Apocalíptica

LA APOCALÍPTICA

Material preparado por la prof. Beatriz Fernández para el Curso de Profundización del Espacio Bíblico Palabras con miel.

 

I) Introducción a la Apocalíptica. ¿Cómo se puede explicar el fenómeno del movimiento apocalíptico? ¿Qué es? ¿Por qué aparece? ¿Por qué en el período de los reyes no había apocalípticos, sino solo profetas? ¿Por qué después del exilio, en la época de los grandes imperios, la profecía se convirtió en apocalipsis?

II) Género literario apocalíptico. Existen varias maneras de transmitir un mensaje. La opción por una forma determinada depende del mensajero y de la situación de las personas a las que se dirige el mensaje. Quien anuncia la Buena Noticia de Dios en forma de apocalipsis sabe lo que tiene que hacer para quitar el velo de un acontecimiento y revelar en él la presencia de la Buena Noticia.

III) Daniel. El libro de Daniel es una colección fascinante de historias populares y textos apocalípticos sobre la resistencia de judíos en una época de coloniaje y diáspora. Una lectura crítica y detenida del libro es muy importante porque se ha hecho abuso de lecturas fundamentalistas. El libro mismo entrega suficientes claves para releerlo de una manera sana y productiva.

IV) De Daniel al Apocalipsis. Los libros de Daniel y del Apocalipsis son los únicos libros apocalípticos que entraron en el Canon de las Sagradas Escrituras. Son los extremos visibles de un horizonte histórico de tres siglos, donde se dio un movimiento apocalíptico popular casi ininterrumpido que se expresó en una abundante literatura apocalíptica histórica no canónica.

V) Apocalipsis. Es necesario interpretar el último libro de la Biblia desde una perspectiva radical e integralmente ética. Toda la enseñanza del libro pretendía orientar la conducta de los fíeles en medio de circunstancias muy difíciles y conflictivas. Juan insiste en que la bienaventuranza del libro será precisamente para los que llevan a la práctica consecuente el mensaje con todas sus exigencias éticas que no se limitan a la esfera de la moral personal y privada sino que también alcanzan a la justicia social y económica, y sobre la postura que han de asumir los seguidores del Cordero.

APOCALÍPTICA: MOVIMIENTO SOCIAL

La Apocalíptica:
1) Fue un movimiento social (no institucional, sin jerarquías, sin estructura) que planteó cambios a partir de la experiencia de crisis/ conflictos graves. Las ideas no aparecen solo en un grupo sino que atraviesan la historia, se encuentran en diversos grupos: el que dio origen al libro de Daniel; los que están detrás de la redacción de textos no canónicos; Jesús y los suyos; Juan Bautista y quienes le seguían; Pablo de Tarso; el Apocalipsis de Juan; etc.
En concreto: este movimiento social plasmó sus ideas en literatura canónica y no canónica (apócrifa)

2) Repasar el segmento que nos interesa de la línea del tiempo:
587 aC Exilio en Babilonia
538 aC Retorno. Reorganización. Tiempo de dominación persa
333 aC Dominación griega. Alejandro Magno; los Diadocos; los Epígonos. Dinastía lágida/ptolomea en Egipto. Dinastía seléucida en Siria y Asia Menor. Antíoco IV (198 aC)
Al final del siglo III, comienzan las interminables guerras entre los Lágidas de Egipto y los Seléucidas de Siria por el control de Palestina. En pocos años, Palestina cambia de gobierno cuatro o cinco veces. El pueblo asiste a la lucha de los grandes y sufre sus consecuencias, sin poder interferir. Las ideas que van a terminar en el movimiento apocalíptico crecen en el terreno del siglo III a.C. La irrupción del movimiento apocalíptico acontece al comienzo del siglo II, durante los doce años de gobierno del rey seléucida Antíoco IV (175-164)

Libro de Daniel
167 aC Revolución Macabea
63 aC Dominio del Imperio Romano
+ ó – 4 aC Nacimiento de Jesús. Dinastía asmonea (donde termina la revolución macabea…)
+ ó – 30 en adelante vida y muerte/resurrección de Jesús. Primeras comunidades. Expansión. El documento Q. Cartas auténticas de Pablo
66 al 70 primera guerra judeo romana. Destrucción del Templo de Jerusalén. Masada(73)
70 al 130 Evangelios sinópticos y Jn. Tradición paulina. Apocalipsis (90/96) Cartas de Santiago y Judas, 1 y 2 Pedro; Pastorales; Hebreos
132 – 135 Movimientos insurreccionales. 2° guerra judeo romana. Rebelión de Bar Kojba. Diáspora definitiva

3) Trabajo práctico:
Leer. Señalar temas e ideas principales, características comunes: 1 Cor 15; Mc 13; Mt 24-25; Lc 21; 2 Tes 2,1-12; Ef 6, 10-20

Para profundizar
J. Severino Croatto. ¿Para qué sirve la apocalíptica?
Algunos opinan que es una cosmovisión alienante, que sitúa la salvación en el más allá de la historia y anula la acción humana. Otros creen que representa una literatura de resistencia frente a los poderes, políticos o religiosos. Unos y otros tienen su parte de razón. Los textos apocalípticos fueron producidos como una forma de resistencia, pero son usados fuera de su contexto socio-político, cultural y religioso original, perdiendo en gran parte su fuerza retórica, querigmática y contraideológica. Lo cual es una verdadera pena. Claro que este fenómeno degenerativo ya eclosiona al final del período de producción apocalíptica, cuando se transita de una perspectiva colectiva y comunitaria a otra individualista y, simultáneamente, de una preocupación por la subsistencia de una comunidad en conflicto a un interés especulativo sobre el futuro. Sea que los antecedentes de la apocalíptica deban situarse entre los visionarios postexílicos diferenciados del grupo teocrático dominante, sea que la misma haya recibido aportes persas, babilonios o helenísticos, o que tengamos en cuenta el ambiente de dominación político-cultural de los primeros apocalipsis judíos (fines del siglo III A.C., a más tardar), en todos los casos se trata de algún tipo de resistencia ideológica contrahegemónica. Y por lo tanto, de grupos política, o socialmente discriminados. La lectura de la realidad que estos hacen es, evidentemente, religiosa; y su esperanza escatológica no es un sustituto de la lucha política, sino otra forma de la misma.

 

De la profética a la apocalíptica (después de la destrucción de Jerusalén el año 586 a. C.)

Hay una evolución en la historia del Pueblo de Israel desde la literatura profética hacia la apocalíptica. Es una evolución lenta, donde lo profético se mezcla todavía con lo apocalíptico durante un tiempo. Lo importante es discernir el cambio cualitativo entre lo profético y lo apocalíptico, tanto en el género literario como en el tipo de teología.

La profética se desarrolla normalmente en un mundo organizado, dentro del cual el profeta proclama la Palabra de Dios. La apocalíptica, por el contrario, nace cuando ese mundo organizado ha sido destruido o cuando el creyente es excluido del mundo organizado y arrojado al caos de la marginalidad; lo apocalíptico busca reconstruir la conciencia, para hacer posible la reconstrucción de un mundo diferente.

En la historia de Israel el movimiento profético clásico se da principalmente antes de la destrucción de Jerusalén el año 586. Antes de esta fecha el pueblo posee la tierra, tiene una monarquía y una clase dirigente (sacerdotes, escribas, funcionarios…), existe la capital, Jerusalén, y otras ciudades, hay templo y culto.

En el 586 todo este mundo se viene abajo y el “pueblo de la tierra” queda sin ninguna referencia económica, política, cultural o religiosa. En ese momento nace el movimiento apocalíptico, que busca reconstruir la conciencia creando símbolos y mitos nuevos que hagan posible la reconstrucción del pueblo.

El profeta actúa dentro del mundo existente. El apocalíptico condena el orden existente y anuncia la construcción de otro mundo. El profeta es el hombre de Dios en el mundo político y religioso de su época; busca realizar el plan de Dios en ese mundo. El apocalíptico surge cuando ese mundo o está ya destruido o está tan profundamente corrompido, que cree que Dios lo va a destruir. El apocalíptico reconstruye el plan de Dios en la conciencia (con visiones, símbolos, mitos), para así construir un nuevo mundo.

Orígenes de la apocalíptica (después del exilio):
El año 538 la élite israelita exilada en Babilonia retorna a Palestina. Nace un movimiento de reforma con una escatología y un mundo simbólico apocalíptico, que tendrá dos tendencias contrapuestas:

– una dominante hierocrática (sacerdotal), inspirada en la escatología apocalíptica de Ezequiel, conducida por el grupo sacerdotal sadoquita. Su programa es la reconstrucción del pueblo a partir de la reconstrucción del Templo y del culto. Se inspira en Ez. 40-48. (Leer y comentar Ez 40,1-4; 43,1-12) Produce Ageo (Leer y comentar Ageo 1 y 2,1-14) y el Primer Zacarías (Zac. 1-8). Pronto este movimiento pierde su dimensión escatológica apocalíptica y se transforma en un movimiento de control de la comunidad (Esdras, Nehemías y 1 – 2 Crónicas). (Leer y comentar Esdras 7,1-10; 25-26; 9,1-12; 10,1-4; Nehemías 2,1-9; 5,1-19; 9,36-37; 1 Cron 25, 1.2.5)

– La otra tendencia tiene un carácter profético-popular, inspirada en la escatología apocalíptica del II Isaías (40-55) (Leer Is 40,1-11; 55,1-3) Busca la reconstrucción de Israel, no fundamentalmente a partir de las estructuras, sino de la reconstrucción del pueblo mismo. Este movimiento popular, con una escatología apocalíptica, producirá escritos como Is. 34-35 y 24-27 y todo el Tercer Isaías (Is. 56-66); el Deutero Zacarías (Zac. 9-14), el Deutero Joel (Jl. 3-4), y quizás Malaquías. (Leer y comentar Joel 3) Este movimiento durará alrededor de un siglo.

Es interesante comparar estos dos movimientos reformadores: uno sacerdotal-institucional y otro popular-profético. Los dos buscan reconstruir el Pueblo de Dios. El primero a partir de la restauración de las estructuras. El segundo a partir de la restauración del pueblo. El primer movimiento recibió un fuerte influjo de la élite que retornaba del exilio. Siempre los “retornados” buscan reconstruir las instituciones del pasado. El segundo movimiento crece fundamentalmente en el pueblo de la tierra, que no fue al exilio y que ve en las instituciones del pasado más bien la causa de todos los desastres sucedidos al pueblo; este movimiento popular busca entonces una reconstrucción utópica del pueblo por medio de la creación de una nueva conciencia (nuevos símbolos y mitos), y criticando las instituciones dominantes.
La reforma sacerdotal pierde su dimensión escatológica y se transforma en una escuela de control (judaísmo; reglas de pureza, etc.)
La reforma popular se extenderá durante un siglo hasta que lleguen a sentir “ya no hay profetas”. (Leer y comentar Sal.74, 9; 77,9-11; 99, 6-8)

Post exilio. Época helenista. Los Macabeos

A partir de Nehemías (445 a.C), y sobre todo a partir de Esdras (398 a.C), el mínimo poder que todavía restaba en el pueblo se concentró en las manos de la clase dirigente de los escribas y de los sacerdotes, que, aliados con el Imperio, pasaron a conducir los destinos del pueblo. La reorganización de la justicia de acuerdo con la ley de Dios, declarada oficialmente “la ley del rey” (Esd 7,26), se debe a los escribas. Con otras palabras, conducían el destino del pueblo en consonancia con los intereses del Imperio persa (Esd 7,25-26).

La clase sacerdotal, a su vez, controlaba el templo y asumió el papel de profeta o de vidente. La profecía quedó reducida al canto litúrgico en el templo. La teología de la retribución, centrada en el templo, coloca a Dios cada vez más distante de la vida. Acentúa la función del sacerdote como intermediario.
Poco a poco, la profecía va encontrando nuevas formas de expresión. La defensa de los derechos de los pobres y excluidos encuentra nuevas formas de resistencia que aparecen en las novelas populares y en la literatura sapiencial.

Época helenista, 333-63 a.C. (Leer 1 Mac 1, 1-9)

La aparente estabilidad y prosperidad del dominio del Imperio helenista de los Lágidas sobre Palestina durante el siglo III esconde la terrible situación en la que se encontraban los pobres de la tierra. La penetración de la cultura helenista amenazaba la identidad y la supervivencia del pueblo. La explotación sistemática de los agricultores llegó a cotas insospechadas. Al final del siglo III, comienzan las interminables guerras entre los Lágidas de Egipto y los Seléucidas de Siria por el control de Palestina. En pocos años, Palestina cambia de gobierno cuatro o cinco veces. El pueblo asiste a la lucha de los grandes y sufre sus consecuencias, sin poder interferir. Las ideas que van a terminar en el movimiento apocalíptico crecen en el terreno del siglo III a.C.
La irrupción del movimiento apocalíptico acontece al comienzo del siglo II, durante los doce años de gobierno del rey seléucida Antíoco IV (175-164). La ganancia de poder y de dinero corrompió a la clase sacerdotal de Jerusalén:
174, Jasón, hermano de Onías III, consigue el sumo sacerdocio pagando mucho dinero al rey (2 Mac 4,7-10).
172, Menelao compra el sumo sacerdocio pagando 300 talentos más que Jasón (2 Mac 4,23-25).
170, Menelao manda asesinar a Onías III, el legítimo sumo sacerdote (2 Mac 4,30-35). A causa de la política y de la corrupción, el pueblo, que ya se había quedado sin rey y sin profeta, se queda ahora sin sumo sacerdote
167, Antíoco IV – apoyado por el sumo sacerdote Menelao – invade el templo, impide el sacrificio perpetuo e introduce en él “al ídolo abominable”. Comienza la persecución sistemática de los que quieren continuar fieles a la tradición de sus padres (leer 2 Mac 4, 11-22; 2 Mac 6 y 7; 1 Mac 1, 10 – 64). Los sacerdotes, que debían ser los defensores del pueblo, se convierten en sus perseguidores
166, Todos estos acontecimientos provocaron la rebelión armada de los Macabeos. Iniciada por el viejo Matatías (1 Mac 2,1-70), la revuelta fue dirigida por sus hijos: Judas Macabeo (166-160); Jonatán (160-143); Simón (143-134).
164, muere Antíoco IV. (1 Mac 6, 1-18)
159, muere Alcimo, el sumo sacerdote (1 Mac 9,54-57). Durante siete años no hubo sumo sacerdote.
152, por motivos políticos, el rey seléucida, hijo de Antíoco IV, nombra a Jonatán, hermano de Judas macabeo, sumo sacerdote (1 Mac 10,15-21). Jonatán no pertenecía a la familia sacerdotal de Onías. Por eso, su nombramiento provocó una violenta reacción de la gente.
A partir de esos acontecimientos, las ideas apocalípticas se extienden entre las clases más pobres y oprimidas del pueblo. Como reacción contra las desviaciones de las élites nace el movimiento de los asideos/hassidim/piadosos (1 Mac 2,42; 7,13; 2 Mac 14,16). Como reacción contra el nombramiento de Jonatán como sumo sacerdote surge el movimiento apocalíptico de los esenios, algunos de los cuales huyen al desierto, a Qumrán. En la misma época, nace el movimiento de los fariseos. Las grandes visiones del libro de Daniel son de este período de los Macabeos. De la misma época son Secretos de Henoc, Jubileos y III Esdras.
En el 143 aC Simón es nombrado de por vida y hereditariamente Sumo Sacerdote, Estratega y Etnarca de los judíos con el apoyo de Roma (leer 1 Mac14,16-24.47 y 1 Mac 5, 15-24)

 

El libro de Daniel

1. La pseudonimia. Como medida de prudencia, un escrito de “resistencia” nunca lleva el nombre de su autor.
2. La pseudo-localización. Cuando un escrito corre el riesgo de caer en manos del poder opresor, se suele omitir la dirección.
3. La pseudo datación. Las fechas de todos los libros apocalípticos no corresponden a la realidad.
Los dos primeros procedimientos literarios (nombre y dirección falsos) permiten evitar que la censura identifique al autor de los escritos. La datación anterior, por su parte, hace que parezca que ya no tiene interés. Pero en realidad el autor, al situarse en un pasado más o menos lejano, quiere recordar que la historia está llena de pruebas, de las cuales Israel ha salido victorioso; se convierte así en fermento de esperanza.
La pseudonimia es característica de obras literarias de alguna manera ‘disidentes’. El autor o redactor anónimo no solamente quiere obviar la censura sino también que su obra refleje el espíritu de algún héroe o sabio de antaño. Quiere destacar que se trata de una nueva revelación divina y también venerable, secreta e inaccesible, de que no solamente el dictador de turno, sino tampoco el aparato religioso establecido puede disponer.

