Las discípulas en la Pascua

Espacio bíblico Palabras con miel  www.palabrasconmiel.wordpress.com

 

 

LAS DISCÍPULAS EN LA PASCUA

 

PARTIMOS  DE LA  vida

 

Experiencias pascuales, acompañar la muerte y la vida como mujeres. La mujer está ligada fuertemente a estos momentos, desde el parto, en la experiencia del llanto del bebé, de la vida que nace, de la sangre que es signo de nacimiento y futuro.

Hasta el momento de la muerte, momento que tradicionalmente, en todas las  culturas, ha sido acompañado por las mujeres. Ellas lavan los cuerpos muertos, los perfuman, los lloran, rezan, organizan los velorios.

> Comentamos y compartimos en el grupo nuestras experiencias de acompañar los procesos de muerte y de vida.

 

En nuestra vida de iglesia, en la liturgia, en la reflexión, hasta dónde se visualiza ese rol de las mujeres o si está ausente.

 

El término “discípulos“. Tanto en el griego del Nuevo Testamento como en nuestro uso del castellano, las palabras en masculino plural se utilizan para un grupo formado tanto por sujetos masculinos como femeninos. Así decimos “los alumnos” aún en un aula donde la mayoría son mujeres alumnas. Al usar el lenguaje de esta manera, el término discípulos invisibiliza, deja a oscuras, la presencia de mujeres en el grupo de seguidores y seguidoras de Jesús.

 

LECTURA: QUÉ DICE EL TEXTO

 

Teniendo en cuenta la situación de la mujer en el tiempo de Jesús: valoración como esposa y madre, inadvertida en la vida pública, limitaciones en la vida religiosa. El acento de Jesús: puede ser fuera de la casa, escuchantes, itinerantes, en comunidad de iguales, en definitiva, discípulas.

Los relatos de la Pasión, Muerte y Resurrección: los primeros relatos que se compaginaron de la memoria de Jesús. Relatos donde la comunidad no sólo mira a Jesús sino que también se mira a sí misma y su acompañamiento – o no – a su Maestro.

Acentos de la Pascua en cada evangelio: En los sinópticos la cena pascual (pan y vino), en Juan el cordero inmolado.

 

> Trabajos en grupos según los subsidios adjuntos para los distintos momentos de la Pascua. Conviene tener preparado desde antes el símbolo que se dará a cada grupo como orientación de su trabajo.

 

MEDITACIÓN: QUÉ NOS DICE EL TEXTO

 

> Plenario

Cada grupo va presentando el símbolo y la respuesta a la última pregunta.

 

 

ORACIÓN Y COMPROMISO
QUÉ LE DECIMOS A DIOS Y A LOS HERMANOS Y HERMANAS

 

Sugerencias que podemos tomar para las celebraciones litúrgicas o paralitúrgicas de Semana Santa y Pascua:

 

> Destacar el Lunes Santo, día en que se lee el texto de la unción de Jesús hecha por manos de María de Betania.

 

>  Tener en cuenta en los via crucis a todas las mujeres que estuvieron al pie de la cruz, no sólo a María la madre de Jesús.

 

 

Oración final:

Nos vamos ungiendo unos/as a otros/as mientras tarareamos “No hay mayor amor…”

 

Nombramos y damos gracias a Dios por las mujeres discípulas que nos anunciaron la buena noticia. (Se deja tiempo para hacer esto en forma espontánea).

 

Una persona reza en nombre de todas la oración del día de María Magdalena.

 

“Dios nuestro, que quisiste que santa María Magdalena fuese la primera en recibir de tu Hijo unigénito la misión de anunciar el gozo pascual, concédenos, por su intercesión, que, siguiendo su ejemplo, demos a conocer a Cristo resucitado y merezcamos contem­plarlo luego reinando en tu gloria. Por nuestro Señor Jesucristo tu Hijo que vive y reina contigo y en unidad del Espíritu Santo por los siglos de los siglos.”

( de la Liturgia de las Horas)

 

 

GUÍAS PARA EL TRABAJO EN GRUPOS

 

GRUPO 1: La unción en Betania:
 Mc 14,1-9. Símbolo: Aceite perfumado.

* Señalar a los distintos personajes, teniendo en cuenta el contexto histórico.

