María Magdalena, la discípula

MagdatapaA  JERUSALÉN

Cuando estaba por cumplirse el tiempo de su elevación al cielo, Jesús se encaminó decididamente hacia Jerusalén. (Lc 9,51)

Estamos peregrinando a Jerusalén. ¡Qué alegría! Celebraremos Pascua allí, todos juntos. Estamos en la caravana que salió de Cafarnaum, tardaremos siete u ocho días en llegar “a ver a Dios en Sión”.
Al fin mis pasos tienen un rumbo. Yo voy donde va Jesús. El encara resueltamente el camino, porque tiene claro a dónde quiere llegar. Por eso me decidí a seguirlo e ir con él.
Cuando no conocía a Jesús, sufría por dos males: el estancamiento – que me dejaba tirada en la cama y sin ganas de ver a nadie -, y la agitación de dar vueltas como loca. En cambio ahora mis sandalias y mi corazón tienen un dinamismo que impulsa y orienta. Con Jesús no se puede vivir instalada, ni en los lugares ni en las situaciones. El nos habla de la fiesta que está preparando el Padre, y todos nos encaminamos a esa fiesta del Reino. Caminar con Jesús es ir creciendo: nos interpela y nos reta cuando nos escucha discutir y tiene que enseñarnos lo que es del Reino de Dios y lo que no. El dice que en este viaje a Jerusalén se revelará la muerte y la vida, y nos pregunta si estamos dispuestos a llevar su cruz… no entiendo mucho lo que Jesús pretende, pero donde él vaya yo voy.

¡Qué alegría cuando me dijeron
vamos a la casa del Señor!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales Jerusalén. (Salmo 122)

LA CONSPIRACIÓN

Faltaban dos días para la Pascua y los Ácimos. Los sumos sacerdotes y los escribas buscaban la manera de arrestar a Jesús con astucia, para darle muerte. Porque decían: «No lo hagamos durante la fiesta, para que no haya alboroto en el pueblo». (Mc 14,1-2)

Estamos en Jerusalén. Jesús ya tuvo problemas con todos: con los sacerdotes porque les desbarató el negocio de los animales, con los fariseos porque les tapó la boca, con los partidarios del César porque no transó… Ya no lo soportan más.
Es peligroso estar en Jerusalén. Cada vez que nos acercamos al templo se huele intriga y murmuración.
Hay gente muy poderosa. Hasta Pilatos está en la ciudad. El Sumo Sacerdote se lleva bien con los romanos; no les sería difícil ponerse de acuerdo y podrían intentar algo contra Jesús. No sé si se animarán a algo así durante la fiesta, hay demasiada gente.

A pesar de todo, Jesús insiste en que quiere comer esta Pascua con nosotros, con toda la comunidad. El Maestro consiguió una casa para reunirnos a comer la cena. Es que también aquí en la gran ciudad tiene discípulos.
Ya estamos preparando las cosas. Nosotras hornearemos los panes ázimos y tendremos listas las verduras. Al atardecer nos sentaremos a la mesa. Será una Pascua especial.

Yavé, ¡qué numerosos son mis adversarios,
cuántos los que se levantan contra mí!
¡Cuántos son los que dicen de mí:
“Dios ya no quiere salvarlo”!
Pero tú, Yavé, eres mi escudo protector y mi gloria,
tú mantienes erguida mi cabeza. (Salmo 3)

SÁBADO DE LA OCTAVA DE PASCUA

 

Jesús, que había resucitado a la mañana del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, aquella de quien había echado siete demonios. Ella fue a contarlo a los que  siempre lo habían acompañado, que estaban afligidos y lloraban. Cuando la oyeron decir que Jesús estaba vivo y que lo había visto, no le creyeron. (Mc 16, 9-15)

No nos creen. No les alcanza nuestra experiencia ni nuestro testimonio. Ellos se fueron todos y ahora tienen el descaro y la osadía de no confiar en lo que decimos.
No son sueños, no son delirios. Si los mensajeros dicen que El está vivo, yo les creo. Un hombre que vivió como El no muere. A Jesús, que fue todo entrega por el Reino de Dios ¿cómo Dios iba a dejarlo abandonado a la muerte? Yo también me entristecí el viernes, yo también pensé que todo estaba terminado. Pero ahora creo. En Jesús había algo que finalmente sería más fuerte que la muerte y el abismo. Yo creo que está vivo porque le creo a El.
¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? Nos dijeron los mensajeros. Y entonces juntas empezamos a recordar lo que fue la vida con El y lo que fueron sus palabras. ¡Cómo no va a estar vivo!

