Las mujeres traductoras y San Jerónimo

Santa Paula, apasionada por la Palabra de Dios

santa-paula-02El 26 de enero la Iglesia celebra la memoria de Santa Paula, patrona de las viudas.
Paula vivió en Roma en el siglo IV, pertenecía a una noble familia, se casó y tuvo cinco hijos, cuatro mujeres y un varón. Al quedar viuda, comenzó a reunirse con otras mujeres para dedicarse a conocer mejor la Biblia. En casa de su amiga Marcela, todas las mañanas, estudiaban la Sagrada Escritura bajo la guía de San Jerónimo.
En el año 385, Jerónimo se trasladó a Belén. Paula y una de sus hijas, renunciando a la vida de lujo y comodidad que tenían en Roma, también se instalaron en Belén, donde fundaron un monasterio y se dedicaron al trabajo, el estudio y la oración. Ellas colaboraron con Jerónimo en la traducción de la Biblia. Muy pronto, otras viudas y jóvenes romanas se les unieron. Paula y sus compañeras se pusieron como propósito aprender cada día un párrafo de la Sagrada Escritura de memoria, de manera de guardar en su corazón el tesoro de la Palabra de Dios.
Paula no sólo estudió la Sagrada Escritura, sino que también procuró ponerla en práctica. Con mucha generosidad, distribuyó su fortuna entre los necesitados.
Con Santa Paula, patrona de las viudas, damos gracias a Dios por la vida de tantas mujeres que llevan a la práctica el Evangelio en el servicio a Dios y a la comunidad con generosidad y cariño.

MUJERES TRADUCTORAS EN EL SIGLO IV

Conferencia dictada en las 4tas. Jornadas de la Asociación Argentina de Traductores (AATI) el 1 de octubre de 2005

 

La escuela bíblica para mujeres

 

San Jerónimo, siendo ya un reconocido maestro de las Sagradas Escrituras, llega a Roma como secretario del Papa Dámaso en el año 382.

Ya hacía algunos años que allí en Roma,  impulsado por la noble viuda Marcela, existía un fuerte movimiento religioso por el cual varias viudas y vírgenes jóvenes se habían unido a Marcela constituyendo una especie de monasterio[1]. Marcela deja la vida que llevaba como mujer de la aristocracia romana, y junto con estas otras mujeres, comienzan una vida de trabajo, oración y estudio de las Sagradas Escrituras.

Al enviudar Paula, también mujer de la nobleza y acompañada de una de sus hijas, Eustoquia, que se consagra como virgen,  se unen al estilo de vida propuesto por su amiga Marcela.

 

San Jerónimo se dirige todas las mañanas a la casa de Marcela en el Aventino, y allí imparte enseñanza bíblica a estas mujeres (tarea que le valió el reproche de más de un clérigo y bastantes críticas). Marcela, como “abadesa” del monasterio, dirige las tareas de lectura y estudio que se realizan en su casa.

Vale notar que este primer grupo está compuesto por mujeres nobles, y, al menos en lo que hace a Marcela, Paula y su familia, han aprendido a leer y escribir desde pequeñas, tanto el latín, su lengua materna, como el griego de las obras clásicas. Junto a Jerónimo aprenden la lengua que completará su formación bíblica, el hebreo.

Sobre el nivel alcanzado en el manejo de las tres lenguas por estas mujeres, escuchemos al mismo Jerónimo hablar de sus alumnas:

Sobre Bresilla, hija de Paula: Si la hubieras oído hablar en griego, creerías que no sabía latín… En pocos, no diré meses, sino días, de tal modo había vencido las dificultades del hebreo, que competía con su madre Paula en aprender y cantar los salmos. (…) tenía siempre entre manos al Profeta o al Evangelio. (carta 39)

Sobre Paula: Otra cosa voy a decir que acaso a los émulos parezca increíble: la lengua hebrea, que yo con mucho trabajo y sudor aprendí en parte en mi mocedad y que no dejo de meditar infatigablemente por miedo de que me deje ella a mí, la quiso aprender Paula, y hasta tal punto lo logró, que cantaba los salmos en hebreo sin un resabio de latinismo. (carta 108)

Sobre Marcela, digamos simplemente que Jerónimo la llama philoponotate, incansable en el estudio (carta 127).