Es tri – genérico: narrativa, apocalíptica y poesía
Es tri – lingüístico: arameo (2,4b-7), griego (3,24ss; 3,46ss; c.13 y 14) y hebreo
Es bi – temporal: alude a s. VI y II a C

2. Lugar canónico, lenguaje y autor

En su redacción actual tiene
– 12 capítulos
– Y añadiduras tardías:
– la oración de Azarías (3,24ss) y
– la oración de los tres jóvenes (3,46ss)
– los caps. 13 y 14: la piadosa Susana y Bel y el Dragón.
Sigue siendo materia de debate
– si el libro fue escrito originalmente en arameo o hebreo.
– qué parte del libro proviene de la tradición oral (seguramente la primera parte, en arameo) y cuál fue escrita “directamente”.
En todo caso, el libro atestigua las dificultades que se ofrecían al redactor final y que no solamente fueron de carácter técnico. El redactor se enfrentó, no solamente con materiales diversos, de diferentes contextos y culturas, sino también con una sociedad profundamente dividida.

Canon palestinense: ubicado dentro de la sección de los Escritos. Al final de la Tanaj, directamente antes de Esdras y Nehemías, y Crónicas. ¿Por qué? Leer Eclo.48,17-49,10. Hacia el 190 aC el bloque Nebiim(Profetas) ya estaba definido.
Canon griego y traducciones modernas: dentro de la sección de los Profetas, después de Ezequiel y antes del dodekaprófeton = 12 profetas menores (Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahum, Habacuc, Sofonías, Ageo, Zacarías y Malaquías). Es considerado profeta por los sinópticos y también por Flavio Josefo.

En su forma presente el libro está dividido en 3 partes.
– La primera (1-6), narrada en tercera persona, se compone de ’aggadôt, historias populares/relatos ejemplares/relatos de corte (como José en Gén.; Ester; Ajicar [apócrifo del AT]). Tiene una dimensión nacionalista clara. Se trata de demostrar la superioridad del exiliado en clave de sabiduría e interpretación de sueños y mensajes extraños. Al mismo tiempo manifiestan los límites de la integración (rechazo de la idolatría; no “compartir la mesa del rey”)
– El cap. 7 funciona como puente.
– la segunda (8-12) consta de 5 visiones apocalípticas con un rico vocabulario sapiencial. Se caracterizan por la presencia del ángel intérprete.

¿Quién es Daniel? El nombre Daniel significa “Dios es mi juez”, y se encuentra con cierta frecuencia en el AT (1 Cro 3,1; Esd 8,2; Ne 10,6; Ez 14,14.20).

Daniel es fruto de diversos autores, individuales o colectivos, de distintas épocas, que tratan de responder a problemáticas diferentes, aunque con un denominador común: el pueblo judío se halla políticamente sometido a poderes extranjeros (salvo c.13)

 

 

La primera parte del libro (1 al 6) consta de una colección de textos cuyo contexto serán las cortes de los dominadores de turno. Los personajes claves son Daniel y sus tres compañeros. Podemos considerar el cap. 1 como una introducción al libro entero, en hebreo.
Los caps. 2- 6 provienen de un círculo cultural determinado y pueden tener su origen entre los judeos de la diáspora oriental. Supone judíos exiliados viviendo normalmente en civilizaciones y estructuras políticas paganas. Da a entender que de vez en cuando surgen conflictos debidos a algunos malintencionados y no a la estructura social y religiosa del poder. Presenta abundantes incongruencias históricas.
El tema que une los episodios y les da cierta cohesión narrativa es la discriminación, y por tanto “asimilación” e integración, de funcionarios judeos (exiliados) en las capas superiores de una sociedad extranjera. Entre los funcionarios locales hay siempre quienes quieren eliminar a los cuatro, les tienen envidia, los quieren hacer desaparecer. Por su buena apariencia y estar iniciados en toda sabiduría, son nombrados como funcionarios en la corte real. Cultura y costumbres religiosas figuran en primera plana. Sociológicamente, Daniel nos ubica en esferas sociales altas. Se trata de una minoría en un gran imperio, pero una minoría importante. Los cuatro actores principales son

gobernadores del imperio y, aún más, son gobernadores de la provincia más importante del reino, Babel (cap.3) Los protagonistas son activos, valientes, llenos de coraje y perseverancia. No vacilan en criticar o resistir al rey y su política. Cada episodio desemboca en la afirmación de la supremacía del Dios de Israel por parte del tirano.
Los caps. 3 y 6 pertenecen al género de las leyendas de mártires. Pueden haber circulado aisladamente. Describen el régimen de terror y el endiosamiento del tirano, conocido de reyes helenísticos como Antíoco Epífanes IV y otros. Su inclusión en Dn 2-6 le da un tono mucho más crítico y anticipa lo que vendrá en 7-12. El cambio ya no depende de la generosidad del tirano de turno, sino que se debe a una actuación irresistible del Dios de Israel.
La primera imagen de la opresión consiste precisamente en la imposición cultural de otras costumbres y tradiciones. Pregunta clave, importante para la comprensión de toda la obra, es si es necesario comer “de la mesa del rey” para sobrevivir en el imperio. Otra señal de la opresión vinculada a la invasión cultural consiste en el cambio de los nombres. Sus nombres estaban cargados de significado teológico y enraizados en la tradición del pueblo: Daniel (Dios es mi juez), Ananías (Yahweh es benevolente), Misael (aquel que es de Dios) y Azarías (Yahweh ayuda). Ahora tienen otros nombres impuestos por el dominador: Beltsassar (“Bel guarda su vida” o Bel-shar-uçur = “Bel proteja al rey”), Sadrak (de lengua hurrita), Mesak (nombre de un pueblo localizado en Asia Menor) y Abed Negó (“siervo de Nabú”). El cambio de los nombres implica una pérdida de identidad.
Dn 2, usando una imagen clásica, nos muestra la gran estatua compuesta de materiales diversos. Se plantea el tema de la historia como proceso de caída y descomposición. No es una mano humana, sino una pequeña piedra la que pone término a la estatua, que a su vez se convierte en monte que ocupa toda la tierra (Dn 2,35).
Dn 3 nos lleva a la llanura de Dura, en la provincia de Babel. Otra estatua que provoca idolatría. No adorarla equivale a cometer el agravio contra la majestad, que es sancionado con la muerte. Los tres compañeros rehúsan participar en el culto imperial y son echados en el crematorio. Con ellos aparece en el horno esa otra figura, alguien como un “hijo de los dioses” (de la boca de Nabucodonosor). El martirio (“entregaron sus cuerpos”, 3,28) es eficaz y tiene un efecto particular: sale de la boca del tirano un “elogio a la desobediencia” (3,29s). Ahora la práctica de los desobedientes se torna decreto.
Dn 4 es una gran relectura de la historia de la locura del rey babilonio Nabonido (“oración de Nabonido”, encontrada también en Qumrán), ahora posiblemente aplicada al rey Antíoco IV Epifanes, apodado Epimanes, el loco. Es una sátira a la desmesura y locura del poder. El rey se vuelve loco y se convierte, literalmente, en animal. Además es una relectura de la parábola del árbol descrita en Ezequiel 31,3-17.
Dn 5. El festín de Baltasar (Belsassar) es interrumpido por la escritura enigmática en la pared que anuncia el fin del imperio, y que sus sabios y magos no saben descifrar. Es el Dios altísimo quien tiene poder sobre los reyes. El tirano es asesinado y seguido por otro.
La famosa escena de la fosa de leones se encuentra en Dn 6. Enfoca otra vez las artimañas de los funcionarios de la corte. También este capítulo anticipa un tema clave de lo que sigue en 7-12: la conexión íntima entre martirio y juicio.

Los caps. 7 y 8-12 obedecen a otro contexto. El rey pagano encarna el mal absoluto en su oposición al Dios de Israel. Supone necesariamente la época de las luchas macabeas. Dan 11 es un calco de la historia de la época hasta los acontecimientos previos a la muerte de Antíoco IV.
El cap. 7 funciona como puente. Sirve de nexo entre la primera y segunda parte del libro. Es una especie de apocalipsis “ideal” o apocalipsis “prototipo”; es importantísimo en el libro mismo y punto de referencia en mucha literatura apocalíptica posterior (ver Ap 7; 4 Esdras 12,1). Estamos en plena imaginación y situación apocalíptica. Es de noche. Surgen cuatro bestias que, después – cuando se “interpreta” la visión – son identificados como cuatro reinos políticos (7,17). Se trata entonces de un apocalipsis político. Los cuatro reinos tienen una misma base: el gran océano, el abismo mismo (7,2s). De la gran secuencia de animales y cuernos el autor tiene un interés particular en el significado de la última bestia: “Yo quise saber lo que significaba la cuarta fiera…” (7,19). Esta cuarta (y sus sucesores) es la responsable por la persecución del grupo del autor mismo. Intervienen la corte, el Anciano y sus servidores. Destruirán los cuernos y el poder será entregado al “hijo del hombre” (7,13), que representa a los Santos del pueblo del Altísimo, que probablemente son el grupo para el que el autor está escribiendo.

8-12, testimonio directo de un ‘yo, Daniel’, consta de 5 visiones apocalípticas con un rico vocabulario sapiencial. Se caracterizan por la presencia del ángel intérprete; el mensaje con una dimensión que no refiere al contexto inmediato vidente; el lenguaje fantástico y mítico. El esquema formal es: trance del vidente – reacción de sobresalto e incomprensión de éste – aparición y explicación de lo visto por un personaje celeste.
El apocalipsis de Dn 8, que puede haber existido aisladamente (lugar y fecha son otros que los de 7) tematiza la profanación del templo (8,10-12). Es posible trazar los hechos con bastante exactitud. Es desolador el panorama, el tirano tiene éxito (v.12), el proyecto de los justos se desmorona rápidamente. Lo que se dice del tirano es escalofriante (8,23-25). Se retoma, empero, el elemento de la pequeña piedra (cap.2). El tirano llegará a su fin sin intervención humana. En el v.14 suena la pregunta clave de la apocalíptica; alrededor de ella está armado el capítulo: ¿hasta cuándo? En el v.14 se da la respuesta: “2300 tardes” (cuatro meses menos que el período de 3 años y medio mencionado en el cap. 7). Desde 7,25 no es posible ya evitar la cuestión del hecho del cambio. Desde 8,14 no podemos obviar ya la pregunta por una fecha exacta. Es cuestión de días. De aquí en adelante no la conversión del tirano, sino el asunto tiempo será de crucial importancia. Hay un interés en lo inmediato, lo de ahora, la suerte de los que ahora sufren. Es por eso que se calcula, se suma, se anticipa.
En el cap. 9 siguen los cálculos, ahora en base a un “texto bíblico”, la profecía de Jeremías (Jr 25,8.11.12). Es importante para el apocalíptico disponer de una palabra ya dicha, ya revelada. En 9,4-19 se encuentra una gran letanía, una liturgia celebrada en tiempos de persecución. Es posible que su situación de origen sea el segundo cautiverio, o bien la caída de Jerusalén. A través de un cálculo ingenioso el autor del cap. 9 llega al año 164 a.C., el reinado de Antíoco IV Epífanes de Siria.
Los caps. 10-12 constituyen el gran final de la obra. Es la cuarta y última visión de Daniel 7-12 Estamos cerca de la muerte del opresor. Aparecen los rostros y experiencias de los mártires. Otra vez la estructura es trina: 1) una introducción en 10,1-11,2; 2) la gran visi ón en 11,3-12,4 y 3) el epílogo en 12,5-13.
Daniel, asustado, mudo, en ayuno, recibe una visión de una figura celestial porque sus “palabras han sido oídas desde el primer día que dedicaste tu corazón a entender…” (10,12). El ángel interprete vino para dar a entender a Daniel “lo que ha de acontecer a tu pueblo en los últimos días” (10,14), será “lo que está escrito en el libro de la verdad” (10,23).
En el cap. 11 se desarrolla, con lujo de detalles, la historia de peleas y alianzas entre los sucesores de Alejandro Magno, la persecución del pueblo y la situación caótica interna. Hay mártires: “los sabios del pueblo darán sabiduría a muchos, pero caerán a espada y a fuego, en cautividad y despojo por algunos días…” (11,33), pero hay también muchos colaboradores entre los judíos (11,34). Pero el tirano llegará a su fin y no tendrá quien le ayude (11,45).
Termina la visión con 12,1-4, referencia explícita en el AT a la resurrección de los muertos. El epílogo (12,5-13) enfatiza una vez más cuán importante fue saber la fecha del cambio. Los vv. 11 y 12-13 son dos glosas para explicar la demora del juicio y exhortar a los oyentes a seguir fieles.

 

EL APOCALIPSIS

Apocalipsis utiliza un lenguaje expresivo y evocativo. Bsubjetividad. Busca crear sentimientos bien determinados por el autor, en los que leen o escuchan.

Busca crear sentimientos bien determinados por el autor, en los que leen o escuchan.

