Viejos son los trapos

Contenidos del segmento de Espiritualidad del programa Viejos son los trapos, que se emite por Radio María Argentina, sábados 18,00 horas.

En Buenos Aires, FM 88.5   FM 104,5   AM 1150

VIEJOS SON LOS TRAPOS

A cargo de la prof. María Gloria Ladislao

La Prof. María Gloria Ladislao es catequista y teóloga, es laica y está casada. Se desempeña como profesora de Sagradas Escrituras en diversos centros de estudio, y es directora del Espacio Bíblico Palabras con miel que funciona en el Santuario Jesús Misericordioso de la ciudad de Buenos Aires.

 

Sábado 19 de noviembre de 2011

 

* La próxima semana comenzaremos el Adviento, preparación de la Navidad. ¿Dice algo la Biblia acerca de la participación de personas ancianas en torno al nacimiento de Jesús?

 

Los evangelios destacan de modo muy especial el rol de los adultos mayores en los momentos previos y posteriores al nacimiento de Jesús. En el Evangelio de Lucas, los relatos se abren con la presentación de Zacarías e Isabel, los futuros padres de Juan Bautista, que son ancianos (Lc 1,5-7). Y, una vez nacido Jesús, cuando es presentado en el Templo de Jerusalén, se destacan especialmente dos personas: el anciano Simeón y la profetisa Ana.

Para comprender el rol de Simeón y Ana también es importante “ubicarnos” mentalmente en el Templo. El Templo de Jerusalén era un gran recinto abierto, como si fuera una plaza, rodeado de un muro. Dentro de esa “plaza” había diferentes lugares: el atrio o “patio de las mujeres”, el “patio de Israel” donde se ubicaban los varones, y la zona del altar y el Santo de los Santos, reservados a los sacerdotes. Las mujeres, por lo tanto, no ingresaban al patio donde se hacían los sacrificios, y su participación en los rituales era muy limitada. Ana está en el “patio de las mujeres”. El Evangelio la describe así:

 

Había también allí una profetisa llamada Ana, hija de Fanuel, de la familia de Aser, mujer ya entrada en años, que, casada en su juventud, había vivido siete años con su marido.  Desde entonces había permanecido viuda, y tenía ochenta y cuatro años. No se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones.  Se presentó en ese mismo momento y se puso a dar gracias a Dios. Y hablaba acerca del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén. (Lc 2, 36-38)

 

* ¿Por qué el evangelio dice que Simeón y Ana profetizaron? ¿Qué significa asignar el carisma profético a personas ancianas?

 

En ambos, su carisma profético tiene que ver con el discernimiento. A veces pensamos que un profeta es algo similar a un adivino, pero no es eso. Desde los tiempos del Antiguo Israel, lo que caracterizaba a profetas y profetisas era su capacidad de leer la realidad y desde allí “ver” y “prever” la voluntad de Dios.

Simeón ve al niño Jesús y anuncia que El será luz no sólo para su pueblo, sino para todas las naciones.

Ana no se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones. La vida de esta mujer era pura oración y servicio a Dios. Durante todos esos largos años, el Espíritu había modelado su corazón. Y ella rezaba en el Templo, con lo cual, también tendría la experiencia de ver pasar por allí tanta gente, de haber visto llegar a muchos en las peregrinaciones, con sus ruegos y con sus agradecimientos. Ella había conocido israelitas creyentes que de todas partes concurrían a Jerusalén a adorar a Dios. Con la actitud contemplativa de quien sabe leer la realidad, ella conocía las expectativas y los anhelos de quienes iban para implorar la gracia de Dios.

 

* ¿Por qué aparecen estos ancianos justamente en el momento de Navidad? ¿Qué mensaje nos quiere dejar el evangelio con esto?

 

El nacimiento de Jesús, como todo nacimiento, es algo nuevo que empieza. El evangelio nos recuerda esa dinámica de comunicación y vida que hay entre lo nuevo y lo viejo, entre lo que nace y lo que declina. Es lo que nosotros llamamos la tradición:  la fe y la vivencia que va pasando de persona a persona, de generación en generación. La presencia de los viejos Simeón y Ana cuando el niño Jesús es apenas un bebé de cuarenta días nos habla de un plan de Dios que se va desarrollando en el tiempo, que se va transmitiendo, que se lanza hacia el futuro sin desligarse del pasado histórico. Por eso son necesarios los profetas y las profetisas: porque, como Simeón y Ana, ayudan a otros a descubrir el plan de Dios.