* Observar qué hacen y qué dicen cada uno de ellos.

* Ubicar las acciones y las palabras de Jesús en aquel contexto. ¿Qué repercusio­nes puede haber tenido este obrar de Jesús?

* ¿Qué sentido podemos darle a la acción de la mujer?

* Lectura complementaria: Mujeres en la Biblia, Transgresión, Resistencia y Espe-r­anza, J.Aguirre, R. Zúñiga, M. Reyes, pág. 116.

* ¿Qué Buena Noticia tiene este pasaje para nosotras/os?

 

GRUPO 2: La Cena: Mc 14,22-25.

     Símbolo: Panes y copa de vino.

* La Cena Pascual es una comida familiar, y cada miembro de la familia tiene una función ese día. ¿Qué sentido de familia puede te­ner esta cena que Jesús no celebra con sus familia biológica?

* Podemos compartir lo que sabemos sobre la elaboración del pan y el vino en tiempos de Jesús, cómo se obtiene, quiénes lo pre­paran, cómo se sirve la mesa, etc.

* Lectura complementaria: Para comprender el cuerpo de la mujer,  Mercedes Navarro Puerto, pág. 172.

* ¿Qué Buena Noticia tiene este pasaje para nosotras/os?

 

GRUPO 3: Camino al Calvario:

Lc 23,26-32.             Símbolo: Un pañuelo.

* Observamos atentamente a todos los per­sonajes que aparecen en el texto, qué hacen y qué dicen.

* El texto insiste en la expresión “ir detrás de Jesús”. ¿Qué relación tiene esa expresión con el ser discípulo/a?

* Podemos leer que Jesús también lloró, por Jerusalén ( Lc 19,41-44) y por su amigo Lázaro (Jn 11,32-35).

 * Lectura complementaria: Meditaciones femeninas para Semana Santa y Pascua, Carminia Navia Velazco, en http://www.uca.edu.ni/claret

* ¿Qué Buena Noticia tiene este pasaje para nosotras/os?

 

GRUPO 4: Junto a la Cruz: Mc 15,40-41.

                   Símbolo: Un crucifijo.

*  Observamos atentamente a todos los per­sonajes que aparecen en el texto. ¿Qué hacen? ¿Qué se nos dice sobre ellas/os?

* Algunos  personajes frecuentes a lo largo del evangelio no aparecen aquí. ¿Qué po­demos refle­xionar sobre esto?

* Si pensamos que más adelante la comuni­dad saldrá a anunciar que Jesús nos salvó con su muerte y su resurrección ¿qué per­sonas de la comunidad podrán dar testimo­nio sobre cómo murió Jesús?

* Lectura complementaria: Para comprender el cuerpo de la mujer, Mercedes Navarro Puerto, pág. 179

* ¿Qué Buena Noticia tiene este pasaje para nosotras/os?

 

GRUPO 5: En el sepulcro: Mc 15,42 – 16,2 

                   Símbolo: Un puñado de tierra.

*  Observamos atentamente a todos los per­sonajes que aparecen en el texto. ¿Qué hacen y/o qué dicen cada una/o de ellas/os?

* Algunos  personajes frecuentes a lo largo del evangelio no aparecen aquí. ¿Qué po­demos refle­xionar sobre esto?

* Tanto de José como de las mujeres se nos dice que compraron lo necesario para el cuerpo de Jesús. ¿Puede tener este gesto algún significado especial?

* Lectura complementaria: Meditaciones femeninas para Semana Santa y Pascua, Carminia Navia Velazco, en http://www.uca.edu.ni/claret

* ¿Qué Buena Noticia tiene este pasaje para nosotras/os?

 

GRUPO 6: La mañana de la Resurrección: Jn 20,1-18.      Símbolo: Una vela.

* Señalar las acciones de María Magdalena, de Pedro y del otro discípulo.

* ¿Qué es lo que María Magdalena ve a lo largo de las dos escenas? ¿Qué acciones pre­vias la han llevado a ese ver?

* ¿Qué es lo que escucha María Magda­lena? Tener en cuenta que lo que ella ve y escucha será lo que luego transmita a los discípulos (v.18).

* Lectura complementaria: La comunidad del discípulo amado, Raymond Brown, pág. 184.

