Apuntes II – Antiguo Testamento

El Antiguo Testamento

MedialunaFertilLa realidad personal y social no puede comprenderse si no nos detenemos a reflexionar acerca de nuestra memoria, nuestra tierra, nuestras raíces.

Como hemos visto hasta ahora, la Biblia, con palabras y modos de expresión humanos, contiene aquello que Dios quiso revelar. Pero esa revelación ocurre en un tiempo y espacio concretos.

Afirmamos por tanto la existencia de una historia como medio ambiente de la revelación de Dios. No interesa entonces la historia sólo como historia, sino en cuanto portadora de una idea religiosa. La Biblia nos resalta una historia en la que Dios se revela como Salvador[1].

Adentrándonos en la memoria de Jesús de Nazaret

Leemos Lc. 4, 14 – 22

–         Marcamos todos los elementos que consideremos forman parte de las “raíces” religiosas y culturales de Jesús.

–         Miramos la caja de herramientas que conocimos en nuestro encuentro pasado. Trabajamos con la herramienta Nº 13.

Leyendo un rollo
Leyendo un rollo

En el siglo I de nuestra era, el desarrollo de un oficio sinagogal obedecía a unas normas establecidas que no nos detalla el evangelista, ya que prefiere simplificar las cosas para que centremos nuestra mirada en Jesús.

Después de las plegarias de introducción, se cantaba solemnemente un pasaje del Pentateuco (la Torá), interrumpiendo el canto de vez en cuando con la intervención de un traductor que daba una versión aramea de los versículos que se acababan de oír, ya que en Galilea no se comprendía el hebreo bíblico. Luego se proclamaba un extracto de los libros proféticos, escogido por sus relaciones con el pasaje de la Torá antes leído. Venía luego la homilía, que pronunciaba uno de los fieles presentes conocido por su ciencia de las Escrituras o su honorabilidad. Los Hechos de los Apóstoles describen dentro de este marco una intervención de Pablo en la sinagoga de Antioquía de Pisidia (Hech. 13, 16 – 42).

En la escena de Nazaret, el evangelio de Lucas no menciona la lectura de la Torá; se limita al texto profético sacado del libro de Isaías; Jesús es el lector. Inmediatamente se observa cierto clima de suspenso; no se sabe si “el hijo de José” (Cfr. 4, 32) ha sido designado para tener la homilía, pero está claro que la asamblea espera algo de él.

Cuando finalmente abre la boca, la frase tan corta que pronuncia dice mucho más que todos los discursos: anuncia la realización “hoy” de una esperanza que se remonta a varios siglos[2].

Nuestros pasos en la historia de Israel…

ü      Los patriarcas: promesa y diálogo.

ü      La experiencia del Éxodo.

ü      La tierra de la promesa. La Confederación.

ü      Los orígenes de la Monarquía: Saúl, David

ü      La centralización definitiva y la teología del Templo: Salomón.

ü      La división del Reino. Los dos Reinos.

ü      Invasión Asiria: destrucción de Samaría.

ü      Invasión Babilónica: destrucción de Jerusalén. Exilio y judaísmo.

ü      Invasión Persa: el post exilio.

ü      Invasión griega: la apocalíptica.

ü      Invasión romana: la plenitud de los tiempos

Algunos textos que nos irán acompañando.

  • Gn 12, 1 – 5: nos detenemos en las palabras tierra, descendencia, bendición.
  • Ex. 12, 1 – 14: relacionamos Éxodo – Pascua – Alianza.
  • Jue. 2, 11-19: “Llama la atención, en el libro de los Jueces, la repetición constante del mismo ciclo en cuatro frases: vuelta a Baal, castigo mediante la opresión de otro pueblo, conversión a Yahvé, liberación por medio de un Juez”[3].
  • Jue 4 – 5: “Benditas entre las mujeres”
  • 1 Sam 8, 10-22: nos detenemos en la repetición del verbo tomar.

“Alzo mis ojos a los montes:

¿de dónde me vendrá la ayuda?

Mi ayuda me viene de Yahvéh

que hizo el cielo y la tierra”

Sal. 121

LOS ORÍGENES DEL PUEBLO

Este material sobre orígenes y Exodo ha sido preparado por la docente Lic. María Silvia Olivera

Bibliografía: El pueblo de la Biblia, Marta Boiocchi, Ed. Claretiana

Éxodo

El Éxodo y la figura de Moisés pertenecen al patrimonio cultural de la humanidad y han dado origen a una tradición que renace continuamente y se manifiesta en el ansia de libertad y en la esperanza de todos los pueblos.

–         El libro del Éxodo, en el AT, ocupa, proporcionalmente, el mismo lugar que el Evangelio en el NT. Y contiene una “buena nueva” (Ex 3,13.16)

–         Registra el nacimiento de la fe fundada sobre las intervenciones de Dios (Ex 14,30-31)

–         Dios reúne a los creyentes y hace con ellos la Alianza (Ex 19,4-6)

–         Es el fundamento de la vida de Israel, ha sido siempre proclamado en Israel (Sal 114,6-7)

–         El Éxodo es un encuentro con Dios (confrontar Jer 2,2) Israel ha encontrado un Dios que interviene en la historia y durante el Éxodo ha aprendido a conocer el “carácter de su Dios” (Ex 6,1)

¿Con qué nos encontramos en el libro del Éxodo?

Con una gran experiencia humana y teológica, quizá exagerada o idealizada. Dejando de lado el romanticismo que esto puede producir, digamos que  leeremos la historia de la liberación de un pueblo pecador y cobarde que desconfía de Dios y murmura de él. Veremos la historia de Moisés, un libertador a quien le costaba ver la liberación como una tarea dura y continua. Veremos la historia del Dios libertador que libera a pesar de miedos y resistencias, pero que no se limita a salvar militarmente, sino que otorga a su pueblo una constitución y lo pone a prueba durante los años del desierto. esclavos

Para comprender el valor permanente de la experiencia del Éxodo hay que partir de la palabra fundamental: éxodo, salida. En este libro se usa 94 veces: 62 en la forma simple de “salir” y 32 en la forma causativa de “hacer salir”.

En el Éxodo tiene una dimensión política que es fundamental en el Éxodo de Israel: salir para conseguir la libertad como pueblo.

El Éxodo es un proceso. En ese proceso surge el pueblo de Dios. Comprender el origen del pueblo de Dios, también llamado pueblo de Israel es una clave de lectura muy importante para toda la Biblia.

Esos acontecimientos sucedieron entre los años 1250 y 1200 a.C.. Los  textos que narran ese proceso se comenzaron a escribir alrededor del 950 a.C hasta el 350 a.C.

  1. 1.      Situación y contexto del surgimiento de Israel

Israel surge en un territorio que ya estaba poblado desde hacía mucho tiempo: Canaán. Los egipcios lo dominaban desde el 2100 a.C.. Las ciudades cananeas pagaban tributos en productos como ganado y cereales. También pagaban con trabajos forzados a los faraones de Egipto. A cambio de esto, el ejército egipcio protegía las ciudades de Canaán de los enemigos externos.

Alrededor del 1300 a.C. el dominio egipcio sobre Canán comenzó a debilitarse. En esa época las ciudades tenían sus reyes. Surgen bandas de campesinos sublevados contra la opresión de los reyes cananeos. Son los hapirus, o de acuerdo al texto bíblico, hebreos (Génesis 14,13; 1Sam 14,21)

Esos campesinos sublevados, debido a los altos impuestos que debían pagar a los reyes y al faraón, tenían deudas y como no podían pagarlas huyeron a las montañas, allí se organizaban en bandas armadas contra los reyes cananeos (Gn 14).

Para esos campesinos las ciudades representaban la opresión. En ese tiempo no eran muy grandes. Cercada por muros, una ciudad protegía el palacio del rey y su corte, el cuartel del ejército, el templo y las casas de sacerdotes y funcionarios. Para mantener a toda esa gente la ciudad necesitaba del tributo pagado por los campesinos. Un medio muy importante para recaudar era la religión. El templo atraía muchos peregrinos que traían sus ofrendas a los dioses de la ciudad. Cada ciudad, según la religión de la época pertenecía a una divinidad que generalmente era el dios cananeo Hadad. Como era el dueño de la ciudad era más conocido como Baal, que significa “dueño o propietario”k;  también era el dios de la lluvia y de la fertilidad de la tierra. Los campesinos venían a pedirle lluvia para tener cosechas abundantes y a cambio dejaban sus ofrendas. Esos productos quedaban almacenados en el templo y los sacerdotes los comercializaban. De esa forma los templos funcionaban también como mercados y como bancos.

  1. 2.      Los grupos que formaban el pueblo

Hay por lo menos tres grandes grupos:

a)      Los hebreos o campesinos sublevados: grupos de endeudados y marginados que huyeron a las montañas y crearon bandas armadas. En esa época ya había familias campesinas viviendo en las montañas y también algunos santuarios rurales. La gente que huyó a las montañas abandonó la religión de las ciudades y adoptaron una nueva forma religiosa. Pasaron a llamarse Israel, que significa “el Señor luchará por nosotros”. Estos campesinos son la base del pueblo de la Biblia. Textos: Gn 4,1-17; 13; 14, 18; 26; Jueces 3,12-30

b)     Los pastores seminómades: el libro del Deuteronomio identifica al pueblo con un grupo de100_3563 “arameos errantes” (Dt 26,6). Eran familias de pastores que vagaban por las regiones llanas entre los desiertos y las tierras agrícolas. En este ambiente encontramos las historias de Abraham, Agar y Sara; de Isaac y Rebeca; de Jacob, Lía y Raquel. Deambulaban de una a otra pastura, cambiando según la estación del año. Criaban ovejas y cabras y se movían según las necesidades de agua y pasturas para los rebaños (Gn 13,5-11). Para huir de la sequía y del hambre, Jacob viaja a Egipto llevando familia y rebaño (Gn 43)

Esos pastores seminómades vivían en familias patriarcales, organizadas en torno a sí mismas. No debían nada a nadie. El jefe de la familia era al mismo tiempo líder, juez, sacerdote, y presidía las celebraciones  (Gn 17,23); también las mujeres podían asumir este cargo (Gn 31,19)

Cada familia tenía una única divinidad, un dios peregrino que viajaba con ellos (Gn 46,1-4). Con el tiempo este grupo se fue haciendo sedentario en las montañas.

c)      Los esclavos fugitivos de Egipto: la experiencia fundante de Israel es el Éxodo: la fuga de un grupo de esclavos oprimidos por el faraón. Ese grupo, liderado por Moisés, llegó a Canaán y se mezcló con los grupos que ya estaban allí. Con una fuerte influencia del grupo de los levitas (Ex 2,1; 4, 14), traen consigo las leyes y los mandamientos, y la fe en un Dios liberador, presente en las luchas y en la marcha del grupo (Ex 6,26-27).