Este rol tienen hoy tantos adultos mayores que son profetas y profetisas en su familia  y en sus comunidades. Ellos son el nexo entre el pasado histórico y el momento presente con sus novedades y desafíos. Esos hombres y mujeres, que saben leer la realidad y aplicar su discernimiento, movidos por el Espíritu, hacen que todos podamos reconocer la obra de Dios.

 

Abuelitas para el niño Jesús: Ana

 

por María  Gloria Ladislao

 

El Templo de Jerusalén era un gran recinto abierto, como si fuera una plaza, rodeado de un muro. Dentro de esa “plaza” había diferentes lugares: el atrio o “patio de las mujeres”, el “patio de Israel” donde se ubicaban los varones, y la zona del altar y el Santo de los Santos, reservados a los sacerdotes. Las mujeres, por lo tanto, no ingresaban al patio donde se hacían los sacrificios, y su participación en los rituales era muy limitada.

 

Había también allí una profetisa llamada Ana, hija de Fanuel, de la familia de Aser, mujer ya entrada en años, que, casada en su juventud, había vivido siete años con su marido.  Desde entonces había permanecido viuda, y tenía ochenta y cuatro años. No se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones.  Se presentó en ese mismo momento y se puso a dar gracias a Dios. Y hablaba acerca del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén. (Lc 2, 36-38)

 

Ana es llamada profetisa, y es una mujer que está en el Templo. Con esto, nos evoca a varias mujeres del pueblo de Israel que tuvieron la distinción de profetisas: Miriam (Ex 15,20), Débora (Jc 4,4), y muy especialmente Juldá (2 Re 22,11-20), que profetizó acerca del Templo de Jerusalén y la forma en que los israelitas debían dar culto allí.

Ana hizo un opción de vida. Después de enviudar, no se volvió a casar y dedicó su vida a la oración. El texto no hace referencia a que fuera madre, y más bien deja entender que no tuvo hijos, ya que después de la muerte de su marido se dedicó por completo al Templo.

 

No se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones. La vida de esta mujer era pura oración y servicio a Dios. Durante todos esos largos años, el Espíritu había modelado su corazón. Y ella rezaba en el Templo, con lo cual, también tendría la experiencia de ver pasar por allí tanta gente, de haber visto llegar a muchos en las peregrinaciones, con sus ruegos y con sus agradecimientos. Ella había conocido israelitas creyentes que de todas partes concurrían a Jerusalén a adorar a Dios. Con la actitud contemplativa de quien sabe leer la realidad, ella conocía las expectativas y los anhelos de quienes iban para implorar la gracia de Dios.

 

La viejita charlatana

 

Ana es una mujer de oración. Cuando ve a María, a José y al Niño, el Espíritu le da el discernimiento para reconocer la identidad de ese bebé. Y ella ora, esta vez con una oración de alabanza, porque Dios realiza la salvación prometida.

Y Ana es también profetisa. ¿Qué es lo propio de los profetas? Hablar.

 

Y hablaba acerca del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.    En tantos años sirviendo en el Templo, Ana habrá escuchado problemas y angustias, ruegos y deseos, expectativas y anhelos. ¡Tanta gente esperando la ayuda de Dios! Ahora Ana puede hablarles de ese Dios que viene a salvar, porque para eso se ha encarnado.

A todos los que esperaban la redención de Jerusalén, la profetisa Ana les anuncia que su espera ha terminado. En brazos de María, en la fragilidad de un bebé que se parece a todos los bebés, el Dios de Israel nos dice que se acordó de sus promesas y viene a realizar la redención.

Para charlar en grupo

  • Compartimos nuestra experiencia sobre el santuario o lugar de peregrinación al que acudimos habitualmente.
  • ¿Cuáles son los sentimientos y anhelos que llevamos allí?
  • ¿Qué buena noticia tenemos para anunciar a tanta gente que peregrina a esos lugares?

 

* * * * * *

Sábado 12 de noviembre de 2011, Prof. María Gloria Ladislao 

* En las primeras comunidades cristianas ¿tenían las personas ancianas algún lugar en especial?