* ¿Qué Buena Noticia tiene este pasaje para nosotras/os?

 

 

 

SUBSIDIOS

 

GRUPO 1: La unción en Betania: Mc 14,1‑9. Símbolo: Aceite perfumado.

Mujeres en la Biblia, Transgresión, Resistencia y Esperanza, Janet aguirre, Rosa Zúñiga, Mirta Reyes, pág. 116.

 

El texto está situado un poco antes de la fiesta de la Pascua, la fiesta de la independencia nacional, aunque en el tiempo de Jesús eran un colonia romana. La Pascua estimulaba fuertemente a luchar por la autonomía nacional, crecían las ansias de libertad en el pueblo, por eso los romanos temían cualquier revuelta. Los judíos iban de todas partes a Jerusalén en peregrinación para participar del banquete del cordero que debía ser inmolado en el Templo. La Pascua se celebraba siempre en Luna Nueva.

Los hechos ocurren en Betania (casa del pobre), lugar en las afueras de Jerusalén. La casa es el sitio privilegiado de la mujer, el mundo doméstico. Allí ella tiene la iniciativa, ejerce participación y resistencia activa, liderazgo. Se trata de una Cena. La mujer utiliza un perfume de nardo puro, que era extraído de la raíz de una planta de la India, que por ser de  calidad se conservaba en frascos de alabastro (mármol translúcido), para que con el tiempo se volviera más valioso.

Jesús es ungido en la cabeza. Esto sólo se lo realizaba a quienes eran consagrados como sacerdotes o reyes (Ex 30,22‑38; 29,7; 1 Sam 10,1‑2; 16,12). Esta unción es muy diferente a ungir los pies, que se acostumbraba aplicar a los cadáveres. El perfume utilizado, sin duda era muy caro, pues se lo podía vender por más de 300 denarios (equivalente al sueldo de un año). ¿Por qué rompe el frasco, si podía solo derramar el perfume? La iniciativa de la mujer impregna no solo individualmente a Jesús, sino toda la “casa”, la comunidad. El buen olor invade y permanece, es símbolo bíblico del amor, y se contrapone al olor de la corrupción de la muerte (Ct 1,3; 4,10).

La acción de ungir, exclusiva de los varones a varones, asumida por una mujer, rompe con la tradición. “Ungido” en griego se dice “Christós”  y en hebreo, “Mashia”, es decir, Cristo ­Mesías. Esta mujer sin nombre, pero cuyo recuerdo permanecerá para siempre “en memoria de ella”, como lo dijo Jesús, pone al descubierto la identidad de Jesús, lo proclama Cristo y Mesías, en una acción simbólica profética.

 

Es una mujer que se anticipa a la hora de Jesús, lo entrega todo sin reservas. Toma la iniciativa en un espacio que le era negado. Se declara discípula de Jesús y reivindica un discipulado de iguales. Es una mujer portadora del anuncio de la resurrección ante la oposición de una mentalidad patriarcal, prolongación de un sistema económico donde siempre había pobres.

 

Es un perfume que se esparce para crear nuevas relaciones en favor de la vida con la presencia del “ungido”; por eso los fariseos se sienten incómodos, no pueden percibir este olor y permanecen en el pecado (2 Cor 2,14‑16). Es un perfume de nardo puro, de alto precio, el precio de la muerte en cruz, la Pascua que lleva a la vida.

El ungido por esta mujer anónima es el Cristo, el Mesías. La mujer lo conoce, lo reconoce y lo proclama con su gesto. Por esto es que su acción se recordará siempre “en memoria de ella”.

 

 


            GRUPO 2  LA CENA Mc 14,22-25.  SÍMBOLO: panes y copa de vino.

