas se comprenden como asamblea, pero diferente de aquella organizada por las elites griegas. En la asamblea cristiana hay espacio para todas las personas que adherían a la Buena Nueva de Jesús. Podrían ser libres o esclavas, adultas o no. Se convivía solidariamente, como hermanos y hermanas.
Sin embargo, las iglesias cercanas a Jerusalén, ligadas a la tradición judaica, no estaban abiertas a personas de otras etnias. Eran comunidades compuestas por judeo-cristianos. Más adelante, veremos que el primer concilio de Jerusalén registrará los cuestionamientos que tenían sobre la apertura de las iglesias helenistas de Antioquía hacia personas de otras culturas.
En el mundo greco-romano, había una propagación de asociaciones y de clubes relacionados con el culto, banquetes o refecciones regulares, entre otras finalidades. El ingreso en estas asociaciones era libre, tanto para mujeres como para varones, fuesen libres o esclavos. Sin embargo, eran clubes formados por personas de la misma profesión u oficio. Con relación a estas asociaciones, las asambleas cristianas también fueron innovadoras. En ellas, podían participar personas de diferentes orígenes profesionales y sociales. Los clubes estaban formados por personas socialmente homogéneas, al tiempo que las comunidades lo estaban por personas socialmente heterogéneas.
El nuevo modo de relacionarse esos núcleos, desde las casas, convierte corazones y mentes, generando una nueva conciencia y transformando las estructuras del mundo, tal como el fermento leva la masa.
En el libro de los Hechos, ekklesia tiene varios sentidos y puede ser una referencia:
A las iglesias de Jerusalén (8,1; 11,22; 12,1.5; 15,4; 18,22).
A las comunidades de Judea, Galilea y Samaría (9,31).
A las comunidades entre los gentiles (11,26; 13,1; 14,23.27; 15,3.41; 16,5; 20,17).
A las asambleas de las ciudades griegas (19,30-40).
A toda la asamblea congregada (5,11; 20,28).

Las iglesias de Jerusalén y el Templo

Al leer Hch 8,1, cabe preguntarnos por qué los apóstoles no fueron perseguidos por el Sanedrín de la misma forma como lo fueron los cristianos helenistas.
Podemos responder que una de las razones fundamentales habría sido que continuaban fieles al Templo. Según Hch 2,46 los primeros cristianos de Jerusalén “íntimamente unidos, frecuentaban a diario el Templo”. Esto significa que participaban en las oraciones de la mañana y de las tres de la tarde. También cumplían con las purificaciones rituales, los sacrificios, los ayunos y la observancia del Sábado. Eran, por lo tanto, fieles a la Ley judaica. La única diferencia en relación a otros judíos, es que no esperaban más por un Mesías, pues, para ellos, era Jesús. Frecuentaban tanto el Templo como las iglesias domésticas, como en la casa de María, madre de Juan Marcos (Hch 12,12).
Ante esta actitud no es difícil comprender que el Sanedrín los haya dejado en paz cuando incentivó una violenta persecución a los judeo-cristianos de origen helenista. Estos eran profundamente críticos al Templo y a la Ley.
Los cristianos de Jerusalén, además, eran fieles a las normas alimentarias judaicas. Esto se puede deducir por las exigencias que estas iglesias hacen a las comunidades que practicaban la comunión de mesa con los griegos (Hch 15,19-20).

Conflictos en las comunidades

Es verdad que algunas comunidades pueden haber llegado a vivir nuevas relaciones, tal como las proponía Jesús. Pero también es verdad que el mismo libro de los Hechos relata innumerables dificultades.
Al describir el ideal de la vida comunitaria, los autores de Hechos no quieren mostrarnos el día a día de la vida de las iglesias de Jerusalén. Más bien desean presentar a esta comunidad como un modelo a ser siempre buscado. Son una invitación a discernir nuestra práctica cotidiana, proyectando el futuro sobre el pasado.
En realidad, las jóvenes iglesias de Jerusalén tuvieron que enfrentar muchos problemas, no sólo referidos a la convivencia interna, sino también las relaciones con otras comunidades y formas de vivir el evangelio de Jesús. Veamos:
Existen quienes comprendían de forma errada el mesianismo de Jesús y el Reino de Dios (Hch 1,6-8).
Un matrimonio, Ananías y Safira, nos hace pensar que había quienes usaban a la comunidad para obtener ventajas (Hch 5,1-10).
Existe una discriminación en el compartir el pan con las viudas de judeo-cristianos venidas de la diáspora (Hch 6,1-6).
Existen conflictos entre los dirigentes judaicos y los helenistas (Hch 6).
Hay dificultades para aceptar que las iglesias helenistas hagan comunión de vida, al admitir en sus comunidades a personas incircuncisas e ingresar en sus casas (Hch 11,3; 15,1-2).
Algunos fariseos convertidos quieren que todos observen la Ley de Moisés (Hch 15,5-6).
Cristianos de Jerusalén imponen restricciones a los griegos convertidos (Hch 15,19-20).

Conflictos con autoridades judaicas

Los mismos grupos que condenaron a Jesús y a los judeo-cristianos helenistas (Hch 6,1-8,3), son quienes, de forma menos violenta, van a perseguir a los dirigentes de las iglesias en Jerusalén más vinculadas a la tradición judaica. El conflicto se despierta porque continúan la práctica liberadora de su maestro (Hch 3,6-8.16; 5,15-16), y se organizan en comunidades (Hch 3,42-47; 4,32-37).
Esta nueva práctica era hecha en nombre de Jesús. Primeramente, incomodaba a las autoridades judaicas el hecho que los apóstoles anunciaran como Mesías a aquel que ellas habían mandado a matar y en su nombre y ejemplo, continuaban promoviendo la vida. En segundo lugar, la nueva práctica de las comunidades las hace crecer cada día. Esta popularidad alcanzó dimensiones envidiables para la dirigencia del Templo. Las autoridades estaban perdiendo su espacio. El control sobre el pueblo se les estaba yendo de las manos. Observemos algunos de estos conflictos con las autoridades judaicas.
Atribuyen la acción del Espíritu Santo a la embriaguez (Hch 2,13).
Los sacerdotes, el jefe del Templo y los saduceos intentan silenciar el anuncio y la vivencia de la Buena Nueva de Jesús, prendiendo a Pedro, a Juan y a otros apóstoles (Hch 4,1-22; 5,17-42).
El Sanedrín decide matar a los apóstoles, aunque sólo los azotan (Hch 5,33.40).