En la apertura de los secretos celestiales, la historia del mundo aparece desde el comienzo hasta su final. Esta historia humana es la que dará los temas apocalípticos:
Sucesos primordiales. La tradición se va a preguntar por la creación del Trono de Dios, o por el origen de la Torá, etc. Entre las preguntas aparece la referente a la creación de las Bestias que habitaban las profundidades marinas. Otra pregunta que ocupaba a los investigadores de las sagradas escrituras de la época era la creación de los ángeles. También se nota el interés por dar una respuesta al origen del mal.
Las bestias que aparecen en Ap.13 tienen mucho de esas bestias primigenias. Si bien es cierto que la aparición de las bestias en la Tierra no es un suceso primordial, las bestias que irrumpen en un tiempo histórico, en la visión, tienen una proyección mítica.
La historia del mundo. Existía un interés real en reelaborar la historia, en darle un sentido y con esto dar sentido al presente. Tendría por finalidad mostrar a los lectores que su situación es parte de una historia controlada por Dios. La elaboración histórica apocalíptica sigue algunas pautas que brevemente serían las siguientes:
a) la división de la historia en períodos. Estos períodos son muy bien delimitados por alguna acción divina. Por otra parte se puede ver que el número de períodos es un número simbólico.
b) los hechos primigenios determinan en gran medida los sucesos del presente. El destino del mundo queda condicionado a los sucesos primordiales que rigen la historia de la Tierra, y sus habitantes sólo pueden seguirlos o resistirlos pero no cambiarlos. En Apocalipsis de Juan estos sucesos se dan en el capítulo 12 pero hacen su aparición en la Tierra en el 13. En estos sucesos quedan establecidos dos principios: el del bien y el del mal. En el mismo capítulo 13 encontramos un elemento primordial como es el “Libro de la Vida del Cordero Degollado” (cuyo origen es desde la creación del mundo).
c) se observa una tendencia al mal en la evolución histórica.
d) la historia, en su totalidad, será finalmente controlada por Dios
Crisis escatológica En el final de la historia humana el dolor, el sufrimiento y todo lo que represente el mal, se intensifican en gran medida. Esta idea, propia de la construcción histórica apocalíptica, es señal de la cercanía de la nueva era. En este aumento del poder y la acción del mal se muestra la incapacidad humana de dominarlo, y en consecuencia la incapacidad del ser humano para actuar sobre la historia. Sólo la voluntad de Dios puede terminar con esa crisis de dolor y sufrimientos y

dar a luz una nueva era. Esta última etapa es vista como un período de prueba puesto por Dios para que se conviertan los que siguen el mal (Ap. 9,20, 16,8)
Las crisis pueden ser tanto desastres naturales (terremotos, inundaciones, sequías, plagas) como desastres ficticios (la caída de estrellas o astros, la transformación de aguas de ríos o mares en algo diferente, como sangre) Por último dentro de la crisis escatológica se consideran también las luchas propiamente humanas como pueden ser las guerras.
Juicio El juicio precede al establecimiento definitivo del Reino de Dios. En este juicio los apocalípticos esperan la remoción definitiva del mal, el castigo a los que lo promovieron y el premio a los que lo resistieron (el Día del Señor) Pero en los apocalipsis no es Dios quien viene a la Tierra sino su enviado principal. Esta idea se fue moldeando junto con la creencia en un progresivo alejamiento de Dios de la Tierra: ya no era Dios quien se encargaba de los asuntos de la Tierra sino sus ángeles. Es la figura del Mesías o del Hijo del Hombre quien tiene la función de juzgar.
En relación con el espacio En la literatura apocalíptica se encuentran espacios celestiales, terrenales y abismales.
Los espacios terrenales son el escenario donde se desarrolla la historia, que muchas veces es la réplica de lo que sucede o sucedió en los espacios celestiales.
Es el espacio celestial el que adquiere una gran significación en la apocalíptica. Una de las cosas que se puede encontrar en estos espacios celestiales es la corte de Dios. Dios es concebido como el supremo de una asamblea de seres menores como ángeles y arcángeles, santos, ancianos, etc. Estos innumerables seres que rodean a Dios formando su corte son los que bajan a la Tierra a concretar los planes de Dios. Algunos seres son las criaturas vivientes que en algunos textos se encuentran rodeando el trono de Dios. Los seres más conocidos son los arcángeles, ángeles mediadores de la voluntad de Dios. Estos arcángeles tenían funciones específicas como los arcángeles guardas de los pueblos: en el caso del pueblo de Israel era el arcángel Miguel. Otra función muy común de los ángeles era la explicación de alguna visión o audición o alguna otra forma de comunicación de Dios.
Otra característica de los espacios celestiales era que estaban divididos en números que iban de dos a siete. Cada cielo tenía su nombre y posibles habitantes.
Para el apocalíptico el cielo y la tierra representan dos caras de una misma moneda: la historia. La Tierra es el aspecto visible, lo dominado por el Imperio y su discurso. El cielo es la realidad “real” ya que es la que está en manos de Dios. No es una realidad visible para todos, sino sólo para los que les es revelada. Cielo y Tierra corren paralelos en la historia cotidiana.

Visión profética de la Iglesia. Las cartas a las 7 iglesias.

En Ap. 2 y 3 y Ap. 6 y 18 se hace una visión profética de la historia y en especial del lugar del pueblo de Dios en esa historia. En Apocalipsis esa revisión profética comienza “por casa”, es decir que lo primero es revisar la situación al interior de la Iglesia (capítulos 2 y 3). Estas “cartas a las 7 iglesias” no tienen que ser comprendidas como cartas destinadas a congregaciones específicas que tienen los exactos problemas que en ella se detallan. Recordando la lectura apocalíptica, las cartas son simbólicas. Son un anuncio profético a la Iglesia en Asia menor.
Las cartas tienen una estructura común:
1- Orden: “Escribe…”
2- Destinatario: “…al ángel de la Iglesia…” Para algunos investigadores el ángel de la iglesia era el líder propio de cada comunidad mientras que para otros responde a la concepción apocalíptica de ángel de cada iglesia/pueblo/tribu, etc.
3- Quién escribe: “…esto dice el que…” el autor retoma los títulos cristológicos del capítulo 1 y los aplica según la situación de la iglesia
4- Situación de la Iglesia: en relación a la problemática planteada por cada carta, podemos observar que son problemas generales, aplicables a iglesias del Asia menor como a las de Palestina, a las del tiempo del Imperio Romano como a otros tiempos también. Hablamos de situaciones típicas o paradigmáticas. Esto, desde luego, no quiere decir que no hayan existido ahí o en otra zona. Virtudes y/o defectos. Reprensión. Orden de arrepentimiento. Promesa de visita.
Exhortación.
5- Llamado a escuchar: “el que tiene oídos oiga…”
6- Promesa escatológica al vencedor: “al vencedor le daré…” Esta parte remite a la última del libro: (la promesa se cumple en la venida de la nueva Jerusalén) 2:7 22:2; 2:1120:14-15, 21:8; 2:1719:12, 22:4; 2:2621:24; 3:520:15, 21:27, 22:14; 3:1221:10ss; 3:2122:3
Efeso: conflicto entre mantener la fe y dejar la fe, o “tener otros amores”
Esmirna: El conflicto aquí es el planteado por la posibilidad de muerte en la proclamación del mensaje. La disyuntiva Muerte vs. Vida es primordial.
Pérgamo: El problema del surgimiento de otras doctrinas en el interior de la comunidad cristiana. Y doctrinas que relativizaban la gran diferencia entre la fe en un imperio y la fe en Jesucristo. La caracterización es simbólica desde el Antiguo Testamento: Balaam Nm 25:1-2, 31,16. El conflicto se plantea como: La Palabra Verdadera vs. diversas doctrinas.

Tiatira: También aquí el problema de otra doctrina. La contraposición se plantea como: El Hijo de Dios que escudriña y dará a cada uno lo merecido vs. falsa profetisa que extravía. La mención de Jezabel es simbólica y alusiva a 1 Re 16:31, 17-21 con los profetas. ¿A quién se sigue?
Sardis: La espera atenta se ha debilitado y ha resultado en una iglesia que aparece como muerta.
Filadelfia: Una comunidad comprometida, confesante. Pero que se siente cansada. El aliento del que conoce las puertas, como abrirlas y cómo cerrarlas.
Laodicea: Una comunidad poderosa con una gran preocupación por lo aparente. Y el conflicto se plantea entre lo verdadero y lo aparente.

Visión profética de la Historia. Capítulos 6 y 18

Luego de realizar una crítica hacia adentro de la Iglesia en Asia Menor, el profeta Juan ahora dará una perspectiva socio-política y económica del Imperio y de la Historia. Si bien esta perspectiva se traza a lo largo de todo el libro hay dos partes muy significativas y que concentran mucho por la carga simbólica que tienen: capítulo 6 y capítulo 18.
Otra visión de la historia: capítulo 6
La visión de la Historia de la humanidad se da luego de la apertura de los sellos. Antes de dicha apertura se da una búsqueda de alguien digno de abrirlos. ¿Qué es un sello? El sello tiene en primer término dos personajes: el que sella y el destinatario, el único avalado para abrir el sello. Esta es la gran cuestión: si Dios es el que tiene en el rollo escrito y sellado la verdadera interpretación de lo que está sucediendo ahora en la historia (5,1) ¿Quién será digno destinatario de estos rollos sellados? ¿Quién tendrá una autoridad semejante o igual a la de Dios para abrirlo? (5,3-4) El sello mantiene algo oculto a la gran mayoría de las personas (10,4; 22,10) Sólo el destinatario es digno de abrirlo. Los cuatro primeros sellos nos revelarán la realidad social, política y económica del Imperio y los dos siguientes nos revelarán la realidad en los cielos.
1° Sello. Caballo blanco
El blanco es señal de victoria. La propaganda imperial no dejaba de repetir la idea del imperio que vence y sigue venciendo. Recordar esto en todo momento era importante para mantener las esperanzas de cambio.
Pero resulta interesante que los partos, enemigos y dos veces vencedores de los romanos, usaban el arco. Por lo tanto en la interpretación se mezclan casi irónicamente el cliché oficial con el símbolo de sus peores enemigos. Y deja qué pensar ¿Quién era el que estaba de blanco sobre el caballo?
Por otro lado varios símbolos son después utilizados por otro jinete. A la corona, símbolo del poder imperial se le contrapone la corona de vida en 2,10 y el que tiene la corona de diademas de 19,12. Al Imperio que vence por la violencia se le opone en 19,11-16 el caballo y su jinete que vencen realmente. “Rey de reyes…” “regirá con cetro de hierro”
2° Sello. Caballo rojo
Aquí se revela el poder del ejército para mantener la Pax Romana. Sin embargo aquí se revela que esa paz es sólo para algunos, que esa paz es en base a la muerte de

unos contra otros. La paz que podía vivir Roma era en realidad bastante contradictoria al sistema de control con ejército y a las luchas que se vivían en los pueblos de las fronteras o de otras partes del Imperio.
Nuevamente los símbolos se pasan al jinete del final: la espada está en contraposición a la espada de 19,15. Una es la espada de muerte por guerras, la otra es la espada de la Palabra de Dios. También se ve en 2,16
3° Sello. Caballo negro
Este es el color de lo que se ve poco, de lo dudoso. El hambre que la guerra acarrea lleva al extremo los precios de los alimentos que se han vuelto escasos. Aunque los alimentos que suben de precio son los de consumo básico; a los de lujo no se les modifica el precio. Aparece el símbolo de la justicia totalmente tergiversado: la balanza
En contraposición el Jinete blanco del capítulo19 trae Justicia (19,11).
4° Sello. Caballo verdoso o amarillo
Tiene el color de la muerte, el color del cadáver que se descompone por efecto de la peste. Este sello recapitula y sintetiza los anteriores. El corazón que da movimiento al Imperio es la Muerte.
5º sello. En el cielo
Aquí aparecen los que ruegan por justicia, los que fueron muertos a causa de la palabra de Dios y el testimonio (1,9). También aquí se pone de manifiesto una idea fuertemente desarrollada por los apocalípticos: la justicia (y la venganza) está en manos de Dios. Él responderá a su clamor. Nuevamente aparece el color blanco esta vez en el vestido de los vencedores, testigos fieles. 7,13-17. Ellos, los que vencieron están vivos, junto a Dios.
6º Sello (6,12-17) (7,1-8:1) tierra + cielo
Se puede ver a todas las clases sociales buscando escapar de la ira de Dios. Aparecen los cataclismos simbólicos asociados a la ira de Dios. El sellar las frentes de los siervos de Dios para su protección rememora la sangre con que se pintaron postes y dinteles de las casas para protección frente al anuncio de la muerte de los primogénitos en Egipto (Ex 12). El número de los sellados no debe tomarse en forma literal sino que simboliza la totalidad, lo completo.
Se desarrolla la liturgia celestial como una afirmación de fe, de alabanza y promesas de vida plena. En 8:1 se abre el 7° sello y se hace silencio en el cielo como por media hora.
Capítulo 18: Mostrando quién es quién en la historia
Luego de la visión del capítulo 17 en donde Roma aparece haciendo ostentación de riqueza y poder, el capítulo 18 iniciará un juicio al personaje principal de la visión.
Entonces el capítulo 18 tendrá la forma y los personajes de un juicio. Es un juicio oral y público.

Demandantes: los cristianos y todos los asesinados de la Tierra (18,24)
Demandada: Roma/Babilonia;
Cargo: asesinato; fraude (18,23); enriquecimiento ilícito (18,3)
Sentencia: fin de la vida en Babilonia (18:21-23)
Juez: Dios
Hay que pensar que en una Roma y en un sistema imperial muy corrupto la justicia sólo funcionaba para los que estaban bien económicamente y para sus amigos. Los grupos que se ven en este juicio (naciones-reyes-comerciantes en 18,3.9.11.15; y capitanes de mar, pasajeros, marineros y todos los que viven del mar en 18,17) eran los que gozaban de impunidad judicial y manejaban el poder de la justicia a su favor. El planteamiento de un juicio “justo” es un anuncio de esperanza si uno mira al futuro con la fe en Dios y es una denuncia de justicia corrupta si uno mira al presente con ojos profético-apocalípticos. Es una forma de reelaborar cómo se debe hacer justicia y qué se debe condenar.
Los versículos 6 y 7 tal vez suenen un poco vengativos pero hay que tener en cuenta quién es el que emite la opinión: tal vez un cristiano que está siendo perseguido y/o que haya perdido algún familiar o amigo. De todas formas otro enfoque de lo que se está diciendo en estos versículos es la idea que se pide a los cristianos es más o menos que se le haga saber a Babilonia/Roma que ella no es eterna como afirma en su corazón (18:7). Y se sugiere que se usen sus mismos mecanismos, la economía (18,6, retribución, pago.) la copa que ella usó (17,4).
También en un juicio se ponen de manifiesto las escalas de valores. Esta escala de valores se puede ver en 18,12-13 donde se comenta en orden de importancia el cargamento de los comerciantes: en primer lugar está el oro y la plata; luego piedras preciosas y perlas; siguen lino, púrpura, seda y escarlata, etc., etc. Se puede observar que en último lugar están las almas humanas.