Para Comprender el cuerpo de la mujer. Mercedes Navarro Puerto, pag. 172

 

Jesús percibe de forma positiva los cuerpos de las mujeres tocándolos y dejándose tocar por ellos hasta el punto de ser criticado duramente (cf. Lc 7,36‑50). Los símbolos del pan y de la copa de que se vale para ofrecer su persona, cuerpo y sangre, recuerda el resultado de un trabajo femenino (pan) y evoca el hueco del cuerpo femenino (copa). La sangre que Jesús va a derramar evoca también la sangre (menstruación y parto) por la que ella ofrece la vida incluso a costa de la suya si es preciso. Si Jesús, a lo largo de su ministerio, se ha servido en tantas ocasiones de símbolos ligados a tareas de mujeres, acciones de mujeres, mundo doméstico habitado por mujeres y corporalidad de las mujeres, ¿por qué no se puede interpretar el gesto con el que quiere simbolizar su entrega total en evocaciones del cuerpo femenino asociados a esos símbolos, sin duda polivalentes?

 

El cuerpo, desde la última cena del Señor, tendrá para siempre además de otros referentes un referen­te femenino. Ofrecer el cuerpo, en contigüidad con el pan, metáfora del mismo, que alimenta porque es compartido y realiza las relaciones, es referirse al mundo de la mujer, a su actividad histórica concre­ta de toda la vida, desde amasarlo a presentarlo en la mesa, convocando a la familia en su derredor ‑ proveer a la vida de todos a través de la comida – . Él pan, la comida y la mujer, la familia en torno a la mesa pasan a ser ahora imagen viva y concreta de Jesús a punto de morir. La sangre, desde ese mismo momento de la última cena, dejará de ser tabú vin­culado negativamente a la sangre menstrual v al parto Y será nuevo referente de vida allí donde pare­ce que se pierde. A través de esta imagen, la misma mujer, corporalmente, se recupera y se sabe metáfo­ra, copa‑vino‑ sangre, del misterio pascual, redentor, muestra máxima de amor por sus amigos/as (no por su marido o sus hijos, en una extensión del mundo relacional y afectivo de las mujeres). La sangre humana, incluida la sangre de las mujeres, simboli­zará la vida, la vinculación de amor y la presencia viva de Jesús entre los suyos en una continuidad que se realiza en la común bebida de la copa de vino. La periodicidad (haced esto en memoria de mí) no sólo remite a las palabras dichas por Jesús a la mujer de  Mc 14, sino que evoca la periodicidad renovadora del ciclo menstrual de la mujer.

 

 


GRUPO 3: Camino al Calvario: Lc 23,26-32.             Símbolo: Un pañuelo.

 

LAS MUJERES LLORAN POR EL

Lucas, que después de Juan, es el evangelista que más atención dedica a la mujer, es el único que nos registra este detalle. Detalle por lo demás absolutamente lógico y explicable. Gracias a Dios la mujer aún no ha perdido su capacidad de llorar. Y esa capacidad de llorar, nos habla de muchísimas cosas…

 

Las mujeres pues, según su sensibilidad, siguen de cerca a Jesús y experimentan en su carne, en su corazón, su dolor… Dolor que expresan por medio de su llanto… A lo largo de la historia, y también en el cine, en las novelas, en la poesía… la mujer ha llorado. Y continúan llorando en los documentales que recogen las guerras, exclusiones y desplazamientos de hoy. En cambio al hombre le es prohibido llorar. “Llorar no es otra cosa que la respuesta física a un profundo sentimiento de dolor, de frustración y hasta de alegría que se invalida en los hombres, en aras de que el ideal masculino es macho y valiente y por lo tanto no se expresa con llanto” (2).

 

Un mundo en el que se ha perdido la capacidad de llorar es un mundo anestesiado, un mundo incapaz de sentir a fondo el dolor y experimentar la solidaridad. Las lágrimas de estas mujeres le muestran a Jesús de Nazaret su cercanía, su solidaridad ante su suerte, su condena, su muerte inminente. Y Jesús -nos dice el texto- registra ese llanto, es decir registra esa compañía y se dirige a ellas para animarlas a que no sólo se fijen en su dolor actual, sino que sean capaces de visualizar el mundo de horror en el que han de vivir ellas y sus hijos muchas veces.

