Anticipada

La que anticipó la Pascua

por María Gloria Ladislao

“Faltaban dos días para la fiesta de la Pascua y de los panes Ácimos. Los sumos sacerdotes y los escribas buscaban la manera de arrestar a Jesús con astucia, para darle muerte. Porque decían: – No lo hagamos durante la fiesta, para que no se produzca un tumulto en el pueblo. Mientras Jesús estaba en Betania, comiendo en casa de Simón el leproso, llegó una mujer con un frasco lleno de un valioso perfume de nardo puro, y rompiendo el frasco, derramó el perfume sobre la cabeza de Jesús.” (Mc 14,1-3)

Una mujer sin nombre, como tantas otras anónimas que en las casas y alrededor de las mesas están destilando su amor. Una mujer sin grado ni prestigio, intuyendo lo que viene. Son otros, los jefes, los doctos, los que se manejan con otros procedimientos y otros poderes, quienes planean lo que vendrá. Ella ha visto algo, algo ha captado, y por eso llega y se anticipa. Con sus recursos, y sus poderes, y su querer. Lo que puede hacer una mujer sin nombre cuando sabe lo que quiere. Los sacerdotes y los intelectuales usarán la fuerza de las armas y los contactos políticos. Ella trae un frasco de perfume, caro, intenso, del mejor. Un recurso pequeño, que cabe entre las manos de una mujer. La Pascua viene, y por eso ella no va a escatimar, no va a medir. Quiebra el frasco, y así, sobre El, en el perfume, se vuelca toda ella. Rompe el frasco en este gesto irreversible, porque ya no hay vuelta atrás ni posibilidad de arrepentimiento. Todo el perfume se va sobre la cabeza y sobre el cuerpo del Mesías que se encamina a su Pascua, condenado por los jefes y por los doctos, perfumado por la mujer sin nombre.

“Entonces algunos de los que estaban allí se indignaron y comentaban entre sí: – ¿Para qué este derroche de perfume? Se hubiera podido vender por más de trescientos denarios para repartir el dinero entre los pobres. Y la criticaban.”

Los que están a la mesa no comprenden. Ellos, como tantos otros, aunque no tengan el recurso de las armas ni de los contactos políticos, sí entienden muy bien acerca de otro recurso: el dinero. Y son rápidos en esto. En seguida pudieron calcular cuánto costaba el perfume. Y en seguida pensaron otra inversión, potencial e hipotética: Se hubiera podido vender… Demasiados verbos, demasiadas suposiciones. Cabe dudar si, en caso de haber tenido en su haber un perfume tan caro, ellos lo hubieran vendido para darlo a los pobres. Y critican el derroche. Critican el derroche los calculadores, los mezquinos, los miedosos, los cortos de intuición para las cosas de Dios. ¿O acaso no es Dios mismo derroche y abundancia que se derrama, más allá de lo merecido, más allá de toda medida? El amor que hace cuentas no es amor. Porque el amor se va en excesos, en besos de más, en caricias de más, en perfume de más. Cuando se calculan las caricias y se cuentan las gotas de perfume no es amor. ¿Qué demostración de afecto puede ser aquella a la que previamente se le calculó el costo? Ella hizo un despilfarro, porque el perfume era caro, porque era del mejor, porque rompió el frasco. Ninguna medición, ningún cálculo, nada para guardarse.

Ese Mesías va a su Pascua irreversible y definitiva, se dará todo, sin cálculo ni medida, sin vuelta atrás, con la intensidad de un perfume penetrante que se va derramando, y que una vez esparcido ya no puede controlarse ni borrarse con otro olor.

“Pero Jesús dijo: – Déjenla, ¿por qué la molestan? Ha hecho una buena obra conmigo. A los pobres los tienen siempre con ustedes y pueden hacerles bien cuando quieran, pero a mí no me tendrán siempre. Ella hizo lo que podía; ungió mi cuerpo anticipadamente para la sepultura. Les aseguro que allí donde se proclame la Buena Noticia, en todo el mundo, se contará también en su memoria lo que ella hizo.”