Conflictos con autoridades romanas

Alrededor del año 43 d.C., Herodes Agripa I, quien ostenta el poder del imperio, mata al apóstol Santiago y manda arrestar a Pedro (Hch 12,1-3). Es posible que este conflicto con Roma sea una de las razones que llevaron a las iglesias de Jerusalén a observar fielmente la circuncisión, como forma de mantenerse fieles a las leyes judaicas, las que eran permitidas por el imperio.

Las iglesias de Jerusalén no tuvieron una larga vida

Las primeras comunidades de Jerusalén, que también eran conocidas como iglesia de la circuncisión (Hch 10,45; 11,2), no tuvieron una larga vida. Apenas duraron unos 40 años. En el 70 d.C., cuando las tropas romanas destruyeron el Templo y a Jerusalén, muchos cristianos habrían muerto en la guerra o huyeron hacia otros lugares. Es posible que, después de la guerra, algunos grupos se hayan reorganizado, pero la iglesia de Jerusalén había perdido totalmente su importancia en el contexto de las otras comunidades. De esta forma, el cristianismo aún muy joven, perdió una referencia importante. Entonces, comunidades de otras ciudades adquirieron una mayor importancia, como es el caso de Antioquía y de Éfeso.

 

Comunidades del Discípulo Amado

“El discípulo al que Jesús amaba
dijo a Pedro: ‘¡Es el Señor!’” (Jn 21,7)

Como hemos visto, luego de un período de crisis a partir de la muerte de Jesús, sus seguidores y seguidoras volvieron a organizarse desde Galilea. Se trataba de la tierra de sus propios orígenes y la de su maestro. Era el lugar en donde se había originado el movimiento del Nazareno. Por esta razón, tiene sentido que nos ocupemos de las iglesias nacidas en Galilea, poco tiempo después de la muerte de su líder.
Comencemos intentando una aproximación a las comunidades que están en el origen del evangelio de Juan, otros se acercarán a aquellas que nos legaron el evangelio de Marcos.
Las comunidades del Discípulo Amado están detrás de los textos atribuidos al apóstol Juan, hermano de Santiago: el evangelio y las tres cartas. Es verdad que estos libros terminaron de componerse alrededor del año 100 d.C., o sea, durante la tercera generación cristiana. Sin embargo, por detrás de ellos, existe una larga historia. Y no sólo la historia de Jesús. Tanto en este evangelio como en los demás, el itinerario de Jesús está unido a la historia de las iglesias, muy presente en el texto. Es parte de esta historia de las comunidades joánicas la que pretendemos rescatar en este trabajo.
Llamamos a estas iglesias comunidades del Discípulo Amado, porque presentan en el Evangelio a un discípulo, que representando a todas ellas, es llamado varias veces como “el discípulo al que Jesús amaba”. (Jn 13,23; 19,26; 20,2; 21,7.20). Se trata de una forma similar a la que aparece en Jn 11,5.36: Jesús amaba a Marta, María y Lázaro.
Son comunidades que se organizan de forma igualitaria, fundamentalmente en torno a las discípulas de Jesús. El libro de los Hechos no menciona a este grupo de iglesias. Sus autores parecen encontrar algunas razones para no considerar a las comunidades joánicas. Como veremos más adelante, la obra de Lucas refleja el proceso de patriarcalización y jerarquización de las comunidades durante la época de la segunda generación cristiana de los años 80. Parece no interesarles hacer referencia a las iglesias con un fuerte liderazgo femenino. En cambio, para nosotros, es importante rescatar esta experiencia, de la cuál tenemos como una bellísima herencia los escritos atribuidos al apóstol Juan.
Una de las mujeres, que están en el origen de estas comunidades, es María Magdalena. Desde el comienzo, digamos que, en el transcurso de la historia de la iglesia occidental, Magdalena sufrió intencionalmente un proceso de marginación. Ya en la obra de Lucas se la considera poseída por siete demonios (Lc 8,2). Posiblemente, este dato haya sido utilizado para disminuir su fuerte presencia en este grupo de comunidades. Luego, la tradición posterior se encargó de identificarla con la mujer pecadora de Lc 7,36-50. Mientras tanto, en las iglesias orientales, ella es venerada como apóstola de los apóstoles.
Otra mujer que se destaca es Marta. A diferencia de los otros evangelios, en su boca se pone la profesión de fe en el mesianismo de Jesús (Jn 11,27). La crítica que nos trae Lucas (Lc 10,38-42) ¿no habrá sido utilizada para disminuir su liderazgo dentro de este grupo de comunidades?
Como ya sabemos, Magdalena era una discípula fiel a Jesús, desde Galilea hasta la cruz y la sepultura. Ella estaba entre aquellas que encontraron la tumba vacía y tuvieron la primera experiencia con el Jesús resucitado. En el evangelio de Juan, ella está sola en esta experiencia que dio origen al cristianismo. Por esto, no es exagerado concluir que son las mujeres y, de manera especial María Magdalena, las que organizaron las más antiguas comunidades de discípulas y discípulos de Jesús, tanto en Galilea como en Samaría y el sur de Siria.
Entender nuestros orígenes asociado a estas iglesias, nos ayuda a retomar un modelo de comunidad más democrática en el ejercicio del poder y más igualitaria en la cuestión de género.