A lo largo de la opresión egipcia en Canaán muchos cananeos fueron llevados a Egipto como esclavos. Los hombres eran destinados al trabajo en las construcciones del faraón. Las mujeres trabajaban como esclavas en las casas y en el palacio. Entre esos esclavos había muchos hapirus. La fuga de esos esclavos y la liberación con el liderazgo de Moisés debe haber sido alrededor del 1250 a.C.

En esa época el faraón Ramsés II construía ciudades para almacenar cereales. Los obreros de esas construcciones huyeron con Moisés. Consiguieron evitar a las patrullas egipcias. Los carros del faraón nada pudieron hacer (Ex 15,20-21).

Este hecho hizo que el grupo de esclavos fugitivos creciera en importancia ante los otros grupos. El “éxodo” de este grupo, con la presencia del Dios Liberador, se volvió un ejemplo y una victoria para todos. Este “éxodo” particular terminó convirtiéndose en el Éxodo de todo el pueblo de Dios. Y el Dios Liberador pasó a ser venerado como divinidad de los otros grupos.

La resistencia de este grupo de esclavos se inicia en las casas, en el trabajo de las mujeres, especialmente de las parteras (Ex 1,15-20), que enfrentaron las leyes del faraón que mandaban matar a los hijos de los hebreos. La madre de Moisés, al esconder a su hijo durante unos meses y después ponerlo vivo en el río (Ex 2,2-3) simboliza la resistencia promovida por las mujeres.

¿Cuántos esclavos huyeron? Nunca lo sabremos. Ex 12,37 habla de seiscientos mil hombres a pie, sin contar sus familias. Es un número exagerado y simbólico: el pueblo todo participó del mismo “éxodo”

Tenemos que pensar en un pequeño grupo que consiguió deslizarse por las fortificaciones egipcias. Es probable que el grupo haya aumentado a lo largo de la peregrinación, que otros se hayan sumado en el camino.

¿Cuánto tiempo peregrinaron? Tampoco lo sabremos. La Biblia habla de 40 años. También dice que Moisés murió sin haber llegado a la tierra prometida.

Lo importante es que este grupo trajo la fe en el Dios Liberador. Esa victoria de Yavé es celebrada en uno de los cánticos más antiguos de la Biblia, cantado por Miriam, la hermana de Moisés (Ex 15,21).

3) El Dios que une todos los grupos

La diversidad de grupos e historias no impidió que de este proceso surgiese un único pueblo.

¿Qué hizo posible esa unión? Ex 3 nos ofrece una pista. Encontramos la revelación de Dios a Moisés. Cuando Moisés pregunta en nombre de quién debe ir al encuentro del pueblo en Egipto, le contesta: “YO estoy contigo… diles que YO ESTOY me envió a ustedes”. Este nombre de Dios traduce una experiencia fundamental. Los diferentes grupos que hicieron la experiencia de éxodo habían sentido de cerca la presencia liberadora de Dios. Todos expresaron esa experiencia  con la misma palabra YAVE, que significa “ciertamente estoy”. De esta forma, la unidad de los diferentes grupos estaba dada en nombre de Yavé.

El Dios revelado en el Éxodo es un Dios diferente:

–         Es un Dios que escucha el grito, muchas veces silencioso, del pueblo oprimido.

–         Un Dios que baja al encuentro del ser humano que grita.

–         Un Dios que libera porque escucha los clamores.

La novedad no está en el dolor que hace gritar, sino en la certeza de que Dios oye el clamor y baja a liberar.

El nombre de Dios es el gran protagonista de todas las historias de vida y de libertad. Es fuerza liberadora. En el Éxodo Dios es encuentro, se deja encontrar. Se lo encuentra siempre a través de la esperanza y el contacto con el pueblo doliente. Moisés no va en busca de Dios, es Dios quien irrumpe en la vida de Moisés.

Prestemos atención a los verbos que Dios usa para presentarse a Moisés, al Faraón, al pueblo:

–         Oír

–         Acordarse

–         Quitar el yugo

–         Adoptar (al pueblo como hijo)

–         Liberar de la servidumbre

–         Conducir y hacer justicia (Cfr. Ex 6.5-6)

Podemos decir que el Éxodo no es solo un hecho acontecido en un pasado remoto. Es también un proceso permanente en la historia del Pueblo de Dios. En sus diversas etapas, el éxodo como acontecimiento fundante es retomado continuamente:

–         En la época del exilio de Babilonia: Is 40,1-11

–         Jesús entiende su vida, su misión y su mensaje a partir  del Éxodo: Mc 6,30-44

–         Las comunidades que fueron surgiendo después de la resurrección de Jesús tenían como centro de sus vidas la experiencia del éxodo: Hech 2,42-47

 

Contenido de Éxodo 12

En el cap. 11 se anuncia el mayor de los castigos, la muerte de los primogénitos, que dará paso a la victoria final (12,29-42). Antes, encontramos en 12,1-28 una serie de instrucciones sobre la Pascua y la Fiesta de los Ázimos, a las que siguen más normas en 12,43-51.

La celebración de estas fiestas pretende inculcar en el pueblo que la salida de Egipto no es un acontecimiento pasado.

Pascua

Israel celebraba la liberación como una gran fiesta: la Pascua, la gran fiesta judía. Es la celebración conmemorativa de la salida de Egipto. Celebración de acción de gracias al Dios de la Alianza por la liberación de la esclavitud de Egipto.

La Pascua en su origen preísraelita, era una fiesta típica de los pastores  que se reunían a principios de la primavera para iniciar la vuelta al hogar desde los pastos de otoño-invierno. Celebraban una reunión festivo-familiar en la que se sacrificaba un cordero, cuya sangre actuaba como exorcismo contra los peligros del camino. En cuanto a la fiesta de los ácimos (o panes sin levadura) pertenecía al mundo agrícola; se celebraba al comienzo de la siega de la cebada y duraba siete días (Dt 16,9) en los que el primero y el último eran de descanso. Se hacía la ofrenda de las primeras gavillas a la divinidad y se comía un pan nuevo hecho con grano recién segado y sin la vieja levadura, símbolo del pasado. Era una fiesta de renovación-resurrección.

El autor del Éxodo transforma los antiguos ritos en símbolos del nuevo acontecimiento salvador. Lo mismo hace con los fenómenos naturales frecuentes en Egipto (Nilo rojo, ranas, tinieblas), en Palestina (granizo), en ambos territorios (langostas) o en el desierto (codornices y maná)

De esta forma, Pascua, Ácimos y los milagros servían para poner en evidencia la presencia salvífica de Dios en la historia de su pueblo.

La Pascua se articula en tres momentos:

–         Ritual de la fiesta (12,1-14)

–         Celebración (12,21-28)

–         Participantes (12,43-51)

Ritual de la fiesta. Instrucciones sobre la Pascua  (12,1-14)

Preparativos que se deben realizar a partir del día 10

Fecha: día 10 del mes de Abib, que posteriormente se llamó Nisán; es el primer mes del año, cuando éste comienza en primavera. Corresponde a marzo-abril.

Participantes. La familia. Si es pequeña, se puede ampliar con los vecinos más próximos.

Materia del sacrificio: cordero  o cabrito, macho sin defecto de un año de edad.

Ritual de la noche 14

Se inmola el animal, se untan los postes y el dintel de la puerta con la sangre y se lo asa entero al fuego (sin excluir nada).

Es fundamental el vestido de los comensales: ceñidas las cinturas, calzados de sandalias y con el bastón en la mano.

La comida se acompaña con panes sin fermentar y hierbas amargas y hay que hacerlo de prisa. Si sobra algo, hay que quemarlo.

Sentido de la fiesta

Es un poco extraño. Si es una comida, ¿por qué no hacerla tranquilamente? ¿Por qué no puede sobrar nada para el día siguiente? ¿Qué significa el rito de untar las puertas con la sangre?. El texto intenta responder de algún modo: No es una noche cualquiera, sino una noche trágica, el momento en que Yavé pasará para matar a los primogénitos y hacer justicia de los dioses egipcios. La sangre servirá de señal para no dañar a los israelitas.

12,15-20: Instrucciones sobre los Ácimos

Esta fiesta dura siete días, desde el 14 hasta el 21 del Abib. En el primer día se tira de las casas todo fermento. Son días de descanso en los que sólo se permite preparar lo necesario para comer. En los días primero y séptimo se celebran asambleas sagradas..

Como argumento para celebrar esta semana de fiesta se aduce que “en ese mismo día saqué sus ejércitos de Egipto” (v.18). Esto no explica mucho el ritual, pero deja entrever la relación entre la vida nueva de los israelitas, ya libres, y la desaparición de todo lo antiguo (la levadura)

Celebración. Discurso de Moisés 12,21-28.

Cuando Moisés debe transmitir al pueblo la forma de celebrar la Pascua, faltan los elementos esenciales sobre el modo de comer el animal. Todo se centra en el rito de la sangre y en la obligación de celebrar la fiesta como “decreto perpetuo” para recordar la liberación de Egipto.

El discurso ofrece algunos datos nuevos: la sangre se unta con ramos de hisopo, para que el “exterminador” no entre en la casa. Nadie debe salir de ella antes del amanecer del día siguiente. Al faltar las normas sobre la comida, el pasaje acentúa el tono amenazador de la noche.

       ParticipantesNuevo discurso a Moisés y Aarón  (12,43-51)

Es un pasaje de claro corte legal, centrado en saber quiénes pueden comer la Pascua: extranjeros: ninguno; los esclavos si están circuncidados, los que estén de paso y los asalariados, no; los emigrantes si están circuncidados.

–         ¿Qué relación existe entre la Pascua y los Ácimos?

–         ¿Comenzó la Pascua en Egipto, o es una fiesta anterior?

–         ¿Cómo fue evolucionando?

Podemos distinguir las siguientes etapas:

–         En los momentos iniciales, cuando los antepasados de Israel eran pastores la fiesta se celebraría de forma parecida a lo descripto.

–         Quizá en tiempo de los Jueces, se celebrase en alguno de los grandes santuarios, aunque no hay datos que lo confirmen.