 

La traducción de la Biblia

 

El Papa Dámaso encarga a Jerónimo una traducción revisada de toda la Biblia, Antiguo y Nuevo Testamento, a la lengua latina[2]. La mayor parte del Antiguo Testamento se halla escrito en hebreo, y todo el Nuevo Testamento en griego. En época de Jerónimo circulaban algunas partes de la Biblia traducidas al latín, versión conocida como Vetus Latina. Los textos más copiados eran los de los Evangelios, debido a la gran importancia que tenían en la predicación cristiana, y los Salmos, que, continuando con la tradición judía, constituían la base de la oración personal y comunitaria.

Los sucesivos copistas habían introducido modificaciones y armonizaciones del texto, por lo cual era necesaria una revisión de las traducciones existentes.

Existían ya varias versiones en griego del Antiguo Testamento[3], y algunas traducciones latinas que se utilizaban se habían hecho tomando como base ese texto griego, con lo cual eran la traducción de una traducción.

Por todo esto, el Papa encarga a Jerónimo la tarea de elaborar un texto en latín. Con los años, esta versión será la más divulgada durante la Edad Media, por lo que se llamará finalmente Vulgata.

Habitación de San Jerónimo en Belén.
Habitación de San Jerónimo en Belén.

 

Discípulas y colaboradoras

 

Jerónimo comienza la tarea de traducción estando todavía en Roma. La mayoría de los estudiosos establece que durante este tiempo tradujo los Evangelios y una primera versión de los Salmos que más tarde desechó.

¿Hasta qué punto sus dilectas alumnas, con quienes todas las mañanas comenta y estudia los textos bíblicos, participan de este trabajo? Todos los datos que podemos deducir debemos extraerlos del epistolario de Jerónimo, cuando contesta a cuestiones planteadas, ya sea por Paula o por Marcela, sobre el sentido o la  correcta traducción de tal o cual párrafo. Es de notar que, a pesar del contacto diario, estos estudios para la traducción se realizaban por escrito, probablemente para poder acudir a ellos durante el momento de trabajo ( casi como cierto tipo de e-mails que hoy en día intercambiamos con los colegas). Lamentablemente, sólo se han conservado las cartas de Jerónimo; casi ninguna de las cartas de sus alumnas.

Las cartas dirigidas a Marcela siempre versan sobre cuestiones de traducción de términos, sobre todo del hebreo, o sobre la correcta interpretación de los mismos. Son especialmente  interesantes las cartas 25 y 26 , en que Marcela pregunta por qué no se han traducido expresiones como “aleluia” u “hossana”, y si, en el texto en latín, debe conservar estas expresiones hebreas.

Algunos párrafos de Jerónimo nos revelan el tipo de relación entre maestro y discípula:

… el sentido de una carta es escribir sobre algún asunto de familia o sobre temas cotidianos. Así, en cierto modo, los ausentes se hacen presentes, mientras se comunican unos y otros lo que quieren o lo que hacen. A veces naturalmente, este convite de conversación puede ir sazonado con la sal de la ciencia. Tú, sin embargo, absorta en tus tratados, no me escribes nada, a no ser para someterme a tortura y obligarme a revolver las Escrituras… (carta 29, año 384)

Habías pedido mi parecer acerca del diapsalma; yo me excusé con la brevedad de la carta y pretexté no poder encerrar en ella lo que es materia de un libro. Pero ¿de qué valen las excusas ante mi ergodiokzen ( directora)  de mi trabajo? Con el silencio se acrecienta el apetito. Así, pues, para no tenerte más tiempo en suspenso, aquí tienes un poco de lo mucho que cabría decir. (carta 28, año 384)

 

La carta refleja claramente no sólo que Marcela fue una apasionada por el estudio de las Sagradas Escrituras, sino que su tarea no fue un simple “acompañamiento” al estilo de la frase “detrás de todo gran hombre siempre hay una gran mujer”. ¿Qué quiere decir exactamente Jerónimo cuando la llama “directora” de mi trabajo?