El protagonismo de las mujeres

El acentuado protagonismo de las mujeres en los escritos joánicos, confirma su fuerte liderazgo en aquellas jóvenes iglesias. Ellas están presentes en los momentos claves de la estructura del cuarto evangelio:
• En los inicios de la vida pública de Jesús, es una mujer quien lo impulsa a realizar su primera señal (Jn 2,1-12; cf. v. 4). Y es otra mujer quien lo acompaña en los momentos definitivos junto a la cruz (Jn 19,25-27).
• Para las comunidades joánicas, es una mujer quien lleva la Buena Nueva de Jesús a las aldeas de Samaría (Jn 4,1-42). En el evangelio, ella es la primera persona que reconoce en Jesús al Mesías esperado (vv. 25-30).
• Jn 8,1-11, aún cuando probablemente se trate de un agregado, nos muestra cómo Jesús desenmascara la hipocresía legalista de fariseos y escribas, justamente en relación a una mujer adúltera.
• Es Marta quien profesa su fe en el mesianismo de Jesús a diferencia de los demás evangelios, donde Pedro, representante de los apóstoles, es quien realiza la profesión (Jn 11; especialmente el versículo 27).
• En el capítulo siguiente, encontramos a María, hermana de Marta y Lázaro, ungiendo los pies de Jesús. De esta forma, como representante de la comunidad, es la verdadera discípula, profetisa y sierva del Señor. Es la que anticipa el lavatorio de los pies realizado por Jesús, modelo del poder-servicio (Jn 13,1-17). Es la esposa del Cordero de la Alianza que Dios renueva con la humanidad. Anticipa también la unción de Jesús para su muerte y para su vida que permanece.
• Por último, tenemos la aparición del resucitado a María Magdalena en el jardín donde renace la vida (Jn 20,11-18). Ella es enviada, es la apóstola que anuncia la novedad de la resurrección a sus hermanos (vv. 17-18).

Junto con las mujeres, encontramos a tres discípulos adhiriendo a este modelo de comunidad: Felipe, Andrés y Tomás. En el evangelio, podemos encontrarlos en momentos importantes:
• Están entre los primeros discípulos que fueron llamados (Jn 1,35-48).
• Jesús pide su colaboración al momento de compartir el pan (Jn 6,1-15; cf. v. 5-9).
• Integran a la comunidad a un grupo de griegos adoradores de Dios (Jn 12,21-22).
• Un cuestionamiento de Felipe lleva a Jesús que se revela como el rostro del Padre: “el que me ha visto, ha visto al Padre.” Veamos Jn 14,8-10.

En cuanto a Tomás, podemos encontrarlo en las siguientes situaciones:
• Contrariamente al Pedro que aparece en los otros evangelios (Mc 8,31-33), Tomás está dispuesto a morir con Jesús (Jn 11,15-16).
• Es una pregunta de Tomás la que lleva a Jesús a decir: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida.” Veamos Jn 14,5-6.
• En Jn 20,24-29, es Tomás quien reconoce, en medio de la comunidad (reunidos en la casa; v. 26), a Jesús como Señor y Dios (v. 28) impulsándolo a afirmar: “¡Felices los que creen sin haber visto!”. Esta bienaventuranza revela que muchos de los miembros de estas iglesias no habían conocido a Jesús de Nazaret durante su vida pública.

¿Quién está en el origen de estas comunidades?

Si miramos atentamente el evangelio del Discípulo Amado, podemos obtener informaciones sobre los orígenes de las comunidades que, más tarde, nos transmitieron este precioso documento.
Son por lo menos cuatro los grupos que participaron en la formación de las iglesias joánicas.

1. Galileos. Jesús era galileo, lo mismo que todos sus discípulos. La base de la comunidad estaba formada por galileos que aceptaron a otros grupos (Jn 1,43-45). Se trataba de personas marginadas por los judíos de la capital, quienes se consideraban puros (Jn 1,46; 7,41.49.52). A partir de la experiencia de la resurrección, vieron realizadas sus expectativas mesiánicas en Jesús, reconociéndolo como maestro, Mesías, Hijo de Dios y rey de Israel (Jn 1,45.49). Por esto, muchos galileos habrían adherido a las comunidades lideradas por Marta y María Magdalena.

2. Bautistas. Las evidencias del Evangelio indican que estas comunidades tuvieron muchos adeptos entre los discípulos de Juan Bautista (Jn 1,19). En la Etapa anterior, vimos que en un primer momento, Jesús adhirió a su movimiento, siendo bautizado por él. Después que Juan fue ejecutado por Herodes Antipas, Jesús siguió su propio camino. Así, muchos compañeros en el seguimiento del Bautista comenzaron, a partir de entonces, a seguir a Jesús, formando un nuevo movimiento. En este momento comienza a ser gestada la comunidad joánica, como puede leerse en Jn 1,35-39.
Ni galileos ni bautistas tenían posibilidad de participar regularmente en los actos de culto y de purificación exigidos por el Templo de Jerusalén. Por un lado, no tenían condiciones económicas. Por otro, vivían geográficamente muy lejos y separados por Samaría. Desde el Templo se difundía la doctrina que legitimaba su discriminación. Allí se comercializaba la misericordia de Dios. El grupo de los saduceos que comandaba el Templo estaba aliado a la dominación romana. Por todas estas razones, bautistas y galileos tenían una postura muy crítica en relación al santuario y a todo lo que representaba (Jn 2,13-22).

3. Samaritanos. Según el libro de los Hechos, la evangelización de las aldeas de Samaría fue realizada por Felipe, uno de los Siete (Hch 6,5; 8,4-25). Contó, en esta tarea, con la colaboración de sus hijas, que eran profetisas. Otra información extraída de Hechos lo sitúa en Cesarea Marítima, justamente en la región de Samaría (Hch 21,8-9).
Mientras tanto, para el cuarto evangelio, son las mismas mujeres samaritanas quienes organizan las comunidades. En realidad, el ingreso de las aldeas samaritanas a las iglesias joánicas marca el nacimiento de las comunidades del Discípulo Amado (Jn 4,1-42). Los samaritanos eran fuertemente excluidos por el judaísmo oficial del Templo (veamos Si 50,25-26; Lc 10,29-37). Pero las iglesias joánicas los reciben y ellos acogen a Jesús como el Cristo y Salvador del mundo (Jn 4,29.42). Especialmente son las mujeres de Samaría quienes lo asumen. Son ellas las evangelizadoras: a causa de ellas muchos creyeron en él (Jn 4,39).
Pero no creyeron en el Mesías descendiente de David. Éste solamente es citado una vez en todo el evangelio, en boca de los judíos que sí esperaban un Mesías davídico (Jn 7,42). Los samaritanos lo reconocen como el Mesías liberador y el profeta anunciado por Moisés (Jn 6,14; Dt 18,15.18). En Jn 12,13, cuando los redactores finales adaptan Mc 11,9-10, omiten intencionalmente el nombre de David. Recordemos que su dinastía, además de explotar a las antiguas tribus del norte localizadas en la región de Samaría, las calificó como idólatras e impuras (2 R 17,24-41).
La adhesión de los samaritanos al Evangelio con una esperanza mesiánica propia y, de modo especial, el liderazgo de las mujeres, fueron los responsables de una comprensión de Jesús tan diferente a las otras iglesias primitivas. Fueron ellos los que les dieron un colorido tan original al cuarto Evangelio.