A la hipotética posibilidad de lo que se podría haber hecho, Jesús contrapone lo que ella efectivamente hizo. Ritual de honra, familiaridad y cariño, último contacto físico: embalsamar el cuerpo para la sepultura. Ustedes quizás, tal vez, algún día, podrían haber hecho algo. Ella hizo. Ustedes, quién sabe, alguna vez intercambiarán un perfume tan valioso por dinero; ella lo derramó todo sin compensación. Ustedes seguirán midiendo y calculando; ella no midió ni plata, ni riesgos, ni críticas. Porque es la hora de la Pascua, y es a todo o nada, vida y muerte, entrega o mezquindad. Tal vez algún día ustedes se acuerden de los pobres. Y seguramente no harán para ellos ningún despilfarro. Calcularán muy bien, sacarán cuentas precisas: el diezmo, el billete que sobra, un paquete de arroz, que ya es bastante. Mejor aún, alguna donación deducible de impuestos para conseguir algo a cambio. El derroche no forma parte de su sistema económico, porque el derroche no cumple con ningún fin utilitario, porque sólo se puede dar y no guardarse ni una gota cuando el otro me importa más que mis reservas.

En memoria de ella quiere Jesús que contemos esta historia. Como parte de su evangelio, como buena noticia. Buena Noticia de un Mesías que va a su Pascua perfumado, con esa expansión de la que es imposible sustraerse, porque penetra todo sutilmente. Buena Noticia de un Dios que ama sin medida ni reserva, como un frasco de alabastro roto que no va a almacenar nada más. Buena Noticia de las anónimas, que sin los recursos del poder establecido están desplegando los perfumados y cariñosos recursos del amor. Buena Noticia de que tenemos algo entre las manos: lo que podemos hacer.

Para rezar en grupo

Nuestra comunidad seguramente ha crecido gracias a la acción de muchos hombres y mujeres que se entregaron sin medida y con amor. Saquemos a esas personas del anonimato nombrándolas hoy. Hacemos una oración de memoria y acción de gracias por esas personas.

Proclamamos Heb 12,1-2

“Por lo tanto, ya que estamos rodeados de una verdadera nube de testigos, despojémonos de todo lo que nos estorba, en especial del pecado, que siempre nos asedia, y corramos resueltamente al combate que se nos presenta. Fijemos la mirada en el iniciador y consumador de nuestra fe, en Jesús, el cual, en lugar del gozo que se le ofrecía, soportó la cruz sin tener en cuenta la infamia, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios.”

Luego nombramos a esas personas, que constituyen para nosotros y nosotras una verdadera “nube de testigos” y por cada nombre respondemos

En memoria de él

En memoria de ella.

Bibliografía para ampliar este tema: “Ungido para la vida”, de Mercedes Navarro, Ed. Verbo Divino

3 comentarios sobre “Anticipada

  1. Muchas gracias por el texto de
    Mercedes Navarro o acaso ¿no es Dios mismo derroche y abundancia que se derrama mas allá de toda medida?

  2. Era yo unos años atrás un ser con mezquindades, no iba seguramente a desparramar un frasco de perfume, y estaba entre aquellos que miraban que era lo que me sobraba para donarlo. Pero poco a poco la luz del Espíritu Santo me inundó, aunque yo trataba de esquivarla. Pero el Señor buscó la forma de permanecer en mí, sin que yo lo advirtiera, al ponerme una piedra donde tropezar. El universo entero ingresó en mi corazón, y comencé a ver más claro dándome cuenta que allí estaba el Señor diciéndome: “Oscar te necesito ya”. Y no se si estoy en el camino, pero Él sabrá corregirlo.

  3. Gloria: leí los dos comentarios y me gustaron muchísimo…especialmente éste, sobre el “derroche” por amor, es excelente y pone al descubierto lo que vemos día a día a nuestro alrededor, lo que a veces, nos duele mucho también…
    Marita

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