 

El traslado a Belén

 

En el año 384 muere el Papa Dámaso, protector de Jerónimo. Este no queda bien posicionado en Roma, donde tiene bastantes enemigos, entre otros motivos, por el demasiado tiempo que pasa entre mujeres y por las “novedades” que ha introducido en su versión de los Evangelios (ver por ej. las cartas 27 y 40). En el año 385, Jerónimo se traslada a Belén. Unos meses más tarde lo seguirán Paula y Eustoquia.

Varias mujeres romanas, de la nobleza y también de la “clase media” se instalan en Belén bajo la dirección espiritual de Paula, imitando el estilo de vida que Marcela llevaba en Roma.

Sobre la dedicación de Paula al estudio, y la forma en que exhorta a las otras mujeres a obrar del mismo modo, dice Jerónimo: Se sabía las Escrituras de memoria, y aunque amaba la historia o sentido literal y éste decía ser el fundamento de la verdad, seguía con más gusto el sentido espiritual. (carta 108, 26)

A ninguna hermana le era lícito ignorar los salmos ni dejar de aprender de memoria cada día algo de las Santas Escrituras . (carta 108, 20)

 

Allí en Belén Jerónimo retomará la tarea de traducción.

Parece ser que, ya traducidos los Evangelios y una vez muerto el Papa Dámaso, nadie en la Iglesia Romana se mostraba interesado por una traducción del Antiguo Testamento al latín. Es entonces cuando, según palabras de Jerónimo, sólo la insistencia de Paula y Eustoquia lo hacen volver al trabajo[4]. El preferiría, en cambio, dedicarse a escribir comentarios. Debo interrumpir mi gran trabajo sobre las Cuestiones Hebreas para asumir, a vuestro pedido, la árida e ingrata tarea del traductor[5].

Antes de encarar la tarea de traducción, durante todo un año, los tres hacen una lectura continuada del Antiguo Testamento, leyendo, traduciendo y comentando. Una monumental obra de interpretación compartida, que es el trasfondo para la futura escritura de la versión en latín. Finalmente, me impuso la tarea de leer con ella y su hija el Antiguo y el Nuevo Testamento, que yo tendría que ir comentando. Me negué por vergüenza, pero ante su importunidad y reiteradas súplicas, hube de acceder y explicar lo que yo había aprendido (…) . Si alguna vez vacilaba y confesaba ingenuamente mi ignorancia, en manera alguna se inquietaba, sino que, a fuerza de preguntas, me obligaba a indicarle, de entre varias sentencias aceptables, la que a mí me pareciera más probable. (carta 108)

 

El orden del trabajo

Al retomar la tarea de escribir la traducción, Jerónimo no trabaja ordenamente según se encuentran los libros en la Biblia, sino según los requerimientos de Paula.

Como mujer consagrada a la oración Paula solicita para ella y sus hermanas una buena versión de los Salmos en latín. Parece ser que tampoco Jerónimo estaba conforme con la primera traducción hecha en Roma.

Jerónimo se dedica a revisar la versión latina en uso hasta entonces (la Vetus Latina, no la primera traducción de Jerónimo), tomando como base el texto griego de las Hexaplas de Orígenes.[6] Johns afirma que Paula y Eustoquia colaboraron activamente en esta tarea, no como meras secretarias o correctoras.[7]

Esta versión sigue siendo traducción de una traducción. Ocurre que los salmos eran cantados y conocidos de memoria por monjes, clérigos y mujeres consagradas en la versión latina ya existente. Esta nueva versión de Jerónimo y sus colaboradoras, hecha sobre el texto griego, fue fácilmente aceptada en la liturgia, ya que presentaba pocas diferencias con el texto conocido y rezado habitualmente. Esta versión se conoce como Salterio Galicano, y constituye una verdadera edición crítica por el tipo de notas y aclaraciones que incluye (cf. Carta 106).

Años más tarde, Jerónimo hizo una nueva versión de los salmos en latín, esta vez directamente del texto hebreo, pero esta obra no se incorporó a la Vulgata.