–         Parece que hubo un tiempo en que la fiesta de la pascua perdió importancia, mientras que la de los Ázimos seguía celebrándose. Así se explica que en Ex 23 y 34 sólo mencionen la segunda. Si aceptamos que ambas fiestas son de origen distinto (la pascua de pastores, la de los ácimos de agricultores) se comprendería el olvido de la primera en un momento en que la economía de Israel pasa a ser básicamente agraria.

–         En tiempos del rey Josías (640-609), hacia el año 622, se renueva la fiesta de la Pascua, con la nueva característica de que ya no se celebra en cada casa, sino en el lugar que dios ha elegido, Jerusalén. También es interesante advertir que no se mencionan los Ázimos (ver 2 Re 23,21-23).

–         Después del destierro, cuando los israelitas están dispersos y resulta difícil llegar a tiempo a Jerusalén, surge una norma nueva: los que lleguen con retraso la celebrarán el día 14 del segundo mes. La misma conducta seguirán los que en el mes primero estuviesen impuros para celebrarla (Núm 9,1-149).

Algo esencial: en esa noche ocurre algo tremendo. Aunque supone castigo para los egipcios y salvación para los israelitas, el terror lo domina todo. Y esa noche abre paso a una nueva forma de vida simbolizada en la semana de los Ázimos.

Bibliografía:

“Camino y memoria del pueblo de la Biblia”, Ed. Centro Bíblico Ecuménico, Bs.As.

“El Pentateuco”, J.L. Sicre, Ed. San Benito, Bs.As.

“Los traje hasta mí – libros históricos”,  Ed. Claretiana, Bs.As.

Tribus y Jueces

Cuando terminan los ecos del canto de victoria y de agradecimiento por la libertad lograda, llega la exigencia del camino. Ahora los liberados tienen que inventar su propia marcha en solidaridad compartida y coraje. Ya no se trata de resistir al opresor egipcio. Hay que sostener la libertad aprendiendo a caminar en una forma nueva en el desierto. Es difícil. Parecía más sencillo vivir siendo cautivos, que ser responsables de la libertad que Dios ofrece. Liberación y acceso a la libertad no son términos exactamente equivalentes. Para el pueblo de Israel, el paso del mar Rojo es el hito que señala el final del país de la servidumbre, no todavía no es la frontera de la tierra prometida. En el medio está el ancho desierto de privaciones, incertidumbres en el camino que conduce a la libertad.

Muy pronto los cánticos de alegría de los festejan la libertad se van apagando y dejando lugar a las protestas y a la murmuraciones (Ex 14,11-12)

A medida que van pasando los días y Egipto queda  atrás comienzan las dificultades: añorarán la vida en Egipto (Ex 16,3). Sentirán una y otra vez la tentación de dar marcha atrás y renunciar a la libertad. Moisés intercede una y otra vez por el pueblo ante Dios y dios se mostrará benévolo con prodigios y señales.

Estos capítulos enlazan la salida de Egipto con la larga estancia del pueblo en el Sinaí. Su intencionalidad, lo mismo que la primera parte del Éxodo, es catequética. A la pregunta: “¿Está Dios con nosotros?” (17,7) responden estos relatos mostrando la Providencia del Señor, que se manifiesta no solo como el que salva, sino también como el que acompaña a su pueblo y lo prepara para establecer un pacto en el Sinaí.

La historia de las alianzas en el AT tan ricas y complejas, acabó abarcando todos los aspectos de la relación de Dios con el hombre. La preferencia por el formulario de alianza entre desiguales, que en la historia pasada aparece como gracia del soberano, que a través de la fidelidad al mandamiento, puede prolongarse en historia de bendición futura, sirvió para colocar la religiosidad israelita en el ámbito de la historia y de una historia de gracia. Surge así una íntima conexión entre la historia y el mandamiento y entre la historia y el rito. Los mandamientos ya no son considerados como ordenamiento jurídico sino como realidad de gracia, como una enseñanza capaz de mantenerse en una historia salvífica futura y que sea capaz de prolongar la historia pasada de Israel y de la creación que se celebran en el culto.

El rasgo fundamental de la relación de Alianza es la fidelidad histórica: es un vínculo al que uno se compromete con todo su ser de contrayente. Dios se compromete a  respaldar a su pueblo.

La Alianza crea un vínculo indestructible: es un pacto de amor que al estar rubricado por dios soberano, se ubica por encima de la inestabilidad e infidelidad humanas. La alianza bíblica deja siempre espacio para la bendición.

El pueblo se compromete a cumplir todo lo que Dios manda, no está claro que sepa a qué se compromete, pero el acercarse a Dios supone un cambio radical de la vida cotidiana.

v     Ocupación de la tierra.

  • Texto anterior importante:
    • Dt 31, 1-8 Últimas instrucciones de Moisés. Sucesión a Josué.
    • Dt 34, 1-12 Muerte y sepultura de Moisés.
  • Tierra de Canaán: El país de Canaán alude en general a la Palestina de hoy.

A lo largo del mediterráneo se extiende una llanura costera, cortada por el monte Carmelo. La región central está constituida por algunas mesetas (Galilea) y colinas (Samaría y Judea). Finalmente al oeste se extiende el valle del Jordán.

Fue aquí, en este país donde en el siglo XII a. C. se instalaron unas tribus que, hacia el año 1000, se convirtieron en el reino de David – Salomón. El país estaba ocupado por diversos clanes.

Ocupación de la tierra de Canaán

La Biblia hace referencia a que los israelitas permanecieron en el desierto de Sinaí por un periodo de 40 años, después de los cuales ingresaron en la tierra de Canaán. El libro de Josué narra esa entrada de una manera triunfalista: en muy poco tiempo dominan todo del territorio, ocupan todas sus ciudades y acaban con todos sus habitantes.

Esta visión es diferente a la que nos describe el libro de los Jueces, acá se describe una entrada lenta y llena de dificultades. Las ciudades no son conquistadas y son más bien los israelitas los que padecen la opresión de los habitantes del país.

Entonces, estos dos libros no pueden ser leídos como si fueran documentos históricos. En ellos hay muchos datos históricos valiosos, pero la intención de los autores, ha sido otra. Por lo pronto hay que decir que las investigaciones arqueológicas no concuerdan con el libro de Josué porque no hay datos de destrucción total de las ciudades en los tiempos en que Israel habría ingresado a la tierra de Canaán. Se puede pensar que el libro de los Jueces se ajusta más a los hechos históricos.

De los primeros tiempos de los israelitas en Canaán, en el período de la sedentarización, el libro de los Jueces recoge varias tradiciones pertenecientes a las diferentes tribus. Unas tienen más valor histórico que otras, algunas son sólo folclóricas (Sansón: Juec 13-16) en todas ellas actúan ciertos personajes llamados jueces que son líderes carismáticos que surgieron en las tribus en tiempos de angustia y llevaron a cabo actos de liberación.

Haciendo historia…

I. Historia (1200-1050 a.C.)

1.1 Panorama internacional

Ya anteriormente se produjo la invasión de los pueblos del mar, hecho que cambio totalmente la situación del Medio Oriente, ocasionando la caída del imperio hitita y el debilitamiento de Egipto. Un grupo de estos invasores, los filisteos, se ubicaron en la costa al sur de Canaán y fundaron la Pentápolis filistea, constituyendo un gran peligro para Egipto.

1.2 La estructura sociopolítica de Canaán

Para poder hablar de la ocupación de Canaán es necesario ver la estructura sociopolítica de los cananeos. La tierra de Canaán estaba fraccionada en muchos reinos pequeños ubicados casi todos en la llanura. La mayoría constaba simplemente de una ciudad, la cual controlaba las aldeas vecinas.

La estructura social era la asiática: rey, nobles, ejercito, sacerdotes, administradores y el pueblo campesino de las aldeas. El aparato estatal vivía de los tributos que cobraba al pueblo, los campesinos, y del peaje que pagaban los mercaderes que transitaban por las rutas caravaneras de su territorio.

El tipo de sociedad en Medio Oriente era piramidal. En la cumbre del vértice estaba el rey, dueño de todas las tierras, de todos los animales y de todas las personas del país. Ejercía el dominio efectivo de su propiedad mediante el cobro de tributos: una quinta parte de las cosechas y periodos de trabajo en los proyectos de construcciones reales.

Para ejercer esta soberanía el rey disponía de un conjunto de servidores que cumplían su voluntad:

–    un ejército fuerte para defender el estado;

–    un aparato administrativo para cobrar y distribuir los tributos;

–   un sistema religioso-sacerdotal para justificar su poder absoluto, con sacerdotes y templos que celebraban y apoyaban la estructura.

Abajo de toda esta organización estaba el pueblo. En general la población era campesina. Vivía en pequeñas aldeas. Pero constituía la base de toda la sociedad: era la fuerza productiva y trabajadora. Cada aldea era casi autónoma, pues producía lo necesario para vivir en cuanto a animales y cosecha. Había poca relación con las otras; culturalmente expresaban su unidad atribuyéndola a un linaje común. El gobierno de la aldea lo ejercían los jefes de familia mediante un consejo de ancianos. Lo normal era que las tierras fuesen propiedad común de la aldea, y los an­cianos las asignaban a cada familia, según sus necesidades y capacidad, para trabajarlas. El pueblo mediante el aparato tributario real era explotado.

Con el debilitamiento de Egipto, por la invasión de los pueblos del mar, estos reyes, que estaban protegidos por Egipto a quien pagaban fuertes tributos para que mantuviese un orden en la región, se sintieron totalmente desprotegidos. Esta coyuntura histórica fue la que permitió la formación de Israel y la ocupación de la tierra de Canaán.

ü      Un poco de historia: como Asiria y Egipto están en decadencia, a los israelitas se les hace posible entrar en Canaán. Aparte ayuda que los que ocupaban esa región eran pueblos pequeños.

ü      Significado de la conquista: la tierra prometida se le presenta a Israel como un descanso después de un largo viaje por el desierto. Su Dios, el dueño de toda la tierra, les regala y entrega a su pueblo una porción. Progresivamente tomarán conciencia de que esto no es definitivo.

 

1.3. La ocupación de la tierra

En la formación de Israel intervinieron varios grupos:

1.3.1 Campesinos insurrectos. El núcleo fundamental lo constituyo un grupo de campesinos que se rebelaron a la opresión de los reyes cananeos y actuaron como “hapirus”. No quisieron pagar mas los tributos, que se les hacían insoportables, y migraron a zonas altas, a los cerros donde no los podían alcanzar los carros de guerra de los reyes, y por ser zonas despobladas las podían cultivar. El comienzo del uso del hierro y el descubrimiento de la impermeabilización de las cisternas para contener agua, hicieron factible la migración. Con esta huida también rechazaban a los dioses que mantenían y justificaban la estructura opresora de los reyes cananeos.

