Felices las que lloran

 

por María Gloria Ladislao

 

Durante siglos, el oficio de llorona podía ser un rol pagado y actuado. Para dar fastuosidad a un velorio y resaltar la importancia del difunto, se  contrataban mujeres dispuestas a llorarlo. Tal vez por esto tantas veces el llanto de las mujeres aparece como una caricatura. “Llora como una Magdalena”.  O es la vergüenza para el varón que canta el tango: “Lloró como una mujer”.

Ni caricatura, ni actuación ni oficio pagado hay en el llanto de las mujeres que siguen a Jesús hasta el Calvario. Los amigos y discípulos más cercanos han dejado solo al maestro. Estas mujeres, con su dolor genuino y su compasión, van detrás de él.

Ante el dolor, huir es una posibilidad. Ante la autoridad que condena, esconderse es una de las opciones. Estas mujeres optaron por quedarse y caminar. Su presencia y su compañía no es más que puro amor, porque ya no se puede hacer nada por el amigo y maestro. Solamente estar con él. Y con el llanto, expresar físicamente el sentimiento.

La profecía

Lo seguían muchos del pueblo y un buen número de mujeres, que se golpeaban el pecho y se lamentaban por él.  Pero Jesús, volviéndose hacia ellas, les dijo: «¡Hijas de Jerusalén!, no lloren por mí; lloren más bien por ustedes y por sus hijos.  Porque se acerca el tiempo en que se dirá: ¡Felices las estériles, felices los senos que no concibieron y los pechos que no amamantaron!  Entonces se dirá a las montañas: ¡Caigan sobre nosotros!, y a los cerros: ¡Sepúltennos!  Porque si así tratan a la leña verde, ¿qué será de la leña seca?» (Lc 23, 27-31)

Suena demasiado chocante Jesús diciendo: “Dichosas las estériles”.  Va en contra de todo lo que se dice sobre la maternidad. Va en contra de todo lo que históricamente se ha dicho sobre las mujeres. Días furiosos, en que serán felices las estériles. Triste bienaventuranza, que anticipa los dolores de las madres. De las que son puro ¡ay! en el llanto y en el duelo por los hijos y las hijas que caen violentamente. Extraño tiempo en que los hijos y las hijas  no pueden librarse de la violencia. Doloroso tiempo en que los hijos y las hijas mueren antes que las madres y los padres.

Hoy son días de duelo. La violencia no viene solamente de alguna autoridad avasalladora. Viene de muchas partes, y se cobra en la vida de los hijos. Hoy son muchos los hombres y  mujeres que lloran por sus hijos.

El árbol verde

Jesús es el árbol verde. No debe ser cortado, no debe ser usado para leña, su tiempo aún no ha llegado. Es el no merecido y lo hacen caer. Las mujeres lo saben y por eso lo lloran. Es el hijo. Este no debía morir ahora.

La profecía dolorosa de Jesús reencausa el llanto. ¡Tantos caerán como El! Tantos morirán antes de tiempo, tantos serán cortados todavía verdes. Y entonces será el llanto de las madres, el estrujamiento de los vientres y los pechos que ya no pueden contener, la impotencia de las manos que no pudieron frenar la violencia.

El justo muere, injusta y violentamente. Su muerte anticipa las violencias que se llevarán a los hijos y las hijas. Entonces las madres llorarán.

Estas mujeres que lloran junto a El no son un adorno mortuorio y Jesús lo sabe. El va doblado, pero todavía su cuerpo, sus ojos y su voz pueden volverse hacia ellas. No le son indiferentes; Jesús percibe y recibe su llanto. Como percibirá y recibirá a lo largo de los siglos el llanto de las madres y los padres por los hijos y las hijas caídos.

En El, ellas lloran al hijo anticipado, el que no debía morir, el que aún estaba verde. En ellas, Jesús recibe todos los llantos del mundo.

Jesús no se burla ni desestima el llanto de las mujeres. No lo descarta ni lo menosprecia. No ensaya frases hechas ni consuelos de ocasión. Ni siquiera dice, como otras veces, “mujer, no llores”. Dice en cambio: “No lloren por mí, lloren por ustedes y por sus hijos”.

Las palabras de Jesús no suenan a palabras de consuelo; más bien, son palabras reveladoras. Es un momento doloroso para una dolorosa profecía.

Jesús no pretende que las mujeres se guarden sus lágrimas. La injusticia y la muerte violenta siempre seguirán reclamado lágrimas.

“Felices ustedes, que lloran ahora, porque reirán”. (Lc 6,21)

Para reflexionar en grupo

En muchos ámbitos y culturas, el llanto es visto como expresión de “debilidad” de las mujeres, y por eso, desde chicos se enseña “los nenes no lloran”.  ¿Qué modelos de mujer o de varón encierra esa frase? Podemos charlar sobre eso en base a este texto:

El llanto es la expresión física de un sentimiento. Las lágrimas de estas mujeres muestran la inmensa capacidad que tienen de vivir-con, de sentir-con… de tal manera que el dolor del otro, su angustia, su condena… llega hasta lo más profundo de su cuerpo y se convierte en lágrima y lamento.

Nuestra cultura actual, tiende a conseguir en nosotras y nosotros todo lo contrario, tiende a anestesiarnos… a ocultar la muerte, a recluir el dolor en diferentes salas de especialización… tiende a embotarnos con las imágenes televisivas, en las que se mezclan una escena de guerra, con un cuerpo atrayentemente desnudo, con una sonriente cocacola que refresca… Una cultura y un ambiente de banalización, de envases y productos light no puede producir este tipo de solidaridades de quien llora en sintonía con otro.

La pregunta que tenemos que hacernos es entonces: cómo desarrollar culturalmente, ambientalmente, la capacidad real de com-pasión amorosa que tiene la mujer? Cómo recuperar nosotras -en tanto que mujeres- mucho más allá de imágenes estereotipadas o de romanticismos tontos, nuestra capacidad de llorar por el sufrimiento de los otros? Será que podemos esperar un nuevo siglo en el que el hombre y la mujer recuperen su capacidad de lamento, de hondura en el dolor, de llanto… en últimas de misericordia?

Carminia Navia Velazco, Fragmentos de “Meditaciones femeninas para Semana Santa y Pascua”.

 

Uniendo el pasaje del evangelio que hemos leído, con este escrito y con nuestra propia experiencia, compartimos:

¿Qué actitud tiene Jesús ante las personas que lloran?

¿Qué actitud tiene nuestra comunidad ante las personas que lloran?

Un comentario sobre “Felices las que lloran

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