 

Capítulos 10 y 11 El testimonio de los creyentes es algo que se puede ver a lo largo de todo el libro del Apocalipsis. Y es que tal vez sea una de las preguntas más fuertes que se hace el cristiano: ¿Por qué hay que sufrir por creer en Dios? Los capítulos 10 y 11 tratan el tema de la orden celestial de profetizar y el destino de los que aceptan tal orden.
Una fantástica teofanía (10,1-4) que recuerda en gran manera a la del Sinaí (Ex 13,21ss,19,16ss.) por las columnas de fuego y la nube. Dios se presenta directamente por medio de los truenos (siete truenos).
Dentro de la concepción apocalíptica siempre algo queda sellado, no todo es revelado y menos siendo la “opinión” de Dios. Ese margen “guardado”, “oculto” nos recuerda que siempre nos falta saber, que vivimos con parte de la revelación divina. En el fin es cuando este “Misterio” será revelado (10,7).
El librito ubica a Juan como un nuevo profeta Ezequiel (Ez 2,8-10, 3,1-3). Pero a diferencia de Ezequiel el librito se vuelve amargo en las entrañas de Juan. Y esto nos habla del doble carácter de la misión del testigo: anunciar las buenas nuevas, el evangelio (10,7) y resistir a los malvados que se ven descubiertos (y atormentados 11,10) en su accionar por estas buenas nuevas.
La medición. La idea de medir tiene que ver con una protección. Así mismo el que puede medir es alguien que tiene la capacidad de interpretar esa medida. Lo que se mide tiene que ver con la salvación, lo que no tiene medida es algo que está entregado a la perdición. Algo parecido sucede con el tiempo: el tiempo medido es un tiempo preparado para la salvación de los santos y perdición de los gentiles.
Luego se habla de dos arquetipos de testigos, de profetas. Estos arquetipos son una mezcla entre Moisés (11,6); Elías (11,6 y 1 Re 17,1) y Zorobabel con Josué en Zac 4,2. Luego se hace una semejanza entre el destino de Cristo y los profetas (11,8). Reelaborar los arquetipos significaba afirmar que el Espíritu que habitó en ellos se mantenía vivo en los tiempos difíciles que estos cristianos estaban viviendo. Cuando uno aceptaba profetizar estaba entrando en el espíritu que dio fuerza y aliento de vida a aquellos grandes antepasados.
Capítulo 13 : se abre como una clara mirada a dos grupos: los habitantes de la Tierra y los santos. Y en realidad en este capítulo como en otras partes del Apocalipsis, se hace necesario precisar o poner en claro algo sobre la ética. El apocalíptico o el profeta entiende la ética no tan sólo como una forma de actuar sino, más profundamente, como una acción que proviene de una forma de ser, una antropología.
Buscaremos algunos elementos que nos ayuden a entender la antropología de dos grupos: los habitantes de la Tierra y los santos.
En el versículo 16 se habla de la impresión de una marca en la mano derecha o en la frente a los seguidores de la Bestia. En realidad la palabra usada para marca es “jaragma”, aparece asociado a los seguidores de la Bestia en 13,16.17, 14,9.11, 16,2, 19,20, 20,4.

El carácter de los seguidores de la Bestia.
En primer lugar debemos prestar atención al lugar del cuerpo en el cual se imprime la marca. La frente o la mano derecha son concebidos como lugares de poder. La cabeza no por su capacidad de pensar (función dejada al corazón en la antigüedad) sino por su cercanía al cielo. Es decir que la autoridad que daba la cabeza era una autoridad basada en su cercanía al cielo y por lo tanto a los dioses. En cuanto a la mano era la que puede ejecutar cosas. Son dos lugares estratégicos en el cuerpo humano que otorgan poder.
Lo primero que debemos decir entonces del carácter de los seguidores de la Bestia es que reconocen como una autoridad divina (cabeza) y terrena (en lo práctico, en la mano) a uno como la Bestia. Los habitantes de la Tierra / los seguidores de la Bestia son un grupo humano que necesita de alguien con poder, extraviados, engañados.
Es un grupo humano que está a favor de los poderosos. Está presto a rendirle honor y con eso retroalimentar el poder de los poderosos. (vs.3-4) Pero el apocalíptico sabe que rendirle honor a los poderosos es restarle honor a Dios. Es un grupo humano resignado, cansado, que perdió las esperanzas y ese es el motor de la alabanza a la Bestia. En la pregunta del vs.4 se puede leer una admiración o también una resignación. El rendir honor es una especie de supervivencia, de poder permanecer en la sociedad (vs.17) o bien con vida (vs.15).

El carácter de los seguidores del Cordero : la resistencia y la fe. Para el apocalíptico había una forma de saber quién estaba del lado de Dios y quien del lado de la Bestia. Los santos eran seres humanos a los que les costaba instalarse en el mundo. Les costaba instalar su trabajo, su familia, su casa, les costaba instalarse en el medio social como se ve en el v.17. Aún más en casos extremos les costaba establecer sus vidas. Pero la ausencia de poder para construir una vida era el testimonio mayor de pertenecer al libro de la Vida del Cordero degollado v.8. No por nada a los seguidores de la Bestia se los llama “los habitantes de la Tierra”, sin dudas en contraposición a los que no tienen oportunidad de habitarla, a “los que habitan en el cielo”, a los santos.
Pero la seguridad de estar inscriptos sus nombres en el Libro de la Vida del Cordero (y no en los del Emperador) les hacía resistir. La resistencia tiene su motor en la fe. La fe tiene su expresión en la resistencia, en el martirio. Resistir es no alimentar más el poder de la Bestia al negarle su divinidad y su capacidad de acción. Al no imprimirse la marca en la mano estaban cuestionando el poder de la Bestia, al no hacerlo en la cabeza estaban cuestionando que el origen de su autoridad fuera divino. Y esto en un Imperio con un culto al Emperador muy expandido era un mensaje totalmente de resistencia.
Otra característica que se pueden subrayar es la sabiduría (v.18). El santo es llamado a pensar, a calcular. Es una característica abiertamente opuesta a la de los habitantes de la Tierra que son “extraviados” (v.14). El que se resignó ya no quiere meditar porque teme no encontrar la salida. El que tiene fe se anima a pensar, a desmitificar y a denunciar la muerte disfrazada de vida. A anunciar que lo que se presenta como divino, inmortal, única posibilidad o camino no es tal: el número es de un hombre, no de un dios (v 18).
Capítulos 8 y 15-16 Nuestras mentes, que no están siendo perseguidas, ni oprimidas, ni asesinadas como los apocalípticos que leían el Apocalipsis, enseguida se preguntan ¿Por qué Dios usaba la violencia, la tortura? Pero debemos ponernos en el lugar del que lee mientras vive una situación de opresión y entonces y comprender las plagas desde la situación del que está siendo liberado por Dios.
Veamos las plagas como una especie de segundo Éxodo. Cuando leemos que comienzan las plagas recordamos, como seguramente lo habrán hecho los cristianos que recibían el Apocalipsis, que Dios liberó en otros tiempos a su pueblo de la tiranía de Egipto. Y lo hizo luego que las intercesiones de Moisés ante Faraón no dieron resultado. El pueblo de Dios iba a ser liberado, con la aceptación del Faraón o sin ella. De esta manera las plagas indican cuál es la voluntad de Dios para con su gente. Las plagas son el feliz anuncio de liberación.
Cuando el Apocalipsis no es leído en esta clave de liberación, haciendo referencia a la memoria del Éxodo, las plagas son tomadas como “castigo”. Y sin duda hay una gran diferencia entre “castigo” y “liberación”. En el castigo pesa la acción individual de todo ser humano, mientras que en la liberación lo que “pesa” es el clamor del pueblo en su totalidad y de cada uno en particular. Pero lo que ve y oye Dios es el pedido de auxilio, no las condiciones éticas. El castigo divide a “buenos” y “malos”, mientras que la liberación divide entre oprimidos y opresores. El castigo hace énfasis en el cumplimiento de una serie de “mandamientos” sin tener en cuenta las posibilidades sociales, económicas, políticas. La liberación mira en primer lugar a la condición humana, a la existencia digna, a los que hacen que la existencia sea digna o indigna. En este sentido las plagas entendidas como liberación recaerán sobre todos aquellos que ya son una plaga, que están devastando la vida digna, la esperanza, la fe en Dios. En este sentido las plagas caerán sobre los que están usando su poder para exterminar la vida digna en la Tierra.
En segundo lugar las plagas son un recurso retórico de denuncia. Cuando se ve a quienes afectan las plagas se está denunciando. El apocalipsis no va a decir “ustedes están destruyendo la vida y la esperanza con su sistema económico y político totalmente injusto” sino que va a hablar de plagas y gente que a pesar de ellas no se convierte. Veamos los capítulos 8-9 y 16.

En el bloque de las trompetas se acentúa la función activa de los santos a través de sus oraciones (8,3-4) y en la segunda se acentúa el furor de Dios (15,5-8). Son las oraciones de los santos las que van a provocar la intervención de Dios en la historia, la renovación del Éxodo, ahora en el seno del imperio romano. Estas oraciones se corresponden con el clamor del pueblo en el Éxodo. Tal vez una de las preguntas que se hace el que es perseguido, que está sufriendo a manos del opresor, es “¿Dios está escuchando mis oraciones, mis ruegos?”. Es por esto que en Apocalipsis, así como en Éxodo, es de suma importancia recordar y reforzar la idea de que Dios está atento a nuestro clamor. El clamor, el reclamo, es parte de un pueblo que tiene fe en la acción de su Dios, de un pueblo que no se rindió, que sabe que el poder del opresor tiene un límite. Por eso clama, por eso re-clama.
Tanto la presentación de las trompetas como de las copas sigue el esquema judío que divide al cosmos en: tierra – mar – ríos manantiales – sol luna y estrellas. Pero también hay que tener en cuenta que en cada uno de esos ámbitos se producirán cambios, socioeconómicos y políticos, fundamentales luego de las plagas: en la Tierra la acción provoca heridas en los mismos seres humanos que llevan la marca de la Bestia, pero también en los árboles y en lo verde (8,7, 16,2). Lo que aquí parece un problema ecológico debe ser leído en clave económico-política. Se puede ver el daño económico que se puede ocasionar en el imperio si se destruyen los árboles. Esto se puede corroborar en la lista de mercancías del capítulo 18.
Las plagas vertidas sobre el mar ocasionarán el mayor de los lamentos económicos y esto se puede ver en la descripción más extensa que se hace (8,8-9, 16,3). Comparar con la lista de mercancías del capítulo 18. Lo mismo con los manantiales (8,10-11, 16,4-7).
Las plagas que alcanzan los astros recuerdan que los dioses romanos-griegos serían destruidos bajo el poder de Dios.

Plagas que destruyen la Tierra (sistema económico basado en la propiedad de tierras)
Lamento de los mercaderes de la Tierra (18,11)
Plagas que destruyen las aguas (sistema económico basado en el comercio marítimo)
Lamento de los mercaderes navales (18,17)
Plagas que destruyen astros (sistema político sustentado por el religioso)
Anuncio del fin de Babilonia y todas sus actividades socio-político y religiosas(18,21-23)

El cielo triunfal de Apocalipsis cap. 4

 

19, 1-8: liturgia de alabanza situada en el cielo. El v. 1 y el v. 6 comienzan con la misma frase: escuché como una voz de multitud inmensa que decía: ¡Aleluya! En el v. 6 se describe la voz como de muchas aguas y truenos fuertes. La aclamación ¡Aleluya! de los vv. 1.3.4.6, nos sitúa en continuidad con el canto del Hal-lel (Salmos 113-118), que se cantaba en parte antes y en parte después de la cena de Pascua.

Hay cuatro acciones que articulan la liturgia de 19, 1-8: v. 2, Dios juzgó la gran prostituta que corrompía la tierra; v. 2, Dios vindicó de ella la sangre de sus siervos; v. 6, El Señor, nuestro Dios, comenzó a reinar; v. 7, Llegaron las bodas del Cordero, y su mujer se engalanó y se le concedió vestirse de lino

La caída de Roma es lo que permite el comienzo del Reino. De este Reino se hablará en 20, 4-6. El paralelismo entre Reino de Dios y banquete de bodas es conocido en la tradición. La relación de Yahveh con una nueva sociedad humana en términos esposo-esposa es muy conocida en el A. T. (cf. Ez. 16, Os. 2, Salmo 45, etc.). En 19, 7-9 se habla de la mujer del Cordero; de las bodas del Cordero y de un banquete de bodas. Aquí se anuncian los cap. 21 y 22
19,9-10 El que habla en 19, 9-10 es el mismo ángel que lo hace en 17, 1-2, que es uno de los 7 ángeles que llevan las 7 copas. La primera frase del ángel es una bienaventuranza: “Dichosos los invitados al banquete de bodas del Cordero”. (En el Apocalipsis tenemos 7 bienaventuranzas: 1, 3; 14, 13; 16, 15; 19, 9; 20, 6; 22, 7; y 22, 14) Luego dice el ángel: “Estas son palabras verdaderas de Dios”. Los profetas son los que guardan el testimonio de Jesús. Juan es un profeta y el ángel se asimila a estos profetas. La Iglesia del Apocalipsis es una Iglesia conducida fundamentalmente por profetas. La orden de adorar sólo a Dios y no al ángel, nos exige considerar a los dirigentes de la Iglesia únicamente como servidores. Por muy extraordinaria que sea la revelación de los profetas, la adoración se dirige solamente a Dios y no a sus siervos los profetas.
19, 11-20, 15: El comienzo del futuro de la historia. Tenemos tres juicios:
1) Juicio de la Bestia, el falso profeta y los reyes de la tierra, 19, 11-21.
2) Juicio de Satanás y Reino de los mil años, 20, 1-10. 3) Juicio de los muertos, la muerte y el lugar de los muertos: 20, 11-15.
Claves de interpretación de los textos
– La estructura del texto, donde se da una sucesión de juicios y visiones, no representa un orden cronológico, un calendario o programa.
– Representa la lógica de la intervención final de Dios en la historia
– Nos muestra cómo la historia finalmente progresa, hacia dónde vamos y cómo termina el tiempo presente.
– Hay una anticipación del futuro. La revelación del futuro de la historia no es para satisfacer una curiosidad malsana, sino para hacernos vivir el presente de una manera distinta. La importancia de tener una utopía reside en cómo esta utopía orienta nuestra historia y práctica presente.
19, 11-21
Visión de Cristo sobre el caballo blanco: vv. 11-16 Juan ve el cielo abierto. Jesús monta un caballo blanco. El blanco es signo de victoria. Ya vimos que en 6, 2 el caballo blanco representa el Imperio Romano que triunfa con la violencia, la explotación económica y la muerte. Es la antítesis del caballo blanco de 19, 11-16. El que monta el caballo blanco juzga y combate con justicia. La imagen guerrera de Jesús en cierto sentido es negada al presentarlo desarmado; Jesús combate únicamente con su palabra. El que monta el caballo blanco tiene tres nombres: en el v. 11, Fiel y Veraz; en el v. 13, la Palabra de Dios; y en el v. 16, Rey de Reyes y Señor de Señores. v. 15 Jesús, con su palabra —espada afilada que sale de su boca—, hiere a las naciones y extermina a los reyes de la tierra. Jesús tiene sobre su cabeza muchas diademas. Satanás tiene 7 diademas (12, 3) y la Bestia diez (13, 1). Igual que sus nombres o títulos, las diademas resaltan la superioridad de Jesús. Jesús viste un manto empapado en sangre (v. 13). La sangre que empapa el manto de Jesús es su propia sangre. Él no está solo en su combate, sino que le siguen los ejércitos del cielo, sobre caballos blancos, vestidos con lino blanco puro. Los que siguen a Jesús son los mártires.
El gran banquete de Dios: vv. 17-18
Este gran banquete de Dios es la antítesis del banquete de bodas del Cordero. La alternativa es participar en el banquete del Cordero como invitado, o participar en el banquete de Dios como parte del menú. En el Apocalipsis el banquete tiene un anuncio solemne y universal: un Ángel de pie sobre el sol. El menú es: carne de reyes, de tribunos, de poderosos y de soldados de caballería. Tenemos así el poder político, el militar y el económico como víctimas para ser comidos en el banquete de Dios. Los comensales son las aves carroñeras, que comen carne muerta. Los que no participan como personas en las bodas del Cordero, participarán como Bestias sacrificadas en el banquete escatológico de Dios.
Guerra y aniquilamiento: vv. 19-21
En una nueva visión aparecen la Bestia, los reyes de la tierra y sus ejércitos reunidos para la guerra contra Cristo y su ejército. Los dos ejércitos están frente a frente, sin embargo no hay guerra pues la Bestia y el falso profeta son apresados y aniquilados en el lago de fuego y azufre. ¿Por qué no hay guerra? Porque la guerra ya ha sido ganada por el martirio de Jesús en la cruz y por el testimonio de los cristianos.
Juicio de Satanás y Reino de los mil años: 20, 1-10
vv. 1-3 y 7-10
El ángel que baja del cielo del v. 1 representa simbólicamente la acción transcendente de Dios en la historia humana. El v. 2 nos recuerda todos los nombres de Satanás: el monstruo, la serpiente antigua, el diablo. La función de Satanás es la de seducir, engañar, extraviar. Para el encarcelamiento de Satanás se usan cinco verbos: el ángel dominó a Satanás, lo ató, lo arrojó, lo encerró y lo selló. Es una acción de alta seguridad.
Después de los mil años Satanás es soltado. En el v. 3 se dice que debe ser soltado, lo que indica cumplimiento de la voluntad de Dios que dirige toda esta historia. El v. 7 retoma el v. 3. Satanás es soltado para seducir a las naciones de toda la tierra y reunirlas para la guerra. Aquí también se unen Gog y Magog. Estos personajes míticos están tomados de Ez. 38-39.
Satanás y los suyos suben del abismo y un fuego baja del cielo y lo devora. Satanás y los suyos cercaron el campamento de los santos y la ciudad amada. Adelanta los capítulos 21-22. Satanás es aniquilado en el lago de fuego y azufre. Este es el destino de Satanás, de la Bestia y de todos los poderes del mal, por eso él se une a la Bestia y al falso profeta en el aniquilamiento en el lago de fuego y azufre (v. 10).
El Reino de los mil años: vv. 4-6 Los que se sientan en los tronos son los que fueron decapitados, que no adoraron a la Bestia y que ahora están vivos. Es a éstos a quienes se les da poder para hacer justicia. La palabra “mártir” significa “testigo”, y no implica necesariamente una muerte violenta, pero sí la disposición de dar testimonio hasta la muerte.
No hay diferencia entre profeta y mártir, pues “los profetas son los que mantienen el testimonio (martyría) de Jesús”, que es el espíritu de profecía (19, 10). Estos mártires, que en ese momento están todavía vivos, algún día morirán, pero también ellos, por ser mártires, esperan participar de la primera resurrección y del Reino de los mil años
Los mártires revivieron, y refiriéndose a ellos el texto agrega: dichoso y santo el que tiene parte en la primera resurrección. Se afirma explícitamente que los demás muertos no revivieron. Si tomamos en serio el sentido del texto, debemos entender que los mártires resucitan igual que Jesús. Esta resurrección de los mártires al comienzo del Reino de los mil años, mil años antes del juicio final, cuando resucitarán todos los demás muertos, es llamada la primera resurrección. Se agrega que los mártires resucitados reinaron con Cristo mil años y serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años.
Aquí hay dos ideas: en primer lugar la idea del Reino, un Reino conjunto del Mesías (Cristo) y de los mártires resucitados. Este Reino es aquí en la tierra, en nuestra historia, antes del juicio final, y dura mil años. La segunda idea es que los resucitados reinan como sacerdotes de Dios y de Cristo. Los que ahora resucitan y reinan con Cristo no participan de la muerte segunda, la muerte definitiva, el retorno al no-ser. Los mártires que murieron, y que ahora resucitan para el Reino de los mil años, ya han sido juzgados y están seguros de poder entrar directamente, después de los mil años, en el cielo nuevo y la tierra nueva, en la nueva Jerusalén.