1.3.2. Los fugitivos de Egipto. A estos “hapirus” se añadieron los fugitivos del éxodo de Egipto a quienes —en su camino a Palestina al pasar por Cades— se les sumaron los levitas. Estos habían vivido una situación igual en Egipto al huir de la opresión del faraón.  La experiencia del mar, que les permitió liberarse de esa esclavitud, los “hapirus” de Palestina la sintieron como suya.

1.3.3.  Los pastores del Sinaí. Los seminómadas, adoradores de YHWH, el Dios de la montaña. Estos también se unieron a los dos grupos anteriores. Como su Dios exigía un culto exclusivo, fue identificado con el Dios que había liberado a los oprimidos de Egipto.

1.3.4.  Los pastores palestinenses. Estos seminómadas trashumantes se unieron a los otros grupos conservando la memoria de sus líderes en una etapa anterior a la alianza tribal: Abraham, Isaac, Jacob, etc.

Por lo tanto la ocupación de la tierra y la confederación de las tribus se formó con quienes habían enfrentado la opresión y se habían liberado de los reyes cananeos y del faraón. Fue un movimiento revolucionario de los “hapirus” de distinto origen. Fue una nueva estructuración político-social de grupos marginados que se sintieron convocados por YHWH, el Dios que defiende a los oprimidos.

1.4. Situación social de las tribus.

Esto hizo que se estructuraran en una sociedad completamente opuesta a la tributaria y opresora de la cual provenían. Era igualitaria, sin autoridades estatales, administrada por los ancianos del pueblo a través de una tradición oral. La unidad interna que le daba cohesión estaba formada por tribus, unión de muchos clanes. Era una gran familia.

Cada tribu tuvo un origen muy variado. Tenía su historia propia, su nombre relacionado con el lugar o con algún antepasado de la tribu. Ocupaban un lugar en la estepa, donde se organizó la resistencia, lejos del control de ciudades cananeas, pero poco a poco fueron conquistando las ciudades cananeas, asimilándolas o integrándolas hasta ocupar la planicie. Fue una ocupación muy lenta. Lo que se narra en el libro de Josué corresponde a la tribu de Benjamín. El numero doce de las tribus surgió mucho mas tarde durante la época de la monarquía.

De alguna forma, Israel consiguió poner los cimientos y contribuir a una sociedad nueva. Durante 200 años, entre el 1200 y el 1000, Israel se organizó de manera descentralizada y participativa. Es el período de los Jueces. Evidentemente, el texto bíblico relata no solamente lo que fue ese período, sino también cómo debería ser.

En ese tiempo el pueblo buscó construir:

Una sociedad igualitaria

Desde el comienzo el pueblo buscó organizarse en familias. Esas familias se unían en clanes. Los clanes se juntaban en tribus. Las tribus formaban una amplia confederación. Esa unión de la base hacia arriba era facilitada por la participación de todos en la toma de decisiones. Había reuniones en las casas, en los clanes y en las tribus. Podemos percibir esta estructura tribal de la sociedad israelita a partir del censo que encontramos en Nm 1-2,34. La igualdad entre las tribus, clanes y familias estaba preservada por un gran número de leyes como las del Código de la Alianza (Ex 20,22-23,19) o las del Código del Deuteronomio (Dt 12,1-26,19)

Una sociedad autónoma

Lo que posibilitó este sistema participativo y descentralizado fue el haber compartido la tierra. La tierra estaba en manos de aquellos que la trabajaban. Toda la tierra pertenecía a Yavé y por lo tanto no podía ser vendida o negociada (Lv 25,23) No había propietarios ricos que se quedaban con la cosecha, ni esclavos que trabajaran por nada. El pueblo trabajaba en la tierra y producía lo necesario para la supervivencia del grupo. No había producción para el comercio o para la exportación. Todo era repartido o cambiado por otros bienes que el grupo necesitaba. Lo que sobraba se guardaba para enfrentar la sequía u otras calamidades, o era consumido en una fiesta comunitaria (Dt 26,12-15)

Una sociedad donde el poder es compartido

El ejercicio del poder era participativo y descentralizado. La administración, la legislación, la defensa, la educación, la cosecha, la justicia era resuelta por todos. No había un rey que decidiese todo de una manera arbitraria. El juez o la jueza recibía los pedidos del pueblo (Jue 4,1-10) los asuntos eran resueltos por los consejeros de las aldeas o por las asambleas tribales en representación popular (Josué 24,1-28). Así, todos participaban de las decisiones que repercutían en su vida cotidiana. No había un poder imponiendo sus decisiones, sino una autoridad manifestada por el testimonio (Jos 24,14-15)

Una sociedad que defiende al pueblo

Las leyes y los mandamientos defendían la libertad, las conquistas del pueblo y el nuevo orden constituido: no robar, no acumular, no matar, no mentir, no engañar. Respetar a los que no producen y son dependientes como los niños y los ancianos. Proteger a los indefensos, a los inmigrantes sin familia, a los débiles, a las viudas y a los huérfanos. Hacían leyes que defendían a los pequeños de las ganancias de los grandes. Evitaban que surgieran los grandes no permitiendo la acumulación, principalmente de tierras (Ex 20,1-17; Dt 16,18-20)

Una sociedad que sabe defenderse

En tiempos de ataques a los enemigos, de los reyes vecinos, todos, varones y mujeres, tenían el compromiso de salir en defensa de los que eran atacados (Jue 5,14-15). Había un compromiso de solidaridad entre las tribus. Se organizaban para la lucha contra el enemigo común, convocadas por un juez o una jueza (Jue 4,4-10) cuando pasaba el peligro cada cual volvía a sus trabajos, el ejército se disolvía al grito de: “¡cada uno a su carpa, Israel!” (2Sam 20,1)

 

Una sociedad que comparte el saber

Para la Biblia, la educación, el arte, las leyes, los proverbios formaban un conjunto que el pueblo llamaba Sabiduría, esta estaba al alcance todos y se transmitía de padres a hijos.

Una sociedad con una religión liberadora

Todas las familias de Israel tenían sus divinidades caseras (Gn 31,19-34; Jue 17,4), pero creían también en Yavé, Dios liberador, todos eran iguales, hijos de la misma divinidad. Había amplia libertad religiosas, con manifestaciones pluralistas, respetándose las variadas manifestaciones culturales y las prácticas devocionales caseras, tanto personales como familiares (Jue 17,1-6). El culto, las celebraciones estaban basadas en al vida, en las experiencias y en la historia del pueblo. Adorar a Dios era asumir un compromiso con la vida y con la historia del pueblo. Así, las celebraciones ayudaban al pueblo en su lucha por conservar y mantener el proyecto de sociedad que Dios quería. Las personas encargadas del culto, los levitas, no tenían tierra, para que pudiesen defender más libremente el sistema igualitario (Dt 18,1-8) quedaban libres para denunciar los desvíos que pudiesen debilitar el proyecto social, tales como la idolatría, las injusticias, el acopio, el robo, la mentira y toda especie de corrupción (Ex 6,2-9)

La distribución de la tierra era de acuerdo a las necesidades de los componentes de las tribus. Todos se unían en las guerras ocasionales que se presentaban. Fue importante la asamblea de Siquem (Jos 24), a partir de la cual se fue formando una coalición de tribus, donde YHWH fue aceptado por todos los grupos y todas las tribus como Dios único y liberador. La vida israelita estaba estructurada mediante leyes populares que se les atribuían a YHWH, y de las que se decía que YHWH se las había revelado a Moisés en el monte Sinaí.

La memoria de este período igualitario atraviesa toda la Biblia. En nombre de esa posible igualdad entre los seres humanos, profetas y profetisas arriesgan sus  vidas denunciando desvíos y anunciando las posibilidades de una sociedad en la cual Dios fuese todo en todos. En nombre de esa sociedad alternativa, Jesús proclama el Año de Gracia del Señor apuntando al triunfo del Reino de Dios (Lc 4,16-22) en nombre de esa fraternidad, las primeras comunidades se reunían y ponían todo en común (Hech 4,32-35). Ese sueño continúa en pie hasta hoy.

Estos tiempos de opresión por parte de pueblos más poderosos y mejor equipados para la guerra, hizo surgir en parte de las tribus el deseo de organizarse a imitación de las otras naciones implantando la figura de un rey. En tiempo de los Jueces se había dado un intento de establecer una monarquía, pero fracasó (Jue 9). En tiempos de Samuel se volvió a intentar (1Sam 8,5). Estos primeros intentos fueron muy mal vistos, desde el momento en que por la Alianza se consideraba que el único rey era Yavé.

 

Libro de los Jueces 

El libro no utiliza la palabra “Juez” en el sentido judicial moderno: el Juez no es un magistrado que imparte justicia como los que conocemos en la actualidad. El juez bíblico es más bien un conductor de tiempos de crisis, alguien que salva la situación en momentos difíciles, invasiones, opresión por parte de otras naciones u otras circunstancias  conflictivas.

En la actualidad, los jueces se limitan a dictaminar dónde está la justicia. En la antigüedad, se llamaba jueces, no solamente a los que dictaminaban sino también a los que la restablecían, recurriendo como en estos casos, a las armas. En una forma literaria como la que ha escogido el autor del libro de los jueces, estos aparecen en sucesión como si hubieran estado uno a continuación del otro sobre todo Israel. Pero la lectura de los relatos muestra que la acción de cada uno de ellos se redujo a una tribu o en todo caso a unas pocas, y que los hechos de un juez podían ser contemporáneos con los de otro. Cuando el autor describe las doce tribus como un solo pueblo, está adelantando un hecho que solo se dará en un período posterior, solo bajo los reinados de David y Salomón. En el resto de la historia solo fue una aspiración que no llegó a concretarse.

Como los relatos de las hazañas de los jueces pueden haber sido simultáneos, es muy difícil establecer una cronología. Solo se ve que fueron tiempos muy difíciles en los que los israelitas, recién llegados y con intención de quedarse en el territorio, fueron muy mal recibidos y, por ser más débiles, también fueron dominados.

Esto se agravó con la llegada de otros conquistadores que venían más ejercitados en la guerra y con mejor armamento. Son los filisteos. Estos pueblos también se conocían como “pueblos del mar” porque llegaron en gran parte por vía marítima a las costas de Egipto y provocaron grandes destrucciones. A la tierra de Canaán entraron desde Egipto y también llegaron por tierra desde el norte, ocuparon la parte sur del territorio, en una zona fértil,  apta para la agricultura.