4. Griegos. Además de bautistas, galileos y samaritanos, encontramos a otro grupo que adhiere a las jóvenes iglesias del Discípulo Amado, también rechazado por el judaísmo oficial. Se trata de los griegos, o personas no judías que probablemente ya simpatizaban con el monoteísmo judaico, pero que no adhirieron a él a través del cumplimiento de la Ley. En las comunidades joánicas, eran bien recibidos. Allí, podían adherir a una fe monoteísta, cuyos valores centrales estaban en la promoción de la vida y de la libertad, del amor y de la justicia, sin necesidad de pasar por la circuncisión ni por las prescripciones culturales sobre alimentos y otras cosas.

Proyecto de las comunidades joánicas

Reunidos en las comunidades joánicas, los grupos marginados por las instituciones judaicas hicieron experiencia del amor de Dios revelado en Jesús de Nazaret. Él vino a realizar la Alianza definitiva (Jn 2,1-12). Sentían su presencia viva en el Espíritu enviado por el Padre. El era la auténtica autoridad en las iglesias, por lo cual, no permitieron que sus comunidades se organizaran jerárquicamente. El poder-servicio era la forma de ejercer la autoridad (Jn 13,1-17). El amor era su única ley. Era el criterio que orientaba las nuevas relaciones dentro de esas comunidades de iguales (Jn 13,34-35). Anunciaron a Jesús como la encarnación del Dios creador de la vida (Jn 1,1-4.14), el Dios del éxodo que vino nuevamente a traer vida abundante y libre para su pueblo (Jn 10,10; 8,24.28.32). Ese Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios que genera vida en quien cree y adhiere a su proyecto (cf. Jn 20,31).

Conflictos dentro de las comunidades

Pero no todo iba de mil maravillas. El Evangelio sirve de crítica a los miembros de las mismas comunidades que no asumen públicamente su fe en Cristo, quizás a causa de la persecución sufrida por las autoridades. Aún cuando el evangelio haga referencia a problemas posteriores a la época que aquí estamos estudiando, vale la pena recordar que las iglesias joánicas consideraron esa fe como insuficiente. Veamos las siguientes citas: Jn 2,23-25; 6,60-66; 7,5.13; 12,42-43. Del mismo modo, podemos ver el caso de Nicodemo (Jn 3,1-21; 19,39) y el de José de Arimatea (Jn 19,38-42).
La insistencia de Jesús sobre la unidad, pone de manifiesto estas divisiones en la comunidad, (Jn 17,11.20-23).

Conflictos con otras comunidades

Podemos sospechar un primer conflicto con el movimiento bautista, que había continuado luego de la muerte de su fundador (Hch 18,25; 19,1-7). El evangelio de Juan estaría insistiendo a los discípulos del Bautista para que se integrasen en sus comunidades. En este sentido el Discípulo Amado parece ser uno de ellos, en el caso que se lo identifique con aquel anónimo de los dos citados en Jn 1,35-40. Simultáneamente, el evangelio resta importancia a la figura de Juan Bautista. Él no es la luz, sino que da testimonio de la luz (Jn 1,7-8). Jesús existía antes que él (Jn 1,15.30). Juan no es Elías, ni el profeta ni el Mesías esperado (Jn 1,19-23). No siendo el novio (Jn 3,29), debe empequeñecerse (Jn 3,30). No realiza milagros (Jn 10,41-42). Además, el cuarto evangelio, presenta a los discípulos del Bautista quejándose que muchos de sus compañeros se incorporaron a las comunidades cristianas (3,22-26).
Un segundo conflicto está en relación a las iglesias de Jerusalén. Como veremos más adelante, las comunidades de la capital fueron fundadas por los apóstoles y parientes de Jesús. Pedro es el representante de esos apóstoles fundadores de aquellas iglesias. Las iglesias del Discípulo Amado evalúan que entre los líderes de Jerusalén hay demasiado apego al poder y una fe insuficiente. La forma que encuentran para cuestionarlas, es narrar la disputa de Pedro con el Discípulo Amado.
Pero antes de pasar a estos textos, debemos recordar que en este evangelio la palabra apóstol es citada una sola vez y con el sentido de enviado, mensajero, sin ninguna connotación de título de autoridad. No debemos considerarlo casual, sino entender que las iglesias joánicas tienen otra experiencia del ejercicio de la autoridad y otra comprensión de la presencia de Jesús resucitado.
Veamos ahora los textos y percibamos cómo las comunidades del discípulo que Jesús amaba son críticas a las autoridades apostólicas de Jerusalén, representadas por Pedro.
1,35-42: El discípulo anónimo que sigue a Jesús es una probable referencia a aquel que él amaba (vv. 30.40). En 1,42 el Nazareno no invita a Pedro a su seguimiento. El llamado de Pedro recién lo encontraremos en un texto agregado al evangelio (Jn 21,19) y solamente una vez que Pedro jurarla amarlo (21,15-17).
13,1-17: Pedro no acepta que aquel que tiene autoridad (v. 13) la ejerza el poder como servicio. Aún más, cuando parece aceptarlo, pretende privilegios frente a los demás compañeros, a quienes Jesús lavara solamente los pies.
13,23-26: Pedro se encuentra distante de Jesús y sólo se vincula con él a través del Discípulo Amado.
18,10-11: Como en Mc 8,32, Pedro no acepta al Mesías de la cruz, intentando impedir la prisión de Jesús.
18,15-16: sólo con la ayuda del Discípulo Amado Pedro consigue presenciar el juicio de Jesús.
18,17-27: Pedro niega a Jesús.
19,25-27: El Discípulo Amado está al pie de la cruz ¿Dónde se encuentra Pedro?
19,35; 21,24: El testimonio del Discípulo Amado es verdadero.
20,1-10: El Discípulo Amado llega primero al sepulcro vacío. Pedro entra y ve. El discípulo al que Jesús amaba entra, ve y cree.
21,1-7: Como en 13,23-26, en 18,15-16, una vez más Pedro llega a Jesús sólo con la ayuda del Discípulo Amado.
21,15-19: La comunidad joánica parece poner en duda el amor de Pedro por el maestro. Aún cuando había dicho que daría su vida por Jesús, Pedro no cumplió con su palabra (13,36-38). Sólo después de tener la certeza de su amor, Jesús le confiere el pastoreo de su rebaño (v. 17) y lo llama a seguirlo (v. 19).
21,20-23: Pedro pareciera querer pastorear solo y tiene celos del Discípulo Amado. Jesús lo reprende.