 

El llanto de estas mujeres es el llanto de quienes no aceptan el dolor producido por la injusticia. Estas mujeres, que han seguido al maestro de Galilea a lo largo de su vida y misión, saben a ciencia cierta que no hay motivación real, para que ahora el maestro cargue con esa cruz y vaya hacia su propia condena. Por eso lloran. El llanto que produce la injusticia es un llanto más fuerte, más hondo, más sonoro…

 

Estas mujeres de Jerusalén, no pueden aceptar la muerte de una víctima inocente y exteriorizan su rechazo con lágrimas y con lamentos. No es solo el dolor que produce la cruz y la pasión de un hombre, es el lamento por la suerte del justo… El llanto expresa la angustia y la experiencia de un sufrimiento grande, pero también expresa la no aceptación, el no conformarse con una situación, con una suerte. Las lágrimas y los lamentos exteriorizan la solidaridad y hacen llegar hasta la víctima la certeza plena de que su dolor ha sido recogido y asumido por otras, de esta manera el consuelo que nos llega es mayor.

 

Pero volvamos a una idea enunciada: el llanto es la expresión física de un sentimiento. Las lágrimas de estas mujeres muestran la inmensa capacidad que tienen de vivir-con, de sentir-con… de tal manera que el dolor del otro, su angustia, su condena… llega hasta lo más profundo de su cuerpo y se convierte en lágrima y lamento.

 

Nuestra cultura actual, tiende a conseguir en nosotras y nosotros todo lo contrario, tiende a anestesiarnos… a ocultar la muerte, a recluir el dolor en diferentes salas de especialización… tiende a embotarnos con las imágenes televisivas, en las que se mezclan una escena de guerra, con un cuerpo atrayentemente desnudo, con una sonriente cocacola que refresca… Una cultura y un ambiente de banalización, de envases y productos light no puede producir este tipo de solidaridades de quien llora en sintonía con otro.

 

La pregunta que tenemos que hacernos es entonces: cómo desarrollar culturalmente, ambientalmente, la capacidad real de com-pasión amorosa que tiene la mujer? Cómo recuperar nosotras -en tanto que mujeres- mucho más allá de imágenes estereotipadas o de romanticismos tontos, nuestra capacidad de llorar por el sufrimiento de los otros? Será que podemos esperar un nuevo siglo en el que el hombre y la mujer recuperen su capacidad de lamento, de hondura en el dolor, de llanto… en últimas de misericordia?

 

Nuestra solidaridad tiene que pasar por el cuerpo, por la expresión física del dolor. No es posible continuar impávidas/os mirando en la televisión cómo se matan los hombres que son nuestros hermanos… cómo se depreda la tierra… cómo se acaban las naciones… cómo se pierden todos los valores que nos pueden llevar a la fraternidad y a la utopía. Quien no sabe llorar, no sabe tampoco ser feliz.

Es importante que nuestra civilización técnica tome conciencia de que quien no puede expresar su dolor con el llanto, con el rictus amargo de la cara, con el suave lamento de un sollozo… tampoco sabe amar, porque está incapacitado para comunicarse, para manifestar sus sentimientos, para mostrar su cercanía…

 

Una cultura que reprime la manifestación de la alegría y del dolor, termina por perderla después. Y una vez que perdemos la posibilidad de esta manifestación, el camino hacia la perdida de la capacidad de sentimiento es demasiado corto.

 

Carminia Navia Velazco, Fragmentos de “Meditaciones femeninas para Semana Santa y Pascua”.

 

 

(2) Angela Marulanada, educadora familiar:

 LLORAR ES PARA MACHOS.


GRUPO 4  JUNTO A LA CRUZ: Mc 15,40-41 . Símbolo: un crucifijo.

Para comprender el cuerpo de la mujer, Mercedes Navarro Puerto, pág. 179

 

El cuerpo testimonial de las mujeres

 

Al igual que la mujer de Betania, estas otras nombradas en la escena de la cruz no hablan. Están. Simplemente se las ve. El narrador cuenta que son ojos que contemplan. Ven la muerte de Jesús y luego ven dónode colocan el cuerpo muerto. Dos formas de mirar. La primera autoimplicativa y la segunda interesada. Ellas son cuerpo testimonial que habla de lo que Jesús significa para ellas. Son la compañía. La única compañía que resta de toda la gente que le había seguido y en quienes Jesús había confiado. Pero el narrador cualifica esa presencia testimonial como final del camino de  discipulado,  propuesto como seguimiento desde Galilea y como servicio. Ellas están y se las ve. Pero, sobre todo, ellas están como presencia consciente. Cuerpo visible que va más allá de lo individual para representar un grupo, pero sin negar individualidades que incluyen nombres concretos.