Transcurre entre la penetración de las tribus en Canaán  y la instauración de la monarquía. El pueblo se encuentra amenazado por todas partes. Sobre todo por los filisteos que estaban mejor armados y organizados (luchan por los mismos territorios).

El problema mayor es que Israel no tiene un gobierno central. Lo único que los une es la fe en Dios. Así aparecen los jueces frente al peligro de contaminarse con los dioses cananeos. Estos se distribuyen por tres regiones. Galilea, Samaría y el sur de Jerusalén.

En el libro de los Jueces encontramos relatos de sucesos que se pueden ubicar entre los años 1200 y 1000 a.C. Su  título tiene  origen en los personajes principales: los Jueces, entre los cuales hay que distinguir los “Jueces Mayores” y los “Jueces Menores”.

La parte central del libro nos presenta a los doce jueces:

–         “Jueces Mayores”: Otoniel, Ehud, Débora-Barac, Gedeón, Jefté y  Sansón. Sobre ellos hay un relato sobre sus hazañas guerreras y se narran las circunstancias en las cuales salvaron a Israel.

–         Entrelazados con los relatos de los “Jueces Mayores” encontramos los “Jueces Menores”: Samgar, Tolá, Jair, Visán. Elón y Abdón. De  ellos se narra, sobre todo, su pertenencia a una tribu.

Esta parte se estructura siguiendo un esquema cíclico:

  • Israel se aparta de Yahvé.
  • Yahvé castiga a Israel por medio de otros pueblos.
  • Israel se arrepiente: los israelitas claman a Yahvé.
  • Yahvé libera a su pueblo suscitando un libertador.
  • El país goza entonces de un período de paz hasta que vuelve a apartarse de Yahvé.

Los “Jueces Menores” siguen un modelo particular: se presentan con una fórmula:

“Después de… vino….”

A veces se dan indicaciones cronológicas sobre la opresión y el Juez Libertador. La impresión general que da el libro es la vivencia de un período de anarquía política y religiosa: “en aquellos días no había rey en Israel y cada uno hacía lo que le parecía”.

Textos:

–         Jc 1: ¿No era que ya estaba todo conquistado? Se irán distribuyendo las zonas de conquistas por tribus (no como en Josué que todo el pueblo conquista toda la tierra).

–         Jc 2, 1-5 Quebrantamiento de la alianza.

–         Jc 2,6 – 3,6  Texto paradójico.

Explicación: el narrador explica con esta introducción lo que pasó durante aquellos años. Mientras vivía Josué, se respetaba la alianza. Al morir, la próxima generación queda sin orientación. Aparece lo único que desagrada a Yahvé, la idolatría. Esto es la causa directa de que sean oprimidos. Entonces los israelitas claman a Yahvé y el enviaba un juez que los salvaba. Eran liberados y mientras vivía el juez se mantenían fieles. Luego comenzaba de nuevo el círculo.

La única exigencia es la fidelidad a Yahvé. Este esquema cíclico, se repite en cada historia de los jueces y es progresivo, cada vez es peor (Jc 3-20).

Jc 21, 24-25 Deja en suspenso la necesidad de un rey.

ü      Valor histórico: son historias fragmentadas, particulares de cada tribu, pero que revelan la situación que Israel vivía en aquel momento.

ü      Valor religioso: el autor aprovecha, para poner de manifiesto como debe ser la relación entre Yahvé e Israel. Yahvé se une a Israel para que el pueblo sea fiel y para ello deben guardar los mandamientos (Jc 2, 17).

Bibliografía:

Recorrido histórico del AT. Florencio Mezzacasa.

Introducción a las Sagradas Escrituras. Luis H. Rivas. Ed. San Benito

Camino y Memoria del Pueblo de la Biblia. Colección “Tu Palabra es Vida”.Centro Bíblico Ecuménico.

“Cuando entres a la tierra” Libros históricos II. Del Sinaí al Exilio. Equipo Bíblico Claretiano

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En el revés de la trama…

Material preparado por la docente Luján Manzotti

  tejedorasEn el sueño tejedora

donde tus lanas te alumbran

te soñás tejiendo auroras

en medio de las penumbras.

 

Artes de adivinadora

te cuentan lo sucedido

y tus lanas lo atesoran

en la piel de tu tejido

.

La Torá

En la época post – exílica cristaliza finalmente lo que nosotros denominamos Pentateuco en griego (Torá en hebreo), que es una grandiosa síntesis de la historia sagrada, desde la creación y la elección de los patriarcas, hasta la travesía por el desierto y la renovación de la Alianza.

Los autores sacerdotales del post – exilio recopilan el material de las tradiciones yahwista (elaborada durante el reinado de Salomón), elohísta (tradición del Reino del Norte durante la época de la monarquía dividida), deuteronomista (teología de la historia que comienza a redactarse luego de la caída de Samaría en el Reino del Sur) y sacerdotal (tradición que surge del ambiente cultual del Templo de Jerusalén).

En su tarea reconstruyen la historia recortando e hilvanando las tres primeras tradiciones para la historia de los orígenes, de los Patriarcas y del éxodo, y desgajando la primera parte de la obra deuteronómica (Deuteronomio, Josué, Jueces, Samuel y Reyes), el Deuteronomio, que incorpora a su propio esquema. De ahí nace el Pentateuco actual (vocablo que significa cinco rollos). La obra que poseemos es una estructura literaria nueva, que establece de por sí su nivel de lectura. La identificación de las tradiciones sirve para una pre – lectura, muy orientadora, pero no da la clave interpretativa del texto, que es el post – exilio.

El Pentateuco es la gran Torá de Israel, un término que no puede verterse sólo por Ley, sino que expresa la voluntad de Dios encarnada en la historia. El Pentateuco es una Historia de salvación.

Desde el punto de vista teológico, el autor del Pentateuco destaca la idea de la elección de Abraham como punto de partida del diálogo de Dios con el hombre. Pero la historia salvífica tiene un prefacio (los orígenes de la humanidad, Gn 2 – 11) que a su vez es inaugurado por la gesta creadora. De esa manera, la Creación es el principio  de la salvación y ésta es su prolongación. Por eso la Biblia recalca en todas sus páginas estas dos ideas centrales, que comandan toda la experiencia religiosa de Israel. Yahwéh es un Dios creador y salvador.[4]

 

Características de las Fuentes que forman la Torá

 

La Tradición Yahwista (J)

Tradición representativa del reino del Sur, se cristaliza en el siglo X a. C, bajo la influencia del gran impulso cultural de la época de los reyes David y Salomón.

Forma literaria:

–         Utiliza el nombre de Yahwéh.

–         Presenta los relatos como novelas míticas.

–         Recurre a antropomorfismos para hablar de la acción de Dios.

Teología y mensaje:

–         Gran amor a la tierra de Israel, que mana leche y miel.

–         Gran amor a la unidad del pueblo.

–         Clima optimista.

–         Preocupación por la descendencia.

–         Yahwéh es el Dios de la bondad y la bendición (no hay preocupación en mostrar la santidad de los patriarcas, sino presentarlos como aquellos a quienes Yahwéh ha bendecido).

La Tradición Elohísta (E).

Representativa del Reino del Norte, esta tradición puede situarse en el siglo IX, época de la monarquía dividida.

Forma literaria:

–         Llama a Dios Elohim.

–         En su estilo narrativo, presenta semejanzas a la tradición yahwista aunque manifiesta cierta evolución.

Teología y mensaje:

–         Se interesa por la experiencia religiosa vivida por las tribus del Norte luego de la ruptura.

–         Entra en diálogo con la época patriarcal y todo el primer ciclo salvífico.

–         Su centro de interés no es la Alianza davídica y su dinastía, sino la Alianza de Dios con Abraham, que es el modelo paradigmático.

–         La posesión de Dios es el Pueblo más que la Tierra (… seréis de mi propiedad entre todos los pueblos; mía es toda la tierra, pero vosotros seréis mi reino de sacerdotes y mi pueblo santo… Ex 19, 4 – 6).

La Tradición Deuteronomista (D)

Forma literaria:

–         El Deuteronomio se presenta como un gran discurso de Moisés, de estilo exhortativo y solemne.

–         Realiza una teología de la historia, mirando sobre toda la obtención de la Tierra.

–         Deuteronomio, Josué, Jueces, Samuel y Reyes componen la llamada Historia Deuteronomista.

Teología y mensaje:

–         Recoge temas de la Tradición Yahwista.

–         Fomenta el nacionalismo.

–         Centraliza y purifica el culto.

–         Le otorga importancia el Templo, la Tierra y la Historia.

La Tradición Sacerdotal (P)

Forma literaria:

–         Lenguaje hierático, solemne.

–         Redacción de estilo monótono, repleto de detalles.

–         Gusto por la abundancia de genealogías y cronologías.

Teología y mensaje:

–         El núcleo de la redacción es el aspecto litúrgico o celebrativo.

–         Destaca el culto al sábado como elemento de importancia vital.

–         Aparta los antropomorfismos del yahwista para invisibilizar a Dios.

–         Por ser pueblo de Dios, Israel es un pueblo consagrado, santo. Destaca la santidad del pueblo.

Para seguir profundizando…

  • Del siglo XIX al XI: tradiciones orales. Antes que el libro, está la tradición, el recuerdo de los clanes y grupos que van transmitiendo su experiencia de una forma oral. Podemos destacar aquí:

– las tradiciones patriarcales

– las tradiciones del Éxodo.

  • Siglos X al VII: La monarquía. En torno al año 1000, David reúne bajo un reino a los israelitas. Comienza así un proceso de fijación escrita:

– tradiciones históricas, recogidas por cronistas de la corona; recopiladas después en los libros de 1-2 Sam, 1-2 Re.

– Tradiciones fundacionales: se reúnen las narraciones sobre el surgimiento y el sentido del pueblo en dos grandes documentos denominados “J” (yahvista, se lo denomina de este modo por la manera de invocar a Dios) y “E” (elohísta, en estos documentos Dios es llamado Elohim). Luego esto se integrará al Pentateuco.

– Oráculos proféticos: empiezan a recogerse en torno al 740 a.C.

Primeras codificaciones legales: que desembocarán más tarde en los libros de Éxodo, Levítico y Deuteronomio.

  • Siglo VI: la crisis del Exilio. La caída de Jerusalén (587 a. C) en manos de Babilonia significa una etapa de reformulación existencial y religiosa para Israel:

Se codifica lo anterior: especialmente lo referido a las tradiciones fundantes y a la historia del pueblo, que vuelve a situarse ante Dios en plano de responsabilidad por el pecado y de nuevo comienzo.