Esta crítica a las autoridades de Jerusalén también era realizada por las comunidades que produjeron el Evangelio de Marcos.
El ejemplo de estas comunidades puede ayudarnos a superar el apego al poder, tanto económico, político o religioso. Ayudarnos a luchar contra nuestros prejuicios, dejándonos guiar por el Espíritu de Jesús. Estas comunidades continúan siendo un modelo vital para nuestras comunidades eclesiales.

Conflictos con el judaísmo y con el imperio

Las iglesias joánicas sufrieron una fuerte persecución por parte de las autoridades judaicas de las sinagogas. Es verdad que el conflicto que se describe en el evangelio refleja la persecución de los años 80, cuando los cristianos fueron expulsados de las sinagogas. Pero también es verdad que ella debe haber comenzado en años anteriores, agravándose décadas más tarde.
El evangelio se refiere unas setenta veces a los judíos, para hablar especialmente del conflicto con los fariseos. Veamos algunas citas: Jn 1,19; 2,18; 5,10.15-18; 8,48; 10,31.
Del mismo modo, semejante a las más de setenta veces el evangelio utiliza la palabra mundo. Ella posee diversos sentidos. Puede ser una referencia al mundo físico (Jn 17,5.24), a toda la humanidad (Jn 3,16-17; 8,12) o a un grupo humano numeroso (Jn 12,19).
Pero aquí queremos destacar que, al referirse a mundo, la comunidad del Discípulo Amado está haciendo fundamentalmente una crítica a las autoridades judaicas y romanas. Un conflicto que está entramado en toda la estructura social y religiosa excluyente del judaísmo y de los romanos. Leamos las siguientes citas: Jn 8,23; 11,48; 14,27; 15,18-16,4a; 17,6.14.16; 18,36.

Comunidades de Marcos

“Vayan ahora a decir a sus discípulos
y a Pedro que él irá antes que ustedes a Galilea;
allí lo verán, como él se lo había dicho”
(Mc 16,7)

Además de las comunidades del Discípulo Amado, podemos encontrar otras iglesias que se organizan en la misma región de Galilea Samaría y el sur de Siria. Se trata de los grupos que se vinculan con el evangelio de Marcos, en torno al año 70.
Los autores de Marcos están interesados en animar a las comunidades galileas a mantenerse alertas y firmes en la fe, en medio de las persecuciones durante la guerra judaico-romana (Mc 13). Quieren estimularlas a perseverar firmes en la misma práctica de Jesús (Mc 6,7-13).
Podemos percibir, detrás de este evangelio, varios elementos de la experiencia que dio origen a las comunidades y que, años más tarde, resolvieron poner por escrito este testimonio.
Las comunidades de Marcos organizaron su misión con las mismas claves que marcaron el movimiento de Jesús. En grupos, salían por las aldeas curando enfermos y expulsando demonios, buscando así liberar al pueblo de las fuerzas contrarias al Reino de Dios (Mc 6,7.13). Animaban a que todos se convirtiesen y creyeran en el Evangelio (Mc 6,12). Al igual que Jesús, eran misioneros itinerantes que vivían con simplicidad y desapego (Mc 6,8-9).
Continuaba siendo una experiencia mayoritariamente rural, sin lograr aun ser un movimiento urbano.
Intentemos comprender mejor cómo habrán sido estos misioneros itinerantes y esas comunidades en las casas de las aldeas.

Jesús, un Mesías sanador que asume la cruz

Las comunidades marcanas reconocen el poder de Jesús que, unido a la fe y confianza de las personas, promovía la recuperación de la salud.
Al mismo tiempo, Marcos insiste en la necesidad de no hacer alarde del poder terapéutico de Jesús. Leamos: Mc 1,34.44; 3,12; 5,43; 7,36; 8,26.
Al exigirles mantener en secreto, Marcos tiene la intención de no mostrar un Jesús triunfalista y todopoderoso. Quiere presentar al Mesías que pasa por la cruz (Mc 9,9-10; 15,39). En este sentido, la teología de la cruz en Marcos tiene el mismo peso que encontraremos en las comunidades helenistas, donde Pablo ejercerá un papel central.
Marcos promueve la fidelidad de sus iglesias a la fe en el Cristo crucificado y resucitado. De este modo critica otras experiencias que sobrevaloran casi mágicamente la tarea de Jesús como taumaturgo. Aún hoy, muchas personas esperan la acción mágica de este sanador Jesús. La teología de las iglesias marcanas es un gran aporte para ayudarnos a superar esta comprensión cristológica. Dios, ciertamente, actúa en nuestras vidas. Pero es preciso reconocer que el actuar divino se encarna en acciones humanas.