Yo sé lo que murmuran… dicen que somos tan ingenuas, tan crédulas… Peor que eso, dicen que todo es nuestra fantasía, que somos unas exaltadas, unas frenéticas. Sé lo que rumorean de mí. Ahora que Jesús no está desconfían, porque estuve endemoniada. Estarán pensando que mis demonios volvieron, que soy nuevamente una desquiciada.

Pero nosotras creemos. No está en la tumba, no se lo llevó la muerte. Y nuestros oídos escucharon la noticia. Pero parece que a la comunidad no le bastan nuestros ojos ni nuestros oídos. Nuestra experiencia no cuenta, nuestro testimonio no vale. ¿Por qué? Fuimos nosotras las que nos levantamos de noche. Fuimos nosotras las que teníamos preparados los óleos y los aromas que nos trajimos de vuelta. ¿Quién tiene que legitimar nuestra palabra para que quieran escucharla? ¿Si hubiera ido Pedro le habrían creído? ¿Por qué? ¿Qué pueden tener los ojos de ellos que no tengan los nuestros? ¿O nuestro corazón no se conmovió también en toda una vida con Jesús? ¿No nos da eso poder para hablar y testimoniar ahora que El no está físicamente?

¡Cuánto ganaría la comunidad si nos escuchara! ¡Cómo se enriquecería! Traemos una buena noticia y nos reciben así… Yo sólo quiero que el corazón de toda la comunidad vuelva a encenderse. Si El está vivo el Reino de Dios es posible.

María del Mar Rojo
profetisa del canto y el baile

esclava liberada, mujer nueva
hoy necesito tu intercesión.
Quiero anunciar que Dios es grande,
que mi amigo Jesús está vivo
y que el Espíritu Santo vive en mí.
Necesito las palabras ardientes
y el ritmo gozoso
para que la comunidad se encienda
para que todos tengamos Pascua
y nos pongamos a caminar.

Del libro “Yo, María Magdalena, discípula de Jesús”, de María Gloria Ladislao

Ed. Epifanía, Bs.As., diciembre 2015

Editorial Epifanía: Av. de Mayo 1370, piso 14, of. 367/368

epifanialibros@yahoo.com.ar  Tel: 4381-4152

  http://editorialepifania.wix.com/editorialepifania

22 de julio, fiesta de   Santa María Magdalena

Santa María Magdalena,

discípula, libre y anunciadora

En estos días en que a través de los medios de comunicación vuelven a circular tantas leyendas sobre María Magdalena, vale la pena recordarla tal cual el Evangelio nos la presenta.

Ella era una mujer judía del pueblo de Magdala (hoy Migdal) a orillas del lago de Galilea y fue parte de aquel primer grupo de varones y mujeres que formaron la comunidad de  Jesús:

Después, Jesús recorría las ciudades y los pueblos, predicando y anunciando la Buena Noticia del Reino de Dios. Lo acompañaban los doce y también algunas mujeres que habían sido curadas de malos espíritus y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, esposa de Cusa, intendente de Herodes, Susana y muchas otras, que los servían con sus bienes. (Lc 8,1-3)

Las mujeres y los doce acompañan a Jesús en su tarea evangelizadora. Esto tal vez no nos resulta extraño hoy, en que varones y mujeres ejercemos diversos ministerios en la comunidad cristiana. Si nos ubicamos en la cultura del siglo I, tanto en el ámbito judío como en el grecorromano, resulta bastante llamativo que una mujer “descuide su casa” para seguir a un maestro itinerante. Jesús pasa por alto esta norma social, y por eso, en su comunidad hay mujeres que participan activamente. Ellas además son servidoras, generosamente, con los bienes y el servicio material que aportan para el sostenimiento de la comunidad.