 

Paula y Eustoquia cumplen también funciones de correctoras. Así les presenta Jerónimo la traducción del libro de los Reyes: Leed mi libro de los Reyes. Sí, mi libro, porque es verdaderamente nuestro lo que ha sido producido con tan profundo estudio y tan arduos trabajos. Leed también la edición latina y la griega y comparadlas con mi versión. [8] 

 

Cuando Paula muere, en el año 404, Jerónimo no quiere continuar con la “árida e ingrata” tarea de traductor. Sin embargo, los ruegos de Eustoquia pueden más. Cuando finalmente la Vulgata esté completa, Jerónimo la dedicará así: Ahora que la bendita y venerable Paula se ha dormido en el Señor, no  puedo rehusarte, Eustoquia, virgen de Cristo, estos libros que prometí a tu madre.

 

Todavía Eustoquia cumplirá una tarea más como “acompañante de traducción”. Jerónimo está perdiendo la vista y aún no ha completado los comentarios a los Profetas, que también había prometido a Paula. Sus asistentes, entre ellos Eustoquia, leen para él el texto hebreo, y el maestro dicta su comentario. ¿Habrá sido esta una tarea totalmente pasiva, de una secretaria ignorante sobre lo que lee y lo que se le dicta? Por más que no tenemos demasiados datos, un maestro que ha alabado en tal manera las dotes de sus discípulas, que ha realizado con ellas la tarea de traducción y comentario en forma oral, difícilmente se habrá rehusado a las sugerencias y comentarios de sus asistentes. Por otro lado, la ceguera lo obliga a confiar en quien lee. Y allí está Eustoquia.

Capilla de Santa Paula y Santa Eustoquia
Capilla de Santa Paula y Santa Eustoquia

 

Cuando Paula murió y fue enterrada en Belén, Jerónimo escribió su epitafio. Parafraseando a Horacio hizo inscribir en la piedra: He hecho para ti un monumento más durable que el bronce, que el tiempo no destruirá jamás. Con justa razón, más que de la lápida de Paula , pueden decirse estas palabras de la Vulgata.  Con Paula, leyendo y traduciendo juntos, hizo Jerónimo el primer borrador de su obra. Sólo porque se lo había prometido  a Paula la terminó.[9]

La Vulgata fue la  Biblia leída en la Iglesia Católica Romana durante siglos. Cuando en el s. XVI la reforma protestante abandona el latín para la liturgia, la Iglesia Católica Romana  continúa utilizando este texto para todo tipo de celebración litúrgica hasta que las disposiciones del Concilio Vaticano II promueven el uso de las lenguas vernáculas.

 

 

Estas mujeres son honradas como santas en la Iglesia Católica. La fiesta de Santa Marcela es el 31 de enero, la de Santa Paula el 26 de enero y es patrona de las viudas, la de Santa Eustoquia el 28 de septiembre.

La fiesta de San Jerónimo, doctor de la Iglesia, es el 30 de septiembre. Es patrono de traductores y biblistas. En Argentina, la Iglesia Católica, la Iglesia Ortodoxa y las Iglesias Protestantes celebran juntas durante septiembre el Mes de la Biblia.

 

 

María Gloria Ladislao

mgloriala@aol.com

La prof. María Gloria Ladislao es catequista y teóloga (UCA), laica, casada. Se desempeña como profesora de Sagradas Escrituras en la ciudad de Buenos Aires y alrededores. Es directora del Espacio Bíblico Palabras con miel. Entre sus publicaciones se cuentan “Las  mujeres en la Biblia” y “Palabras y Pasos” de Ed. Claretiana.

Bibliografía

 

  • Buzzetti, Carlos, La Biblia y sus transformaciones, Ed. Verbo Divino, Navarra, 1986.
  • Johns, A.H., Woman´s work in Bible Study and Translation, http://www.istrianet.org/ istria/illustri/jerome
  • Navia Velasco, Carmiña, La Biblia leída por mujeres, en Ribla, Revista de Inter­pretación Bíblica Latinoamericana, nro. 25, Quito, 1997
  • San Jerónimo, Comentario al Evangelio de San Marcos, Ed. Ciudad Nueva, Bs.As., 1989
  • San Jerónimo, Comentario a los profetas, B.A.C.
  • San Jerónimo, Epistolario, tomos I y II, B.A.C., Madrid
  • Trebolle Barrera, Julio, La Biblia judía y la Biblia cristiana,  Ed. Trotta, Madrid, 1998.