Jesús supera la idea del Mesías sabio y maestro

En la investigación bíblica actual, existe una hipótesis sobre la existencia de una corriente cristiana en Galilea que presentaba a Jesús como un Mesías sabio y maestro. Esta tendencia valoraba sus dichos, palabras y enseñanza, sin darle tanta importancia a la pasión, muerte y resurrección. Se trataría de un movimiento ligado a círculos que, a pesar de su radicalidad en el seguimiento itinerante del maestro, presentan a un Jesús que no incomoda a las instituciones opresivas de la época.
Según esta hipótesis, fundada en evidencias literarias, esta corriente cristiana habría producido un texto llamado fuente Q, por ser esta la primera letra de la palabra alemana quelle (fuente). Hasta hoy no se ha encontrado ninguna versión de este documento. De haber existido, estaría perdido. Esta sería la segunda fuente usada por Mateo y Lucas al escribir sus evangelios en los años 80. La primera fue el evangelio de Marcos cuyo material era conocido desde unos 15 años antes. La fuente Q contendría los textos comunes de Mateo y Lucas, ausentes en Marcos. A través de estos evangelios tenemos indicios de la posibilidad de su existencia.
Por el uso que Mateo y Lucas hicieron de Q, podemos concluir que esta colección no presentó los enfrentamientos de Jesús con las autoridades judaicas que controlaban la tradición legalista del Templo (saduceos, o sea, Sumo Sacerdote, ancianos y sacerdotes) y de las sinagogas (fariseos y escribas). Tampoco haría referencia al enfrentamiento con el poder romano, dejando de hablar de la cruz-resurrección, tan central en el kerigma de las iglesias primitivas. En este sentido, de haber existido el documento, se encontraría en la línea del evangelio de Tomás. Este evangelio tardío tampoco relata la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Su énfasis está en las parábolas y en los pequeños dichos de Jesús.
Debemos preguntarnos sobre esta insistencia en presentar a Jesús como un Mesías maestro y sabio ¿Por qué evitar la centralidad de la cruz-resurrección en el anuncio de su Buena Nueva? ¿Por qué poner en segundo plano el enfrentamiento con los poderes económico, político y religioso? ¿A quién le interesaría, tanto en aquel tiempo como en la actualidad, presentar a un Jesús no tan crítico a los sistemas opresores?
Ante esta tendencia en el cristianismo primitivo, las comunidades de Marcos cuestionan fuertemente crítica esta limitada comprensión sobre Jesús de Nazaret.
Para Marcos, quien no comprende al Mesías de la cruz, tampoco comprende su misión. Está ciego. Y no es casual que insista tanto en la ceguera de sus familiares (Mc 3,20-21; 6,4-6), de las autoridades (Mc 2,1-3,6) y de los discípulos (Mc 6,49-52; 7,17-18; 8,14-21; 8,22-10,52).
Para las iglesias de Marcos es inevitable el conflicto entre el proyecto del nazareno y los poderes al servicio de la opresión. El enfrentamiento entre las fuerzas del Reino y las fuerzas del demonio son como un eje que atraviesa todo el evangelio. Jesús combate el poder del mal con el poder de Dios. Corroborémoslo con nuestras Biblias.
• 1,12-13: en la primera acción narrada en el evangelio, Jesús enfrenta y vence a Satanás.
• 1,21-28: la primera curación que realiza se centra en expulsar espíritus impuros, revelando una autoridad diferente a la de los escribas.
• 1,33.34.39; 3,11-12: expulsar demonios es una dimensión esencial de su práctica.
• 3,15. 6,7.13. 16,17: combatir las fuerzas de opresión, expulsando demonios, también es central en la misión de los apóstoles.
• 3,22-30: la misión de Jesús consiste en amarrar al fuerte (v. 27), representado en el sistema de Jerusalén, que envía a los escribas a acusar a Jesús (v. 22).
• 5,1-20: sabe que la posesión romana sobre el pueblo y sus tierras mata la conciencia de las personas (5,15).
• 7,24-30: se opone a la ley de pureza étnica, presente en la mentalidad judaica, que discrimina a otros pueblos.
• 9,14-29: el sistema legal (escribas: ver v. 14) impide que se exprese la propia palabra y que se escuche con los propios oídos (vv. 17.25).
• 9,38: combatir las fuerzas del mal no es monopolio exclusivo de los apóstoles.
• 11,15-19: las fuerzas del mal se materializan en la opresión económica y religiosa del Templo.
Divergencias con las comunidades de Jerusalén…

Aquí ecesitamos analizar dos aspectos que llaman la atención en las comunidades de Marcos. Uno es su fuerte crítica a las instituciones de la religión judaica. Y el otro es la forma negativa como presentan a las autoridades de las iglesias de Jerusalén.

…a través de la crítica a las instituciones judaicas…

Como veremos, las primeras comunidades que fueron organizadas en Jerusalén y sus alrededores eran iglesias aún muy ligadas a las sinagogas y al Templo. Se trataba más de una tendencia más dentro del judaísmo, cuya característica fundamental era la fe en Jesús como el Mesías esperado por Israel. Al realizar duras críticas a las principales instituciones del judaísmo oficial, las comunidades marcanas también cuestionan la adhesión de las iglesias de Jerusalén a la práctica tradicional judaica. Veamos, estas citas, la postura de Jesús y de las comunidades de Marcos en relación a las instituciones religiosas del judaísmo:
•El Templo: 11,15-19; 12,33; 13,1-2; 15,38.
Sumo Sacerdote: 8,31; 10,33; 11,18.27; 14,1.43.53; 15,1.3.10-11.
Saduceos: 12,18.
Ancianos: 8,31; 11,27; 14,43.53; 15,1.
•La tradición y los fariseos: 2,16.18.24; 3,6; 7,1.3.5; 8,11.15; 10,2; 12,13.
•La Ley y los escribas: 1,22; 2,6; 3,22; 9,11.14; 12,28.32.34.38-40.
Con fariseos: 7,1.5; 2,16; 9,11.
Con Sumos Sacerdotes y ancianos: 8,31; 10,33; 11,18.27; 14,1.43.53; 15,1.31.
…y a través de una presentación negativa de los apóstoles y parientes de Jesús