Interpretación global del Reino de los mil años :

La interpretación fundamentalista reduce la interpretación del texto a su sentido literal. El Reino de los mil años será un reino real de Cristo con su Iglesia aquí en la tierra, un reino histórico, político y visible, durante mil años, antes del juicio final. La segunda venida de Cristo inaugurará este reino. Esta interpretación es corriente hoy en los movimientos religiosos sectarios y en algunos movimientos político-religiosos neo-conservadores.

La interpretación espiritualista, por el contrario, reduce la interpretación del texto a su sentido espiritual: el Reino de los mil años responde al tiempo de la Iglesia, entre la resurrección de Jesús y el juicio final; la primera resurrección es espiritual y se realiza en el bautismo; solamente la segunda resurrección es corporal. Esta es la interpretación corriente en las Iglesias históricas, principalmente en la Iglesia Católica.

Otra interpretación: busca ser fiel a la tradición apocalíptica, tanto judía como cristiana, coherente con la tradición apocalíptica y profética del cristianismo de los tres primeros siglos; coherente asimismo con la totalidad de la tradición apocalíptica bíblica, que va desde Daniel hasta el libro del Apocalipsis. El trasfondo inmediato del texto del Apocalipsis es el libro de Daniel (cfr Daniel 7, 2, 8, 9, 12,1-3) Los que resucitan realmente son los santos. Los impíos no resucitan, sino que despiertan como cadáveres para sufrir horror y oprobio eterno. El Reino de Dios y la resurrección de los santos se da en la tierra, y es tan histórico como la restauración del santuario de los capítulos 8 y 9.
Nace así con Daniel un esquema apocalíptico de la historia: tiempo de persecución (dominio de las bestias), juicio de Dios que pone fin a la opresión, resurrección de los santos e instauración del Reino de Dios. Este esquema será retomado por toda la literatura apocalíptica posterior.
En el N. T. hay muchos testimonios acerca de este Reino de Dios sobre la tierra, antes del juicio final: Mt. 19, 28; Lucas 22, 28-30; Hch. 3, 21; 1Cor. 15, 21-26
De Daniel al Apocalipsis tenemos pues una misma tradición, que en Ap. 19, 11-20, 15 adquiere su máximo desarrollo. En todos los textos se trata de un Reino del Mesías, junto con los santos, sobre la tierra. Este Reino llega después de la destrucción de las Bestias (Dn. 7 y Ap. 19, 11-21), después del sonido de la séptima trompeta, que pone fin al tiempo presente. Este Reino, en toda la tradición apocalíptica, es un tiempo de esperanza.
¿De qué Reino realmente se trata? Podemos decir que el Reino de los mil años es la utopía de todos los que luchan contra la idolatría y la opresión de los imperios, la utopía de instaurar el Reino de Dios sobre la tierra. Es la esperanza de una comunidad que cree en un Dios que hace justicia ahora en la historia; un Dios que destruye los imperios y entrega el poder al pueblo de los santos y de los mártires. Es, en general, la utopía de los pobres y oprimidos de que finalmente es posible poner orden en este mundo; restaurar el orden del Dios creador y del Mesías Jesús liberador. La utopía del Reino de los mil años nada tiene que ver con las visiones destructivas y horrorosas del fin del mundo. No es una visión sobre el fin del mundo, sino sobre el Reino de Dios que pone fin en este mundo a la idolatría y al crimen de los imperios. No es una utopía pasiva. No es tampoco una utopía violenta y vengativa, pues los mártires resucitan para reinar como un pueblo de Sacerdotes de Dios y de Cristo: no son guerreros, tampoco son una élite de poder, pues se trata del sacerdocio de todo el pueblo de los santos.
Ap. 19, 11-22, 5 es un ordenamiento simbólico del futuro, una representación histórica de la utopía; una planificación simbólica de la esperanza transcendental. Jesús nos pide vigilancia, no adivinación; nos pide discernimiento de los signos de los tiempos, pero es únicamente Dios el que conoce el tiempo de la plenitud: de aquel día y hora, nadie sabe nada, ni los ángeles de los cielos, ni el Hijo, sino sólo el Padre (Mt. 24, 36). El Apocalipsis nos revela el sentido de la historia para mantener viva la esperanza y la utopía, no para sembrar miedo y terror:
Juicio final de los muertos, la muerte y el lugar de los muertos: 20, 11-15. Dios aparece sentado en un gran trono blanco. Dios aparece solo, incluso la tierra y el cielo huyen de su presencia. Dios está solo en un vacío cósmico. Dios juzga ahora a muertos, a la muerte y al lugar de los muertos. Entre el juicio de Jesús (19, 11-21) y el juicio de Dios (20, 11-15), aparecen otros tronos donde se sientan los mártires para hacer justicia en el Reino de los mil años (20, 4-6).
En el v. 12 aparecen los muertos. No se habla aquí explícitamente de resurrección pero están de pie y en 20, 5 se la anuncia: “los demás muertos no revivieron hasta que se acabaron los mil años”. Los muertos están de pie, lo que insinuaría su resurrección. Los muertos son juzgados según lo escrito en los libros. Estos libros representan la memoria de Dios. Dios no olvida nada. Todo lo que la humanidad hizo está escrito. Las cosas no suceden porque están escritas (no hay aquí ninguna predeterminación), sino que se escriben porque suceden. Esta memoria de Dios es un motivo de esperanza para los justos y un motivo de horror para los impíos. Dos veces se dice que son juzgados según sus obras. Lo que cuenta en el juicio es la práctica de las personas, no sus buenas ideas o intenciones. Además de los libros (en plural), aparece el libro de la vida. Los que aparecen en el libro de la vida son los que han hecho una opción por la vida y por el Dios de la vida, no son predestinados.
El v. 13 introduce al mar, a la muerte y al lugar de los muertos. El mar todavía no había huido, como el cielo y la tierra, todavía no había entregado a sus muertos. Desaparece en 21, 1. La muerte y el lugar de los muertos son aniquilados. Finalmente, son aniquilados los que hicieron la opción por la muerte, es decir, los que no estaban inscritos en el libro de la vida. El aniquilamiento de la muerte es especialmente importante en esta visión final de la historia. La muerte definitiva de la muerte es un signo luminoso de esperanza en este sombrío cuadro de “juicio final”.

Es en el deseo de encontrar y vivir en la tierra prometida, que el Apocalipsis es una relectura del Éxodo. El final del caminar es la tierra prometida. Pero ese final es algo que actúa en el presente dando fuerzas y orientando.
Y la utopía es una vuelta a la ciudad perfecta. Mientras algunos esperaban volver al Edén otros soñaban una ciudad con justicia, sin lágrimas, sin llanto. Las esperanzas para el futuro se dividen entre los que quieren volver al paraíso perdido y los que viendo lo presente se animan a soñarlo justo y perfecto.
La Jerusalén que baja desde Dios no es un llamado a quedarse esperando sino un recuerdo de que nadie en la tierra es capaz de construir y gobernar una ciudad justa.
El futuro de la historia: 21, 1-22, 5
21, 1-8 Cielo nuevo, tierra nueva, nueva Jerusalén
21, 9-11 descripción general
21, 12-14 descripción de la ciudad; partes de la ciudad
21, 15-17 formas y medidas
21, 18-21 materiales
Presencia de Dios y del Cordero: 21, 22-22, 5
En esta sección Juan nos presenta el futuro de la historia en su etapa final; es una impresionante reconstrucción del cielo, de la utopía y de la esperanza y de la conciencia de la comunidad, que escucha en ese momento la lectura del libro.

Algunas claves de interpretación, sección por sección.
Un mundo nuevo
Los términos cielo y tierra no tienen aquí un sentido mítico, sino que son usados para designar el cosmos o la naturaleza en su totalidad. Juan ve un cosmos nuevo. Este cosmos es nuevo, porque el primer cielo y la primera tierra desaparecieron (cfr. 20, 11b). Y se agrega: las cosas primeras han pasado (v. 4), y Dios mismo dice: Mira que hago un mundo nuevo (v. 5). Hay una oposición entre el cosmos primero y el cosmos nuevo. También se habla de una nueva Jerusalén. ¿Qué significa que el cosmos y Jerusalén sean nuevos?:
El mar no existe ya más (21, 1).
La muerte no existirá ya más (21, 4).
Llanto, clamor y dolor no existirán ya más (21, 4).
Maldición no existirá ya más (22, 3).
Noche no existirá ya más (22, 5 y 21, 25).
Todas estas frases tienen casi el mismo sentido. Mar y noche tienen aquí un sentido cósmico-mítico. El mar se identifica con el abismo; es símbolo del caos. En el cosmos nuevo el mar, el abismo, el caos, es aniquilado. La nueva creación derrota al caos. Un sentido mítico semejante tiene la noche, sinónimo de las tinieblas. Dios derrota definitivamente las tinieblas e ilumina con su presencia a los habitantes de la nueva Jerusalén (22, 5).
También se revela la derrota definitiva de la muerte (anunciada ya en 20, 14) El cosmos es nuevo porque la vida en este cosmos nuevo ha derrotado a la muerte, la vida se afirma victoriosa más allá de la muerte. En forma parecida se afirma asimismo el aniquilamiento definitivo de todo llanto, clamor y dolor. Se trata del clamor colectivo del pueblo, como el clamor del pueblo en Egipto (Ex. 3, 7). En el cosmos nuevo y en la nueva Jerusalén ya no hay explotación ni opresión. Y se agrega: Y enjugará toda lágrima de sus ojos (v. 4). Esta acción de Dios se realiza únicamente en aquellos que tienen lágrimas en los ojos, o sea, en aquellos que tuvieron compasión y lloraron por la opresión y el clamor del pueblo. También desaparece la maldición (cfr. Zac. 14, 11; Gn. 3, 17).
En resumen: la tierra y el cielo son nuevos y Jerusalén es nueva, porque en ellos la vida triunfa sobre la muerte, el orden sobre el caos y la luz sobre las tinieblas; la compasión triunfa sobre todo llanto, clamor y dolor; ya no hay maldición alguna. Lo que aquí se transciende no es la materialidad o corporeidad, sino la muerte, el caos, las tinieblas, el sufrimiento, la maldición; sigue habiendo cielo, tierra, ciudad; sigue habiendo historia, pero ahora sin muerte y sin maldición.