Se recopilan las profecías anteriores y surgen nuevos profetas (la segunda parte del libro de Isaías o Ezequiel), que marcan la historia y la conciencia del pueblo.

  • Siglos V al III: bajo el dominio persa. Surge el judaísmo propiamente dicho, como una comunidad sagrada que va centrándose en torno a la Palabra:

Nace el Pentateuco, con el aporte de las antiguas tradiciones (J y E), a las que se añade el documento “D” (deuteronomista, llamado así por la visión que tiene del pueblo, la alianza, la Ley y la historia) y el documento “P” (sacerdotal, dado que se atribuye su redacción a la clase sacerdotal y nace del ambiente cultual). Estos cuatro documentos se organizan en cinco libros (Gn, Ex, Lev, Nu, Dt)

Nace la Historia: los antiguos y los nuevos profetas (libros históricos y libros proféticos) codificados en forma unitaria.

Surgen otros libros de carácter histórico (Esd, Neh, 1-2 Cro), didácticos o sapienciales (Prov, Cant, Job, Ecl…)

  • Siglos III al I: bajo el dominio griego. En esta etapa final de escritura del Antiguo Testamento es importante el influjo de la persecución de Antíoco IV entre el 180 y el 170 a.C. En este momento se redactará el libro de Daniel. Lo más importante de este período es la inclusión de escritos de carácter sapiencial, algunos de ellos escritos en griego o traducidos al griego (los que hemos denominado en la ficha de trabajo anterior “deuterocanónicos”: 1-2 Mac, Tob, Jdt, Eclo, Sab, Bar y algunas partes para Ester y Daniel).

[1] Croatto, J. S; Historia de la Salvación; Bs. As, Paulinas, 1983, pp. 10 – 12.

[2] AAVV, El Espíritu Santo en la Biblia, Navarra, Verbo Divino, 1986.

[3] Croatto, J. S; Historia de la Salvación; Bs. As, Paulinas, 1983, p. 105

[4]Croatto, J. S; Historia de la Salvación; Bs. As, Paulinas, 1983, pp. 216 – 217.

Material preparado por María Luján Manzotti

¿Qué es un profeta?

 (Material preparado por Luján Manzotti para el Curso Anual del Espacio Bíblico Palabras con miel)

Para la  mayoría de la gente, el profeta es un hombre que “predice” el futuro, una especie de adivino (…) No cabe duda de que ciertos relatos bíblicos presentan al profeta como un hombre capacitado para conocer cosas ocultas y adivinar el futuro: Samuel puede encontrar las asnas que se le han perdido al padre de Saúl (1 Sm 9, 6-7.20); Ajías, ya ciego, sabe que la mujer que acude a visitarlo disfrazada es la esposa del rey Jerobán, y predice el futuro de su hijo enfermo (1 Re 14, 1-16); Elías presiente la pronta muerte de Ocozías (2 Re 1, 16-17); Eliseo sabe que su criado, Guejazí, ha aceptado ocultamente dinero del ministro sirio Naamán (2 Re 5, 20-27), sabe dónde está el campamento arameo (2 Re 6, 8s), que el rey ha decidido matarlo (2 Re 6, 30s), etc. Incluso en tiempos del Nuevo Testamento seguía en vigor esta idea, como lo demuestra el diálogo entre Jesús y la samaritana; cuando él le dice que ha tenido cinco maridos, y que el actual no es el suyo, la mujer reacciona espontáneamente; “Señor, veo que eres un profeta”.

(…)

Se trata, pues, de una concepción muy divulgada, con cierto fundamento, pero que debemos superar. Los ejemplos citados de Samuel, Ajías, Elías, Eliseo, nos sitúan en la primera época del profetismo israelí, anterior al siglo VIII a. C. Leyendo los libros de Amós, Isaías, Oseas, Jeremías, etc., advertimos que el profeta no es un adivino, sino un hombre llamado por Dios para transmitir su palabra, para orientar a sus contemporáneos e indicarles el camino recto. A finales del siglo VI a. C., Zacarías sintetizaba la predicación de sus predecesores con esta exigencia: “Convertíos de vuestra mala conducta y de vuestras malas acciones” (1, 4). Esta exhortación a convertirse va acompañada con frecuencia de referencias al futuro, prediciendo el castigo o prometiendo la salvación. En determinados momentos, los profetas son conscientes de revelar cosas ocultas. Pero su misión principal es iluminar el presente, con todos sus problemas concretos: injusticias sociales, política interior y exterior, corrupción religiosa, desesperanza y escepticismo.

a) El profeta es un hombre inspirado, en el sentido más estricto de la palabra. Nadie en Israel tuvo una conciencia tan clara de que era Dios quien le hablaba y de ser portavoz del Señor como el profeta. Y esta inspiración le viene de un contacto personal con él, que comienza en el momento de la vocación. Por eso, cuando habla o escribe, el profeta no acude a archivos y documentos, como los historiadores; tampoco se basa generalmente en la experiencia humana general, como lo sabios de Israel. Su único punto de apoyo, su fuerza y su debilidad, es la Palabra del Señor

            b) El profeta es un hombre público. Su deber de transmitir la palabra de Dios lo pone en contacto con los demás. No puede retirarse a un lugar sosegado de estudio o reflexión, ni reducirse al limitado espacio del templo. Su lugar es la calle y la plaza pública, el sitio donde la gente se reúne, donde el mensaje es más necesario y la problemática más acuciante. El profeta se halla en contacto directo con el mundo que lo rodea: conoce las maquinaciones de los políticos, las intenciones del rey, el descontento de los campesinos pobres, el lujo de los poderosos, la despreocupación de muchos sacerdotes. Ningún sector le resulta indiferente, porque nada es indiferente para Dios.

c) El profeta es un hombre amenazado. En ocasiones sólo le ocurrirá lo que dice Dios a Ezequiel: “Acuden a ti en tropel y mi pueblo se sienta delante de ti; escuchan tus palabras, pero no las practican (…). Eres para ellos coplero de amoríos, de bonita voz y buen tañedor. Escuchan tus palabras, pero no las practican” (Ez 33, 30-33). Es la amenaza del fracaso apostólico, de gastarse en una actitud que no encuentra respuesta en los oyentes. Pero esto es lo más suave que puede ocurrirle. A veces se enfrentan a situaciones más duras. A Oseas lo tachan de “loco” y “necio”; a Jeremías de traidor a la patria. Y se llega incluso a la persecución, la cárcel y la muerte. Elías debe huir del rey en muchas ocasiones; Miqueas ben Yimlá termina en la cárcel; Amós es expulsado del Reino Norte; Jeremías pasa en prisión varios meses de su vida; igual le ocurre a Jananí. Zacarías es apedreado en los atrios del templo (2 Cr 24, 17-22); Urías es acuchillado y tirado a la fosa común (Jr 26, 20-23). Esta persecución n es sólo de los reyes y de los poderosos; también intervienen en ella los sacerdotes y los falsos profetas. E incluso el pueblo se vuelve contra ellos, los critica, desprecia y persigue. En el destino de los profetas queda prefigurado el de Jesús de Nazaret.

Silenciaríamos un detalle importante, si no dijésemos que la amenaza le viene también de Dios. Le cambia la orientación de su vida, lo arranca de su actividad normal, como le ocurre a Amós (7, 14s) o a Eliseo (1 Re 19, 19-21); le encomienda a veces un mensaje muy duro, casi inhumano, teniendo en cuenta la edad o las circunstancias en que se encuentra.

No es extraño que alguno de ellos, como Jeremías, llegara a rebelarse en ciertos momentos contra esta coacción (Jr 20, 7-9.14-20), si bien se trató de crisis pasajeras.

d) Por último, conviene recordar que la profecía es un carisma. Como tal, rompe todas las barreras. La barrera del sexo, porque en Israel existen profetisas, como Débora (Jue 4) o Hulda (2 Re 22). La barrera de la cultura, porque no hacen falta estudios especiales para transmitir la palabra del Señor. La barrera de las clases, porque personas vinculadas a la corte, como Isaías, pequeños propietarios, como Amós, o simples campesinos, como Miqueas, pueden ser llamados por Dios. Las barreras religiosas, porque no es preciso ser sacerdote para ser profeta; más aún, podemos afirmar que gran número de profetas eran seglares. La barrera de la edad, porque Dios encomienda su palabra lo mismo a adultos que a jóvenes.

(…)

Pero también encontramos en Israel falsos profetas. Según Bright, los falsos profetas surgen con motivo de la persecución de la reina Jezabel, durante el siglo IX a.C. En esos momentos difíciles (como son en general los momentos que debe vivir el profeta) no todos consiguieron resistir la prueba y algunos se pasaron del bando del rey. De ellos nos hablan Oseas (6, 5), Isaías (28, 7), Miqueas (3, 5. 11), Jeremías (23, 9 – 40; 27 – 29) Ezequiel (13, 2ss; 14, 9).

Se indican cuatro causas de la proliferación de los falsos profetas:

  • el peso sociológico de la monarquía, que atrae en torno a ella a personas dispuestas a defender sus intereses;
  • la importancia concedida a la tradición y a las costumbres, que los convierte en papagayos, repetidores de ideas antiguas, sin prestar atención a Dios ni a los acontecimientos;
  • el deseo de agradar al pueblo y de no enfrentarse a él; una especie de “demagogia popular”
  • el deseo de triunfar y asegurarse una forma de vida.[1]

–         Les proponemos realizar al menos tres oposiciones que distingan a un profeta verdadero de un falso profeta. Por ejemplo:

 Profeta de Dios   Falso Profeta
ü      Son llamados por Dios a cumplir su misión. Generalmente lo viven con peso, como una cruz. ü      No son elegidos. Se ponen ellos mismos en lugar de profetas para obtener poder. Lucran con su actividad.

 

Proclamamos Mi. 3, 1 – 12


[1]Sicre, José Luis; “Los Profetas de Israel y su mensaje”. Primera Parte. Colección Biblia, Nº 39

Gn 20, 7 llama profeta a Abrahám

Ex 15, 20 María es llamada profetisa después del paso por el Mar de las Cañas, cuando toma su pandero y se pone a danzar al frente de todas las mujeres, cantando la victoria del Señor.

Dt. 34, 10 A Moisés se lo considera “el profeta” por excelencia.

Mi. 3, 5 – 7, adivinan por dinero (3, 11).

