Jesús y la piedad judía

Jesús y la piedad judía
– limosna, ayuno y oración –

sergeikoderEste material forma parte del Curso de Verano del Espacio Bíblico Palabras con miel

 

* La enseñanza de Jesús: Mt 6,1-4. 5-8. 16-18

* Según estos textos ¿cuál es la experiencia del Padre que tiene Jesús?

 

La invocación Abbá

La experiencia de Dios fue central y decisiva en la vida de Jesús. El profeta itinerante del reino, curador de enfermos y defensor de pobres, el poeta de la misericordia y maes­tro del amor, el creador de un movimiento nuevo al servicio del reino de Dios, no es un hombre disperso, atraído por diferentes intereses, sino una persona profundamente unifi­cada en torno a una experiencia nuclear: Dios, el Padre de todos. Es él quien inspira su mensaje, unifica su intensa actividad y polariza sus energías. Dios está en el centro de esta vida. El mensaje y la actuación de Jesús no se explican sin esa vivencia radical de Dios. Si se olvida, todo pierde su autenticidad y contenido más hondo: la figura de Jesús queda desvirtuada, su mensaje debilitado, su actuación privada del sentido que él le daba.

(…) ¿qué experiencia de Dios tiene Jesús? ¿Quién es Dios para él? ¿Cómo se sitúa ante su misterio? ¿Cómo le escucha y se confía a su bondad? ¿Cómo lo vive? No es fácil responder a estas preguntas. Jesús se muestra muy discreto sobre su vida interior. Sin embargo, habla y actúa de tal manera que sus palabras y sus gestos nos permiten vislumbrar de alguna manera su experiencia.

(…) Jesús vive desde la experiencia de un Dios Padre. Así lo capta en sus no­ches de oración y así lo vive a lo largo del día. Su Padre Dios cuida hasta de las criaturas más frágiles, hace salir su sol sobre buenos y malos, se da a conocer a los pequeños, defiende a sus pobres, cura a los enfermos, busca a los perdidos. Este Padre es el centro de su vida.

(…) A Jesús le gusta llamar a Dios “Padre”. Le brota de dentro, sobre todo cuando quiere subrayar su bondad y compasión.

(…) Pero, sin duda, lo más original es que, al dirigirse a Dios, lo invocaba con una expresión des­acostumbrada. Lo llamaba Abbá. Le vive a Dios como alguien tan cercano, bueno y entrañable que, al dialogar con él, le viene espontáneamente a los labios solo una palabra: Abbá, Padre mío querido

José Antonio Pagola en “Jesús. Aproximación histórica”, PPC y Editorial Claretiana, 2009

 

Cuestiones metodológicas: El criterio de discontinuidad

Llamado también de disimilitud, de originalidad o de irreductibilidad dual, se centra en palabras o hechos de Jesús que no pueden derivarse del judaísmo de su época ni de la Iglesia primitiva posterior a él. La labor histórico-crítica realizada en las dos últimas centurias ha proporcionado notables progresos a nuestro conocimiento del judaísmo y del cristianismo del siglo I. Poseemos documentos del siglo I que proceden directamente de tales ámbitos religiosos – Qumram, Josefo y Filón para el judaísmo, y la mayor parte del NT para el cristianismo –, por no hablar de importantes hallazgos arqueológicos.

Jesús fue un judío del siglo I cuyos hechos y dichos la Iglesia primitiva veneró y transmitió. Una completa ruptura con el ambiente religioso inmediatamente anterior o inmediatamente posterior a él es inverosímil a priori. De hecho, si Jesús hubiera sido tan “discontinuo” y único, si hubiera estado tan apartado del flujo de la historia anterior y posterior a él, habría resultado ininteligible para prácticamente todo el mundo. Para ser un maestro eficaz (y Jesús parece haberlo sido, en opinión de todos los expertos) hay que adaptarse a las concepciones y puntos de vista de aquellos a los que se enseña, incluso cuando la finalidad es cambiar esas concepciones y puntos de vista.