La ciudad santa, la nueva Jerusalén
La nueva Jerusalén es en primer lugar una ciudad. En el Apocalipsis ya no se refiere a la Jerusalén histórica, que había sido destruida el año 70 y que Juan equipara a Sodoma y Egipto, como símbolos de Roma, porque en Jerusalén Jesús fue crucificado (11, 8). En el Apocalipsis Jerusalén es un mito, un símbolo, para designar el Pueblo de Dios, la comunidad, humanidad organizada; hoy diríamos: relaciones sociales o proyecto de sociedad. El capítulo 21 se inicia con dos visiones: Juan ve primero un cielo nuevo y una tierra nueva: un nuevo cosmos o naturaleza; luego ve una nueva ciudad, la ciudad santa Jerusalén: una nueva sociedad o humanidad organizada. Tenemos así el binomio cosmos-ciudad que sintetiza las dos dimensiones de la historia humana: la naturaleza y la humanidad. En el mundo nuevo creado por Dios hay corporeidad y relaciones sociales, sólo que ahora sin muerte, sin caos, sin tinieblas, sin opresión.
En la estructura general del libro no cabe duda de que Jerusalén es el símbolo o mito opuesto a Babilonia. Los capítulos 21-22 del Apocalipsis son la antítesis de los capítulos 17-18. Juan usa el mito Babilonia para significar históricamente la ciudad de Roma; usa análogamente el mito Jerusalén para significar históricamente la nueva humanidad en el mundo nuevo creado por Dios.
Vi…la nueva Jerusalén que bajaba del cielo, desde Dios (v. 2)
Los términos cielo-tierra tienen en el Apocalipsis dos sentidos: un sentido cósmico (totalidad del cosmos o naturaleza); y un sentido mítico-simbólico (las dos dimensiones de la historia: tierra, la dimensión empírica y visible; cielo: la dimensión transcendente e invisible).
En el v. 1 cielo-tierra se usan con un sentido cósmico, para designar el conjunto de la naturaleza o creación (el cosmos). Una nueva creación, un cosmos nuevo.
En el v. 2 el término cielo tiene un sentido mítico-simbólico. La nueva Jerusalén baja del cielo a la tierra: teológicamente quiere decir que pasa de su condición transcendente a una condición terrena: entra en la dimensión empírica y visible de la historia. Si tomamos los vv. 1 y 2 en su conjunto tenemos la convergencia de una doble transformación. En síntesis: lo transcendente puede hacerse visible en la historia porque el cosmos ha triunfado sobre la muerte, el caos y las tinieblas. Es muy significativo que el movimiento espacio-temporal del mito sea del cielo a la tierra; es un movimiento descendente. Llegamos a la etapa final y transcendente de la historia cuando simbólicamente el cielo baja a la tierra. Lo salvífico y liberador es descendente y termina en la tierra. El movimiento contrario lo tenemos justamente en el mito opuesto: Babel (Gn. 11, 1-9)
Jerusalén: morada de Dios en la tierra; en ella no hay santuario
La nueva Jerusalén es la nueva morada de Dios en la tierra (21, 3). Dios ya no habita en el cielo o en un santuario, sino en la nueva sociedad transcendente, creada por Dios en el mundo nuevo.
La misma idea de morada de Dios en la tierra aparece en 21, 11 con el tema de la gloria de Dios: la ciudad santa Jerusalén desciende del cielo desde Dios teniendo la gloria de Dios. En 21, 23 se nos dice que la nueva Jerusalén no tiene necesidad de sol ni de luna para que la iluminen, porque la gloria de Dios la iluminó y su lámpara es el Cordero. En 22, 5 se agrega que los habitantes de la nueva Jerusalén no tienen necesidad de luz de lámpara ni de luz de sol, porque el Señor Dios los iluminará. Toda la ciudad resplandece con la gloria de Dios. La gloria de Dios es su esencia, lo que Dios es. Dios llena la nueva Jerusalén, la nueva humanidad que vive en el nuevo mundo transcendente creado por Dios. No se trata, sin embargo, de un panteísmo, de una disolución o difusión total de Dios en la nueva Ciudad, pues en 22, 4 se dice: verán su rostro. Juan dice: santuario no vi en ella, porque el Señor, el Dios Todopoderoso, y el Cordero, es su Santuario. Tenemos aquí una fuerte ruptura con la tradición judía: una Jerusalén sin santuario es impensable para los judíos. Dios, con su presencia visible y directa en toda la ciudad, sustituye el Santuario. No solamente sustituye el santuario de la Jerusalén histórica, sino que sustituye todo santuario posible o imaginable. La nueva Jerusalén es un símbolo que significa la nueva comunidad universal de Dios, el nuevo pueblo, la nueva sociedad, la nueva humanidad, el nuevo proyecto histórico creado por Dios en el cielo y tierra nuevos. La gloria de Dios llena totalmente este proyecto, Dios tiene su morada en la tierra en esta nueva sociedad, Dios es todo en todos en este nuevo pueblo de Dios. Aquí ya no hay necesidad ni de Santuario, ni de Iglesia, ni de mediación alguna entre el Pueblo y Dios. Dios lo llena todo y todos ven directamente su rostro. El antiguo templo histórico de Jerusalén marcaba una serie de diferencias y separaciones: entre Jerusalén como ciudad santa y el resto de la Palestina; entre el Templo mismo y la ciudad; entre el Santo de los Santos y los patios del Templo. Desaparece igualmente la distinción entre santo y profano, entre sacerdote y laico, entre cristiano y no cristiano. Ahora toda la ciudad es santa, todos son sacerdotes, todos ven a Dios y llevan su nombre en la frente.

Agua y árboles de Vida
En 21, 6 Dios mismo dice: al que tenga sed, yo le daré del manantial del agua de la vida gratis. Lo mismo se repite en la liturgia de la comunidad en 22, 17 (semejante en 7, 17). El agua aquí es símbolo de la vida que Dios ofrece a todo el que la busca. Lo interesante es que esa vida se ofrece gratis, esto es, al margen del dinero. Es Dios y no el mercado el que asegura la vida. Aquí se refleja un hermoso texto de Isaías:
Todos los sedientos vayan por agua, y los que no tienen plata, vengan, compren y coman, sin dinero, y sin pagar, vino y leche (Is. 55, 1).
Tenemos aquí la utopía de los excluidos de comer y beber y asegurar la vida, al margen del dinero. Ahora en el Apocalipsis se trata de la vida definitiva, asegurada por Dios más allá de la muerte y de la opresión. En Ez. 47, 1-12 el río de agua sale del Templo, pero como en la nueva Jerusalén no hay Templo, se dice en 22, 1 que el río de agua de vida… brotaba del trono de Dios y del Cordero. En Jr. 2, 13 Dios mismo es manantial de aguas vivas.
En 22, 2 se agrega que en medio de la plaza, a una y otra margen del río, hay árboles de vida. Estos árboles dan fruto abundante: 12 veces, una vez cada mes, y se agrega: sus hojas sirven de medicina para las naciones. Aparece ahora en la nueva Jerusalén el árbol de la vida que Dios ofreció en su proyecto de vida para la humanidad en Gn. 2, 9. Cuando la humanidad opta por el proyecto de muerte, pierde el acceso al árbol de vida (Gn. 3, 24). Ahora el árbol de la vida aparece multiplicado, con frutos para cada mes del año. En la nueva Jerusalén se realiza el proyecto de vida de Dios para toda la humanidad. Las hojas de estos árboles sirven de medicina, para sanar a las naciones que estaban enfermas por la idolatría de Babilonia.
Descripción de la nueva Jerusalén: 21, 9-21
En esta sección Juan busca realizar una re-construcción arquitectónica de la ciudad, con elementos reales, si bien con una fuerte carga simbólica. Veamos ahora los elementos simbólicos centrales de esta reconstrucción.
9-11 tenemos una descripción general de la ciudad; tiene una estructura paralela con 17, 1-3. Este paralelismo es consciente y su finalidad es mostrar la antítesis entre Babilonia y Jerusalén.
12-14 se describen las partes de la ciudad. El elemento central es la muralla. Esta tiene doce puertas y sobre ellas doce ángeles y los nombres de las doce tribus de Israel. La muralla también se asienta sobre doce piedras, que llevan los doce nombres de los doce Apóstoles del Cordero. Tenemos aquí una reconstrucción simbólica del Pueblo de Dios. Seis veces se repite el número 12, que expresa totalidad o perfección social. Los nombres de las 12 tribus simbolizan el Pueblo de Dios en sus orígenes; los nombres de los 12 Apóstoles simbolizan el Pueblo de Dios, reconstruido por la muerte y resurrección de Jesús. Sobre esta tradición se construye ahora la nueva Jerusalén, el nuevo proyecto transcendente de Dios.
15-17 se nos dan las formas y medidas de la ciudad. Este tiene 12.000 estadios, es decir, alrededor de 2.200 kilómetros (o 1.200 millas). Esta es la medida de su anchura, largura y altura. Es por lo tanto un gigantesco cubo, o también una pirámide. Son medidas exageradas para expresar simbólicamente la perfección de la nueva ciudad. La muralla tiene 144 codos de alto, esto es, alrededor de 70 metros (144 pies). Es una muralla insignificante y simbólica: recuerda la tradición (los nombres de las 12 tribus y los 12 Apóstoles).
18-21 nos describe los materiales de la ciudad. Lo que más llama la atención es el uso del oro: en el v. 18 el oro puro se usa como material de construcción de la ciudad y en el v. 21 la plaza de la ciudad es de oro puro, y todos los que pasan lo pisotean. El oro pierde así su valor de cambio y su fetichismo, y se transforma en valor de uso. Se multiplican las piedras preciosas que significan la luz y la hermosura de la gloria de Dios que lo llena todo. El trasfondo es Is. 54, 11-17 donde se nos da una visión simbólica de la nueva Jerusalén: las piedras preciosas de la ciudad significan que todos sus hijos serán discípulos de Yahveh, que será consolidada en justicia, que vivirá sin opresión y sin terror, que vivirá en seguridad.
Los habitantes de la nueva Jerusalén
La nueva Jerusalén es la morada de Dios en medio de los hombres y de las mujeres que allí habitan (21, 3). Con ellos y ellas Dios renueva la alianza. En 21, 3 en forma colectiva: pondrá su morada entre ellos y ellas y serán pueblos de él, y él será el Dios-con-ellos/el Dios-con-ellas. En 21, 7 Dios renueva la alianza en forma personal: yo seré Dios para él, y él será hijo para mí; yo seré Dios para ella, y ella será hija para mí. Igual que en el A. T. la alianza significa el reconocimiento mutuo: el pueblo reconoce a Dios como Dios, y Dios reconoce al pueblo como pueblo. El pueblo reconoce lo que Dios ha hecho por él, y Dios entrega en manos del pueblo la responsabilidad de su propio futuro. En la nueva Jerusalén, la humanidad como totalidad y cada persona en particular, llega a ser plenamente persona en su relación con Dios.
En 21, 24-26 (a la luz de Is. 60) se nos dice que las naciones caminan a luz de la nueva Jerusalén y que los reyes de la tierra llevan a ella el esplendor y los tesoros de las naciones. Se trata aquí de los reyes y de las naciones que no se contaminaron con la idolatría de Babilonia. Se supone que hubo resistencia por parte de ellos contra Roma. Todas las culturas de la tierra, de todos los tiempos, que no fueron idolátricas, vendrán a enriquecer la nueva Jerusalén, símbolo de la humanidad transcendente.
En 22, 3-5 se usan tres verbos para describir la actividad de los habitantes de la nueva Jerusalén: le darán culto, verán su rostro y reinarán para siempre. En la nueva Jerusalén todos son sacerdotes, todos ven a Dios y todos reinan. No hay jerarquías y diferenciaciones. No hay élites de poder y oprimidos. Por eso la gloria de Dios puede llenar toda la ciudad y Dios puede ser todo en todas las cosas.
Los excluidos de la nueva Jerusalén
En 21, 8; 21, 27 y en 22, 15 se enumeran todos los excluidos de la nueva Jerusalén, los que son aniquilados para siempre.
1. Los temerosos. En Mt. 8, 26, en la escena de la tempestad calmada, Jesús increpa a sus discípulos: “¿Por qué están temerosos, hombres de poca fe?”. Semejante en Mc. 4, 40. No se trata aquí de un miedo psicológico, sino del temor por falta de fe. En el contexto del Apocalipsis se trata del que no resiste a las Bestias por falta de fe y valor; el que no tiene fuerza y fe para dar testimonio público, incluso con el martirio. Son los derrotados por el sistema.
2. Los incrédulos. En toda la tradición sinóptica se conserva la frase de Jesús: “oh generación incrédula y perversa” (Mt. 17, 17 y paralelos). Tomás es llamado incrédulo por Jesús (Jn. 20, 27). No se trata de los ateos, sino de los que no tienen fe, los que no creen en nada.
3. Los abominables. Los afectos a la abominación. La “abominación de la desolación” era el ídolo puesto en el templo por los romanos. Los abominables son los adoradores del ídolo opresor.
4. Los asesinos. Está en el centro de la enumeración. Las tres designaciones anteriores y las tres posteriores se refieren a los idólatras. La idolatría tiene siempre como consecuencia inmediata el asesinato, casi siempre con un sentido social: la opresión. La idolatría es la raíz de todo pecado social.
5. Los prostitutos/as. En la literatura profética y apocalíptica es símbolo del idólatra: el que se vende por dinero a otro u otra, y se transforma así en objeto en manos del otro que paga y llega a ser su amo.
6. Los hechiceros. Sinónimo de idólatra. Connota fetichismo y prácticas idolátricas como la magia.
7. Los idólatras. En la Biblia es idólatra el que pervierte el sentido de Dios o el que sustituye a Dios por otros dioses (dinero, poder, mercado, etc.).
En la lista de 22, 15 se repiten las mismas categorías de los números 4, 5, 6 y 7. A todos se les dice con mucha violencia: fuera los perros.
Las siete categorías se resumen al final en una sola: todos los mentirosos; lo mismo en el texto paralelo de 22, 27: todo el que hace abominación y mentira. La mentira es fundamentalmente, en la tradición apocalíptica, la idolatría: es la mentira referente a Dios, es la perversión religiosa. Los siete grupos nombrados en 21, 8 tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda. Como ya dijimos anteriormente, este lago o muerte segunda significa el aniquilamiento eterno. Cuando la historia llega a su culminación con el cielo nuevo, la tierra nueva y la nueva Jerusalén, no hay otro espacio fuera de este mundo nuevo. Lo que no entra en este mundo nuevo queda definitivamente aniquilado, reducido a la nada. Este es, según el Apocalipsis, el infierno. No es un lugar eterno, donde se tortura eternamente, sino que es este aniquilamiento eterno. El mal es la ausencia del bien; no puede haber por lo tanto un mal eterno. Sólo el bien puede ser eterno. El infierno, según el Apocalipsis, es el aniquilamiento total.

La tradición bíblica sobre el mundo nuevo y la nueva Jerusalén
Quizás el texto del A. T. más cercano a Ap. 21-22 es el de Is. 65, 17-25. No obstante, hay una gran diferencia entre el texto de Isaías y el del Apocalipsis: en Isaías la utopía es un mundo sin opresión, sin embargo la muerte todavía está allí; en el Apocalipsis la utopía es un mundo sin opresión y sin muerte (sin caos y sin tinieblas).

 

Anexos

I) El género literario “apocalipsis”según J.J.Collins

EL MODO EN QUE SE REALIZA LA REVELACIÓN

1. Medio por el cual la revelación es comunicada.
1.1. Visual. Revelación que puede a su vez tener la forma de:
1.1.1. Visiones, donde el contenido de la revelación es visto.
1.1.2. Epifanías, donde la aparición del mediador es descripta.
1.2. Auditivo. Revelación que usualmente clarifica la visión. Las epifanías son siempre seguidas de una revelación auditiva. Esta puede tener forma de:
1.2.1. Discurso: ininterrumpido y hecho por el mediador.
1.2.2. Diálogo: donde hay una conversación entre el mediador y el que recibe la revelación, frecuentemente en la forma de pregunta-respuesta.
1.3. Viaje a “otro mundo”, cuando el visionario atraviesa los cielos y se remonta a regiones inaccesibles para el ser humano. La revelación en el curso de este “viaje” normalmente es visual.
1.4. Escrito, cuando la revelación está contenida en un documento escrito, usualmente un “libro celeste”.
2. Un mediador sobrenatural comunica la revelación. Con frecuencia, la mediación consiste en interpretar una visión, pero ésta puede también tomar la forma de un discurso directo o simplemente de “guía” del vidente, dirigiendo su atención a la revelación. El mediador muy frecuentemente es un ángel o, en textos cristianos, Cristo.
3. La persona que recibe la revelación.
3.1. Pseudonimia. El que recibe la revelación usualmente es identificado con una venerable figura del pasado. Unos pocos Apocalipsis cristianos no son pseudonímicos.
3.2. La disposición del receptor, indicada por las circunstancias y el estado emocional en el cual se recibe la revelación.
3.3. La reacción del receptor de la revelación. Con frecuencia se describe el espanto y/o la perplejidad al enfrentarse con la revelación.