En cuanto a la forma de identificar a las mujeres, esta identificación se daba habitualmente por el nombre del esposo o de los hijos. Así, en el evangelio encontramos por ej. a María de Cleofás (Jn 19,25), o a María la madre de Santiago y José (Mt 27,56). María es llamada Magdalena y esto es también insólito. Ella es identificada por su lugar de origen, como los varones (Jesús de Nazaret, José de Arimatea), y no por su relación con ningún varón ni con hijos. Si pensamos en una mujer que  ni está casada ni es madre,  y además emprende la aventura de salir con su Maestro por ciudades y pueblos anunciando el Reino de Dios, la imagen de María Magdalena aparece como la de una mujer que se entrega como discípula libre y totalmente.

¿Cómo entender la expresión de la que habían salido siete demonios? En primer lugar, descartemos toda referencia a la prostitución como muchos pretenden encontrar. Identificar siete demonios con prostitución no tiene ningún fundamento bíblico. ¿O acaso de  los posesos a los que Jesús libera algún teólogo ha dicho que eran prostitutos? Más bien, los evangelios muestran a los posesos como personas desequilibradas, que se hacen daño a sí mismas y pierden el control sobre sus actos, porque están dominadas por las fuerzas del mal (Mc 5,1-20; Mc 9,14-29). No más que esto podemos decir para entender los siete demonios de María Magdalena. El número siete nos habla de alguna situación realmente severa, no de algo trivial. De modo que María Magdalena es descripta como una mujer liberada del mal (mal que no hay por qué identificar con prostitución) y agradecida a su Salvador.

María Magdalena, junto con otras mujeres discípulas, siguió  a Jesús a Jerusalén y permaneció fiel hasta la cruz. Ella es nombrada en primer lugar dentro del grupo de mujeres que permanecen en el Calvario (Mc 15,40-41).

Y a ella antes que a nadie se apareció Jesucristo resucitado y la envió a dar la Buena Noticia (Jn 20,11-18). Con toda justicia la Iglesia de los primeros siglos reconoce en ella a la “apóstol de los apóstoles”.

Como ya quedó dicho, en ningún momento el evangelio dice de ella que fuera una prostituta. No conocemos el nombre  de la prostituta de Lc 7,36-50 ni tampoco de la adúltera que iban a lapidar de  Jn 8,1-11, y los evangelios no dan ningún elemento que permita identificar a ninguna de las dos con María Magdalena.

Recordemos a Santa María Magdalena por lo que ella fue, discípula y anunciadora, y que ella interceda para que también nosotros seamos discípulos del Maestro y anunciadores de la Buena Noticia de la Resurrección.

María Gloria Ladislao

La Lic. María Gloria Ladislao es catequista y teóloga (UCA); laica, casada. Autora de  Palabras y Pasos (Ed. Claretiana, 2004) y Jesús miraba mujeres (2014). Es redactora permanente de La Liturgia Cotidiana. Se desempeña como profesora de Sagradas Escrituras en Seminarios Catequísticos y en diversos centros de estudios bíblicos. Es directora del Espacio Bíblico Palabras con miel que funciona en el Santuario Jesús Misericordioso en la Ciudad de Buenos Aires.

 

MARÍA MAGDALENA,


LA DISCÍPULA DEL SEÑOR

 

EN LOS EVANGELIOS CANÓNICOS

El nombre: María la Magdalena, María la de Magdala, María llamada Magdalena

Con el grupo de mujeres que siguen y sirven a Jesús: Lc 8, 1-3

En la cruz En la sepultura En la resurrección
Mc 15,40 Mc 15,47 Mc 16,1   [v.9]
Mt 27,55 Mt 27,61 Mt 28,1
Lc 23,49 [sin nombrar] Lc 23,55 [sin nombrar] Lc 24,10
Jn 19,25 Jn 20,1-18

El servicio: diakoneo  Lc 22, 24-27

Los exorcismos: Mc 1,23-28; Mc 5,1-20; Mc 7,24-30; Mc 9,14-29 y textos paralelos.