 

Es un grupo plural. Colectivo diversificado de mujeres. Está María Magdalena, conocida por su lugar de origen. Mujer autónoma. Un tipo concreto de corporalidad. Y está maría, la madre de Santiago el menor y de José. Otro tipo de corporalidad. Y también está Salomé, de la que sólo se indica el nombre. Junto a ellas, otras muchas. Un cuerpo o corporatividad de  mujeres inclusivo. Las hay madres y nombradas así por la relación de maternidad y las hay no madres. Un grupo de mujeres, comunidad de Jesús inclusiva y diferenciada.

 

El evangelio de Marcos lleva al lector o lectora a comprobar de qué forma evoluciona la corporalidad de las mujeres en dicha obra cuando entran en contacto con Jesús. Y Jesús en contacto con ellas no queda indiferente, de forma que la reciprocidad es viable y es auténtica. El gesto final será el intento de ungir el cuerpo muerto de Jesús. Un cuerpo ya transformado que es invitación al anuncio gozoso.

 


GRUPO 5: En el sepulcro: Mc 15,42 – 16,2                        Símbolo: Un puñado de tierra.

 

JUNTO AL SEPULCRO

Los evangelistas nos hablan, todos ellos, de un grupo de mujeres, más estrecho o más amplio… que, en su acompañamiento a Jesús, van hasta el sepulcro, miran al sepulcro, embalsaman el cuerpo muerto del Maestro, preparan perfumes para Él, madrugan temprano en la mañana para llegar antes que nadie ante el sepulcro y entregar sus cuidados el recién muerto-asesinado… Esta actitud -que se señala en los textos como femenina- nos habla de muchas cosas que pueden ayudarnos a mirarnos a nosotros/as mismos/as.

 

En primer lugar vuelve a ponernos de manifiesto el cuidado, el amor, la ternura ante el cuerpo amado. No importa que ese cuerpo ya no tenga el aliento de la vida, no importa que ese cuerpo haya sido abandonado ya por el hálito que lo mantenía entre nosotras/os… Es necesario descubrir en estas mujeres -amigas/seguidoras de Jesús- su capacidad de sentir con el otro ( Jesús ha sido torturado hasta morir, su cuerpo ha sido sometido a la injuria y al maltrato, su cuerpo ha sido expuesto a la mirada enemiga, al odio y al escarnio colectivos… de alguna manera estas mujeres saben que ese cuerpo necesita consuelo, amor, cercanía, reparación. Ese cuerpo necesita ser acariciado para encontrar alivio y para recuperar el sentido de su vida.

 

Por ello las manos femeninas, esas mismas que saben de complicidades, de alientos, de caricias… se comprometen en el cuidado de este cuerpo ya exánime. No importa el dolor experimentado, no importa el inmenso cansancio de esta horrible jornada, no importa el no dormir… lo más importante es la certeza de que ese amigo cuya alma le ha sido arrebatada puede aún, en su cuerpo recibir algo de consuelo…

 

Esta actitud nos remite a una particular relación que se establece entre la muerte y la vida:

“El que ha muerto por nosotros, no puede estar muerto para nosotros. El que en su muerte se ha convertido en la vida para nosotros, tiene que seguir viviendo en nosotros mismos, para nosotros. Cierto que en un último acto del luto se le envuelve en una sábana mortuoria, cierto que se abre para Él la tumba; pero como en cualquier amor profundo, tambiÉn aquí prevalece especialmente un presentimiento y una certeza de que no puede estar muerto delante de Dios ni por causa de nosotros los hombres. A nuestras manos humanas, que lo mataron, no se les ha dado el poder de reparar por nosotros mismos lo ocurrido; a nuestras manos humanas sólo les queda la triste obra de la despedida y la piedad; una solicitud tardía que humanamente ya no alcanza a Jesús. Y sin embargo, en medio, precisamente del luto persiste el sentimiento apasionado de que Él, que tuvo que morir por designio divino, realmente nunca habría tenido que morir y que delante de Dios, nunca podría estar muerto” (1).