CONTENIDO. EJE TEMPORAL

1. Protología: Temas que tienen que ver con los orígenes (teogonía, cosmogonía)
1.1. Acontecimientos primordiales que tienen una significación paradigmática para el resto de la historia (por ejemplo, el pecado de Adán).
2. Historia: Es examinada tanto como:
2.1. Visión/relectura del pasado.
2.2. Profecía ex evento: la historia pasada se presenta como futuro y, por tanto, asociada a las profecías escatológicas.
3. Crisis escatológica. Puede tomar la forma de:
3.1. Persecución y/o
3.2. Otros cataclismos escatológicos, los cuales distorsionan el orden de la naturaleza o de la historia.
4. Juicio escatológico y/o destrucción. Esto ocurre por una intervención sobrenatural. Se ejecuta sobre:
4.1. Pecadores en general y opresores.
4.2. El mundo, esto es, los elementos naturales.
4.3. Sujetos sobrenaturales, como por ejemplo, las fuerzas de Satán o Belial, u otros poderes.

5. Salvación escatológica. Es la cara positiva del juicio escatológico. Como éste, la salvación es siempre ofrecida con dimensiones sobrenaturales:
4.4. Transformación cósmica, donde todo el mundo es renovado.
4.5. Salvación personal, tomando parte de la transformación cósmica o independiente de ella. Este cambio toma la forma de:
4.5.1. Resurrección corporal.
4.5.2. Otras formas de vida futura, por ejemplo, exaltación a los cielos con los ángeles.

CONTENIDO: EJE ESPACIAL

1. Elementos sobrenaturales, que pueden ser personales o impersonales, buenos o malos.
1.1. Regiones sobrenaturales. Son descriptas especialmente en los “viajes” a otro mundo pero también en listas de cosas reveladas o en otros contextos. Además, ellas pueden ser evaluadas como un camino positivo o negativo.
1.2. Seres sobrenaturales angélicos o demoníacos.

PARENESIS

1. Exhortaciones hechas por el mediador al receptor en el curso de la revelación. Son relativamente escasas y sólo se observan en unos pocos Apocalipsis cristianos.

ELEMENTOS CONCLUSIVOS

1. Instrucciones al receptor. Son distintas de las exhortaciones y aparecen después de la revelación; por ejemplo, le indican al receptor de la revelación que la guarde o que la publique.
2. Conclusión narrativa. Esta puede describir el retorno a la tierra del receptor, o la vuelta a los cielos del revelador o las acciones consecuentes de los receptores.

Ningún Apocalipsis contiene todos los elementos señalados en el paradigma. Además, no todos los elementos guardan la misma importancia.

II) Algunos elementos simbólicos más frecuentes que se presentan en el apocalipsis. Carlos Mesters

a) Elementos de la naturaleza, del universo
1. Colores
En todos los pueblos, según su cultura, los colores tienen un significado simbólico. En el antiguo Egipto, por ejemplo, el negro era el color de la esperanza. En otros pueblos, el blanco es color de luto. Para nosotros, el verde simboliza la esperanza. En el Apocalipsis, los colores tienen su significado.
– Blanco (Ap 2,17): victoria, gloria, alegría, pureza.
– Rojo (Ap 6,4): sangre, fuego, guerra, persecución.
– Amarillento (Ap 6,8): color de cadáver que se descompone, enfermedad.
– Rojo escarlata, rojo vivo (Ap 17,4): lujo y dignidad real.
– Negro (Ap 6,5): hambre.

2. Números
Entre nosotros, algunos números tienen un significado simbólico. Por ejemplo, el trece es el número de la mala suerte. Lo mismo ocurre en el ambiente apocalíptico.
3 Tres veces es el superlativo hebreo: plenitud (Ap 21,13) y santidad (Ap 4,8): tres veces santo.
4 Número cósmico: los cuatro ángulos de la tierra (Ap 4,6; 7,1; 20,8); los cuatro elementos del universo: tierra, fuego, agua y aire. Cuadrangular (Ap 21,16): señal de plenitud y de perfección.
7 Composición de 3+4. Indica plenitud, perfección, totalidad (Ap 1,4). La mitad de 7 es 3,5 (Ap 11,9). A veces se dice “un tiempo, dos tiempos, medio tiempo” (Ap 12,14; Dn 7,25), es decir, tres años y medio. Es la duración limitada de las persecuciones. Es el tiempo controlado por Dios.
12 Es 3×4. Número de la perfección y de la totalidad (Ap 21,12-14).
24 Es 2×12. Los 24 ancianos (Ap 4,4), es decir, representantes del pueblo del AT (12 tribus) y del pueblo del NT (12 apóstoles), es decir, la totalidad del pueblo de Dios.
42 Cuarenta y dos meses (Ap 11,2) es igual a tres años y medio, e igual a 1.260 días (Ap 12,6), es decir, la mitad de siete años. Indica el tiempo limitado por Dios.
144 Es 12×12 (Ap 21,17). Señal de gran perfección y totalidad.
666 Es el número de la bestia (Ap 13,18). En griego y en hebreo cada letra tenía un valor numérico. El número de un nombre era el valor total del valor numérico de sus letras. El número 666 es del nombre César- Nerón, según el valor de las letras hebreas, o de César-Dios, según el valor de las letras griegas. Es el número de mayor imperfección. Seis no llega a siete, es la mitad de doce y así por tres veces.
1.000 Designa un plazo de tiempo largo y completo. Por ejemplo, reino de mil años (Ap 20,2). Las combinaciones: 7×1.000=7.000 (Ap 11,13), 12×1.000=12.000 (Ap 7,5-8), 144×1.000=144.000 (Ap 7,4).

3. Elementos de la naturaleza
Entre nosotros, algunos elementos de la naturaleza tienen un significado simbólico. Por ejemplo: “Tal persona tiene una buena estrella”, “Juan tiene una salud de hierro”.
En la Biblia, los elementos de la naturaleza poseen varios significados simbólicos.
– Sol y luna: “vestida del sol, con la luna bajo sus pies” (Ap 12,1): la creación al servicio del pueblo de Dios
– Estrella (Ap 1,16): ángel o coordinador de la comunidad (Ap 1,20).
– Estrella de la mañana (Ap 2,28): Jesús fuente de esperanza (Ap 22,16).
– Arco iris (Ap 10,1): símbolo de la omnipotencia y de la gracia de Dios. Recuerda la alianza de Dios con Noé (Gn 9,12-17).
– Mar (Ap 13,1); caos primitivo (Gn 1,1-2), lugar de donde sale la bestia-fiera, símbolo del mal.
– Abismo (Ap 9,2): lugar debajo de la tierra, donde los espíritus malos permanecen presos.
– Agua de la boca de la serpiente, el vómito (Ap 12,15): Imperio romano.
– Eufrates (Ap 9,14): región de donde acostumbraban a venir los invasores, en este caso los partos.
– Cristal (Ap 4,6; 22,1): claridad, esplendor, transparencia, ausencia del mal.
– Piedras preciosas (Ap 21,19-20): rareza, belleza, valor.
– Piedra blanca (Ap 2,17): el juez la utilizaba en el tribunal para declarar a alguien inocente.
– Oro (Ap 1,13): riqueza.
– Hierro, cetro de hierro (Ap 2,27): poder.
– Palma (Ap 7,9): triunfo.
– Dos olivos (Ap 11,4): personajes importantes. Evocan la visión de Zacarías (Zac 4,3-14).

4. Mundo animal
La convivencia con los animales produce significados simbólicos. Por ejemplo, la gente dice: “Metes la pata en todo” o “Tienes la vista de un lince”. En el Apocalipsis, los animales o partes del animal poseen varios significados simbólicos:
– Dragón (Ap 12,3) o “antigua serpiente” (Ap 12,9): poder del mal hostil a Dios y a su pueblo.
– Bestia-fiera que sube del abismo (Ap 11,7) o del mar (Ap 13,1): Nerón o el Imperio romano.
– Bestia-fiera que sale de la tierra (Ap 13,11): el falso profeta que propaga el culto al emperador.
El dragón, la bestia-fiera del mar y la de la tierra son una caricatura de la Trinidad.
– Pantera, león y oso (Ap 13,2): crueldad, sin misericordia. Evoca la visión de Daniel (Dn 7,4-6).
– Caballos (Ap 6,2-7): poder, ejército que arrasa. Evoca la visión de Zacarías (Zac 1,8-10).
– Cordero (Ap 5,6): indica a Jesús. Evoca el cordero pascual inmolado en la salida de Egipto (Ex 12,1-14).
– León, toro, hombre, águila, los “cuatro seres vivientes”, literalmente, “animales” (Ap 4,6-7): indican los cuatro seres más fuertes que presiden el gobierno del mundo físico. Indican también los cuatro elementos que forman el ser humano: toro (instinto), león (sentimiento), águila (intelecto), hombre (rostro). Los cuatro juntos formaban el ser mitológico de Babilonia, llamado Karibu o Querubim, y la esfinge del antiguo Egipto. Evoca las visiones de Isaías (Is 6,2) y sobre todo de Ezequiel (Ez 10,14; 1,10).
– Águila (Ap 12,14): recuerda la protección del Éxodo (Ex 19,4; Dt 32,11).
– Langostas (Ap 9,3): invasores extranjeros, los partos. Recuerdan las plagas de Egipto (Ex 10,1-20) y la visión de Joel que habla de langostas con aspecto de caballos (Jl 2,4; Ap 9,7).
– Escorpión (Ap 9,3): perfidia, traición. Evoca el éxodo descrito en el libro de la Sabiduría (Sab 16,9).
– Cobra, serpiente (Ap 9,19): poder mortífero.
– Sapo (Ap 16,13): animal impuro (Lv 11,10-12), símbolo persa de la divinidad de las tinieblas. Evoca la plaga de las ranas (Ex 7,26-8,11).
– Cuerno (Ap 5,6): poder, especialmente el del rey.
– Alas (Ap 4,8): movilidad, velocidad para ejecutar la misión de Dios. Evoca Ez 1,6-12.

b) La vida y las cosas de la vida con sus instituciones
1. Cosas de la vida
– Túnica larga (Ap 1,13): símbolo del sacerdocio (Ex 28,4; Zac 3,4).
– Lino puro (Ap 15,6): la conducta j u s t a de los cristianos (Ap 19,8).
– Alfa y omega (Ap 1,8), primero y último, principio y fin (Ap 21,6; 22,13).
– Llave (Ap 3,7): poder.
– Libro (Ap 5,1): plan de Dios para la historia humana.
– Sello (Ap 5,1): secreto.
– Hoz (Ap 14,14): imagen del juicio divino.
– Trompeta (Ap 8,2): voz sobrehumana que anuncia los acontecimientos del fin de los tiempos.
– Sello, señal, marca (Ap 7,2; 13,16-17): marca de propiedad y protección.
– Balanza (Ap 6,5): escasez de comida, coste de vida.
2. Cuerpo y vida humana
– Cabellos blancos (Ap 1,14): símbolo de eternidad.
– Ojos brillantes (Ap 1,14): símbolo de ciencia divina universal.
– Pies de bronce (Ap 1,15): firmeza invencible.
– Mano derecha (Ap 1,16): símbolo de poder. Evoca la acción de Dios en el Éxodo.
– Mujer (Ap 12,1): pueblo santo de los tiempos mesiánicos; las comunidades en lucha.
– Hijo de mujer (Ap 12,14): mesías, jefe del nuevo Israel. Evoca Gn 3,15.
– Prostitución (Ap 2,14): la infidelidad de la idolatría.
– Virgen (Ap 14,4): persona que rechaza la idolatría.
– Novia, esposa (Ap 19,7): Iglesia, pueblo de Dios (cf. Ap 21,2; 21,9-10).
– Bodas del Cordero con la Novia (Ap 19,7; 21,2): establecimiento del Reino {cf. Is 62,5).

3. Jerusalén y su templo
– Candelabros de oro (Ap 1,12): el pueblo de Dios, las comunidades.
– Incienso (Ap 5,8): oración de los santos que sube hasta Dios (Ap 8,4).
– Columna (Ap 3,12): firmeza y lugar de honra. Evoca la columna del templo (1 Re 7,15-22).
– Templo (Ap 3,12): corazón de Jerusalén, ciudad santa; representa al pueblo de Dios.
– Monte Sión (Ap 14,1): lugar del templo; trono de Dios.
– Nueva Jerusalén (Ap 3,12; 21,2): el pueblo de Dios, finalmente reconciliado.

4. El Imperio romano
– Trono (Ap 4,1): majestad, dominio. Evoca el juicio divino anunciado por Daniel (Dn 7,9-14).
– Espada afilada (Ap 1,16): palabra de Dios que juzga y castiga (Ap 19,15). Evoca la imagen usada por Isaías (Is 49,2) y, sobre todo, por el libro de la Sabiduría (Sab 18,15).
– Arco (Ap 6,2): arma característica de los partos; terror.
– Cinto de oro (Ap 1,13): símbolo de realeza.
– Corona (Ap 4,4): poder del rey.
– Rey de reyes, Señor de los señores (Ap 19,16): título del emperador romano que se le daba a Jesús

TRABAJOS PRÁCTICOS

Daniel
1) Leer cap. 7
– Hacer un esquema del capítulo (partes)
– ¿Qué elementos del género apocalíptico aparecen? Hacer una lista. Confrontar con el paradigma de Collins
– ¿Qué imágenes utiliza para los reyes? Hacer una lista
– ¿Qué imágenes utiliza para Dios? Hacer una lista
– ¿Cuáles son las acciones de los reyes? Hacer una lista
– ¿Cuáles son las acciones de Dios? Hacer una lista
– ¿Hay alguna referencia a la situación del pueblo en el momento en el que se escribe el texto? ¿Qué conflictos aparecen?
– ¿Qué le decía este texto al pueblo perseguido por Antíoco IV? ¿Cuál era el mensaje?
– ¿Qué imagen de Dios revela?
– ¿Cómo alienta la esperanza?

2) Leer cap. 8
La misma guía del cap. 7

3) Leer cap. 9
– Hacer un esquema del capítulo (partes)
– leer Jeremías 25,8-12 y 29,10. Sintetizar.
– ¿Qué elementos del género apocalíptico aparecen? Hacer una lista. Confrontar con el paradigma de Collins
– ¿Cómo se presenta la historia de Israel?
– ¿Podemos identificar algún momento de esa historia? ¿Cuál?
– ¿El texto dice algo sobre el poder? ¿Y sobre Dios?
– ¿Hay alguna referencia a la situación del pueblo en el momento en el que se escribe el texto? ¿Qué conflictos aparecen?
– ¿Qué le decía este texto al pueblo perseguido por Antíoco IV? ¿Cuál era el mensaje?
– ¿Qué imagen de Dios revela?
– ¿Cómo alienta la esperanza?
Aporte: el ángel Gabriel da el sentido de la profecía de Jeremías. Este anuncio, según el cual el destierro habría de durar 70 años hasta la caída de Babilonia, no se había realizado por completo. Las divisiones que desgarraban a Judea y la persecución obligaban a releer estas promesas para comprender su significación más profunda. Daniel comprende que los 70 años de los que hablaba Jeremías significaban realmente no ya 10 ciclos sabáticos (7 x 10), sino 10 ciclos jubilares (49 x 10 = 70 x 7). Las dificultades Insuperables que plantean estos cálculos indican que se trata de una aritmética aproximativa destinada a demostrar la razón de la profecía de Jeremías. Se trata de una suma simbólica y no cronológica.
Dn 9, 27 recuerda el choque con los helenistas y el poder seléucida y la profanación del templo. Esta explicación indica que se está cerca del término y atestigua la impaciencia que reinaba en ciertos ambientes.
9,25 refiere al período persa y a Ciro (príncipe ungido). Leer Isaías 45,1
9,26 se puede identificar al ungido con el Sumo Sacerdote

Trabajos finales

I) Teniendo en cuenta lo estudiado, buscar elementos apocalípticos en los siguientes textos:
1 Pedro 1,3-12; Marcos 13,5-37; 1 Corintios 15,35-53. Transcríbalos
Revisar los siguientes textos del Antiguo Testamento y ver qué ideas o tradiciones pueden haber sido usadas luego por Apocalipsis: Isaías 6; Ezequiel 1; Daniel 7. Transcríbelas en cada caso.
Cita los textos de Apocalipsis donde adviertes estas tradiciones.
¿Qué signos apocalípticos encuentras en la actualidad? ¿En cuanto al lenguaje? ¿En cuanto a la cosmovisión? ¿En las artes? ¿En grupos marginales? ¿En grupos religiosos? ¿Cómo los consideras? ¿Por qué?

