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Ezequiel saborea la palabra

ENCUENTRO BÍBLICO

Ezequiel saborea la Palabra

Los profetas son hombres de la Palabra. Por lo tanto deben alimentarse de la Palabra de Dios. Ezequiel no simplemente se alimenta: saborea, gusta y encuentra que la Palabra es dulce como la miel. La Palabra de Dios pondrá dulzura, suavidad y buen alimento en la vida del profeta, para sostenerlo en su ministerio. 

PARTIMOS DE LA VIDA

Nuestro lenguaje equipara comer y leer: “ese libro me lo devoré”, “Fulanita es una rata de biblioteca”, “¡Cómo me gustó ese libro!”.

* ¿Qué libros “me devoré”? ¿Qué fue lo que más me gustó de ellos?

 

LECTURA: QUÉ DICE EL TEXTO

No sólo de pan puede el hombre vivir,  sino de toda Palabra

que nace de la boca del Señor. Aleluia. Aleluia.     (cf. Dt 8,3; Mt 4,4)

 

* Leemos Ez 2,1-3,9

2
1 Esa voz me dijo: Levántate, hijo de hombre, porque voy a hablarte.
2 Cuando me habló, un espíritu entró en mí y me hizo permanecer de pie, y yo escuché al que me hablaba. 3 Él me dijo: Hijo de hombre, yo te envío a los israelitas, a un pueblo de rebeldes que se han rebelado contra mí; ellos y sus padres se han sublevado contra mí hasta el día de hoy. 4 Son hombres obstinados y de corazón endurecido aquellos a los que yo te envío, para que les digas: “Así habla el Señor” . 5 Y sea que escuchen o se nieguen a hacerlo –porque son un pueblo rebelde– sabrán que hay un profeta en medio de ellos. 6 En cuanto a ti, hijo de hombre, no les temas ni tengas miedo de lo que digan, porque estás entre cardos y espinas, y sentado sobre escorpiones; no tengas miedo de lo que digan ni te acobardes delante de ellos, porque son un pueblo rebelde. 7 Tú les comunicarás mis palabras, sea que escuchen o se nieguen a hacerlo, porque son un pueblo rebelde.
8 Y tú, hijo de hombre, escucha lo que te voy a decir; no seas rebelde como ese pueblo rebelde: abre tu boca y come lo que te daré. 9 Yo miré y vi una mano extendida hacia mí, y en ella había un libro enrollado. 10 Lo desplegó delante de mí, y estaba escrito de los dos lados; en él había cantos fúnebres, gemidos y lamentos.
3
1 Él me dijo: Hijo de hombre, come lo que tienes delante: come este rollo, y ve a hablar a los israelitas. 2 Yo abrí mi boca y él me hizo comer ese rollo. 3 Después me dijo: Hijo de hombre, alimenta tu vientre y llena tus entrañas con este libro que yo te doy. Yo lo comí y era en mi boca dulce como la miel.
4 Él me dijo: Hijo de hombre, dirígete a los israelitas y comunícales mis palabras. 5 Porque no se te envía a un pueblo que habla una lengua oscura y difícil, sino al pueblo de Israel. 6 Si yo te enviara a pueblos numerosos que hablan una lengua oscura y difícil, cuyas palabras no entiendes, ellos te escucharían. 7 Pero el pueblo de Israel no querrá escucharte, porque no quieren escucharme a mí, ya que todos los israelitas tienen la frente dura y el corazón endurecido. 8 Por eso yo haré tu rostro duro como el de ellos y tu frente dura como la de ellos: 9 haré tu frente como el diamante, que es más duro que la roca. No les tengas miedo ni te acobardes delante de ellos, porque son un pueblo rebelde.

Ø      ¿Quiénes son los personajes que menciona el texto y cómo se relacionan entre sí?

Ø      ¿Con qué expresiones, palabras o imágenes se describe la situación del pueblo?

Ø      ¿Hay alguna expresión que nos permita pensar lugares o situaciones históricas, vitales?

Ø      ¿En qué consiste la vocación de Ezequiel? ¿Para qué es llamado por Dios?

Ø      ¿Cuál es el gesto o acción central en el relato? ¿Qué nos sugiere? ¿Cómo se relaciona esta acción simbólica con la vocación de Ezequiel?

 

Para profundizar con otros textos bíblicos: palabra y alimento

 

 

Ø      Jeremías devora las palabras de Dios: Jr. 15,16.

