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Domingo 20 de enero: Las bodas de Caná

“No tienen vino”.

QUE NO NOS ROBEN LA FIESTA

      Tres días después se celebraron unas bodas en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús también fue invitado con sus discípulos.

     Y como faltaba vino, la madre de Jesús le dijo:

     – No tienen vino.

     Jesús le respondió:

     – Mujer, ¿qué tenemos que ver nosotros? Mi hora no ha llegado todavía.

     Pero su madre dijo a los sirvientes:

     – Hagan todo lo que él les diga.

     Había allí seis tinajas de piedra destinadas a los ritos de purificación de los judíos, que contenían unos cien litros cada una.

     Jesús dijo a los sirvientes:

     – Llenen de agua estas tinajas.

     Y las llenaron hasta el borde.

     – Saquen ahora, agregró Jesús, y lleven al encargado del banquete.

    Así lo hicieron. El encargado probó el agua cambiada en vino y como ignoraba su origen, aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua, llamó al esposo y le dijo:

     – Siempre se sirve primero el buen vino y cuando todos han bebido bien, se trae el de inferior calidad. Tú, en cambio, has guardado el buen vino hasta este momento.

    Este fue el primero de los signos de Jesús, y lo hizo en Caná de Galilea. Así manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en él. Después de esto, descendió a Cafarnaum con su madre, sus hermanos y sus discípulos, y permanecieron allí unos pocos días.

 (Evangelio según San Juan 2,1-12)

Se celebraban unas bodas en Caná y la madre de Jesús estaba allí. Y el evangelista agrega: también Jesús fue invitado con sus discípulos. Tal vez era la madre, y no Jesús, quien conocía directamente a las familias que ese día festejaban la unión. Quizás por eso ella, con mayor confianza, se enteró antes que otros de que estaba escaseando el vino.

¿Cómo seguir festejando si el vino falta? Tantas veces la palabra de Dios une el vino y el festejo. Desde estas fiestas de los sucesos de la vida – las victorias, las bodas – hasta la fiesta del banquete para siempre donde habrá vino y manjares en abundancia para todos y todas.

Hará Yaveh Sebaot a todos los pueblos en este monte un convite de manjares frescos, convite de buenos vinos, manjares de tuétanos, vinos depurados. Enjugará el Señor Yaveh las lágrimas de todos los rostros, y quitará el oprobio de su pueblo (Is 25,6.8).

Dios no nos hizo para la escasez, prometió vino y manjares en abundancia. Y sin embargo, nos hallamos mirando al Señor y diciéndole: “No tenemos vino”. Cuando alrededor todo es necesidad, seguir creyendo en la abundancia se vuelve paradoja. Lo que hay no alcanza, y cuando se acaba el vino, se acaban las ganas de festejar. Se apaga la esperanza, y es una lucha seguir creyendo en un Dios que puede, a pesar de todo.

Vino de bodas, señal de la Alianza, expresión de alegría de un Dios que nos dijo:

Como se casa joven con doncella, se casará contigo tu edificador, y con gozo de esposo por su novia se gozará por ti tu Dios. (Is 62,5)

Como los novios, creímos y nos entusiasmamos y celebramos. Y queremos seguir celebrando, aunque abrimos los ojos y vemos demasiadas señales de no-alianza. La tristeza de las mesas donde escasea el vino y el pan, el dolor de los que tenían sus manjares pero se los han robado, el cansancio que frustra las ganas de estar juntos … Hasta la alegría del esposo y la esposa se nos vuelve desafío hoy. De tanto pelear afuera, las manos se cierran en el puño también adentro de casa, y niegan la caricia. Con todo esto, y con la madre, nos acercamos al Señor para decirle: “No tenemos vino”.

     Había allí seis tinajas de piedra, puestas para las purificaciones de los judíos. Símbolo de los rituales viejos, de las fórmulas ya sabidas, de los mecanismos con los que buscamos asegurarnos la aprobación de Dios. Son los ritos que necesitan ser repetidos una y otra vez, porque no traen salvación. Podríamos seguir atados a ese intento, a nuestra autosuficiencia, repitiendo fórmulas que los hombres ya han usado tantas veces sin resultado. Con Jesús ha llegado el tiempo de no repetir, el tiempo del cambio. Nos acercamos hasta El porque confiamos en que sólo El puede transformar. Con Jesús, es el tiempo de lo nuevo. Sólo El puede poner fin a los viejos rituales y cambiarlos en gozo. Sólo El nos salva de nuestros intentos vanos, realizando El, de una vez y para siempre, la transformación definitiva. Y como siempre que El transforma, no sólo revierte la situación, sino que da más de lo esperado: este vino era el mejor. Hay suficientes rituales viejos que podríamos seguir multiplicando, esperando que nos salven. También existen motivos de sobra para no festejar. A pesar de todo eso, nos acercamos a Jesús, el que transforma y celebra. Como sus discípulos, por estas señales de lo nuevo creemos en El. Por eso seguimos festejando. Por eso, aunque nos digan que hay gente que sobra, nosotros queremos seguir poniendo la mesa para todos y todas. Por eso no dejamos de juntarnos y compartir el vino que tenemos, ese vino transformado. Por eso seguimos creyendo en la boda-Alianza, la que nos une con Dios y con todos los hermanos y hermanas que siguen resistiendo.

María Gloria Ladislao PALABRAS Y PASOS, Ed. Claretiana, Bs.As., 2004

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Autor:

Palabras con miel es un espacio bíblico católico abierto a todas las personas que quieran conocer y amar la Biblia. Ofrecemos cursos, talleres y conferencias. Desde diciembre del año 2008 estamos en el Santuario Jesús Misericordioso de la ciudad de Buenos Aires.

4 comentarios sobre “Domingo 20 de enero: Las bodas de Caná

  1. Gloria. Qué gusto escucharte en Radio María! Me encantó tu profundidad. En la Conferencia Las mujeres en la Biblia. Y esta reflexión de las Bodas de Caná, maravillosa. “NO tienen vino”. Cuántas veces leímos este texto, pero esta manera de expresar, nunca antes vi de este modo, ahora se me abre un nuevo panorama, una nueva visión. Gracias por comunicar a Cristo, por hacernos reflexionar.

  2. ESTA CITA BÍBLICA SIEMPRE ME LLAMO LA ATENCIÓN POR LA PROFUNDIDAD QUE TIENE SOBRE TODO EN LA VIDA MATRIMONIAL, LOS INVITADOS ESPECIALES SON JESÚS Y MARÍA SU MADRE; ELLOS DEBEN SIEMPRE DEBEN ESTAR PRESENTES NO SOLAMENTE EN LA BODA SINO EN UN SIEMPRE; EN TODO MOMENTO Y EN TODO LUGAR, PEDIRLE A NUESTRA MADRE SANTÍSIMA, QUE NUNCA EN LA PAREJA FALTE EL VINO DEL AMOR, DE LA COMPRENSIÓN, DEL RESPETO Y DE TANTAS COSAS HOY EN DÍA SE ACABA EN EL MATRIMONIO Y TERMINA POR DESTRUIR A LA FAMILIA, DIOS TE BENDIGA POR TU COMPARTIR, NOS HACE MUCHO BIEN.

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