La problemática apostólica sobre los predicadores “oficiales” (las condiciones que se describen en Hech 1,21-22). Dos tradiciones sobre “quién vio primero” -reconoció- a Jesús Resucitado:

* Lucas/Pablo: Lc 24,34; 1 Cor 15,3-7 Jesús se apareció en primer lugar a Pedro.

* Mc/Mt/Jn: Las mujeres fueron las primeras no sólo en ir al sepulcro, sino también en verlo. Ellas reciben el mandato de ir a contar esta noticia.

María Magdalena, anunciadora, en el evangelio según San Juan

La semana inaugural: Jn 1, 35-42 La semana final: Jn 20, 11-18
dos discípulos siguieron a Jesús “¿Qué buscais?” Rabbí, ¿dónde vives?Andrés encuentra a su hermano y le dice“Tú te llamarás Cefas” María Magdalena se volvía y vio a Jesús “¿Por qué lloras? ¿A quién buscas? Rabbuní“Ve y di a mis hermanos…”Fue María Magdalena…“María”

Bibliografía

Bernabé Ubieta, Carmen:  María Magdalena. Tradiciones en el cristianismo primitivo, Ed. Verbo Divino, 1994

Boiocchi, Marta: María Magdalena, discípula de Jesús, Ed. Claretiana, Bs.As., 2005

De Boer, Esther y otros: Código Da Vinci Verdad o Ficción, Ed. Lumen, Bs.As., 2004

Rivas, Luis y equipo: Evangelios Apócrifos, Ed. Claretiana, Bs.As., 2004

Sobre mujeres en los evangelios:

Ladislao, María Gloria, Una Palabra Propia en C.B.Latinoam., Ed. V.Divino, 2003

www.buenasnuevas.com/biblia/mujeresenlabiblia

La confusión

con otras Marías

 

El nombre María es la traducción al griego y al latín del hebreo Miriam. Es el nombre de una de las mujeres más destacadas en la historia de Israel: Miriam, la profetisa, hermana de Moisés (Ex 2,1-10; 15, 20-21; Nm 12; 20,1).

Es comprensible que el nombre Miriam fuera muy popular en una época de exaltación nacionalista como la que se vivía en algunos grupos judíos del siglo I. Lo cierto es que en los evangelios, muy cercanas a Jesús, encontramos por lo menos cinco Marías: la madre de Jesús, María la de Cleofás (Jn. 19,25), María la madre de Santiago  y José (Mt. 27,56), María la hermana de Marta y Lázaro de Betania (Lc. 10,38-42), Jn. 11,1-44; 12,1-8) y María Magdalena. Para sumar confusión, Mt. 28,1, al narrar la mañana de la resurrección, nombra a “María Magdalena y la otra María”, de modo que si uno no tiene a la vista el texto completo no sabe que se trata de María la madre de Santiago y José que el evangelista  ya mencionó en 27,56.

Tanto en los evangelios apócrifos como en los comentaristas de los primeros siglos de la Iglesia, se nota una tendencia a “fundir” las mujeres del evangelio en una sola. Esto ocurre porque depositan en la figura de una sola mujer, idealizada, todas las actitudes que se esperan de las mujeres: acogida, silencio, fidelidad, abnegación, etc. Los exégetas de los primeros siglos diferencian entre estas mujeres en sus obras de estudio, pero en las obras pastorales o en la predicación no ponen el mismo cuidado. Encontramos incluso algún poema litúrgico en el cual la María que se encuentra con Jesús Resucitado en Jn. 20,11-18 no es María Magdalena sino la madre de Jesús.

En medio de esta tendencia a la fusión de mujeres, hay dos casos particularmente frecuentes.