El segundo aspecto es la forma negativa con que las comunidades marcanas presentan a las autoridades de las iglesias de Jerusalén que, según el lenguaje de Pablo, son consideradas columnas de aquellas comunidades (Ga 1,18-19; 2, 6-9.11-12). En este punto, precisamos distinguir la crítica dirigida a dos grupos. Uno es el de los apóstoles, representados por Pedro y Juan. Y el otro, formado por los parientes de Jesús, representados por Santiago, el hermano del Señor (Ga 1,19).
La comunidad del Discípulo Amado hace referencia a este grupo a ellos sólo citando a Pedro, representante de los apóstoles. Lucas, en cambio, subraya la importancia de los tres. Pedro y Juan aparecen juntos:
En la primera reunión de la iglesia de Jerusalén mencionada en Hechos (Hch 1,13).
En la curación del paralítico en la entrada del Templo (Hch 3,1-10).
En el primer discurso que Pedro dirige a los judíos en el pórtico del Templo (Hch 3,11-26), como prisioneros ante del Sanedrín (Hch 4,1-22).
Y en la confirmación de los samaritanos (Hch 8,4-24).
Santiago, el hermano del Señor, es citado tres veces por Lucas. Una, cuando Pedro manda a decirle a Santiago que se marche de Jerusalén, luego de haber conseguido huir de la prisión (Hch 12,17). La otra es durante el concilio del 49 d.C., cuando él impone restricciones a los griegos convertidos al evangelio (Hch 15,13-21). Por último, será en su casa que Pablo participa de una reunión con los líderes de las iglesias de Jerusalén (Hch 21,18).
Por lo tanto, las autoridades de estas comunidades son apóstoles y parientes de Jesús. Por esto mismo, podemos ver una crítica de las iglesias marcanas a estas autoridades, en forma peyorativa con que trataron a los apóstoles y, de modo especial, a Pedro y a Juan. Sus críticas están en consonancia con las de las comunidades del Discípulo Amado.
No comprenden el proyecto de Jesús, son ciegos (Mc 6,49-52; 7,17-18; 8,14-21; 9,32).
Se resisten a un seguimiento que pase por la cruz. Pedro llega a ser acusado por Jesús de estar poseído por el demonio (8,32-33).
Luchan por poder (9,33-34).
Juan quiere mantener el control sobre las otras comunidades. Se podría inferir que se tratase de las comunidades de Marcos y las del Discípulo Amado (9,38-40).
Quieren impedir que Jesús juegue con niños (10,13-14).
Juan y su hermano luchan para conseguir los primeros puestos (10,35-37).
Quedan fascinados con la belleza del Templo, el cual frecuentan regularmente (13,1; Hch 2,46).
Pedro, Santiago y Juan duermen, mientras que Jesús sufre en el Getsemaní (14,33-40).
En la hora de la prisión, todos lo abandonan, huyen (14,50).
En el juicio, Pedro lo traiciona, lo niega tres veces (14,66-72).
No están presentes a la hora de su muerte, como sí lo estaban las mujeres (15,40-41).

De igual manera, podemos percibir otra crítica a las autoridades de las iglesias de Jerusalén en la forma como las comunidades de Marcos tratan a los parientes de Jesús, representados por Santiago, que las dirige
Acusan a Jesús de loco (3,21).
Las comunidades que no están bajo el control de los parientes de Jesús se consideran su verdadera familia (3,31-35).
Tienen poca fe en Jesús (6,1-6).
Quedan callados ante de la Buena-Nueva de la resurrección (16,8).
La casa como espacio de nacimiento de las comunidades

Ya sabemos que Jesús no daba al Templo la misma importancia que le otorgaba el judaísmo.
El santuario de Jerusalén era un lugar de discriminación. Sólo accedía a él un determinado grupo de varones, los sacerdotes. Y solamente para la fiesta de la Expiación, una vez al año, el Sumo Sacerdote tenía permitida la entrada al núcleo más sagrado: el santo de los santos. A medida que nos alejamos gradualmente de este centro puro y sagrado, encontramos a los varones israelitas, seguidos de sus mujeres y, por último, a los incircuncisos. De esta forma, el Templo legitimaba la exclusión. Además, era un centro de explotación económica, en las palabras de Jesús, “una cueva de ladrones” (Mc 11,17). No es casual que él se oponga valientemente a esta institución que se había transformado en idolatría.
Jesús prefirió la casa en lugar del Templo. En lugar del altar, eligió la mesa. En vez del sacerdocio oficial, optó por la familia. Para él, el perdón era ofrecido gratuitamente en las casas, lejos de los sacrificios que le costaban tanto al pueblo sencillo. En las casas convivía con el pueblo. Este era el nuevo lugar de la presencia de lo sagrado, ya no el Templo. Veamos esta práctica de Jesús en estas citas: Mc 1,29; 2,1.15; 3,20; 5,38; 7,17.24; 9,28.33; 10,10; 14,3.
Fieles a esta práctica de Jesús, las comunidades de Galilea también se reunían en las casas, haciendo de lo cotidiano el espacio de lo sagrado. A partir del inicio del siglo 4to d.C., cuando los emperadores romanos oficializaron la religión cristiana, el espacio sagrado fue separándose cada vez más de la vida. Nuevamente se fue limitando al interior de los grandes templos, catedrales y a la función de sus administradores. La vida fue perdiendo su valor en la medida en que se divinizaron los cargos y los edificios. Pensemos en las consecuencias que nos ocasiona aún hoy esta situación y cómo se manifiesta en la religiosidad popular.
En la cultura greco-romana, dominante en la época y también en la tradición judaica, la casa poseía varios significados. Podía ser una referencia al espacio físico de la morada; a su organización como unidad económica y política; así como a las personas que vivían en un determinado lugar. La familia de la casa no estaba formada sólo por los parientes próximos o distantes. Eran considerados como parte de ella todos los dependientes del dueño de la casa, el padre de familia. Estaban los esclavos y esclavas, otros trabajadores, así como las personas amigas.
La palabra griega para designar casa es oikos. De ella derivan, por ejemplo, las palabras ecumenismo (casa común, de todos), economía (ley, organización de la casa), ecónomo (administrador de la casa), parroquia (espacio para quien está fuera de la casa) y ecología (estudio y cuidado de la casa). Así mismo, podemos ver que oikos bien puede ser una referencia al planeta Tierra.
¿Qué enseñanzas nos dejan las comunidades de Marcos para nuestros días?

Algunos temas:

La casa, ámbito de la comunidad

El rol de las mujeres en las comunidades paulinas

El simbolismo del número Doce

La fracción del pan

El mandato de Jesús y la estructura del libro de los Hechos de los Apóstoles

 Históricamente el origen de la vocación cristiana y misionera – cuya actuación durante treinta años constituye la trama del Libro de los Hechos – se encuentra en aquellas palabras del Señor Resucitado antes de la Ascensión:

“Recibirán la fuerza del Espíritu Santo que descenderá sobre ustedes, y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria y hasta los confines de la tierra” (Hech 1,8).