 

 

 

 

 

 

 


[1] Digo “una especie de monasterio” porque se trata de las primeras experiencias de vida monacal llevadas a cabo por mujeres. Recién en la Edad Media el monacato femenino conocerá una organización más precisa y reglas propias. En cambio el monacato masculino estaba  ya muy difundido, sobre todo en Medio Oriente.

[2] Hay autores que discuten esto, y afirman que el Papa sólo pidió la versión de los Evangelios. Ver Trebolle, pg. 393; Buzzetti, pg. 63.

[3] Los redactores del Nuevo Testamento habían utilizado la versión en griego llamada “de los LXX” , realizada por los sabios judíos de Alejandría. Las otras versiones griegas que se conocían eran la de Aquila, la de Símmaco y la de Teodoción.

[4] Por ellas continúa Jerónimo su tarea y no, como dice Buzzetti (pg. 64),  por puro gusto personal. Esto puede apreciarse en las dedicatorias de los libros, que, o bien están dirigidas a Paula, o bien a otra persona, indicando que fueron escritos porque se lo prometí a la bienaventurada Paula..

[5] La negrita es mía, sólo para que quede claro qué pensaba de esta tarea el santo patrono de traductores y biblistas. La cita se encuentra en Johns, o.c., lamentablemente sin la indicación bibliográfica.

[6] Las Hexaplas, monumental obra de Orígenes (s. II) consistía en un texto a seis columnas del Antiguo Testamento. En la primera se encontraba el texto hebreo, en la segunda, el mismo texto en caracteres griegos, en la tercera la versión griega de Aquila, en la cuarta la versión griega de Símmaco, en la quinta la versión griega de los Setenta y en la sexta la versión griega de Teodoción. Esa obra se ha perdido, y sólo se conservan algunos fragmentos en citas de otros autores.

[7] Johns, A., o.c.

[8] Se refiere a la Vetus Latina y a la versión griega conocida como “la de los LXX”, traducida por los sabios judíos de Alejandría en el siglo II a.C.

[9] Por otro lado, la lápida de la tumba de Santa Paula fue muy pronto destruida, en los ataques que sufrieron los monasterios de Belén durante el s. V.

8 comentarios sobre “Las mujeres traductoras y San Jerónimo

  1. Me pareció muy buen artículo y pediría si es posible me puedan sugerir donde encontrar más información sobre San Jerónimo, ya que mi hija tiene que hacer un trabajo especial para la escuela y nos guastaría contar con un buen material.

    Desde ya muchas gracias

    Hugo

  2. Bello este artículo. Este año comencé a leer una traducción hecha desde la Vulgata por Pettisco-Amat. Hay expresiones que tienen una gran belleza en esta versión de la Biblia. Muchas veces me pregunté sobre la labor del Traductor San Jerónimo y las santas mujeres que lo acompañaron. Algo había leído de la vida en Belén y de la cotidianeidad en las tierras de Jesús. Me los he imaginado cantando, recitando, orando los salmos mientras estudiaban las escrituras y realizaban la labor de traducción. Ahora siento que los tengo más cerca y que puedo comenzar una “amistad” más cercana con estos santos que tanto amaron la Palabra y que entraron en ella… Gracias Gloria. Ha sido una bendición para mí. Bendiciones. María

    1. María: me alegra mucho que hayas aprovechado tanto este artículo. Yo también siento a Santa Paula muy amiga mía, y le pido que me acompañe en mis trabajos bíblicos.
      Cariños y bendiciones
      Gloria

  3. Bello artículo. Sinceramente desconocía la existencia de estas mujeres traductoras. Gracias Gloria por compartir tus conocimientos.

  4. Sou estudante moro no Brasil, Mato Grosso, Cuiabá, e não acho para comprar as cartas de são Jerônimo edição bilingue editadas por Daniel Ruiz Bueno. como poderia me ajudar?

    1. Buen día! No sé si hay edición al portugués. La edición bilingüe al español la editó Biblioteca de Autores Cristianos, BAC. Tal vez con ese dato encuentres algo en Internet.
      Lamento no poder ayudarte.
      Cariños y bendiciones
      Gloria

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