Ez 38, 17 Finalmente, encontramos una vez la fórmula idealizada, “mis siervos los profetas”, que engloba positivamente toda la historia pasada del movimiento

Conclusiones

 

  •             El título nabí no implica una valoración positiva; se aplica incluso a los profetas de Baal y a los falsos profetas de Yahvé; en este sentido, está muy lejos del de “hombre de Dios” dada la connotación negativa que posee en muchos contextos. Pero este título termina imponiéndose para designar a personajes como Isaías, Amós, Miqueas.
  •             El sentido y la función del nabí’ varían a lo largo de la historia, pero el rasgo predominante es el de comunicar una palabra de otra persona.
  • El nabí actúa a veces de manera independiente y a veces en grupo. Los datos más antiguos que poseemos los presentan en grupo y esta tradición se mantiene hasta el final.
  • Nosotros no nos enfrentamos al personaje “profeta” sino la literatura profética. Los libros de los profetas:

– No son libros escritos por un profeta (muy poco escribieron; solían hablar).

– No es una narración de la actividad de un profeta (salvo excepciones): poco sabemos de sus vidas.

– Son, sobre todo, colecciones de oráculos.

Trabajamos Os. 11, 1-11  con las propuestas 4 y 9

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La historia y el Antiguo Testamento

María Luján Manzotti ha preparado este material, en el cual se expone la historia bíblica a la luz de
las recientes investigaciones arqueológicas. Junio 2012.

Si hablamos de los orígenes de Israel como pueblo, la historia bíblica nos remonta a la época patriarcal. Los patriarcas suelen ser ubicados hacia el año 2000 – 1800 a. C. Se presentan como tribus o clanes familiares seminómades, dedicados al pastoreo de ganado menor en vías de sedentarización con una incipiente cultura agrícola.

Para los hebreos, Abraham es visto como primer eslabón de la historia del pueblo. De ahí en más, la sucesión de patriarcas (Isaac, Jacob, doce hijos de Jacob) conduce hacia la historia más reciente. La historia de Jacob pretende explicar el origen de las doce tribus hebreas.

Desde ya, los criterios mitológicos que poseen los primeros once capítulos del Génesis valen también para las historias patriarcales. Ciertamente abundarían leyendas o relatos trasmitidos como patrimonio de cada clan (debemos recordar que estos sucesos se ponen por escrito alrededor de 1000 años después).

Según las investigaciones arqueológicas recientes, debemos situar los orígenes de Israel hacia el año 1200 a.C a partir de un proceso de desplazamiento de agricultores cananeos salidos de las ciudades situadas en la zona costera hacia las zonas más altas de la región. En ese desplazamiento constataríamos un intercambio y reorganización surgidos de la presencia cananea (más del 80 por ciento de la población) y ciertos grupos de beduinos que ya no bajan a las ciudades para el intercambio o el comercio.

Durante esta configuración primitiva de Israel aún no se pensaba en un único Dios, soberano de la tierra. Más afín al mundo religioso del momento, los pobladores tenían sus dioses propios del clan familiar, los dioses heredados de la cultura cananea y algunas expresiones vinculadas al desierto (por ejemplo, el yahvismo). Será la mirada posterior la que concebirá a Dios único sobre toda la tierra la que nos presentará por ejemplo a Abraham hablando con Yahvéh. De la misma manera ciertos “lugares sagrados” como Mambré o Betel de la religión cananea son reinterpretados como fundados por Dios en sus teofanías a los patriarcas.

Estos ejemplos nos muestran que los redactores bíblicos tenían una particular “intencionalidad” al trasmitirnos los sucesos del pasado: siempre tienen un sentido fundante, tanto del pueblo, como de las tribus y de sus instituciones y costumbres.

De la historia universal, es bueno recordar el resurgimiento de la Mesopotamia en torno a los siglos XX – XIX a.C. y, hacia el 1750, el código de Hammurabi (primer código legal conocido en la historia).

En todos los libros bíblicos y en todos sus géneros literarios se descubre que la salida liberadora de Egipto y el Éxodo hacia Canaán aparecen reelaborados.

Porque estos acontecimientos, en especial la Revelación de Dios en el Sinaí como Dios único del pueblo y la consiguiente Alianza y Ley de la alianza, son experiencias fundantes del estado Josiánico (Rey Josías) varios siglos después.

Los expertos modernos entienden que quizás, el desplazamiento de los cananeos hacia las zonas altas pudo haber incluido a grupos de Egipto en proceso de salida del sistema de las ciudades monárquicas y a raíz de la situación en el Mediterráneo oriental hacia el siglo XIII a.C. y la presencia de los pueblos del Mar. Otros expertos sostienen que el Éxodo de Egipto sólo tiene un carácter narrativo y teológico.

 

El relator bíblico unifica desde un comienzo a todos los grupos iniciales de Israel que viven, bajo esta perspectiva teológica, la experiencia de la liberación, de la Pascua y del Sinaí. Estos acontecimientos “fundan” el pueblo hebreo de aquí en más y para siempre.

En general, el relato tiene un estilo épico, característicos de los relatos de comienzos históricos, típico en casi todos los pueblos, sin excluirse acontecimientos espectaculares y hasta milagrosos (las plagas de Egipto, el cruce del Mar Rojo, el maná, etc…)

 

De la historia universal podemos considerar el dominio de la dinastía Ramses: Ramsés II, 1290 – 1224 a. C. y la llegada de los Filisteos (uno de las tantas denominaciones de los Pueblos del Mar) que se establecen en la costa de Palestina.

 

Según la Biblia, Josué es el legítimo sucesor de Moisés y el que conduce al pueblo a Canaán. En el libro de Josué se narran principalmente las guerras llevadas a cabo en contra de los pueblos de la región.

Actualmente se sabe que muchos de los acontecimientos que se relatan en Josué no sucedieron del modo en que los presenta el libro. Por ejemplo, se sabe que no fueron los hebreos quienes conquistaron Jericó.

Lo dicho anteriormente sobre el estilo épico vale para estos relatos, con todos los matices del caso.

En Siquem las tribus “refundan” el pueblo de Dios renovando la Alianza tanto con Dios como entre ellas al modo de una Confederación. Estos relatos tienen el mismo marco redaccional que se ha señalado: el proyecto Josiánico de un Estado (si es posible reproyectar la idea de Estado), un Rey, un linaje; una fiesta, un templo y un Dios nacional

 

El Libro de los Jueces es una especie de crónica de los diversos Jueces de Israel, entre los que figura -cosa notable- una mujer llamada Débora. Hoy existe entre los especialistas bíblicos una gran discusión acerca del sentido de estos “jueces” y de cuáles eran sus funciones, poderes y atributos, ciertamente muchos más amplios que nuestros actuales jueces y si existieron como tales o no.

Aparentemente se trataría de “pequeños reyes” ocasionales, pequeños en el sentido de su área se influencia y de poder. Por otra parte, uno de ellos, Abimelec, intentó imponerse como rey efectivo.

La transición entre el período de los Jueces y la monarquía se nos presenta en el primer libro de Samuel, a partir del capítulo octavo. El personaje central es el juez Samuel quien cumple, además, funciones de sacerdote, vidente, profeta e interventor en política.

La postura frente a la monarquía no es la misma en todos los libros bíblicos. La fábula de Jotán y la declaración de los derechos absolutos del rey que realiza Samuel representan dos claros textos antimonárquicos.

También para estos relatos vale lo dicho anteriormente: no siempre se trata de escritos con carácter histórico tal como nosotros podríamos entenderlo.

 

                Según la narrativa bíblica Samuel, el último juez, es el personaje principal que acompaña la transición hacia la monarquía. Israel pasa a ser, de una Confederación tribal, un Estado monárquico consolidado como Nación. La historia de David se consigna a partir de los comienzos de I Samuel hasta los comienzos de I Reyes. Según la misma corriente de pensamiento bíblico, en tiempos de Saúl y David, Israel logra la hegemonía sobre gran parte del territorio palestinense. Parte de esa conquista es Jerusalén, de ahí en más transformada en capital. Según la Biblia, más que Saúl, fue David quien concentró en su persona el poder monárquico y unificó las tribus bajo un gobierno estable.

 

En términos de investigaciones recientes y de crítica histórica, el paso a la Monarquía puede ser visto como un proceso de consolidación de ciertas familias en el poder a partir de una estratificación social surgida desde las diferencias en la producción y en los modos productivos. Prontamente constatamos dos monarquías definidas y devenidas de este proceso: Israel en el Norte y Judá en el Sur donde predominará una única casa real: la de David.

 

Los libros de Reyes y de Crónicas continúan el relato histórico cronológico con cuatro siglos de historia hasta, hasta el cisma y el exilio.

Según la Biblia, con el advenimiento de Salomón al poder, las advertencias hechas por Samuel con respecto a la monarquía alcanzan su verdadera dimensión.

Salomón aparece como el gran rey constructor: el templo, los sistemas hidráulicos, las fortificaciones y túneles. También se lo presenta como promotor del comercio internacional, de la tecnología de su tiempo, de la cultura y de las artes. Según las narraciones bíblicas, tenía numerosos sabios, escribas y maestros a su servicio. Recordemos que gran parte del libro de los proverbios es atribuida a su persona.

Esta presentación de Salomón probablemente proyecte en él (en la monarquía del Sur) el desarrollo político económico del Reino del Norte. La narración, proveniente de una situación histórica en la que el Norte fue devastado por Asiria y el poder del Sur cobra protagonismo y hegemonía en la región (s VII a.C) explican esta apropiación.

Además de estos elementos, para comprender mejor la intención del mensaje bíblico que retroyecta a estos momentos históricos situaciones particulares del momento de la redacción, tenemos que tener en cuenta:

– Las intrigas de Saúl contra David pretenden justificar el derecho de David, de la tribu de Judá, contra los sucesores de Saúl, de la tribu de Benjamín. Todos los textos traducen la necesidad de justificar a David en su derecho sucesorio, especialmente frente a las tribus del Norte.

– Es importante desde la historia salvífica, la profecía de Natán que funda la idea de un reinado eterno de la casa de David, con repercusiones en el mesianismo escatológico (la idea de un Mesías o “Ungido”, enviado por Dios, que irrumpa en la historia de modo salvífico y definitivo).

– También es importante la construcción de un Templo en Jerusalén como factor de unidad religiosa

 

El texto bíblico presenta el período de los dos Reinos como producto de un cisma producido bajo Roboam, sucesor de Salomón: el Reino del Norte (Israel, Samaría) y el reino del sur (Judá, Jerusalén).