Tenían un lugar muy destacado, tanto varones como mujeres.

En el caso de los varones, los ancianos eran los llamados “presbíteros”; de hecho, en griego la palabra “presbítero” quiere decir simplemente “anciano”. Siguiendo una costumbre del pueblo de Israel, la comunidad reconocía la autoridad de un “conjunto de ancianos”; estos presbíteros tenían una dignidad especial, conferida por la imposición de manos.  Desempeñaban funciones de administración, de enseñanza y de gobierno; o sea que eran jefes de las pequeñas comunidades locales.

Este carta de San Pablo a Tito nos da una evidencia de la importancia de su función:

5 Te he dejado en Creta, para que terminaras de organizarlo todo y establecieras presbíteros en cada ciudad de acuerdo con mis instrucciones. 6Todos ellos deben ser irreprochables, no haberse casado sino una sola vez y tener hijos creyentes, a los que no se pueda acusar de mala conducta o rebeldía. 7 Porque el que preside la comunidad, en su calidad de administrador de Dios, tiene que ser irreprochable. No debe ser arrogante, ni colérico, ni bebedor, ni pendenciero, ni ávido de ganancias deshonestas, 8 sino hospitalario, amigo de hacer el bien, moderado, justo, piadoso, dueño de sí. 9 También debe estar firmemente adherido a la enseñanza cierta, la que está conforme a la norma de la fe, para ser capaz de exhortar en la sana doctrina y refutar a los que la contradicen.

  (Tito 1,5-6)

Otros textos: Hech 20,17; 1 Tim 5,17-22;

* Y con respecto a las mujeres ¿qué testimonios tenemos sobre su función?

Varias mujeres ancianas aparecen en los textos de las primeras comunidades, pero es digno de destacar sobre todo el papel de las viudas. Aquellas que cumplían con determinadas condiciones y asumían un compromiso estable con la comunidad, recibían de parte de ésta la asistencia necesaria para su vida. Pensemos que en aquellos tiempos no existían jubilaciones ni pensiones, y era muy difícil para una mujer sostenerse sola económicamente, de modo que una viuda que quedaba sin hijos o sin familia estaba muy desamparada. Por eso la comunidad cristiana reconocía el servicio y la entrega de estas mujeres, compensándolas también con la asistencia material. Así, se producía una muy rica “comunión de bienes”.

Honra y atiende a las viudas que realmente están necesitadas. Hay viudas que lo son realmente, porque se han quedado solas y tienen puesta su confianza en Dios, consagrando sus días y sus noches a la súplica y a la oración.  Para estar inscrita en el grupo de las viudas, una mujer debe tener por lo menos sesenta años y haberse casado una sola vez. Que sus buenas obras den testimonio de ella; tiene que haber educado a sus hijos, ejercitado la hospitalidad, haber lavado los pies a los hermanos, socorrido a los necesitados y practicado el bien en todas sus formas.

(Extractos de 1 Tim 5, 3-16)

Otras viudas: Tabitá Hech 9, 36-43

* ¿Cómo pueden estos textos iluminar hoy la participación de los adultos mayores en las comunidades?

Hoy, muchos ancianos enriquecen la comunidad con su sabiduría y su capacidad de organización. Y muchas viudas se dedican a la oración, que sostiene a toda la iglesia, y al servicio concreto. Oramos para que el Espíritu Santo suscite en las comunidades los caminos de diálogo, relación y comunión que permitan que cada persona pueda hacer su aporte en la vida comunitaria.

* * * * *

Viejos son los trapos

Prof. María Gloria Ladislao

Sábado 5 de noviembre de 2011

* ¿Qué dice la Biblia sobre las enseñanzas que nos pueden dar las personas ancianas?

La Biblia tiene todo un género o estilo literario, que aparece en muchos libros, dedicado a transmitir las enseñanzas de las personas ancianas. Ese género literario se llama “testamento”. En vez de ser un testamento donde se dejan los bienes materiales, indicando qué le toca a cada uno, es un texto donde se “transfieren” los bienes espirituales, la enseñanza y la sabiduría para las generaciones futuras. Hay “testamentos” de Jacob, de Moisés, de Josué, de Samuel y de David, entre otros.