II) – Leer Ap 1,1-8 y 22,6-21 ¿Cómo llama el autor a su escrito? ¿Qué actitudes pide a los que lo lean o escuchen?
a) Ap 1,4-8
– Los primeros versículos (Ap 1,4-5) parecen el comienzo de una carta: ¿Quiénes son los destinatarios? ¿Qué saludo les dirige el autor? ¿Qué dicen sobre el autor Ap l, l-2 y Ap 1,9?
– Sin embargo, el centro de estos versículos parece un diálogo litúrgico, en el que un lector invita a la asamblea y ésta responde con la aclamación “Amén”. ¿En qué versículos aparece esta aclamación? – Observa el comienzo y el final. En ambos se repite una misma fórmula para nombrar a Dios: ¿Cómo se le describe? ¿Qué te sugiere esta forma de nombrarle? – ¿Cómo se describe a la comunidad cristiana en el versículo 6? ¿Ves alguna relación con lo que se dice de Jesús en el versículo 5?
b) – Ap 1,9-20
– Señala en el pasaje imágenes que te sugieran luz, vida, juicio, victoria. – ¿A quién se refiere Juan cuando presenta esta figura? – ¿Qué rasgos de la persona de Jesús resucitado se destacan con más fuerza en este pasaje? – ¿Cómo reacciona Juan ante la visión del Resucitado?
-¿Cómo podría ayudarte la lectura de pasajes como éste en los momentos difíciles? – Bajando a la realidad de cada día, ¿qué significa para ti poner en el centro de tu vida y de tu comunidad a Cristo resucitado?

III) – Leer Ap 2 y 3
a) Investigue y caracterice brevemente a cada ciudad donde se asentaban las iglesias.
b) ¿Cuál es el esquema de las cartas? ¿Qué elementos se repiten en todas ellas?
c) ¿Qué alabanza dirige el Espíritu a cada una de las comunidades? ¿Qué les reprocha? ¿Qué consejos les da? (Hacer un cuadro sinóptico: Iglesia, Alabanza, Reproche, Consejo)
d) Ap 3,14-22: ¿Cómo se presenta Cristo en esta carta? – ¿Qué opinión de sí mismos tienen los cristianos de Laodicea? – ¿Cómo los ve Cristo? ¿Qué les aconseja? ¿Por qué? – ¿Cuál es el reproche principal -el que más veces se repite- dirigido a la iglesia de Laodicea?
– ¿Qué te ha sugerido la lectura de esta carta?

IV) – Ap 4 y 5 ¿Qué personajes aparecen? Con la ayuda de las notas de la Biblia, trata de identificar algunos de ellos.
En cada capítulo:
¿Qué imágenes / símbolos utiliza?
¿Qué viene del A.T.? Hacer una lista
¿Qué imágenes aplica a Jesús? Hacer una lista
¿Cuál es la situación del pueblo que se percibe?
¿Hay alguna referencia a situaciones concretas de la historia? ¿Hay alguna referencia al poder del Imperio? ¿Cómo juzga al poder del Imperio?
¿Qué dice el texto sobre Dios?
¿Cuál era su mensaje para las comunidades?
Ap 5,1-14.
– ¿Cómo es el libro que sostiene el que está sentado en el trono? – ¿Qué te sugiere un libro escrito por dentro y por fuera y cerrado con siete sellos? – ¿Quién puede abrir el libro y revelar su contenido? – ¿A quién crees que puede representar el Cordero? ¿Por qué?
– ¿De qué manera la fe en Jesús resucitado nos da luz para ver las cosas de otra forma distinta a la visión que algunas veces nos dan los medios de comunicación? – ¿Ves signos de que Dios conduce la historia según sus planes de salvación? ¿Podrías señalar alguno? – ¿Seríamos capaces de entonar este himno porque vemos en Cristo al que descifra la historia?

V) – Ap 6,1-8,5
¿Cuántos sellos rompe el Cordero en esta sección? Resume brevemente lo que sucede al abrir cada uno de ellos.
Ap 6,1-8.
– ¿Qué ocurre cada vez que el Cordero abre uno de los cuatro primeros sellos? Observen que hay una serie de elementos que se repiten. ¿Sabrían identificarlos? – ¿Cómo están caracterizados cada uno de estos caballos y sus respectivos jinetes? ¿A quién simboliza cada uno de ellos? – ¿A cuál de estos caballos pertenece la victoria en esta singular batalla? – ¿A quién representa el caballo blanco? Confrontar con su antítesis: Ap 19,11-16 (Desarrollar brevemente la comparación)
– ¿Siguen cabalgando hoy los caballos del Apocalipsis? Con un poco de imaginación traten de representarlos: ¿Qué nombre les pondrían? ¿Con qué color los representarían? ¿Cómo describirían a los jinetes?

VI) – Ap 8,1-11,19.
¿Qué ocurre cuando suena cada una de las siete trompetas? Resúmelo brevemente.
Ap 8,6-13
– ¿Qué sucede cuando suena cada una de las cuatro primeras trompetas? – ¿En qué términos están descritas las catástrofes producidas? – ¿Quién sufre el efecto de cada una de ellas? – ¿Se trata de una destrucción total? ¿Por qué? – ¿Qué similitudes encuentran entre este pasaje y el relato de las plagas de Egipto? (leer, por ejemplo, Éx 7,17-21; 9,23-24; 10,21- 23) ¿Qué les sugieren estas coincidencias?
– ¿Creen que la destrucción ecológica es fruto de la injusticia? ¿De qué manera es contraria al plan de Dios sobre la humanidad? – ¿Cómo nos invita Dios a la conversión en un mundo marcado por la devastación del medio natural, la carrera de armamentos o la amenaza nuclear?

VII) Ap 10,1-11,14
¿Qué órdenes recibe Juan el vidente a lo largo de estos dos capítulos?
Ap 10,1-11
– ¿Qué apariencia tiene el ángel que aparece en este pasaje? ¿Te recuerda a algún otro personaje ya conocido del Apocalipsis? Para refrescar la memoria puedes leer Ap 1,7.16; 4,3; 14,14-16. – ¿En qué consiste el juramento solemne que realiza? – ¿Qué órdenes recibe el vidente de parte de la voz celeste? – ¿Qué ocurre cuando se come el libro que el ángel le ofrece? – ¿Qué tiene que ver todo esto con la misión de los profetas (lee Ez 2,8-3,3 y Jr 1,9-10)?
– ¿Cómo nos ayuda la lectura de la Biblia -y más en concreto del libro del Apocalipsis- a conocer el plan salvador de Dios y a identificarnos con él? – ¿Qué puede resultarnos más “dulce” y más “amargo” en la tarea de colaborar con Dios en su proyecto liberador?

VIII) Ap 11,15-13,18.
En esta sección se habla del dragón y de las dos bestias. ¿Cómo están caracterizados cada uno de estos tres personajes negativos? Señala tres rasgos de cada uno de ellos.
Ap 12,1-18
¿Qué personajes intervienen en este episodio? ¿Cómo está caracterizado cada uno de ellos? ¿A quiénes simbolizan? – ¿Qué pretende el dragón respecto a la mujer y a su hijo recién nacido? ¿Logra su objetivo? ¿Por qué? – ¿Cómo reacciona el dragón ante su derrota a manos de Miguel y sus ángeles? ¿Contra quiénes se enfrenta ahora? ¿Consigue su propósito? ¿Por qué?
Ap 13
¿Qué imágenes / símbolos utiliza?
¿Qué viene del A.T.? Hacer una lista.
¿Qué significan la sucesión de monstruos y sus acciones?
¿Cuál es la situación del pueblo que se percibe?
¿Cómo juzga al poder del Imperio?
¿Cuál era su mensaje para las comunidades?

Nota: El capítulo 12 está escrito desde el cielo. El tema central es la derrota de Satanás: no logra matar al Mesías, es arrojado del cielo a la tierra, los mártires cantan victoria, Satanás no logra destruir a la comunidad en la tierra. El capítulo 13, por el contrario, se desarrolla todo en la tierra, las Bestias son ahora las que triunfan y los cristianos los derrotados. El capítulo 12 expresa la fe y la visión teológica de la comunidad; el capítulo 13 expresa la realidad histórica tal cual sucede. Las dos Bestias del capítulo 13 actúan sobre la tierra: estamos en la historia real, visible, empírica. Es un capítulo realista y trágico, no obstante debe ser leído a la luz del capítulo 12, pues también en el capítulo 13 tenemos ya implícita la victoria de los santos. De igual forma, el capítulo 12, sin el 13, puede conducirnos a una visión ilusoria y frustrante de la realidad.

– ¿Cuál es su mensaje para nosotros hoy? ¿Cómo alienta la esperanza?

IX) Ap 14,1- 16,16 ¿Qué oye Juan en esta visión? ¿Quiénes son los que hablan? ¿Qué dicen? Hacer un cuadro sinóptico de tres columnas
Ap 15,1-4. – ¿Dónde se desarrolla esta escena? ¿Te recuerda algo este escenario? (Compáralo con Éx 14,15-31). – ¿Quiénes son los protagonistas de este relato? ¿Qué hacen? – ¿De qué habla el himno que cantan? ¿Podrías compararlo con Éx 15,1-21?
¿Es nuestra liturgia una celebración de la vida y del compromiso concreto de nuestro grupo o comunidad? ¿Nos anima en nuestro apostolado?

X) Ap 16,17-18,24
¿Qué nombres recibe Babilonia en esta sección?
¿Cuáles son las características de Roma (Babilonia)?
¿Qué acusaciones recibe de parte de Dios?
¿Quiénes colaboran y reproducen el sistema imperial en términos políticos, económicos, ideológicos, comerciales?
¿Cómo se describe la caída de esta gran ciudad? ¿Qué mensaje comunica Dios?
Ap 18,9-20
– ¿Quiénes son los que sufren más el efecto de la caída de Babilonia? ¿Por qué? ¿Cómo reaccionan?
– ¿Para quién es una buena noticia la destrucción de Babilonia? ¿Por qué? – ¿Quién es el gran protagonista de estos acontecimientos?
-¿Qué situaciones de deshumanización vemos en nuestra ciudad? ¿Cómo se coopera y cómo se pueden transformar estas situaciones? ¿Qué signos de esperanza nos fortalecen?

XI) Ap 19 y 20
¿Podrías señalar qué fuerzas del mal son vencidas y quién las vence?
Ap 19,1-10.
– ¿A quién se dirige este cántico? – En el cántico que se entona en el cielo, ¿por qué se alaba a Dios? ¿Y en el que se entona en la tierra? – ¿Qué palabra de jubilosa alabanza se repite cuatro veces? ¿Sabes lo que significa? – ¿Por qué domina en este pasaje la alegría? ¿En qué notas este tono de júbilo?
Ap 20. Describan la interpretación clásica de la iglesia católica respecto a los “mil años”. Luego revisen la interpretación que intenta ser fiel a la apocalíptica del AT y el NT. ¿Pueden hacer una síntesis en la que ambas interpretaciones se complementen? Redáctenla.
– ¿Estoy convencido de esto? – ¿Cómo podríamos comunicar a otros esta certeza? – ¿Qué tendría que cambiar en mi/nuestra vida para que fuera testimonio vivo y alegre de la victoria que esperamos?

XII) Ap 21-22 El libro de Ezequiel que tiene gran cantidad de visiones finaliza precisamente con una espléndida acerca de la ciudad de Dios. Comparar esta visión en Ezequiel 47-48 y Apocalipsis 21-22. Señala por lo menos siete imágenes con las que se describe el futuro que Dios nos ofrece.
a) Ap 21,1-8
– Señala las expresiones del pasaje que hablen de un futuro mejor como regalo de Dios. – Busca en el pasaje estas imágenes: las bodas, la nueva alianza, la nueva creación. Explica el significado de cada una de ellas.
– ¿Quién hace brotar ese mañana esperanzador? – ¿Qué imagen de Dios presenta esta visión?
b) Lee de nuevo Ap 21-22 y trata de elaborar dos listas: una con aquellos que habitarán en la ciudad y otra con los excluidos.
c) Ap 22,1-5.
– ¿Qué imágenes del texto nos recuerdan la primera creación y la promesa de los profetas? Puede ayudarte la lectura de Gn 2,4b-10 y de Ez 47,1-12. – ¿Con qué palabras se expresa la abundancia de vida? – ¿Qué se dice sobre la novedad en la vida del hombre? – ¿Qué crees que puede significar la imagen del nombre de Dios grabado en la frente?
– ¿Crees que los cristianos de hoy anhelamos un futuro mejor o nos hemos acomodado demasiado a la situación presente? – ¿Cómo afecta a nuestra vida la esperanza en el reino de Dios? Elaborar una visión de la ciudad de Dios hoy, aquí. ¿Cuáles son las pequeñas iniciativas que conocen para construir una ciudad nueva, sin violencias, con vida plena, lugar de encuentro con Dios y de comunión ecológica? ¿Qué rostro de Dios descubrimos en esta etapa de nuestro caminar?

 

Agradecimiento especial al Dr. Pablo Ferrer por su Curso de Apocalipsis en Esperanza, Santa Fe.

Bibliografía:
P. Grelot, El libro de Daniel (Cuadernos bíblicos, 79), Verbo Divino, 1993.
A. LaCocque, Daniel. Introducción y comentario, en “Comentario Bíblico Internacional”, Verbo Divino, 1999,
Carlos Mesters y equipo bíblico CRB. El sueño del Pueblo de Dios: Las comunidades y el movimiento apocalíptico. Verbo Divino, 2001
Pablo Richard. Apocalipsis, reconstrucción de la esperanza. Editorial DEI, 1994
Elizabeth Schüssler Fiorenza, Apocalipsis. Visión de un mundo justo. Verbo Divino, 2003
Ugo Vanni. Apocalipsis. Una asamblea litúrgica
interpreta la historia. Verbo Divino, 1998
Juan Stam. Apocalipsis: Comentario Bíblico Iberoamericano
Anathea Portier Young. Apocalipsis contra Imperio : Teologías de la resistencia en el judaísmo antiguo Verbo Divino, 2016

Prof. Beatriz Fernández