Uno es la confusión  entre María, la hermana de Marta y Lázaro de Betania, y María Magdalena.Ambas fueron amigas íntimas de Jesús, de su círculo más estrecho. Jesús amaba a Marta, a su hermana (María) y a Lázaro (Jn 11,5), visitaba su casa con frecuencia, y María era una discípula que escuchaba la palabra del Maestro (Lc 10,38). María, la de Betania, y María Magdalena tienen en común esta cercanía y fidelidad hacia el Maestro y Amigo.

El otro caso es la confusión entre María, la de Betania, y la mujer pecadora, probablemente prostituta, sin nombre. ¿Por qué la confusión?

Durante una comida realizada en su casa de Betania, María unge los pies de Jesús (Jn 12). En una comida en casa del fariseo Simón una mujer pecadora unge los pies de Jesús (Lc 7,36-50). En ambos casos, las mujeres son criticadas por los comensales, pero Jesús las defiende y aprueba sus gestos de amor.

 EVANGELIOS APÓCRIFOS 

a) Evangelio de Pedro, griego, redactado en la segunda mitad del S. II, en Siria. Combina elementos de los evangelios canónicos con leyendas populares; tiene una clara tendencia anti-judía.

Ahora bien, al amanecer del día del Señor, María Magdalena, discípula (maqhtri/a) del Señor, que no había llevado a cabo en la tumba del Señor lo que acostumbran cumplir las mujeres con sus seres queridos difuntos porque estaba llena de miedo por la cólera con que ardían los judíos, trayendo con ella las amigas, vino a la tumba donde estaba puesto (XII.1)

b) Evangelio de Nicodemo, que incluye las Actas de Pilato, núcleo original en griego, de finales del S. I, ampliado en latín hata el S. X. Se basa en los evangelios canónicos y tiene un fin apologético.

(Juan le avisa a María, la madre de Jesús, que se están llevando a Jesús para crucificarlo).

Ella se levanta como ciega, y va a lo largo del camino llorando. Y las mujeres la siguen – Marta, y María Magdalena, y Salomé y otras vírgenes. Y también Juan iba con ella. (cap 10)

(José de Arimatea consigue permiso de Pilato para retirar el cuerpo y embalsamarlo).

Y fue con la madre de Dios y con María Magdalena y Salomé y Juan, y el resto de las mujeres, e hicieron lo que es costumbre hacer con el cuerpo, con lino blanco, y lo pusieron en la tumba.

La madre de Dios dijo, llorando:

– ¿Cómo no me  lamentaré por ti, hijo mío? ¿Cómo no voy a desgarrar mi rostro con mis uñas? Esto es, hijo mío, lo que el anciano Simeón me predijo cuando te llevé, infante de cuarenta días, al templo. Esta es la espada que ahora atraviesa mi alma. ¿Quién pondrá freno a mis lágrimas, mi dulce hijo?

María Magdalena dijo, llorando:

– Escuchen, pueblos, tribus y lenguas, y vean a qué muerte los judíos sin ley han llevado a aquel que hizo para ellos diez mil buenas obras. Escuchen, y queden asombrados. ¿Quién hará que estas cosas sean oídas por todo el mundo? Yo iré sola a Roma, al César. Yo le mostraré lo que el malvado Pilato ha hecho obedeciendo a los judíos sin ley. (Cap 11)

c) Carta de Tiberio a Pilato, latino, redacción final S. V

Tiberio acusa a Pilato de haber entregado a la muerte sin motivo a Jesús:

“Desde que esto ha llegado a mis oídos estoy sufriendo en el alma y siento que se desmenuzan mis entrañas, pues una mujer ha venido a mi presencia, la cual se dice discípula de él (es María Magdalena, de quien, según afirman, expulsó siete demonios), y atestigua que Jesús obraba portentosas curaciones, haciendo ver a los ciegos, andar a los paralíticos, oír a los sordos, limpiando a los leprosos y que todas estas curaciones las verificaba con su sola palabra.

huevo

Siguiendo este perfil que presentan el Evangelio de Nicodemo y la Carta de Tiberio, la tradición rusa suele representar a María Magdalena llevando un huevo de Pascua color rojo. Con ese huevo de Pascua, símbolo de vida, se presentó ella ante el emperador para anunciarle la Resurrección de Jesucristo.