Ø      Isaías nos habla de la fidelidad de Dios como “alimento sustancioso”: Is. 55, 2 – 3

Ø      Después del exilio surge la liturgia de la palabra. La comprensión de la palabra se festeja comiendo: Ne.
8, 1 – 12

Ø      Jesús identifica su alimento con la voluntad del Padre: Jn. 4, 31 – 34.

Ø      Palabra y Pan en la liturgia cristiana: Hch. 2, 42 – 47

Ø      El discernimiento cristiano es “manjar sólido”: Hb. 5, 11-14.

Ø      El vidente del Apocalipsis come el rollo: Ap. 10, 8-11.

 

 

El rey Joaquín, que había subido al trono el año 609 por decisión del Faraón Necao, hubo de someterse a Babilonia hacia el 603; pero más tarde dejó de pagar tributo y esto provocó un primer asedio a Jerusalén y la deportación de un grupo importante de judíos en el año 597. Entre ellos marcha a Babilonia Ezequiel. Jeconías, que sólo lleva tres meses de reinado, también marcha al destierro.

Para sustituirlo, Nabucodonosor nombra rey a Sedecías (597 – 586). Durante nueve años se mantiene la calma, pagando el tributo. Sólo en el 594 habrá un momento de tensión; aprovechando quizás ciertas revueltas internas en Babilonia, representanes de Edom, Moab, Amón, Tiro y Sidón se reúnen en Jerusalén; parece llegado el momento de la independencia. Sin embargo, la revuelta no se produce. Llegará el 588. Nabucodonosor responde de inmediato asediando Jerusalén; tras año y medio de sitio, forzada por el hambre, la capital se rinde el 19 de julio del 586. Un mes más tarde tendrá lugar el incendio del Templo, del palacio real y de las casas; los babilonios saquean los tesoros, derriban las murallas y deportan a un nuevo grupo de judíos.

Este grupo de desterrados engrosa las filas de los que marcharon a Babilonia el 597. Lo han perdido todo: la tierra prometida, la ciudad santa, el templo, la independencia. Ni siquiera les queda la esperanza del retorno o la seguridad de ser el pueblo elegido y amado por Dios. Sin embargo, esta época del exilio será una de las más creativas de las historia de Israel: una “siembra entre lágrimas” que produce una “cosecha entre cantares”. Ezequiel será uno de los protagonistas más activos de estos años. Desterrado con Jeconías el año 597, fue llamado por Dios en el destierro  y, en medio de los deportados, desarrolló toda su actividad profética reflejando, a través de su mensaje, la inminencia de la catástrofe y la esperanza de las restauración.

(Schökel, L. A; Sicre Díaz, J. L; Profetas. Comentario II, Ediciones Cristiandad.)

 

MEDITACIÓN: QUÉ NOS DICE EL TEXTO

Ø      ¿Cuáles son los espacios comunitarios que tenemos para saborear  la Palabra?

Ø      ¿En qué situaciones concretas (personales o comunitarias) experimentamos la “nutrición” de la palabra de Dios? ¿Qué hambres quedan saciados?

Ø      ¿Valoramos la palabra humana como alimento? ¿De qué modo procuramos, en medio de tanta palabra amarga, el decir dulcemente y alimentar de ternura el corazón de nuestros hermanos?

 

ORACIÓN Y COMPROMISO:
QUÉ LE DECIMOS A DIOS Y A LOS HERMANOS

 

En un papelito enrollado, escribimos un mensaje con palabras dulces para compartir con nuestros hermanos y hermanas en este momento.

Ponemos los rollitos escritos en una bandejita, junto con algunas caramelos, para ir sacando ese dulce mensaje que alguien escribió.

TU BENDICION.

Tu Palabra es querendona
suave y dulce como miel.
Nos toca y nos enamora
y nos hace pueblo fiel.

 

 

Cuando nos das tu Palabra
la vida palpita tanto
que el pueblo entero te nombra
con fiesta, música y canto.

Es que tu Palabra es vida
que consuela al caminante
y que al pobre lo reanima
pa´ que siga pa´delante.

 

Es agua limpia y fresquita
que alivia tantos penares.
Es simple porque es clarita
serenata de cantares

Así sentimos clarito
que la historia es caminata
Y es tarea de hermanarse
con la vida arremangada.

Con empeño siempre firme
aceptando la Palabra,
la vida del suelo crece
y un tiempo nuevo amanece.

 

Por eso Tatita Dios
dejanos tu bendición
y esa caricia del cielo
que es tu Palabra, Señor.

 

Este encuentro bíblico toma como base la metodología de la Lectio Divina.

 

 

Encuentro bíblico diseñado por las profesoras Luján Manzotti y Gloria Ladislao

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