* ¿ En qué consiste esa herencia espiritual?

Tomemos por ejemplo el caso de Tobit. Tobit está casado con Ana, tienen un único hijo, Tobías, soltero. Tobit, ya anciano, percibe que no le quedan muchos años de vida; su deseo es ver a su hijo casado y feliz. Entonces le dirige estas palabras:

1 Aquel día, Tobit se acordó del dinero que había dejado en depósito a Gabael, en Ragués de Media, 2 y pensó: “Ya que he pedido la muerte, haría bien en llamar a mi hijo Tobías para hablarle de ese dinero antes de morir”. 3 Entonces llamó a su hijo Tobías y, cuando este se presentó, le dijo:

3 “Entiérrame dignamente. Honra a tu madre, y no la abandones ningún día de su vida. Trata de complacerla y no la entristezcas. 4 Acuérdate, hijo mío, de todos los peligros a que estuvo expuesta por tu causa, mientras te llevaba en su seno. Y cuando muera, entiérrala junto a mí en la misma tumba.

5 Acuérdate del Señor todos los días de tu vida, hijo mío, y no peques deliberadamente ni quebrantes sus mandamientos. Realiza obras de justicia todos los días de tu vida y no sigas los caminos de la injusticia. 6 Porque si vives conforme a la verdad, te irá bien en todas tus obras 7 como a todos los que practican la justicia.

7 Da limosna de tus bienes y no lo hagas de mala gana. No apartes tu rostro del pobre y el Señor no apartará su rostro de ti. 8 Da limosna según la medida de tus posibilidades: si tienes poco, no temas dar de lo poco que tienes. 9 Así acumularás un buen tesoro para el día de la necesidad. 10 Porque la limosna libra de la muerte e impide caer en las tinieblas: 11 la limosna es, para todos los que la hacen, una ofrenda valiosa a los ojos del Altísimo.

12 Cuídate, hijo mío, de toda unión ilegítima y, sobre todo, elige una mujer del linaje de tus padres. No tomes por esposa a una extranjera, que no pertenezca a la tribu de tu padre, porque nosotros somos hijos de profetas. Acuérdate, hijo mío, de Noé, de Abraham, de Isaac y de Jacob, nuestros antiguos padres: ellos eligieron sus esposas entre las mujeres de sus parientes. Por eso fueron bendecidos en sus hijos y su descendencia poseerá la tierra en herencia. 13 Por lo tanto, hijo mío, prefiere a tus hermanos; no te muestres orgulloso con los hijos y las hijas de tu pueblo, rehusando tomar una esposa entre ellos. Porque el orgullo acarrea la ruina y un gran desorden, y la ociosidad lleva a la decadencia y a la miseria; ella es, en efecto, madre de la penuria.

14 No retengas hasta el día siguiente el salario de un trabajador; retribúyele inmediatamente y, si sirves a Dios, él te lo retribuirá. Hijo mío, vigila todas tus acciones y muéstrate siempre bien educado. 15 No hagas a nadie lo que no te agrada a ti. No bebas hasta embriagarte y que la embriaguez no te acompañe en el camino.

16 Comparte tu pan con los que tienen hambre y tus vestidos con los que están desnudos. Da limosna de todo lo que te sobra y no lo hagas de mala gana. 17 Ofrece tu pan sobre la tumba de los justos, pero no lo des a los pecadores.

18 Pide consejo a las personas sensatas y no desprecies un buen consejo. 19 En cualquier circunstancia bendice al Señor, tu Dios; pídele que dirija tus pasos y que todos tus caminos y todos tus proyectos lleguen a feliz término. Porque ningún pueblo posee la sabiduría, sino que es el Señor el que da todos los bienes: él humilla a quien quiere, hasta lo más profundo del Abismo. Hijo mío, acuérdate de estos preceptos, y que nunca se borren de tu corazón.

20 Y ahora, quiero hacerte saber que yo dejé en depósito a Gabael, hijo de Gabrí, en Ragués de Media, diez talentos de plata. 21 No te preocupes de que nos hayamos empobrecido. Tú tienes una riqueza muy grande si temes a Dios, si evitas cualquier pecado y si haces lo que agrada al Señor, tu Dios”.