Es una época de prosperidad para el Norte. Se comercia con Arabia y Fenicia. Se construyen edificios espléndidos y lujosos, aumentan los recursos económicos, y agrícolas y la florece la industria textil y la del tinte.

Sin embargo, a medida que avanza la prosperidad económica, también aumenta la descomposición social, fruto de las injusticias a las cuales es sometida la población. El contraste entre ricos y pobres es cada vez mayor, mientras los prestamistas se enriquecen a costa de los agricultores.

Se dan sucesivos períodos de sequía que obligan a la población rural a hipotecar sus bienes; ante la imposibilidad de pagar las deudas, sus bienes son ejecutados y muchos no pueden evitar ser esclavizados para poder terminar de saldar sus deudas.

En tanto, la religión al servicio del poder también experimenta su propio proceso de perversión interna. Los cultos cananeos de fertilidad y de prostitución sagrada son apropiados por el sistema para expoliación de la población. Algo similar ocurrirá con el yahvismo en épocas posteriores.

Los profetas Amós y Oseas, cuyos libros son los escritos proféticos más antiguos de los que disponemos, reflejan los acontecimientos de este período. Ambos profetizan en contra del lujo desmedido de la clase dominante y los cultos legitimadores de ese sistema.

Mientras tanto, Asiria establece su hegemonía en todo el oriente medio. Israel padecerá ese predominio fundamentalmente a partir de Tiglat Pileser III de Asiria en el año 745 a.C

En la lucha por el poder (sobre todo en Israel) Pecaj, rey del Norte, organiza una coalición anti-asiria junto al rey de Siria (Damasco). En la coalición también participan Gaza, Asquelón y Tiro. Presionan al rey de Judá para unirse también a la coalición, pero éste se niega. Se desata la guerra entre el Reino del Sur y el del Norte aliado a Siria (guerra siro-efraimita). El reino del sur, para defenderse, firma un acuerdo de vasallaje con Asiria sometiéndose así al tributo.

Asiria ataca Gaza, Damasco y Samaria. Tras un breve tiempo de acuerdo y sometimiento, Sargón II de Asiria y por una nueva rebelión de Israel, tras dos años de asedio invade nuevamente. La capital del reino del Norte, Samaría, fue incendiada y los samaritanos que lograron huir se refugiaron en el Sur. El Reino del Norte fue devastado y sus pobladores deportados a Asiria donde fueron vendidos como esclavos.

A su vez, otros pueblos dominados por Asiria, fueron obligados a asentarse en Samaría. El objetivo de esta política era lograr el sincretismo de los pueblos dominados y de este modo mantener el poder evitando todo tipo de resistencia surgida a partir de sentimientos nacionales. El objetivo fue plenamente cumplido y así tiene lugar el origen religioso de los “samaritanos”.

Una vez dominada Samaría, Asiria invadió Judea, depuso al rey y obligo a los judíos a pagar impuestos a cambio de evitar la deportación.

 

En la Mesopotamia se está produciendo un cambio de potencias internacionales. El imperio asirio a causa de luchas internas y presiones del exterior cae en una rápida decadencia hasta finalmente desaparecer. Este período de decadencia y la migración de algunos pobladores del norte hacia el sur favorecen el surgimiento de Josías. Bajo Josías se logra la hegemonía de Judá sobre el territorio. Su reforma político religiosa engendra por primera vez un concepto de Estado (si es posible retroyectar la expresión), bajo una ley, un culto, un Templo, un linaje, un Dios nacional. Los textos de Deuteronomio, Josué, Jueces, Samuel y parte del libro de los Reyes se plasman en este período así como también algunos núcleos del libro del Éxodo.

Los Asirios desaparecen tras la batalla de Carquemis donde Babilonia toma finalmente el control. Nabucodonosor, rey de Babilonia, asedia por primera vez a

Jerusalén en el 598. Para el 587 se produce la destrucciónn final de la capital de Judá y el exilio de la población a Babilonia, mientras que algunoss logran huir a Egipto.

Durante el período inmediatamente anterior al exilio se destaca la personalidad y la palabra del profeta Jeremías. Veinticinco años después de la muerte de Josías, llegó el trágico final del Reino del Sur.

Hacia el año 600, Persia surge como imperio opositor de los babilonios y finalmente logra imponerse conquistando, no sólo a Babilonia en el 539, sino también la hegemonía de todo Oriente Medio. Con Cambises (530 – 522) se conquista también Egipto.

Muchos sobrevivientes del destierro regresan paulatinamente a Judá y así se inicia la reconstrucción y restauración de Jerusalén y el Templo.

Descripciones de este período las encontramos particularmente en los libros de Esdras y Nehemías. Estos dos personajes sentaron las bases definitivas del judaísmo sobre la espiritualidad germinada entre los exiliados: el culto monoteísta, la práctica del sábado, la circuncisión, el respeto de la Ley y la obediencia a las Escrituras cuya redacción definitiva se realiza, sobre todo en lo que respecta al Pentateuco y los libros históricos. La imposición de las leyes de pureza e impureza y la consagración del sistema de gobierno a través de la teocracia sacerdotal sentarán las bases de los sistemas de inclusión o exclusión, el control sobre el cuerpo y la exclusividad de Israel como raza pura.

 

Este período coincide con la expansión Persa y las guerras contra Grecia que derrota a los Persas en Maratón y Salamina. En el 333, Alejandro Magno comienza la conquista de Siria, Egipto y todo el cercano oriente.

 

En el año 331, Alejandro Magno vence definitivamente a Darío (rey persa) y se asegura todo el control del Cercano Oriente, llegando hasta la India. Muere en el año 323.

Tras su pronta desaparición, sus generales luchan por el poder y finalmente llegan a un acuerdo, dividiéndose el inmenso imperio griego.

En Palestina dominan los Ptolomeos o Lágidas (de Egipto) por un breve período, hasta el año 200. Luego viene la dominación de los Seléucidas (de Siria) con una política más radicalizada.

Más cruentos y despiadados que los Ptolomeos, los Seléucidas obligaron a los judíos, tras la profanación del Templo, a adorar la imagen de Zeus Olímpico.

Los macabeos, grupo de carácter religioso, nacionalista y revolucionario, se opusieron recurriendo a las armas. Es la lucha macabea (“macabi” significa martillo), capitaneada por varios hermanos, que logra la ansiada independencia y libertad de culto, estableciendo la llamada “dinastía asmonea”.

La historia macabea es redactada después de dos relatos que se superponen; no faltando especialmente en el segundo libro, los episodios épicos y milagrosos. También es este el período de plasmación definitiva de la espiritualidad apocalíptica.

Tras un período de relativa independencia, los romanos al mando de Pompeyo conquistan Palestina y la incorporan a su imperio en el año 63 a.C. En el año 37, el idumeo Herodes el Grande es instituido como rey judío y vasallo de Roma. Hacia el año 20, inicia la reconstrucción definitiva del Templo. Bajo su reinado nace Jesús siendo Augusto emperador.

Algo anteriores y simultáneos a los Macabeos son los Asideos (piadosos – hasidim), un movimiento de renovación espiritual. Los asideos, algunos de los cuales apoyan la lucha macabea, después se desmembran en varios grupos, entre ellos los fariseos y los esenios.

Los esenios fundan la comunidad escatológica de Qumrám a orillas del Mar Muerto, rompiendo con la sucesión sacerdotal del templo (que fue asumida por Jonatán, sucesor de Judas Macabeo, quebrando definitivamente la línea hereditaria de Sadoc para el Sumo Sacerdocio); y esperan el advenimiento final escatológico con una vida de ascesis y monaquismo celibatario, aunque también admitían familias entre sus miembros. Su vida estaba destinada al trabajo comunitario, a numerosos actos de pureza ritual (baños), al estudio de las Escrituras y al cumplimiento estricto de la Ley.

Fundados por el “Maestro de Justicia”, entienden que ellos son el resto de Israel sobre quienes actúa el Espíritu Santo que los transforma en hijos de la luz. En cuanto comunidad escatológica eran muy estrictos en la admisión de nuevos miembros, excluyendo a los tullidos, los ciegos, sordos, etc. y a quienes consideraban impuros. En este sentido, la comunidad de Jesús será radicalmente diferente. Se regían por el calendario solar y no lunar como el resto de los judíos.

Por su parte, los fariseos, aunque en parte leales al sacerdocio de Jerusalén, fundan un movimiento laico de renovación fundamentado especialmente en el estricto cumplimiento de la Ley, único camino para conseguir la salvación mediante las buenas obras.

Tras la guerra con Roma (año 70 d.C) quedarán como únicos conductores de los judíos, y tendrán el gran mérito de mantener la fe de las comunidades de la diáspora sobre el culto sinagogal, del cumplimiento de la Ley, del sábado y de la circuncisión, de la enseñanza de las Escrituras.

Los dirigentes sacerdotales y la clase alta judía en conjunto con la rica burguesía forman, por su parte, el partido de los saduceos (hijos de Sadoc), intentando buenas relaciones diplomáticas tanto con los seleúcidas como con los romanos. Totalmente opuestos a ideas escatológicas y apocalípticas, su preocupación consistía en sostener el Estado teocrático judío  cuyo centro era el Templo.

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7 comentarios sobre “Apuntes II – Antiguo Testamento

  1. Lamentablemente por problemas de horario no puedo asistir a los cursos y esta página con todos susm artículos me interiorizan hermosamente,gracias por el esfuerzo y ayudarnos a comprender más…afectuosamente y Felicitaciones!!!!

  2. Gracias por compartir estos trabajos. El sabado en un encuentro pastoral de Biblia tome conocimiento de palabras con miel, y estoy muy feliz de compartir la tarea que realizan.

    1. Paula, no te hagas problema. El sistema automáticamente pone ese mensaje “sé el primero…”; me lo pone también a mí cuando estoy subiendo cosas al blog, jaja.
      Cariños
      Gloria

    1. Buen día Delia!
      Si lo que buscan es la charla sobre María Magdalena, tienen que entrar por Facebook en “La Redonda de Belgrano”; no hace falta ser amigo en Facebook, es página.
      Si buscan un programa de Radio María, entran en http://www.radiomaria.org.ar , escuchar en vivo, y de ahí al historial por fecha y hora.
      Si es la charla en la Fundación Palabra de Vida sobre Los profetas anuncian la misericordia, en cuanto tenga el archivo lo subo a la página.
      Cualquier cosa podés volver a escribirme, no hay problema.
      Muchos cariños y bendiciones

      Gloria

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