John Meier, Un judío marginal, Ed. Verbo Divino, Navarra, 2000, T.I, pg.187

 

La oración

 

Bendito seas, Señor,

nuestro Dios y Dios de nuestros padres,

Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob,

Dios grande, poderoso y terrible,

Dios altísimo, Señor del cielo y de la tierra,

nuestro escudo y escudo de nuestros padres,

nuestro recurso en todas las generaciones.

Bendito seas, Señor, escudo de Abraham. 

(de Las 18 bendiciones)

 

 

Algunas prácticas de oración personal y comunitaria en el judaísmo/judaísmos

  • En la sinagoga: salmos y otras oraciones: Kadish y Amidá
  • En el templo
  • La oración cotidiana: bendición y acción de gracias por los alimentos
    Shemá (Dt 4,6-9) tres veces al día
    Tephillah (oración) tres veces al día, con bendiciones

Para recitar la Shemá y otras oraciones los varones se colocan las filacterias, tephilim; cf. Mt 23,5.

 

Extracto del Kadish

Que su gran nombre sea exaltado y santificado en el mundo que él ha creado según su voluntad.

Que él traiga su reino para gobernar en nuestra vida y en nuestros días y en toda la casa de Israel rápido y enseguida. Y ustedes dirán: Amén.

Que tu oración sea escuchada y tu petición sea respondida con las peticiones de toda la casa de Israel ante nuestro Padre que está en los cielos.

Que los cielos traigan gran  paz, ayuda, liberación, libertad… para todas la comunidad de toda la casa de Israel para  vida y paz. Y ustedes dirán: Amén.

 

La oración personal de Jesús

 

Toda la vida de Jesús se realiza en un clima de oración. Su vida pública comienza con una oración en el bautismo (Lc 3,21) y un largo retiro de oración en soledad (Mt 4,1-11). Y termina también con una oración (Mt 27,46; Mc 15,34; Lc 23,46).

Jesús aparece orando en los momentos de decisiones históricas importantes, como al elegir a los doce (Lc 6,12-13), al enseñar el padrenuestro (Lc 11,1), antes de curar al niño epiléptico (Mc 9,29). Ora por personas concretas, por Pedro (Lc 22,32), por los niños (Mc 10,16), por los verdugos (Lc 23,34).

A veces se retiraba de su actividad pública para dedicar largos ratos para conversar con su Padre. Para ello se le ve irse a un huerto apartado o a un descampado. Allá pasa horas enteras (Mc 1,35; 6,46; 14,32). E incluso noches enteras (Lc 6,12) “El acostumbraba retirarse a lugares despoblados para orar”(Lc 5,16).

El contenido profundo de la oración de Jesús es muy simple: es mostrar la aceptación de la voluntad de Dios sobre el Reino y sobre su propia persona, y mostrar la alegría y el agradecimiento de que el Reino se extienda. Este contenido expresa la experiencia de sentido último de Jesús: que Dios se va haciendo presente en la historia a través del amor.

José Luis Caravias, El Dios de Jesús, https://jlcaravias.files.wordpress.com

 

¿Qué rezaba Jesús? Jesús alaba al Padre: Mt 11,25-27 // Lc 10,21-22

 

Jesús enseña a rezar: el Padre Nuestro  Mt 6, 9-13 //  Lc 11, 2b-4

 

La limosna

La limosna: Leemos Mt 6,1-4 en el contexto previo de Mt 5 (1-12. 17. 20)

Sentido de la palabra limosna

El hebreo no tiene una palabra especial para designar la limosna. Nuestra palabra deriva del griego eleemosyne. En la Septuaginta designa:1) La misericordia de Dios 2) La respuesta leal del hombre a Dios (poco) 3) La misericordia del hombre con sus semejantes, traducida en actos, entre los cuales resalta el apoyo material a los que padecen necesidades.

La palabra griega acabará por limitarse al sentido preciso de “limosna” en los libros tardíos del AT: Daniel, Tobías y Eclesiástico, y en el NT.