(Libro de Tobías, capítulo 4)

Vemos que el centro de esta enseñanza es permanecer fiel a Dios, y vivir de acuerdo a su justicia. El anciano Tobit  habla desde su experiencia; él ha sido un hombre justo y sabe que Dios lo ha acompañado a lo largo de toda la vida. Esta felicidad quiere para su hijo; en este testamento resalta sobre todo la condición de la generosidad, de no ser injusto con el dinero y  no despreciar a los semejantes, sobre todo a los más próximos.

* ¿Dónde encontramos hoy esta sabiduría para la vida?

Muchos ancianos y ancianas, como Tobit, pueden escribir su “testamento”. ¡Yo los animo a que lo hagan! Seguramente tienen atesorada una rica experiencia que pueden transmitir a otros, experiencia que se puede condensar en algunas breves frases.

* * * * *

Viejos son los trapos  Sábado 29 de octubre de 2011

Espiritualidad Bíblica

 

* ¿Qué nos dice la Biblia acerca del rol de las personas ancianas en la historia de la salvación?

El protagonismo de las personas ancianas en la Biblia es muy destacado, desde los mismos inicios de la historia salvífica. El camino del pueblo de Israel, los antepasados de Jesús, comienza con el llamado de Dios a Abraham y Sara:

Yavé dijo a Abram:

Vete de tu tierra, y de tu patria, y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré. De ti haré una nación grande y te bendeciré. Engrandeceré tu nombre, y tú serás una bendición.

Bendeciré a quienes te bendigan y maldeciré a quienes te maldigan. Por ti se bendecirán todos los pueblos de la tierra.

Marchó, pues, Abram, como se lo había dicho Yavé, y con él marchó Lot. Tenía Abram setenta y cinco años cuando salió de Jarán. Tomó Abram a Saray, su mujer, y a Lot, hijo de su hermano, con toda la hacienda que habían logrado, y el personal que habían adquirido en Jarán,  y salieron para Canaán. (Gén 12,1-5)

El texto bíblico dice que Abraham tenía setenta y cinco años, así que era una persona mayor. Alguno podría pensar que a esa altura, la vida ya está terminada. Sin embargo, Dios quiso que ese fuera para Abraham y Sara el momento de empezar.

* ¿Qué efectos tuvo el llamado de Dios sobre la vida de Abraham y Sara?

Si nos fijamos en el texto, los verbos que más se repiten son verbos de movimiento: salir, marchar, caminar, encaminarse… De modo que el primer efecto de este llamado de Dios fue ponerlos en camino. Dejaron su lugar y se encaminaron hacia algo nuevo. ¡Todo un desafío y una prueba de dinamismo! Todo lo contrario a una actitud “aplastada” o resignada. Si Abram y Sara se hubieran quedado pegados en la nostalgia del pasado, nunca hubieran descubierto el tesoro que Dios todavía tenía para ellos. Porque  este camino era hacia algo bueno: Dios habla de la tierra, el pueblo, la descendencia… Es decir que en la promesa de Dios está encerrado lo que todos los seres humanos queremos: un lugar donde trabajar y vivir en paz, y donde poder desarrollar nuestra vida afectiva y nuestras relaciones.

* ¿Cómo podemos hoy vivir esa actitud de Abraham y Sara?

Hoy vemos también muchas personas que se dejan impulsar por el dinamismo de Dios, aunque tengan setenta y cinco años ¡o más! Dios todavía tiene algún regalo, alguna bendición nueva. El caminar de esos ancianos y ancianas, como el de Abraham y Sara, marca huellas para su descendencia.

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3 comentarios sobre “Viejos son los trapos

  1. Hola Gloria, soy beba de Gualeguaychú, me encantó este programa, estaba enferma, pero me he curado de Linfoma Folicular, estoy contratamiento de mantenimiento, siempre te escucho en Radio María, UN REGALO DE DIOS. Siempre rezo por Vos, Que Jesús y María te Bendigan abundantemente, en este tiempo de Gracia. Hasta siempre Hermana. beba rivollier

  2. me gusto mucho esta reflexión.En estos momentos pienso cuanta gente ancianos que conocemos tienen la experiencia de la vida de la vida en Dios y va trasmitiendo a sus hijos vecinos y conocidos. Lo presentas tan lindo.que el Señor te siga bendiciendo cariños Maria

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