Luego de un breve prólogo, y tras la narración de los últimos cuarenta días de Jesús sobre la tierra después de la Resurrección (1,3-8), Lucas consigna la última aparición a los discípu­los, la Ascensión (1,9-11). Y, en ese momento, pone en boca de Jesús el mandato: el Espíritu de Jesús los pondrá en camino. Y les indica el itinerario que deberán recorrer: partiendo de la capital del antiguo pueblo de Dios, Jerusalén, llegarán hasta la capital por excelencia de los pueblos paganos: ROMA. Lo que deben transportar es el testimonio de la Resurrección. Y todo el libro es la constatación de que ese mandato fue cumplido. Por eso, Lucas lo estructura litera­riamente según el esquema del mandato divino:

en Jerusalén                                 Hech 1,12 – 8,3

en Judea y Samaria                      Hech 8,4 – 12,25

hasta los confines de la tierra     Hech 13,1 – 28,31

(Rubén García, La Iglesia pueblo del Espíritu)

Los/as protagonistas del eje central Lc-Hech son “los Once y todos los demás” (Lc 24,9). Son las mujeres que habían venido con él desde Galilea (Lc 23,55), dos de ellos (Lc 24,13), los Once y los que estaban con ellos (Lc 24,33), los que estaban reunidos (Hech 1,6), los varones de Galilea (Hech 1,10). Hech 1,13-14 nombra expresamente a los Once, algunas mujeres, Ma­ría la ma­dre de Jesús y sus hermanos. El término hermanos se repite en 1,15, haciendo referen­cia a los 120.

 

Los/as destinatarios/as : A medida que se amplía el círculo de acción de la comunidad, aparecen los distintos destinatarios del mensaje.

 

  • Los/las judíos/as: fueron  los primeros en recibir el mensaje. Ellos esperaban al Mesías y ahora el Mesías ha llegado.
  • Los/las prosélitos/as: eran extranjeros/as que habían abandonado el politeísmo y se habían convertido al judaísmo. No eran judíos por la sangre, pero sí por la religión.
  • Los/las temerosos/as  de Dios: extranjeros/as que habían abandonado el politeísmo y creían en el Dios único.
  • Los/las paganos/as: extranjeros politeístas.

LA EXPANSIÓN DE LA IGLESIA

Lugar Destinatarios Texto Etapa
Jerusalén judíos y jerosolimitanos Hech 2, 14.32-36 Se predica a los judíos en Jerusalén, la ciudad donde Jesús murió y resucitó. Los destinatarios conocen el AntTest.
Samaria samaritanos Hech 8, 1. 4-6 Se empieza a expandir, llegando a los samaritanos, considerados herejes, pero que tenían una historia en común y conocían el Pentateuco.
Antioquía judíos, prosélitos y paganos Hech 13,1-3 La iglesia asume una actitud misionera de salir hacia los no-judíos, comienzan los viajes.
Atenas algunos judíos y los griegos politeístas Hech 17,16-18 Predicación en el ámbito griego: no conocen el AntTest y algunos pertenecen al ambiente de los filósofos.
Roma romanos, algunos cristianos y otros que todavía no escucharon el mensaje, también algunos judíos que vivían en Roma Hech 28, 15-16

Hech 28,23.30-31La comunidad de Roma recibe a Pablo.

La Iglesia llega a predicar en el corazón del mundo pagano. Roma simboliza lo más alejado de Jerusalén, del Dios de Israel.

SAN PABLO
Y LOS CONFLICTOS EN LAS PRIMERAS COMUNIDADES

SAULO  Judío fariseo de la diáspora: Flp 3,3-11

En la cultura griega: Tarso de Cilicia. Hech 21,37-40

Ciudadano romano. Hech 22,22-29; 25,1-12

Los fariseos eran, en su gran mayoría, laicos. Acorde a la espiritualidad judía sobre el trabajo, Pablo tiene un oficio: es tejedor de tiendas de campaña. Conserva este trabajo mientras evangeliza, para no ser una carga para las comunidades.

TRABAJAR Y EVANGELIZAR

¿Qué dicen los textos?

* Pablo vive de su oficio y evangeliza: Hech 18, 1-5

* El trabajo en el judaísmo: “tikum olam”    Gén 2, 4-5 . 15

* La opción personal de Pablo: 1 Cor 9,1-18

 

* Otros textos donde Pablo habla de “trabajar con las propias manos”:

Hech 20,33-35      1 Tes 2,7-9; 4, 9-12           2 Tes 3, 6-15

* Las excepciones: Hech 16,15     Flp 4,10-20    2 Cor 11,7-11

 

Pablo: su renuncia al derecho de remuneración

 

Queda la pregunta de por qué Pablo insiste en que un respaldo económico de la iglesia en Corinto sería incompatible con su vocación cuando sí acepta ofrendas de otras iglesias (cf. 2 Cor 11,8-9; Flp 4,16-18).

En el contexto de las ciudades griegas los misioneros cristianos no eran los únicos predicadores itinerantes. Muchos exponentes de filosofías populares o religiones nuevas con pretensiones universales entregaban sus prédicas a cambio de un honorario o un estipendio.  Los oradores en busca de un patrocinador estaban particularmente dispuestos a orientar su mensaje para complacer a los hombres prominentes de la ciudad y a elogiarlos ante el público. Pablo cree que algunos predicadores cristianos pueden comportarse de manera parecida, y su experiencia posterior con los “super apóstoles” confirmará este juicio (2 Cor 11,20; 12,11). Detrás de su insistencia en entregar gratuitamente el evangelio estaría su polémica  con aquellos predicadores “que negocian con la palabra de Dios” (2 Cor 2,17). Mejor luchar por la susbsistencia con sus propias manos (1 Cor 4,12) que permitir este tipo de obstáculo al anuncio fiel de Cristo, quien en la cruz demostró su opción por los débiles, sufriendo oprobio de parte de los poderosos.

Con renovado énfasis en su condición “libre” (1 Cor 9,1.19) Pablo se defiende ante quienes lo ven como hombre servil por dedicarse a un trabajo manual. Al mismo tiempo, con la libertad que este trabajo le da, se independiza del sistema de padrinazgo, en que el trato deferencial exigido por un benefactor limitaría su capacidad de denunciar conductas que perjudican a los pobres de la comunidad (1 Cor 11,20-22).

Irene Foulkes, 1ra. Carta a los Corintios, en Com.Bib.Latinoamericano, Ed. V.Divino, 2003

¿Qué me/nos dicen los textos?

 

* ¿Qué nos dicen estos textos sobre cómo conciliar nuestro trabajo “para ganarnos la vida” y nuestra tarea misionera?

* ¿Qué buena noticia tienen estos textos para nosotros y nosotras hoy?

4 comentarios sobre “Primeras comunidades

  1. es un muy buen trabajo que nos aclara de como comenzaron los primeros cristianos a vivir comunitariamente para asi, vivir lo transmitido por Jesus. mil gracias por poder tenerte como profe. Bendiciones Fco.

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