Nos nutrimos en el AT

Los tres códigos legislativos:

  • De la Alianza: Éx 20, 22 a 23,19, particularmente Ex 22,20 – 23,12
  • De Santidad: Lv 17-26, particularmente Lv 19,9-10
  • Deuteronómico: Dt 12,2 a 26,15, particularmente Dt 24,17-22

Tobías (225 – 175 aC) deuterocanónico: 1,3.8.16ª; 2,2; 4,5-11.16; 7,6; 9,6; 12,8-9; 14,2.8-11

En la literatura sapiencial: Job 31, 16-20.32; Eclo 3,30 a 4,10; 7,10; 29, 8-13; 35,4

Buscamos en la literatura rabínica

Targum Neofiti de Dt 34, 6 (Lo enterró [Yahvé] en el Valle, en el país de Moab, frente a Bet Peor. Nadie hasta hoy ha conocido su tumba): “Bendito sea el nombre del Señor del universo, que nos ha enseñado sus caminos justos. Nos ha enseñado a vestir a los que están desnudos, habiendo revestido él mismo a Adán y a Eva (Gn 3, 21); nos ha enseñado a unir a los novios y novias, habiendo unido a Eva con Adán (Gn 1, 27); nos ha enseñado a visitar a los enfermos, desde que se apareció en la llanura de Mambré a Abrahán (Gn 18, 1), que sufría aún por la herida de su circuncisión (Gn 17, 26-27); nos ha enseñado a consolar a los que guardan luto, desde que se apareció en cierta ocasión a Jacob, al volver de Padán, en el lugar donde había muerto su madre (Gn 35, 8-9); nos ha enseñado a alimentar a los pobres, por haber hecho descender el pan del cielo para los hijos de Israel (Sal 105, 40); nos ha enseñado a sepultar a los muertos desde la muerte de Moisés (Dt 34, 6)”

 

 

 

Jesús y la piedad judía – La limosna

Mateo 25, 31 ss:

La escena es grandiosa. El Hijo del hombre llega como rey con un cor­tejo grandioso, “acompañado de todos sus ángeles”, y se sienta en su “trono de gloria”. Ante él comparece la “asamblea de todas las nacio­nes”. Es el momento de la verdad. Allí están gentes de todas las razas y pueblos, de todas las culturas y religiones, generaciones de todos los tiempos. Todos los habitantes del orbe, Israel y los pueblos gentiles van a escuchar el veredicto final.

El rey comienza por separarlos en dos grupos, como hacían los pasto­res con su rebaño: las ovejas a un lado, para dejarlas al fresco durante la noche, pues así les va mejor; las cabras a otro lado, para cobijarlas en el interior, porque el frío de la noche no les hace bien. El rey y pastor de to­dos los pueblos tiene con cada grupo un diálogo esclarecedor. Al primer grupo le invita a acercarse: “Venid, benditos de mi Padre”: son hombres y mujeres que reciben la bendición de Dios para heredar el reino “prepa­rado para ellos desde la fundación del mundo”. Al segundo grupo le in­vita a apartarse: “Apartaos de mí, malditos”: son los que se quedan sin la bendición de Dios y sin el reino. (…) En realidad, no hay propiamente una sentencia judicial. Cada grupo se dirige hacia el lugar que ha escogido. Los que han orientado su vida hacia el amor y la misericordia terminan en el reino del amor y la misericordia de Dios. Los que han excluido de su vida a los necesitados se autoexcluyen del reino de Dios, donde solo hay acogida y amor.