 

El pueblo en general, y el latinoamericano/colombiano en particular tiene una relación con la muerte cualitativamente diferente a la que tienen las culturas modernas más occidentalizadas. (…) En la costumbre popular el cuerpo de un difunto no se deja en una sala fría, lejana y neutra por unas pocas horas, mientras se entierra definitivamente para no verlo más… en la costumbre barrial y/o campesina de muchas zonas del país, al cuerpo del difunto hay que acompañarlo, velarlo… La máxima expresión de amistad y solidaridad para con una familia es hacerse presente en la velación de un muerto. Es necesario acompañar al muerto en su tránsito, hay una conciencia clara de que ese tránsito no es fácil… y necesita apoyo y compañía, necesita presencia. Se trata por supuesto de una presencia inútil, una presencia no pragmática, es decir gratuita.

 

Las mujeres que según los relatos evangélicos acompañan a Jesús al sepulcro, lo vigilan de lejos y llevan perfumes y bálsamos hasta su sepultura… nos están hablando precisamente de eso: de la capacidad de establecer una comunicación con el otro que vaya más allá de su inmediatez física y se proyecte sobre el puente que teje el amor entre los hombres y mujeres. Un puente que no es fácil romper, un puente que trasciende la muerte.

 

Y es ese sentimiento de trascendencia el que permite sentir, como una absoluta necesidad, el deseo de acariciar al muerto, de embalsamarlo, de restituir de alguna manera a ese cuerpo la posibilidad de ternura y encuentro que ha perdido… En el caso de una muerte violenta -como la de Jesús de Nazaret- esta posibilidad le ha sido injusta y cruelmente arrebatada, por ello la necesidad de restitución es mayor.

 

La cercanía y calidez de estas mujeres nos hablan también de la capacidad de amar por encima de fronteras, por encima de la espera de respuestas… nos hablan de fidelidad. La fidelidad a los muertos, a su memoria, no puede depararnos prácticamente ninguna compensación… pero sí configura y constituye más sólidamente nuestra identidad, nuestro camino como un todo. Precisamente en ese enraizamiento tan fuerte con ese cuerpo amado nacen las primeras vivencias cristianas que preparan los corazones para recibir la resurrección… Si el miedo que acongojó a los discípulos o la indiferencia ante lo inapelable hubieran copado los días inmediatamente posteriores a la crucifixión, si estas mujeres no se hubieran mantenido ligadas al cuerpo muerto… podemos preguntarnos: habría sido posible vivenciar la resurección? Nuestra actitud ante la muerte y la vida, están irremediablemente unidas, no es bueno separarlas tan tajantemente como se intenta hacerlo en Occidente.

 

Carminia Navia Velazco, Fragmentos de “Meditaciones femeninas para Semana Santa y Pascua”.

 

(1) Eugen Drewermann:

 EL MENSAJE DE LAS MUJERES.La Ciencia del Amor.


GRUPO 6: La mañana de la Resurrección: Jn 20, 1‑18. Símbolo: Una vela.

La comunidad del discípulo amado, Raymond Brown, pág. 184.

 

El fenómeno de otorgar una función cuasi‑apostólica a una mu­jer aparece todavía más claramente en el cap. 20. En la mente de Pablo, esenciales para el apostolado eran dos componentes, a saber, el haber visto al Jesús resucitado y el haber sido enviado para proclamarle; ésta es la lógica implícita en 1 Cor 9, 1‑2; 15, 8‑11; Gál 1, 11‑16. Una clave de la importancia de Pedro en el apostola­do fue la tradición de que él había sido el primero que vio a Jesús resucitado (1 Cor 15, 5; Lc 24, 34). Más que cualquier otro evange­lio, Juan revisa esta tradición acerca de Pedro. Mt 28, 9‑10 recuerda que las mujeres que abandonaron el sepulcro vacío fueron las pri­meras en encontrarse con Jesús resucitado, pero en Marcos ellas no se ponen en contraposición a Pedro. En Jn 20, 2‑ 10, Simón Pedro y el discípulo amado acuden al sepulcro vacío y no ven a Jesús (asi­mismo Lc 24, 12‑24); de hecho, únicamente el discípulo amado percibe el significado de las ropas de] sepulcro y llega a creer. Es a una mujer, a María Magdalena,. a quien Jesús se aparece pri­mero, instruyéndola para que vaya e instruya a sus hermanos, (los discípulos: 20, 17 y 18) acerca de su ascensión al Padre.. En los re­latos de un ángel o de ángeles junto al sepulcro vacío, a las mujeres se les da un mensaje para los discípulos; pero en Juan (y en Mateo), María Magdalena es enviada por el mismo Señor resucitado, y lo que ella proclama es el anuncio apostólico de la resurrección: «he visto al Señor». En realidad, ésta no es una misión para todo el mundo; pero María Magdalena está muy cerca de cumplir las exigencias básicas paulinas del apóstol; y es ella, y no Pedro, la que es la primera en ver a Jesús resucitado (11). No es de extrañar que en algunos ambientes gnósticos, María Magdalena, más bien que Pedro, se convirtiera en el testigo más destacado de la enseñanza del Señor resucitado. Y, en la tradición de la iglesia occidental, ella recibió el honor de ser la única mujer (aparte de la madre de Dios), en cuya fiesta se recitaba el credo, precisamente porque era considerada como un apóstol, “la apóstol de los apóstoles” (apostola apostolorum) (12).                