 LITERATURA GNÓSTICA

a) Evangelio de Felipe ( mediados del S. II a mediados del S. III)

En cuanto a la sabiduría que es llamada la estéril, ella es madre de los ángeles. Y la compañera del salvador, María Magdalena. Cristo la amaba más que al resto de los discípulos y solía besarla en [la boca] a menudo. El resto de los discípulos se ofendieron por esto y lo manifestaron. Ellos dijeron:

– ¿Por qué la amas más que a nosotros?

El Salvador les contestó y les dijo:

– ¿Por qué no os amo como a ella? Cuando un hombre ciego y uno que ve están juntos en la oscuridad no son diferentes uno de otro. Cuando llega la luz, entonces el que ve, verá la luz y el que es ciego permanecerá en la oscuridad (nros. 63-64).

b) Evangelio de  Tomás, S. II

Simón Pedro les dijo:

– ¡Que María se aleje de nosotros!, porque las mujeres no son dignas de la vida.

Jesús dijo:

– Mira, yo me encargaré de hacerla varón, para que ella también sea un espíritu viviente, como ustedes los varones: porque toda mujer que se haga varón, entrará en el reino del cielo. (nro. 114)

c) Evangelio de  María,  texto copto del S. II

Pedro dijo a María:

– Hermana, sabemos que el Enseñador te amó distinguiéndote de las demás mujeres. Repítenos las palabras que te dijo, las que recuerdas y de las que nosotros no tenemos conocimiento.

María les dijo:

– Lo que no les ha sido dado oír, voy a anunciárselos. Tuve una visión del Enseñador y le dije: “Señor, te veo hoy en esta aparición”. El respondió: “Bienaventurada tú, que no te turbas al verme. Allí donde está el nous está el tesoro” (pág 10).

(…) Pedro añadió:

– ¿Es posible que el Enseñador haya conversado de ese modo con una mujer, acerca de secretos que nosotros ignoramos? ¿Habremos de cambiar nuestras costumbres y escuchar todos a esa mujer? ¿De veras la ha escogido y preferido a nosotros? (pág. 18)

d) Pistis Sofía

 ESCRITORES ECLESIÁSTICOS

a) San Agustín, (354-430)

“Según relata Juan, fue María Magdalena, sin duda en compañía de otras mujeres que habían servido al Señor, mucho más ferviente por su amor, hasta el punto de que Juan la menciona sólo a ella, silenciando a las que fueron con ella, como atestiguan los otros.” (Concordan­cia de los evangelios, III,69)

b) San Gregorio Magno,  (540-604)

Según la investigación de Carmen Bernabé, el primer autor que identifica a María Magdalena  con la pecadora de Lc 7,36-50 es Gregorio Magno, Papa, que vivió entre los años 540 y 604. No sólo identifica a Ma­ría Magdalena con esta pecadora sino que también precisa que su pecado era un pecado sexual, sin dar ninguna justificación para una cosa ni para la otra. En el libro II de sus Homilías sobre los evangelios, en la homilía XXV,  comenta el encuentro de María Magdalena con Jesús Resucitado según lo relata Jn 20,11-18.

Esta identificación errónea de María Magdalena con la pecadora se hizo muy popular hasta nuestros días.

María Magdalena, la que había sido pecadora en la ciudad, amando la Verdad, lavó con lágrimas las manchas de sus pecados; y se cumple la palabra de la Verdad que dice: Le son perdonados muchos pecados porque ha amado mucho; pues ella, que antes, cuando pecaba, habíase mantenido fría, después, cuando amó, ardía en llama viva.

(..)