El criterio para separar a los dos grupos es preciso y claro: unos han reaccionado con compasión ante los necesitados; los otros han vivido in­diferentes a su sufrimiento. El rey habla de seis situaciones de necesidades básicas y fundamentales. No son casos irreales, sino situaciones que to­dos conocen y que se dan en todos los pueblos de todos los tiempos. En todas partes hay hambrientos y sedientos; hay inmigrantes y desnudos; enfermos y encarcelados. No se dicen en el relato grandes palabras. No se habla de justicia y solidaridad, sino de comida, de ropa, de algo de beber, de un techo para resguardarse. No se habla tampoco de “amor”, sino de cosas tan concretas como “dar”, “acoger”, “visitar”, “acudir”. Lo deci­sivo no es un amor teórico, sino la compasión que ayuda al necesitado.

La sorpresa se produce cuando el rey asegura: “Cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis”. El primer grupo manifiesta su asombro: nunca han visto al rey en estas gentes ham­brientas, enfermas o encarceladas; ellos han pensado solo en su sufri­miento, en nada más. La extrañeza es compartida por el segundo grupo: ni se les había pasado por la cabeza que podían estar desatendiendo a su rey. Pero éste se reafirma en lo dicho: él está presente en el sufrimiento de estos “hermanos pequeños”. Lo que se les hace a ellos se le está haciendo a él.

Los que son declarados “benditos del Padre” no han actuado por mo­tivos religiosos, sino por compasión. No es su religión ni la adhesión ex­plícita a Jesús lo que los conduce al reino de Dios, sino su ayuda a los ne­cesitados. El camino que conduce a Dios no pasa necesariamente por la religión, el culto o la confesión de fe, sino por la compasión hacia los “hermanos pequeños”.

Jesús. Aproximación histórica. José Antonio Pagola

 

Jesús y la piedad judía – El ayuno

 

 

En el Antiguo Testamento

 

  • Ayuno de 40 días de Moisés Ex 34,28 y de Elías 1 Re 19,8.
  • Prescripción del ayuno para el Día del Perdón: Lv 16,29-31
  • Profetas post-exílicos: Joel 2,12-18 (1ra. lectura del Miércoles de Ceniza); Is 58,1-12
  • No se ayuna en días de fiesta: Jdt 9,5-6

 

Jesús y el ayuno

 

Marcos no menciona los 40 días de ayuno en el desierto Mc 1,12-13. Sí lo mencionan Mt 4,2 y Lc 4,2.

Durante el ministerio público: Mc 2,18-22 y //

Era una práctica habitual en Jesús y sus discípulos: Lc 7,33-35

 

 

EL REINO YA PRESENTE

No hay noticias sobre la manera y la periodicidad exactas con que practicaban el ayuno los discípulos de Juan Bautista en tiempos de Jesús. Cabe suponer que no seguían la dieta su­mamente restringida de su maestro (saltamontes y miel silvestre); pero, de la rigidez y austeri­dad del Bautista es razonable inferir una práctica del ayuno entre sus seguidores más fieles. (…) El ayuno seguramente significaba para los discípulos de Juan dolor y arrepentimiento por el pecado, junto con una intensa súplica a Dios para que los librase del terrible castigo anun­ciado para el último día.

(…) El mismo Jesús se refirió con ironía a la marcada diferencia entre el ascético Bau­tista  y el Jesús “glotón y borracho”, indicando que, cualquiera de ambos tipos de conducta que se adopte, siempre hay quien encuentra algo para criticar (Mt 11,16-19//Lc 7,33-35). Qui­zás su convivialidad con recaudadores de impuestos y pecadores (Mc 2,13-17; Mt 11,19; Lc 19,7; Lc 15,1) era todavía más censurable por no estar compensada con la práctica del ayuno voluntario en ciertas ocasiones. Todos estos aspectos de la conducta de Jesús son coherentes con su mensaje: El Reino de Dios no sólo se encontraba muy próximo, sino que en cierto sen­tido estaba ya presente en el ministerio de Jesús, ofreciendo curación y alegría a quienes lo aceptaban. El banquete escatológico de salvación, prometido para un próximo futuro a muchos de oriente y occidente (Mt 8,11), estaba de algún modo ya disponible para los que compartían la alegría de Jesús en las comidas.

John Meier, Un judío marginal, Ed. Verbo Divino. T II, pág. 531