Otra prueba de que las mujeres podían ser discípulas intimas de Jesús se encuentra en el cap. 20. En la parábola alegórica del buen pastor, Juan compara a los discípulos de Jesús con ovejas que conocen la voz de su pastor cuando les llama por su nombre (10, 3‑5). Esta descripción se halla realizada en la aparición del Jesús resucitado a María Magdalena cuando ella le reconoce al llamarla por su nombre: «María» (20, 16). El hecho de que María Magdalena puede pertenecer al rebaño de Jesús es mucho más importante desde el momento en que, en 10, 3, el rebaño es identificado por dos veces como el «suyo», expresión casi técnica utilizada al principio de la última cena «ha­biendo amado a los suyos que estaban en el mundo, les amó hasta el extremo» (13, l).Es claro que Juan no duda ni un momento en situar a una mujer en la misma categoría de relación respecto a Jesús que los doce, que son incluidos entre los «suyos».

 

(11) La tradición de que Jesús se apareció primeramente a María Magdalena tiene gran probabilidad de ser histórica; El recordaría en primer lugar a esta repre­sentante de las mujeres que no le habían abandonado durante la pasión. La priori­dad dada a Pedro en Pablo y en Lucas, es una prioridad entre los que llegaron a ser testigos oficiales de la resurrección. El lugar secundario atribuido a 1a tradición de una aparición a una mujer probablemente refleja el hecho de que 1as mujeres no servían a1 principio como predicadoras oficiales de 1a iglesia.

(12). J. A Jurigmann, The mass of the roman rite, New York 1950. 470. n. 5 – El sacrificio de la misa, Madrid ,1963). El uso de apóstol, a propósito de Magdalena es frecuente en la famosa vida del siglo IX escrita por Rábano Mauro: Jesús hizo de ella 1a apóstol de los apóstoles (PL 112.147413) y ella no tardó en ejer­citar el ministerio del apostolado con el que había sido honrada (1475Á); evangeli­zó a sus compañeros apóstoles con la buena nueva de la resurrección del Mesías (1475B); fue elevada a1 honor del apostolado e instituida evangelista de la resurrección ( 1479C)

 

5 comentarios sobre “Las discípulas en la Pascua

  1. Estoy gratamente sorprendida, y por supuesto encantada de leer este tema. Nunca lo había desarrollado con esta mirada. Felicitaciones y muchas gracias en nombre de todas las discípulas, Zulma

  2. no me pregunto porque hoy descubri esta pagina solo le doy gracias a Dios haberla encontrado y le pido sabiduria y perseverancia para leerla estudiarla y si El asi lo permite la proxima pascua poderla vivir en comunidad Amen y Bendiciones

    1. Querida Delia:
      Nos alegra que esta página pueda ser un instrumento para fortalecer tu fe.
      ¡Felices Pascuas!
      Gloria

    1. Delia, cuando te aparece la leyenda “pendiente de moderación” quiere decir que yo todavía no lo leí. Una vez que leo los comentarios, ahí aparecen publicados para que todos los puedan ver y compartir.
      Cariños
      Gloria

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