Entretanto, María estaba fuera llorando. En lo cual se debe conside­rar cuán grande sería el amor que ardía en el corazón de esta mujer, que no se apartaba del sepulcro del Señor aun después de haberse retirado los discípulos. Buscaba al que no hallaba, y buscándole, lloraba; e, inflamada en el fuego de su amor, ardía en deseos de encontrar al que creyó robado. De aquí resultó que al cabo le viera solamente ella, que había perseverado en buscarle; pues cierto es que la virtud o valor del bien obrar está en la perseverancia.

(…)

Tal vez alguno ha decaído en la fe: mire a Pedro, que lloró amargamente porque, tímido, negó. Otro ha sido cruelmente malo para con su prójimo: mire al ladrón, que en el mismo trance de la muerte, arre­pentido, alcanzó los premios de la vida. Otro, abrasado en la fiebre de la avaricia, arrebató lo ajeno: mire a Zaqueo, que, si quitó algo a otro, de­volvió el cuádruplo. Otro, inflamado en el ardor de la liviandad, perdió la pureza de la carne: mire a María, que con el fuego del amor divino redujo a cenizas el amor carnal.

Animo, que Dios omnipotente por doquiera nos pone a la vista a quiénes debemos imitar; doquiera nos muestra ejemplos de misericordia. Desagrádennos los males ya experimentados; Dios omnipotente se olvida gustoso que hemos sido malos.

 

c) San Beda el venerable, (673-735)

María Magdalena es aquella misma de quien dijo en el capítulo prece­dente, callando su nombre, que había hecho penitencia. Con toda oportu­nidad el Evangelista la da a conocer con este nombre, cuando dice que se­guía a Jesucristo; pero cuando la describe como pecadora (pero peni­tente), la llama solamente mujer; para no empañar un nombre de tanta fama con el recuerdo de los pasados extravíos, de quien se dice habían sa­lido siete demonios, significando que había tenido todos los vicios. (Exposición sobre el Evangelio de Lucas III, 265-275)

d) San Rábano Mauro, (776-856)

Este obispo escribió una obra titulada “Vida de Santa María Magdalena y su hermana Santa Marta. Sobre el apostolado de Santa María Magdalena en Provenza” (PL 112, 1474ss). (Vemos como continúa la confusión entre María Magdalena y María la hermana de Marta y Lázaro de Betania). Este texto tuvo gran difusión en la Edad Media y se usó como fuente para los santorales. Aquí se encuentra por primera vez la expresión “apóstol de los apostoles”, al recrear Jn 20,17: ascensionis suae eam ad apostolos instituit apostolam (Cap XXVII).

Material recopilado por la Lic. María Gloria Ladislao Gloria13

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17 comentarios sobre “María Magdalena, la discípula

    1. Querida Ana:
      Haciendo click en la pestaña “María Magdalena en el Jardín” encontrarás una lectio divina para meditar con las preguntas de la guía. Como comentario hay un párrafo de la teóloga uruguaya Teresa Porcile. Espero que lo puedas aprovechar.
      Cariños y bendiciones
      Gloria

  1. Hola Maria Gloria, que tal!
    La he escuchado en Radio María, de ahí que la busque y encontré esta pagina. Me he suscrito para recibir por correo electrónico material suyo para leer, ya que es interesante y para crecer en conocimiento, pero no recibo nada. Podría Ud ayudarme a como poder hacerlo? Muchas gracias por todo lo que nos brinda!
    Que el Señor Jesús y Dios Padre siga bendiciéndola e iluminándola en todo lo que realiza!!
    Viviana

    1. Viviana, disculpá que no te contesté antes, estuve primero viajando y hoy en un congreso. Mañana intentaré suscribirte yo misma.
      Un cariño
      Gloria

  2. Gracias Gloria por tu exposición del viernes sobre María Magdalena, fue la primera a la que asistí (no me enteré antes de la página) y espero estar en las próximas.Bendiciones.

    1. Gracias por estar ahí! Ya habrá muchas ocasiones de seguir compartiendo la Palabra de Dios.
      Cariños y bendiciones
      Gloria

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